viernes, 3 de octubre de 2008

LA PIEL DE LA NOSTALGIA

No estaba Aznar. Andaba evangelizando al mundo sobre la balcanización de España, guerras preventivas y desmoronamientos del occidente cristiano.

No estaba Rajoy. Se refugiaba en mítines electorales para no mezclarse con Democracia nacional y banderas de añoranzas.

No estaba Gallardón. Buscaba el centro y el centro no aparecía en el entorno de Utrera Molina.

Disimulaban su presencia Acebes, Zaplana, Aguirre. Entre Alcaraz y Peones Negros. En el centro, siempre en el centro de no se sabe qué. María San Gil, proclamando que con Franco por lo menos vivíamos en paz. Y Mayor Oreja convencido de que el franquismo ofreció a España un largo período de placidez. Oreja con las víctimas de la democracia porque, como dice Pío Moa, a los rojos no los mató Franco, sólo los escarmentó. Oreja pisoteando la memoria de los cementerios del régimen, olvidado de las víctimas del Yak-42. “Los nuestros” –dice Acebes- dieron la vida por la democracia. Acebes atropellado por trenes de Atocha. Pero esos no cuentan. Sólo se recuerda a los “nuestros”. Acebes florista de la Plaza de la República Argentina, advirtiendo que la ley de la memoria histórica reabre heridas. Memoria pequeñita donde no cabe toda la muerte de todos los terrorismos

Y Francisco José, ese pordiosero de la política. Mendigo lastimoso. Cajita de cartón por las aceras de Génova 13. Alcaraz ante la Audiencia Nacional. Traficante de llagas. Estraperlista de la palabra. Nos expropió un día a los muertos de todos. Nos indemnizó con la calumnia y nos manchó los ojos de acusaciones de complicidad, de rendición, de traiciones. Alcaraz doliente. Mecido Castellana arriba como un cristo jibarizado. Necrofílico Alcaraz. Alcaraz de botas altas para chapotear entre las lágrimas.

Hoy, apoyado en los quicios de la nieve segoviana, estoy llorando mi orfandad. Me han dejado sin muertos. ¿Qué equipaje de dignidad puede tener un hombre si le arrebatan sus recuerdos? Me acostumbré a llevarlos en mis labios, a que bebieran de mi mano el agua fresca, a que descansaran su agotamiento en la projimidad de los cipreses.


Pido a la justicia que persiga a Zaplana, a Mayor Oreja, a Aznar. Que los registren y les condenen si les encuentran el dolor que me corresponde, las víctimas que son de todos. Que los encarcelen por ladrones de penas ajenas. Que Alcaraz ande descalzo para que sufran menos los corazones pisados. Que citen a Rajoy, exiliado por mítines prefabricados, para que comparezca y reconozca su connivencia con la antidemocracia, su innombrable concubinato con Federico, con Amando, con del Pino.


Que alguien me devuelva mis muertos para volver a acariciar la piel de la nostalgia.

No hay comentarios: