lunes, 6 de octubre de 2008

PALABRA HERIDA

La primera víctima de una campaña electoral es la palabra. Sobre sus espaldas hacen recaer los candidatos todo el peso de unas promesas que de antemano saben que no van a ser cumplidas en su mayoría. Y la palabra aguanta la embestida de la falsedad. Da pena la palabra, pero ella sabe que tarde o temprano le brotará la venganza que a lo mejor lleva dentro y le explotará en las manos de quien la pronunció. Y la palabra tiene la paciencia de esperar, entre resignada e impaciente su propio tiempo. La palabra comprende la venialidad de los que la pronuncian en falso en aras de unos votos. Y uno que escribe porque ama la palabra, la acuna un rato, le compra pájaros que le canten y le envía rosas en primavera. Y la palabra se rehace.

Otras veces, no. Te encuentras la palabra desangrada. Palabra fusilada en las tapias blancas, amontonada en cunetas, profanada en oscuros cementerios. Toda resistencia tiene un límite. Y ella, también ella, se derrumba, doblada sobre sí misma, dolor estéril y arqueado.

José María Aznar acaba de hacer blasfemia de la palabra. “Hay dos Españas. Una no aguanta a la otra. Zapatero está desarrollando el mismo esquema que llevó a la peor situación a los españoles hace setenta años” Zapatero instalando una guerra civil en España. Lo proclama un experto en guerras: Aznar primero de Irak, zar de las Azores, emperador trinitario de la muerte con Bush y Blair. Encierra su catastrofismo en palabras y mira al tendido tras ahogarla en su propio borbotón de sangre. Y ahí se queda, preñada del odio, del vómito caliente de un bastardo de la historia y de la política, de un resentido, calumniador de cadáveres y proscrito del voto de los españoles.

Pero como la náusea llama a la náusea, Aznar prosigue: “los votos que no vayan a parar al Partido Popular van a parar a los terroristas” Aznar escupe toda su visceralidad contra los que políticamente tengan otra opción distinta al resentimiento y el odio.

Soy consciente de que el Partido Popular no es Aznar. Pero alguien representativo de ese partido, Rajoy el primero, tendría que salir al paso y desenmascarar a quien está intentando hacer del partido un todo odioso por sus consignas. Porque si Rajoy y Zaplana y Acebes callan, tendremos que llegar a la conclusión de que comparten esa visión deformada y deformante de la historia. Esto no es una opinión política. Va más allá y uno espera que el Fiscal General del Estado actúe ante lo que es una acusación innombrable.

Este hombre fue Presidente de España. Algunos todavía se calientan en el rescoldo de tanta escoria.

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