miércoles, 28 de marzo de 2012

LA CORRUPCION DE MARIANO RAJOY


Cuánto se ha escrito últimamente sobre la corrupción. Baleares, Valencia, Andalucía, la gürtel, el caso campeón, los ERES esnifados como cocaína, las obras faraónicas que terminaron costando el doble de lo presupuestado, los aeropuertos dedicados al paseo dominguero. Todos quieren poner coto a la corrupción. Todos proclaman una tolerancia cero, pero todos tienen que reconocer que está implantada en el quehacer político. La ambición corresponde al campo de lo humano, pero no por eso deja de ser detestable, como el odio, las guerras o las dictaduras.

Me preocupa esta corrupción y las dimensiones que ha adquirido en todos los órdenes. Pero me preocupa más la reducción de la corrupción al terreno económico de forma casi exclusiva. Es corrupto el político que se apropia de dinero público, que lo distribuye entre amigos o que lo despilfarra en estatuas erigidas para gloria y honor de un gobernante megalómano. Es así. Pero es mutilar su definición, dejarla reducida a la billetera y disimular otras corrupciones más importantes, más destructivas y más determinantes en la marcha de un país.

En democracia también hay corrupción. La partícula “también “ figura de manera intencionada para distinguirla de la ejercida en las dictaduras, porque las dictaduras son en sí mismas una corrupción perversa en sus propios cimientos. Tenemos ejemplos  de políticos ladrones y de ladrones no políticos. Desde el usurero de corbata  hasta el tironero, pasando por la dirección general de no sé qué ministerio. Más aún: parece que admitimos de antemano que todo político  inevitablemente roba. Y esto es absolutamente falso. La existencia comprobada de unos cuantos, no faculta a  la generalización absoluta.  Resulta extraño este empeño de algunos de atribuir a todos los políticos su capacidad de corrupción económica. Últimamente una derecha descerebrada atribuye también a los sindicatos su desmedido afán de participar en el oscuro pastel de esa perversión. Añoran tal vez una dictadura ejemplificándola como el cristal que ni se rompe ni se mancha.

El título de este artículo puede escandalizar nada más leerlo. Pero a lo mejor entraña una verdad que no quieren reconocer aquellos reduccionistas a una cuestión de pillaje económico. La palabra dada por los políticos, conscientes de que va a ser traicionada, encierra una  perversión que deberíamos denunciar con más empeño que la apropiación indebida de dinero. El dinero, en una democracia, es menos importante que la palabra. Porque la palabra es el vientre lúcido de la democracia. La palabra la fecunda, la crea y la pone en la luz de la responsabilidad compartida.  Pero alguien la obliga  a hacer la calle. La coloca en una esquina, falda cota y escote transparente. Se trata de ganar una clientela tan prostituida como ella. Carne de palabra barata, propiedad de  chulo  proxeneta.

El Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, ha tenido ocho años de oposición para minar el gobierno democraticamente elegido de Rodríguez Zapatero. Siempre he dado por supuesto que el jefe de la oposición tiene la capacidad de conocer a fondo todos los aspectos para dirigir un gobierno, dado que podría ocupar la dirección del país en unas elecciones. De ahí que cuando se criticaba la acción del presidente Zapatero uno supusiera la honradez de la crítica ejercida. Era perjudicial subir los impuestos,  bochornoso someterse a los dictados de Europa, perverso abaratar el despido, bajar los sueldos de los funcionarios, recortar la sanidad. Los españoles deberíamos apuntarnos a la primavera egipcia o libia y salir a la calle, nos animaba  Pons. El Partido Popular era realmente el partido de los trabajadores (María Dolores). Era criminal congelar las pensiones. No se podía permitir que se cargara sobre los más desfavorecidos el peso de la crisis. Había que gravar las grandes fortunas. No se podía asumir un desempleado más amontonado sobre los millones ya existentes. ¿Seguimos?  ¿Se acuerdan de Soraya, Esperanza, Botella, Aznar, Teófila? 

Rajoy llegó a la Moncloa. Y se dio cuenta de que el país estaba mal. Si antes no lo sabía no debería haber aspirado a la presidencia. Si lo sabía (seguro que lo sabía)  mintió descaradamente, profanó ese vientre que es la palabra y se enfangó en la corrupción más abominable. Se han subido los impuestos, se ha colocado a los trabajadores bajo la suela empresarial, se ha cuadrado militarmente ante Merkel, se ha olvidado de las grandes fortunas, se ha abaratado el despido, no se ha recuperado la confianza de los mercados, la prima de riesgo sigue su curso ciclotímico, no se crea empleo y se prevén ochocientos mil arados más abandonados en el orfanato del INEM,  se derrumba el estado de bienestar, los empresarios exigen una revisión del derecho de huelga porque unos poquitos no pueden obstruir el trabajo de una mayoría, De Guindos se pregunta si tiene sentido la huelga en el siglo XXI. Se recorta en sanidad, en educación, se ataca a los sindicatos pretendiendo velada o descaradamente su desaparición.

Esta corrupción es infinitamente más sangrante que la económica. Es traición, prevaricación, puñalada en los costillares de un país. No fueron promesas las promesas. Y ahora, el miedo como elemento transformador de una libertad a la que los políticos degradan y a la que temen.

¿Hasta dónde puede aguantar un país sin abdicar de su dignidad?


5 comentarios:

MDF dijo...

Crónicas de Spainlandia. El destino político de Andalucía:

El PP ha logrado pasar, y en tan sólo 126 días, de ganar más votantes que IU en noviembre de 2011 a perder electores en Andalucía. ¡Toda una proeza!. El PSOE continúa perdiendo votos y a una velocidad levemente mayor. Tal situación puede etiquetarse de insostenible: en dos o tres legislaturas no dispondría de congresistas en el Parlamento andaluz. IU casi ha triplicado su tasa diaria de ganancia de votos respecto a las elecciones de 2011. En dos o tres legislaturas sería la segunda fuerza política del Parlamento autonómico.
Los partidos que representan los intereses de las clases dominantes en Andalucía ya no aumentan su número de electores, como en noviembre de 2011, sino que claramente pierden votantes. Su alianza con las clases burguesas medias se derrumba. Es el coste de un expolio que, en mayor o menor grado, afecta a todos los dominados. Los partidos que deberían haber defendido los intereses de las clases burguesas pequeñas y medias continúan intensificando su pérdida de votantes. Es el coste de una manifiesta ineptitud para batirse por los suyos, o de una nítida traición para obtener "sillones" a cambio de las personas representadas. Sin embargo los partidos que preservan los intereses de las clases sociales populares, la Izquierda parlamentaria y aparlamentaria, en tan sólo 126 días han duplicado su tasa de ganacia de apoyos entre la población. De mantener dicho crecimiento acelerado, antes de transcurridos cuatro años su base social rebasaría con creces la de las otras clases juntas (dominantes, media y pequeña burguesía).
Dentro de los partidos medio y pequeño burgueses se detecta un punto de inflexión nada turbio. Mientras que las organizaciones encaminadas hacia el burguesismo prosiguen su caída, las dotadas de alguna orientación hacia el fascismo han interrumpido ese declive de finales de 2011 para triplicar ahora su ganacia de apoyos electorales. Y aunque las estimaciones a cuatro años practicadas no otorguen a ello relevancia, no debería menospreciarse el descrito hecho.
Con respecto a la Izquierda, la tasa da ganacia diaria de votos correspondiente a los partidos con programas "parciales" o "borrosos" se ha visto mermada a algo más de la mitad en relación al 2011. Y sus expectativas a cuatro años son harto modestas. Es la Izquierda marxista o coaligada con el marxismo la que ha logrado duplicar sobradamente su grado de apoyo entre la población andaluza. Ello, junto a una mayor concentración del voto alrededor de IU, explica el crecimiento parlamentario de esta coalición. No obstante la verdadera sorpresa de estas elecciones ha surgido al valorar el crecimiento del aval popular a la Izquierda Aparlamentaria. Esa Izquierda que es posible cuantificar a través de la abstención nacida tras implantarse la Gran Depresión en los años 2007-8. Se trata de un florecimiento tan intenso que cualquier proyección de su base social a cuatro años se sale de límites. Un contingente social que ha expresado taxativamente su voluntad de no querer colaborar con el régimen, no es sino un contingente social pre-revolucionario que se ubica a la espera de una organización de amplia convergencia para lograr su fin primordial: la extinción de este saqueo bautizado como "crisis". Así pues el pueblo andaluz no ha fallado, y mañana deberán ser los restantes pueblos del Estado quienes demuestren las calidades de sus fraguas. ¡POR UNA HUELGA GENERAL MASIVA!.

Para ver texto completo, gráficos, tablas, referencias... Pulsar "Entrar" en:

http://aims.selfip.org/spanish_revolution.htm

Mar de Rojan... dijo...

Salud amigo Rafael

La palabra dada, a cambio de representación y gobierno es la cimentación donde se basa la confianza del elector (tambien el PP pedia el voto de izquierdas "que tuvieran confianza...") la ciudadanía, no es un manido cheque en blanco para que subjetivamente: preservar el capitalismo imperante preservando privilegios "en creciente" en detrimento ostensible de la ciudadanía en general "hagas lo contrario o un simil" sin consecuencias de lo dicho. La responsabilidad ha de ser en la medida de lo humanamente posible y ¡si no vales no te presentes" ¿o es por obra y gracia?
El asalariado a menos que se invente otro sistema,es la mayoria social, la base de la democracia y su sustento. Su sacrificado esfuerzo no puede ser defraudado, humillado, por el poder establecido...

Mar de Rojan... dijo...

PDn
"Si se alimenta solo a los de uno más de la mitad seguro queda excluido" ¿La consecuencia de la división política, del proceder alternante democrático?

Cordura dijo...

Por supuesto que la corrupción en los políticos, como en el resto de la gente, va más allá que lo meramente económico-financiero, lo cual es propio de su dimensión moral.

Por eso es adecuado hablar de la corrupción de Rajoy, un mentiroso –un estafador– que por supuesto sabía que iba a tomar medidas impopulares, como lo es también hablar de la de Zapatero y Rubalcaba, que hicieron lo mismo traicionando así su programa y los (supuestos) ideales de su partido.

Pero es que todo este sistema está montado sobre la corrupción. Que implica, además, corrupción de las palabras. Como el hecho de llamar “democracia” a lo que no es más que la dictadura de una elite.

Saludos cordiales.

sebastiaomotademelo dijo...

La TOTAL corrupcion del Gobierno de Mariano Rajoy
Documentos:
http://jusespana.blogspot.com
http://juscita.blogspot.com

Jorge Perez Novoa