sábado, 9 de octubre de 2010

PAN, CHATARRA Y CUADERNO

Fui niño por Granada. Bachillerato. Fútbol. Instituto Padre Suárez. El era ya un hombre. Alto, muy alto. Delgado, muy delgado, como un ciprés con hambre de posguerra. Sombrero con muchos soles dentro. Pantalón, camisa vieja y una cuerda ciñendo la cintura. Nunca supe su nombre. Era una sombra gitana con luna de sacromonte. Cortaba la hierba del colegio. La cargaba en su burrito peludo y pequeño, y se marchaba, altivo como un arco de triunfo. Juan Ramón y Platero. Parecía la pareja pensada por el poeta de Moguer. Hablábamos con Juan Ramón y acariciábamos a Platero. Fueron años de Alhambra, Generalife y Cármenes. Vacaciones de Güéjar Sierra al Veleta, acortando caminos, mortadela y pan duro en la mochila.

Juan Ramón vino un día como tantos. Cortó la hierba de siempre. Como siempre la ató como abrazándola y la cargó en los hombros. No estaba Platero. Los burritos peludos y pequeños también se van al cielo. Sin duda, el hambre. Los años, si duda. Le preguntamos. Juan Ramón aguantaba un luto atado a la garganta. Le dolía el dolor en los adentros. Platero –nos dijo- no ha muerto. Lo cambié la otra noche por una guitarra. Calló, pero supimos que en el alma le bailaban bulerías. Con el sacrificio de una merienda, reunimos dinero suficiente para recuperar a Platero a precio de estraperlo. ¡Qué alegre aquella trinidad bendita! Platero, guitarra, Juan Ramón.

No he tenido un contacto profundo con el mundo gitano. No he estudiado seriamente su idiosincrasia. Me inyectaron prejuicios y no sé si he logrado sacudirlos en mi largo camino. Disfruté con Juan Ramón. Guardo un tierno recuerdo de Platero. Y todavía tengo una pregunta que nunca he sabido responderme: ¿Es rentable cambiar tu instrumento de trabajo (Platero-compañero) por la alegría de una guitarra para rasgar una zambra? ¿No estamos obcecados por el tener frente al gozo inmensamente humano de ser? ¿No es esta herética inversión la que alimenta xenofobias contra el mundo gitano? ¿Por qué estrechamos la mano del banquero que nos roba parte del dinero que voluntariamente entregamos en su oficina y huimos de la ramita de romero que nos adivina si nos quiere una muchacha enamorada?

Alicia Sánchez Camacho, Anglada, Balbás, Enrique de Diego gastan sus vidas en nombre de una España cristiana, purificándose de musulmanes, gitanos, latinoamericanos y todo aquel que viene a estos pagos buscando un pan caliente. “Viva Cataluña sin mordaza y sin velo y la España cristiana”

Ramón Peralta, profesor de Derecho constitucional de la Complutense (piensen: profesor de Derecho constitucional) afirma con la seriedad que le da su cargo y la indignidad que le alimenta las venas: “España –un pueblo de cristianos viejos- es un país incompatible con el Islám” ¿Rechazaría Ramón Peralta inversores de los Emiratos Arabes?

Y Josep Anglada –azul de yugos y flechas- proclama: “No queremos musulmanes ni en Cataluña, ni en España ni en Europa. Aquí ya no cabe nadie más”Alicia, ególatra incalificable, asegura en Bruselas que “muchos inmigrantes no quieren integrarse, lo que genera problemas de convivencia y civismo” Sánchez-Camacho propone una mayor actuación policial, más diligencia con las demandas de incivismo y un control exhaustivo del empadronamiento.

Los inmigrantes no se han integrado, se argumenta. ¿Se han integrado ciertos elementos en una democracia abierta de par en par cuyo centro es lo humano, o siguen vomitando racismo, xenofobia, puro nazismo al fin y al cabo?

A Sarkocy le han encontrado un fichero. Listas de gitanos listos para la expulsión. Ciudadanos europeos a los que por lo visto no vale la pena darles la oportunidad de aspirar a una vida más digna.

Nos sobran Reyes Católicos. Nos sobran por reyezuelos y por católicos. Necesitamos una Europa que prodigue pan caliente, chatarra y un cuaderno.



lunes, 4 de octubre de 2010

ETA PUEDE ESPERAR

Le explotó a la tarde el cerebro aquella tarde. Miguel Angel era carne y sangre de España. Muertos. Todos muertos llenando cementerios. ETA lo había conseguido. Eramos los nuevos fusilados de una dictadura de amonal, serpientes y locura. Pero los muertos siempre resucitan. La calle se hizo manos blancas. Pasaron los años. Manos de cigarrillo oscuro, pero blancas. Acariciando amores, pero blancas. Acunando esperanzas, pero blancas. Y de paso, empujando, arrinconando. Guardias civiles muertos. Militares muertos. Policías muertos. Políticos, magistrados, niños muertos. Pero las manos blancas empujando, arrinconando.

Felipe, Aznar, Zapatero poniendo la palabra por delante. Contra las metralletas, las pistolas, las bombas, la palabra. Porque la palabra es el pecho de la democracia y las balas rebotan y no matan. La palabra empujando, arrinconando.

Ermua se hizo hermoso. Un muro corpulento parando los golpes asesinos. Un frontón guardando las espaldas del viento. Una valla dando sombra a la libertad conquistada. Las cárceles llenas de matones, de orfebres del terror, de nombres casi innombrables. Se aprietan las manos. Se alegran. ETA tiene un final escrito. En la frente sin pensamiento. En el corazón sin corazón. Pero final. Comandos fraccionados. Rociados por cárceles. Dispersos por la historia. Sitiados por el músculo vivo del empeño. Perseguidos por tantas manos blancas que empujan y arrinconan.

Está Jaime Mayor Oreja en los márgenes vitales. Alguien lo ha arrojado allí para contaminar la vida. Pregona la “certeza” de que el Gobierno está negociando con ETA. Asegura incluso que ayuda a Zapatero a ganar las elecciones porque son aliados y están empeñados en debilitar a España. Mayor Oreja es perdedor de todo. Perdió la placidez que vivió en la dictadura, perdió elecciones, y si alguna vez tuvo una dignidad personal, la ha perdido definitivamente. Mayor Oreja no sabe vivir sin ETA. No sabe hablar de economía, de educación, de sanidad. Sólo blasfemar con ETA en la boca, como una sangre heredada, mamada, necesitada para continuar ganándose el sueldo.

Y en estas llega Inma Castilla de Cortázar. Presidenta del Foro de Ermua. Del Opus-cristianísimo, con Escrivá tatuado encima de Cristo, suplantándolo. Porque en nombre de San Balaguer se atreve a decir lo que no le permitiría Jesús "La única razón que justifica nuestra pervivencia como asociación es la de dar la batalla definitiva: oponernos a las más que probable pretensión de Rodríguez Zapatero de escenificar, como logro electoral, la derrota de ETA, pactada con ETA", Ermua ya no es muro, ni frontón ni valla. Castilla de Cortázar, opus ella, cristiana sobre todas las cosas ella, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, lo ha convertido en paredón. A Ermua lo prostituyó Mikel Buesa en aquel tiempo. Ahora es Inma, comulgando al amanecer, la paz sea contigo, señor yo no soy digna. La cara entre las manos, dando gracias, pidiendo fuerzas para derrotar a Zapatero, porque Dios seguro es de derechas. Zapatero no se merece ser el vencedor de ETA. Suplicando que le ayude a levantar ese paredón, convocando un pelotón, preparados, listos, ya. Zapatero rodando al fin. Mayor Oreja certificando la muerte. Trillo levantando el cadáver. Rajoy entrando triunfante.

Entre ETA y Zapatero, Inma Castilla de Cortázar lo tiene claro: ETA puede esperar. Ermua ya no defiende las espaldas del viento ni da sombra a la libertad. Es simplemente la tumba de Miguel Angel Blanco, carne y sangre de España, tierra bendita de manos blancas.

viernes, 1 de octubre de 2010

Y SIN EMBARGO TE QUIERO

Hubo huelga. ¿Rompieron los organizadores la barrera del sonido, como afirma Méndez? ¿Ignoraba en realidad las repercusiones numéricas el Ministro Corbacho? ¿No disponía de medios suficientes para concretar la realidad que se vivió? ¿Hubo un empate técnico como asegura Luis Solana en El Plural? Allá los sesudos en la materia.

Reforma laboral, ajustes económicos y sus consecuencias, ampliación de edad de jubilación, etc. no van a ser modificados. Lo ha dicho claramente el Presidente del gobierno urgido por Europa, apretada a su vez por ese mundo inmundo, pero sacrosanto, que es el mercado. A la luz de esta inmovilidad, son muchos los que se preguntan si esta huelga tenía algún sentido cuando sus objetivos se presentaban como inalcanzables. La interrogante nacía en la derecha política y hacía mella hasta en la izquierda más razonable. Sin embarco, como señala el catedrático Juan Torres, “las únicas huelgas completamente inútiles han sido las que no se han hecho. No hay un solo derecho laboral o social que se haya regalado a los trabajadores, que no haya sido el resultado de luchas y de huelgas, y si eso lo sabe alguien bien son los militantes socialistas y de toda la izquierda. Si no se hubieran hecho, aún estaríamos en las cavernas” La huelga por tanto, al margen de los resultados inmediatos, es un derecho del mundo del trabajo que de forma evidente ha hecho avanzar la historia en cuanto a consecución de metas se refiere. Por algo los dictadores pisotean ese derecho desde el principio de su condenable asalto al poder. Que algunos prohombres del PP. intenten suprimir la representación sindical y arrinconar las huelgas por extemporáneas da mucho que pensar. Significa simplemente colocarse al lado del dinero. Y pretender contemporizar un derecho y un contra derecho sólo se le ocurre a Montoro, a Pons y a los contertulios de Intereconomía. Tener posturas claras, diáfanas, no contradictorias da altura a los políticos.

Hubo huelga. Se ejerció un derecho y deberían alegrarse todos aquellos a los que se les llena la boca de Constitución cuando de Cataluña se trata, cuando del País Vasco se trata, cuando de derechos de la mujer y muchos otros se trata. Pero resulta que estos constitucionalistas unidireccionales marginan la huelga como si no formara parte de nuestra esencia democrática. Cuando analizan el 29 de setiembre, lo reducen todo al desprecio de los sindicatos y a la existencia de piquetes. No hay más que escuchar a Esperanza Aguirre. Herman Tersch los tacha de matones. El periódico La Razón publica una portada vomitiva: “FRACASO DE LA HUELGA BORROKA” Lo va repitiendo Marhuenda por las televisiones dando un deplorable espectáculo periodístico e intelectual. No hablemos de Eduardo García Serrano, Javier Horcajo, Carlos Dávila, Javier Algarra, y de sus devotos del PP. como Elgorriaga, la Presidenta de la Asamblea de Madrid, Federico J. Losantos que cree que el ejército debería tomar las sedes sindicales, y podríamos seguir. ¿De verdad que todo los que sucedió el 29 de setiembre se resume en desprecio y piquetes?

El Consejo de Laicos de Madrid, con su distintivo lazo blanco, brilló por su ausencia. Tal vez se reservaron para encumbramientos papales. Los delegados de Rouco no apostaron, como casi nunca, por el mundo del trabajo.

La escena más idílica se produjo el día 30 en la Cadena SER. María Teresa Fernández de la Vega y Cándido Méndez se besaron el día después. Juntos en la ternura de un viejo cariño aún vigente. Sonaba la canción al fondo: “…Y sin embargo te quiero”


martes, 28 de septiembre de 2010

BLANCA Y RADIANTE

No llego a tiempo. 29 de setiembre, huelga. Escribo el 28. No importa. Las citas con el amor no siempre son en punto. Desde hace unos días los dirigentes sindicales han mostrado la necesidad de una huelga general que demostrara que la ciudadanía no está de acuerdo con las reformas económicas y laborales que últimamente ha tomado el gobierno. Toxo, Méndez y Rouco Varela son concientes de que el paro, el retraso en la edad de jubilación, el abaratamiento del despido y la casi libertad de hacerlo a antojo del empresario que presiente un decaimiento de su empresa, afianza a los jóvenes en el desempleo, atasca el futuro de los “viejos” despedidos a los cincuenta años y favorece que los trabajadores con una antigüedad laboral sean relevados por contratos de bajos salarios.

Toxo y Méndez son viejos conocidos. Rouco también. Pero hay una diferencia notable. Estos sindicalistas dan la cara corriendo el peligro de que se la partan. Rouco es más prudente. Asegura no tener conocimiento de la llamada que ha realizado el Consejo de Laicos de la diócesis de Madrid impulsando la movilización contra el gobierno. El estaba en maitines, pidiendo a Dios por la salvación de las almas, porque lo humano como unidad de existencia no le preocupa, intercediendo por la purificación de los homosexuales, implorando misericordia para los abortistas, mendigando mayores subvenciones para el próximo viaje papal, suplicando más aportaciones del estado para el sostenimiento de tantos báculos y anillos pastorales. Los laicos. Han sido los laicos. Muchos católicos "se preguntan qué hacer, les gustaría participar pero no saben cómo hacerlo, para no sentirse manipulados", afirma el organismo del Arzobispado de Madrid. Es admirable que estos laicos (bendita sea tu pureza y eternamente lo sea) sean tan inocentes que no saben cómo poyar una protesta en pro de los trabajadores. Saben cómo protestar contra Bibiana ministra porque encumbra a la mujer y le reconoce el derecho a decidir sobre su cuerpo. Saben cómo increpar a Zapatero por permitir la felicidad de amar a quien se quiera amar. Saben alzar la voz para gritar que la muerte digna va contra un calvario sin eutanasia, contra la investigación con células madre para dignificar la existencia o mitigar el dolor, saben legitimar el sufrimiento de los toros frente al aborto. Pero (bendita sea tu pureza y eternamente lo sea) ignoran cómo participar en la defensa del obrero. Y por supuesto no quieren ser manipulados. Ellos, demócratas en sus estructuras eclesiales, corresponsables en las elecciones de sus jerarcas, acostumbrados a la horizontalidad democrática de sus opiniones, no permitirán ser manipulados.

"Es el momento de implicarnos en política: momento de la preocupación y de la responsabilidad por los demás. Nuestro compromiso asociativo, sindical y político es más urgente que nunca", afirma el Consejo de Laicos. Se pretende conseguir una "regeneración democrática", para que "la exigencia de rendir cuentas al pueblo por una representatividad que hemos dado y han perdido, sea permanente y no sólo cada cuatro años, sin compromiso alguno", Por lo visto es el Consejo de Laicos de Madrid quien otorga en exclusiva la representatividad democrática a un gobierno surgido de las urnas. La Jerarquía está acostumbrada a bendecir a salvadores como Videla, Pinochet, Franco, y por inercia se creen en la potestad de aprobar o demonizar a los elegidos por voluntad ciudadana.

En el fondo se sienten superiores, incapaces de encarnarse en el pueblo, de ser prójimos de viaje, habitantes de la misma tienda plantada por el Jesús del evangelio. Necesitan distinguirse, ser casta pura e inmaculada La solución está clara: “llevar el día 29 algún elemento distintivo de color blanco, para que libres de presiones externas, podamos expresar visualmente a todos los demás nuestra protesta pacífica en cualquier lugar en que nos encontremos y sintamos la cercanía de todos los que, como nosotros, lleven un distintivo blanco".

Toxo, Méndez. Rouco, ángeles sindicalistas. Huelga blanca y radiante.

sábado, 25 de septiembre de 2010

¿SABES QUIEN VIENE A CENAR…?

Tengo la impresión de que a los bajitos se nos perdonan mejor las lágrimas que a los altos. Pequeñez y fragilidad parecen la misma cosa. Pons es uno, grande y libre. Sobre todo grande. Flanqueado por las columnas del “non plus ultra” resulta impactante. Milita (qué palabrota tan beligerante) en el PP. entiéndase Partido Popular, Partido de los Parados, Partido de los Pobres, Partido de los Pensionistas. Se despliega con la hermosura de un ramo de luz e ilumina hasta los adentros las capas más diversas de la sociedad.

Pons es una oenegé al completo. Como el Padre Angel (siempre que lo veo en TV me entran ganas de regalarle una corbata). Y vela por los pobres, aunque los pobres sean, como ha dicho Ana Botella, los causantes de la suciedad que tiene Madrid. El otro día Pons se acordó de los viejos con derecho a voto. “Un español, y él sabe mucho de españolidad, nunca dejaría sin cenar al abuelo. Pero Zapatero, sí”. Y uno, tan español como Pons, aunque más pequeñito, intuye la mirada hambrienta del abuelo. A lo mejor “fue picador, allá en la mina” como el de Víctor Manuel. Fue tal vez a la vendimia de Francia, soñando en barracones, Manolo Escobar de fondo. O se tragó las lágrimas, maleta de cartón, boina de negro infinito, camino de Alemania desde Atocha. Quedaba atrás la cartilla de racionamiento, una mujer con la vida apoyada en la cadera y una silla de eneas para tomar el fresco en las noches agobiantes. Ausencia de jergón de borra, pero honrada, siempre honrada, bordando embozos de sueños como una Mariana Pineda republicana y entera.

Tal vez el abuelo no tiene historia. Sólo pasado. Y le escuece saberse sin futuro, sólo porvenir. Pasa las horas matando el tiempo. ¿Para qué quiere tiempo el abuelo? Café con leche y galletas. Cocido repetido y repetido, “pringá”, telediario. Viejo camino de la noche. Arrastrando artritis, silicosis oscuras de la mina, disnea y ventolín de consuelo, pero nada. Sigue la asfixia y el aire racionado como cuando el azúcar moreno. Ya está la noche. La noche como siempre. Noche de antiguos barracones en Suiza y Alemania. Con el colchón vacío de parienta que no aguantó la tisis de los años del hambre y se fue despacito para no asustar los nietos.

Un español nunca dejaría sin cenar al abuelo. Pero Zapatero, sí. Lo dice Pons y Arenas y esa emperatriz de Lavapiés que se llama Esperanza. Zapatero es el gran frigorífico nacional. Congela funcionarios, proyectos ministeriales, cheques-bebé y hasta el avecrém caliente del abuelo. Pero D. Esteban tiene el alma una grande y libre. Grande sobre todo. Desde el Partido de los pensionista denuncia. Se puede expulsar a los rumanos de Badalona. Ya ha encargado a Alicia. Se pueden boicotear los productos catalanes por culpa del estatut. Se debe arrasar a los sindicatos, a los liberados sobre todo, por abuchear la privatización de la sanidad cuando Güemes era Güemes y Aguirre presidenta. Se puede apoyar a Camps, a Fabra, a Ripoll. Se puede desterrar a Garzón, a la policía, a los jueces. Hay que acabar con el estado de terror implantado por Rubalcaba. Se debe acabar con muchas cosas.

Pero el PP, partido de los pobres, de los parados, de los pensionistas no puede permitir que el abuelo se quede sin cena. Y si Zapatero lo ha conseguido hay que terminar con él. Váyase, Señor González. Lo dijo por inercia y como homenaje a Miguel Angel Rodríguez. Váyase, señor ZP que viene MR12.

Llegó D. Esteban a su dacha, que diría Umbral. Besó a su esposa y le preguntó: ¿Sabes quién viene a cenar esta noche? ¿Un negro, un marroquí, un rumano?, preguntó ella. No, mujer, no. A esos los estamos expulsando a chorros. Viene un abuelo.





miércoles, 22 de septiembre de 2010

EL BIKINI OS HARA LIBRES

Playas puro pudor. Olas vestidas de negro. Espumas recatadas para no excitar al viento. Algunos ya ni se acuerdan. Cuando los españoles teníamos una sexualidad secreta, escondida siempre, subversiva como la palabra libertad. Mujeres de burka oscuro para tapar el alma y manto de seda ancho para ocultar las curvas que iban camino de la vida.

Soñábamos los hombres con amoríos turistas. Presumíamos de enamorar suecas en el bar, esquina de la Giralda arriba, por Placentines estrecha de una Sevilla con sombrero de ala ancha. Y en las playas, ellas, rubias, blancas y rubias. Cuerpo al sol con el bikini abreviado. Pecado casi desnudo. Guardia civil vigilando por la decencia española, sección femenina Pilar Primo de Rivera. Decencia encuadernada por generalísimos condescendientes con ejecuciones al alba. Catecismo Ripalda de Casimiro Morcillo, Guerra Campos, Pío XII, cuidadores de rediles de almas “descorporeizadas”

Vislumbrábamos que otra vida era posible. Que aquellas esculturas de bañadores escuetos revelaban posturas de libertad ante nuestra vida oscura, triste y plomiza, impuesta a golpe de sable, de lutos y crespones, de palabra gaseada, de estómagos vacíos y oquedades en el alma.

Fraga descubrió el turismo y lo convirtió en dinero. Empujó los Pirineos y entró frescura europea. Vinieron alemanes, Ingleses, franceses. Pero para aquel español circular, cerrado sobre sí mismo, todos eran “suecas” soñadas, inalcanzables, idealizadas, D. Manuel nunca pensó que el sol era cómplice de una lucha necesaria, exigida, subterránea para no ser aniquilada. “Veremos una tierra que pone libertad” Lo cantaba Labordeta, ese Machado de posguerra que se ha ido hacia la inmensidad de su muerte por el ancho camino de una voz comprometida.

España fue girando, inyectándose Europa, rehaciéndose. Tiraba sus fronteras, ampliaba horizontes y el corazón soñaba caderas de libertad. Existían Sartre, Marcel, Camus. No todo eran hordas judeomasónicas. Había pensadores, poetas, novelistas. Allá por el 75 España se hizo eclosión. Chirriaron las bisagras, pero se abrieron las puertas. Fue posible el PCE, Carrillo, Pasionaria, Alberti, Felipe, Tarradellas. Curamos la hemiplejia que nos paralizaba. Izquierda de frente alta, creadora. De par en par España. Entrándonos el mundo.

Han pasado pocos o muchos años. Depende. Y ahora es Europa la que gira. Hacia una derecha extrema y peligrosa. Reduciendo espacios vitales, restringiendo derechos. Francia con actitudes xenófobas evidentes. Alemania silenciosa, pero presente. Portugal, Grecia y España caminan hacia Génova, 13. Holanda, Austria, Italia. Wilders, Haider, Berlusconi. Es aplastante esa ultraderecha estadounidense.

Faltaba Suecia. Jimmie Akesson tiene como referente a Hitler. “Democracia sueca” es su partido y suena a blasfemia pura cuando hace de los musulmanes la mayor amenaza extrajera, cuando reclama endogámicamente un bienestar sólo para suecos. La derecha excluyente se va imponiendo a gran velocidad. ¿Podrá Europa ser Europa una vez atacada por este ictus asumido como salvación de todos los males?

Uno siente escalofríos. Como españoles, hemos sufrido demasiado tiempo la paz de los cementerios, el silencio asfixiante, la paralización de la palabra, el ahorcamiento de la libertad. Los muertos están ahí. Gritando, exigiendo. Muertos con miedo a la inutilidad de sus muertes. Costó mucho la anchura en que vivimos. Suenan a deportaciones las deportaciones, a campos de concentración los trigales, a exilio, destierro, vidas sin una patria que llevarse a los labios.

Uno siente escalofríos. Ni siquiera nos quedan bikinis para excitar los sueños de una esperanza esperanzada.



domingo, 19 de septiembre de 2010

JOSE ANTONIO LABORDETA

Labordeta se va del Parlamento. Decidido a cuidar amaneceres. A pasear caminos del brazo de la luna. Ya sembraba esperanzas cuando la esperanza estaba prohibida y construía utopías cuando la utopía era fusilada. Labordeta sabía del futuro cuando el futuro era un túnel cerrado sobre sí mismo. “Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad.”

José Antonio es un viejo compañero de camino. Machado de posguerra, con penas calientes y estómagos vacíos. Traje los domingos y alpargatas de lunes hasta siempre. Le cabía, nos cabía, todo el país en la mochila, porque alguien empequeñecía España y la reducía a la medida de su pisada, de su bota capaz de aplastar las rosas de todos los caminos. Compañero de alegrías diminutas, de lutos interiores, de corazones perdidos en las cunetas y en las tapias blancas de los cementerios.

Se va del parlamento. La edad, dice, Los surcos de una vida entregada a la palabra, digo. El cansancio blanqueando las venas del alma, la ilusión de los nietos columpiados en la rosaleda grande de la libertad soñada. Justifico a José Antonio, machado de posguerra.

Ahora es columnista, compañero de palabra virtual, creadora de conciencia, constructora de otro futuro porque el futuro no está nunca conseguido, porque siempre es utopía, verdad prematura. Y hay que lucharlo para luego suplantarlo como provisionalidad gozosa pero efímera. El hombre siempre es mañana, nunca hoy definitivo.

Labordeta, compañero de entonces. Compañero ahora desde las páginas hermosas de un periódico cuajado de esperanza, florecido de libertad, de quehacer diario, libre de pistolas negras, de correajes negros, de charoles perseguidores de Torres Heredia, hijo y nieto de Camborio, de estrellas de ocho puntas estrelladas contra la opacidad.

Voz rural y libertaria, fundadora de promesas entonces, de realidades caminantes ahora hacia el después definitivo del gesto supremo, de la suprema elegancia de uno mismo, hasta que la muerte nos una definitivamente en el amor absoluto. Compañero ayer. Hoy compañero. Hacedor humilde de palabra que desatasca la historia de trombos moribundos y construye caminos para el hombre hermano, para los nietos de todos, con la mochila llena de país y de nostalgia cuando la voz era rural y libertaria. Labordeta, compañero. Machado de posguerra.