domingo, 19 de junio de 2011

PONGAME UN CAFÉ CALIENTE

No sé si tendrá pulso todavía. Lo estamparon contra un muro de piedras y explotó como una granada de cemento. Hecho añicos el mundo. Pocos, unos pocos lo empujaron y se rompió en pedazos pequeños, muy pequeños. No sé si tendrá pulso todavía. El sur sobre todo me preocupa. El hambre estaba allí. La muerte sin vacunas, los niños sin futuro, sin agua las bocas, media humanidad hundida, ahogada en la náusea norteña del globo. Estaba por todas partes el sur obrero y sin pan. También el norte era sur. Solo algunos, muy pocos, eran norte del norte. Los mismos que estamparon el mundo contra un muro de piedras. Terroristas lúcidos, sin pasamontañas para disimular el crimen. A cara descubierta, sin rubor por tanta muerte fabricada. Los pobres son los pobres. Llevaban la muerte en su ADN. No sé de qué se quejan si se han muerto. No estaban destinados a otra cosa. Los ricos sólo cumplimos la obligación por la naturaleza impuesta. Los fuertes, tan sólo los más fuertes, los que tenemos músculo para estampar el mundo, podremos existir, porque la vida es un lujo, el lujo es del dinero y los pobres nunca pueden aspirar a un lujo gratis, a un estado de bienestar barato.

El mundo es un banquete para cuatro. Los demás migajas, sólo migajas. Nos han puesto de rodillas a esperar los desperdicios, las sobras que se tiran en los contenedores. Menos derechos para los trabajadores. Bajada de salarios. Sólo los banqueros pueden subírselos un 36%. Unos cuantos cobran 5,6 millones de euros. Alfredo Sáez, que opta abiertamente por la demolición del estado de bienestar, se guarda 9,1 millón de euros. Lloyd Blankfein, presidente de Goldman Sachs y que dijo que los banqueros hacían "el trabajo de dios", destaca por el espectacular incremento de su sueldo (1.536%), hasta 14,1 millones de dólares (9,8 millones de euros). Ha pasado de la cola del ranking a la cuarta posición.

La usura, la especulación más descarada de unos cuantos nos han arrastrado a esta situación. El mundo hecho pedazos, incapaz de soportar el impacto de tanto disparo telescópico, mantiene intactas las jaulas de oro de unos pocos potentados. Y son estos los que descaradamente nos dicen ahora que debemos adelgazar el alma para remontar las constantes vitales de una existencia que apenas vale la pena. El domingo con cerveza, tres naranjas al día, escuela con técnicas actualizadas, residencias para viejos que se mueren de viejos pacientes de una historia dolorosa de guerras y exterminio, sanidad paliativa para las noches largas de hospitales, muerte digna de comunión con la tierra. Debemos renunciar a nuestra tarea de ser libres para ser simplemente esclavos de los señores del mundo.

Esto no es demagogia. Simplemente es tristeza infinita. No sé si tendrá pulso todavía. El mundo por el suelo sin nadie que lo recoja. En la puerta de nadie abandonado. Sin un beso boca a boca que le rehaga el equilibrio.

Póngame un café caliente, por favor. Si tengo fuerzas quiero vivir como un humano sin que nadie me rompa el mundo contra los ojos.



1 comentario:

Mª Dolores Amorós dijo...

Rafael, ¡que preciosidad de artículo!
No se puede ser más duro en la crítica contra la injusticia de los poderosos si no es con estas tan hermosas palabras.
El alma se rompe a la vez que se suma contra este norte de pocos que engullen un sur de demasiados hambrientros.

Besos.