sábado, 1 de octubre de 2011

¿YO SOY YO?

Verán Ustedes. Hasta hace poco yo era yo empaquetado en mis circunstancias. Ni siquiera aspiraba a tener en plenitud aquellas atribuciones originales que enunciaba Rhaner: cada ser humano es uno, único, irrepetible, histórico. Me refugiaba en la españolidad de Ortega, aunque quedaba estrepitosamente disminuido con respecto al pensador alemán.

Pero resulta que de un tiempo a esta parte se han empeñado en arrancarme mis circunstancias, con lo cual soy sólo la mitad de mí mismo. Me han prohibido una educación personalizada y me han masificado al suprimir profesores. Me prohiben ser enfermo y debo renunciar a la angustia de mis pulmones asfaltados de tabaco porque no tengo neumólogos que me traten. No puedo ser viejo porque no pagan a los trabajadores de las residencias. Se me obliga a no ser dependiente porque no se abona el trabajo de quien empuja mi silla. No puedo ser un parado que busca trabajo porque necesito desplazarme para solicitar un empleo y Ana Botella está muy triste porque no puede darme un bono transporte gratuito, porque se lo tendrían que restar a los 5 millones de euros de mantenimiento del bello edificio del Ayuntamiento. Además se gastaron mucho dinero en abaratar los transportes para los peregrinos que acudieron a aplaudir al Papa blanco. No puedo ser pobre porque los pobres son la causa de la suciedad de Madrid, según argumenta la alcaldesa in pectore.

Sin circunstancias me siento terriblemente mutilado. Alguien me las ha amputado para entregárselas a un banco y que recomponga sus cuentas con una circunstancialidad miserable. Ser enfermo, viejo, dependiente no creo que mejores la cuenta de resultados presidida por Rato o Botín. Recuerdo cuando me propusieron un posible trasplante de pulmones. Me negué en redondo ante aquel médico que creía ver la solución a una disnea pertinaz. No permitiré ningún trasplante. Llevo toda una vida con estos pulmones y les tengo cariño. Me daría pena renunciar conscientemente a ellos y que usted los tirara a la basura. Cuando me muera nos iremos juntos a la madre tierra y seremos semilla de margaritas pitonisas de jóvenes enamorados.

Me gustaría encontrarme con D. José Ortega y preguntarle si es posible que yo sea yo sin mis circunstancias. Me han recortado como aquellos soldaditos de cartón de mi niñez. Me mantienen de pie por una inercia vital incomprensible, consciente de que cualquier aire puede tirarme al suelo. Son los mercados, los bancos siempre con las garras abiertas por si cae algún pobre al que subirle los intereses, las comisiones. Cientos de desahucios al día. Vi a aquel hombre: 83 años, esposa con alzheimer, hijo de cuarenta con síndrome de down. Ochenta y tres años que necesariamente debían ser fuertes para sostener el cuerpo de su mujer, para duchar a aquel hombre que vino al mundo con unos cromosomas equivocados. Y en la puerta los enviados por el juzgado reforzados de antidisturbios, porra en mano, pistola en la cintura y casco para defenderse de la resistencia que podía ejercer aquel viejo enterrado bajo los escombros de la vida. A la calle con su equipaje humano de pena, de tristeza, de fracaso.

No recuerdo mi nombre. No sé ya quién soy. Tal vez nada. Sólo un adelanto de la muerte, un presagio, una entrega funeraria sin tierra porque la embargó el señorito. Soy una pena aplastada contra la pena de unos hermanos aniquilados por el sueño ambicioso de unos pocos.






2 comentarios:

Mª Dolores Amorós dijo...

Preciosa queja a la constante sustracción de nuestra identidad.

Hasta lo más horrible, mi querido amigo, consigues revestirlo de belleza con esas palabras tuyas inigualables.

Un beso con todo mi cariño, mi querido maestro.

pcjamilena dijo...

Sin poder evitarlo: alguien que puede llegar a dudar de quien es, por quedar a la mitad mermado. Es capaz, por hombría y solidaridad, después de ser esquilmado, sentirse obligado en suplir con creces el vacío que han dejado las circunstancias desviadas hacia otros objetivos. Y lo hace como él sabe, con amor y la palabra.

Sin poder evitarlo: me viene a la memoria la solidaridad de otro, cuando las circunstancias por vestir cierto trajes.-presunto delincuente-. Sufre y se siente obligado a estar con él: “delante, detrás o al lado es lo mismo...”

Sí, maestro usted es único. Un respetuoso abrazo.