lunes, 13 de octubre de 2008

QUINIENTOS MARTIRES

La Iglesia quiere elevar a la dignidad de mártires a 500 españoles, que según la Jerarquía, dieron sus vidas como testimonio de su fe. No se trata, dice el portavoz de la Conferencia Episcopal, de resucitar viejas heridas, sino de enmarcar sus vidas en la Constitución que surgió de la transición. Se confirma así la capacidad anfibia de la Iglesia para estar al lado de quien da un golpe militar y al lado de una Constitución emanada de la voluntad democrática de un pueblo.

Quinientos españoles que cayeron por Dios y por España y que se han ganado a pulso la dignidad del martirio. Letras negras sobre mármol blanco por todas las Iglesia de los pueblo españoles. Monumentos a los caídos. Calles dedicadas a los caídos. Cristos caídos de la cruz como símbolo de los caídos por los campos. España entera fue una gran caída.

Caídos por Dios. ¿Qué Dios? ¿El que ungió por su gracia a un Caudillo sanguinario, que fusiló a miles de hombres y mujeres contra las paredes blancas de los cementerios? ¿El que aprovechó la ocasión para que la que dice ser su Iglesia se beneficiara de enormes privilegios? ¿El que convirtió un alzamiento militar contra el poder legítimamente constituido en una cruzada para derrocar el marxismo? ¿El que se convirtió en cómplice, Dios de derechas, de ultraderechas, Dios antirrepublicano? ¿El Dios con fajín de Capitán General con mando en plaza? ¿El Dios que guiaba la mano de quien firmaba sentencias de muerte? ¿El Dios del Cardenal Gomá, de Guerra Campos, de Cantero Cuadrado saludando, brazo en alto, el paso alegre de la paz? ¿El Dios que bendecía el incienso que acompañaba al Generalísimo bajo palio? Yo pido, exijo, que alguien nos explique de qué Dios hablamos. Y que el portavoz de la Conferencia episcopal me diga si morir por ese Dios es un testimonio vivo y profético de la fe o es más bien una lacra por la que se debería pedir perdón a toda la sociedad española. ¿Qué dice la Iglesia de esos miles de españoles que fueron destruidos porque no eran dignos de vivir en el glorioso movimiento nacional y que ni siquiera fueron enterrados dignamente? ¿Qué es de aquellos que cayeron emparedados entre una bala asesina y una absolución salvadora? “Los otros santos, los otros mártires”, les llama María Antonia Iglesias. ¿Qué es de nosotros, los que estamos vivos, los que vivimos entonces, soportando el desprecio de sotanas y uniformes, almas lastimadas, libertades perseguidas, vidas emigradas, nostalgias en la espalda, castradas mentes, fusiladas libertades?

Caídos por Dios y por España. ¿Qué España? ¿La España hermética, cerrada sobre sí misma, aislada de la realidad del mundo y de la historia, la odiada por el resto de naciones libres, la arrinconada contra los márgenes del mundo, la aislada intelectualmente, la vaciada de talentos que tuvieron que huir a otras tierras, la mediocre, la señalada como paredón de Europa?

¿Mártires los que murieron por ese Dios y esa España? Qué visión tan ruin del martirio, de la fe y de la voluntad transformadora del mensaje evangélico. La Iglesia, no sólo apostató de su misión abrazándose con repugnante concupiscencia al brazo demoledor de Franco, sino que hoy persiste en esa apostasía ostentando un orgullo hedonista. Desde su blasfemo orgullo, tan lejano de una humildad que pida perdón desde una cruz gloriosa de resurrección, la Iglesia secuestra nuevamente a un Dios que pertenece a todo el que quiera acercársele como prójimo del tiempo y del amor.




QUIERO SER DE DERECHAS

Calle Génova 13. Paso los controles de seguridad y me dirijo a un conserje que fuma un puro a escondidas.

-Buenos días. Yo pregunto por D. Mariano Rajoy.

-No está. Se fue al centro hace tiempo y todavía no ha vuelto.

-Y D. Eduardo Zaplana o D. Angel Acebes?

-También se fueron al centro y tampoco han vuelto.

Me inspira confianza este hombre y se lo confieso: Yo es que quiero ser de derechas. Verá: he sido de izquierdas toda la vida. Pero ahora ya no quedan gente como aquella. Ahora son de centroizquierda (asítodojunto) y yo me armo un lío. Lo mire por donde lo mire, nunca me coincide en el mismo sitio el centro y la izquierda. Y entonces he decidido hacerme de derechas. Cuando me dice que D .Mariano, D. Eduardo o D. Angel se han ido al centro, ¿me quiere decir que los puedo encontrar en la Puerta del Sol, Callao, Gran Vía?

-No. No. Cuando digo el centro digo el centro, pero no sé lo que digo. Me pasa lo que al chofer de Ana Botella. Le mandaba –ella siempre manda- ir al centro y el chofer no supo para dónde enfilar. Y Aznar. Y Esperanza. Y Trillo.

-¿Y con quién tengo yo que hablar para ser de derechas?

-Pues está difícil el tema. Porque debe usted ser el único. Mis jefes se empeñan en ser de centroderecha (también asítodojunto).

-Comprendo. Pero es que yo no quiero ser como Zaplana. Parece un comercial chulo de fotocopiadoras que aspira a jefe de ventas (vamos, que disfrutaría quitándole el puesto a Rajoy). Y a Acebes se le ve mucho la cruz pectoral por debajo de la camisa. Trillo me da repelús: huele a perejil, a vivahonduras. Y Esperanza, pues verá: no soy lesbiana y si lo fuera me liaría mejor con la ministra de la vivienda.

-Además, señor conserje, yo quiero ser de derechas pero sin la mala leche que por lo visto se necesita para ser de centroderechas .No me lo tome a mal, ¿pero usted ha visto el gesto de Aznar? “Mi Jose es muy simpático”, dice Doña Ana.” Pues será en la intimidad, cuando habla catalán. A lo mejor entonces se quita el bigote, se desengomina el pelo y parece un Pujol redondito y de peluche. Porque yo lo he visto con Buhs, cuando salió del rincón de la historia y se nombró jefe del mundo, y daba miedo. Y cuando hablaba con Urdaci y le aseguraba lo de las armas de destrucción masiva, qué me cuenta. Yo nunca supe si esas armas las tenía Sadan o Buhs. Después me enteré que las tenía escondidas el Tío americano y que el pobre Jose lo había entendido al revés porque todavía no había hecho el curso de inglés de CCC.

-¿De verdad, amigo conserje, que es tan complicado ser de derechas?

Sí amigo. Usted no sabe lo que pide. Si se decide a ser de derechasderechas (tambiéntodojunto) yo le podría dar pistas e incluso alguna recomendación. Entre los conserjes nos llevamos bien y me consta que el del Obispado de Madrid es un tío estupendo. El día de la manifestación contra los gayis que, dice anaguiñol, se dio de baja porque le dolían las muelas y Rouco mandó que le descontaran el día. Le han formado un sumarísimo y creo que no lo salva ni Vizcaíno Casas.

El conserje se quitó el uniforme. Yo me guardé un puromariano y caminamos del brazo hasta la calle. Nos situamos en Preciados sosteniendo una pancarta con grandes letras azules: “SOMOS DE DERECHAS” Rubalcaba y Pujalte salieron con bolsas del Corte Inglés. Se miraron con una complicidad lésbica y murmuraron: “Hay gente pa tó”


QUEDA LA PALABRA

Fue allá por Marzo. Cuando la primavera. La ciudadanía creyó. Todos los partidos políticos, menos el PP. evidentemente, apoyaron la decisión y el gobierno se puso a andar tras la pancarta de la palabra recibida y otorgada. Apoyados unos en otros. Soñando un futuro sin pistolas. De espaldas a la sangre. Cosechando bombas de rosas y cañones recortados de claveles. Costaba soñar. Era duro comentarle a nuestros muertos que a lo mejor podíamos llegar a la paz que ellos nunca tuvieron. Que en su nombre la queríamos plantar para adornar sus tumbas. Para que nuestros hijos se pudieran llamar Miguel Angel o Tomás sin que nadie les fusilara los nombres.

Todos nos pusimos a caminar detrás de la palabra. Menos el Partido Popular. Zaplana, acostumbrado a beber en los charcos, como diría Andrés Villena, Acebes, con su mochila de 11-M, Rajoy, presidente en el exilio, Aznar, caudillo irakí y tantos y tantos otros… ETA contra el gobierno. El PP. contra el gobierno. Pero muchos aplaudiendo la palabra, porque la palabra es lo único que nos queda a los que tanto hemos luchado por ella. En el estado de derecho caben los jueces, faltaría más. Caben las fuerzas de seguridad, faltaría más. Pero cambe también y sobre todo LA PALABRA. Ella es el vientre donde se gesta la democracia. Y quien se coloque al margen, no ha entendido nada de lo que pasó el 20 de Noviembre de 1.975. En el régimen dictatorial había jueces. ¿Se acuerdan del TOP? Había fuerzas de seguridad. ¿Se acuerdan de los grises? Pero faltaba la palabra. Y por eso era una dictadura. Y se la perseguía y se la fusilaba al amanecer. Quedan muchos que sólo invocan el músculo del estado, pero nunca se sentaron a hablar con la libertad, alrededor de la palabra. Viven en un estado democrático porque los demás nos hemos empeñado en que así sea. Pero viven comodamente de espaldas a la historia. Les va bien con la negación de todo, demostrando una incapacidad de construir algo positivo.

El 30 de diciembre una bomba nos aplastó a todos. ¿A todos? A algunos les sirvió para hacer de su postura agorera una confirmación de profetas del dolor. Dos muchachos ecuatorianos, venidos a amasar pan bueno, dos inmigrantes de los que tantos aborrecen, se fundieron con nuestras víctimas. También ellos fecundarán nuestra tierra. Y saltó por los aires la palabra. La que nos dieron los terroristas. Nunca la que nosotros pusimos sobre la mesa. Ella está intacta, virginal porque nadie tiene terror suficiente para descerrajarle la nuca. La palabra de los seres libres es fuerte como los cedros que veo desde mi ventana.

Llevamos muchos años luchando contra el terrorismo. Con la justicia de nuestra parte. Con las fuerzas de seguridad de nuestra parte. Con las cárceles de nuestra parte. Tendremos que añadir la palabra. Aunque nos escueza el alma, aunque nos muerda un sentimiento de venganza. Pero estoy convencido que sin ella no fundaremos una paz estable. No pido que nadie me comprenda. Exijo, eso sí, en nombre de mi lucha honrada y sincera, que se callen los zaplanas, los alcaraces, las copes anticristianas y los roucos blasfemos que las amparan. Que no me arranquen la palabra las isabeles, ni las cristinas ni las marías populares y antipopulares. De eso ya se encargan los terroristas.

A lo mejor me muero pronto, lo sé. Que esparzan mis cenizas por las azules ramas de la palabra.


miércoles, 8 de octubre de 2008

QUE VIENE RICE

Traje recién planchado y corbata a juego. Brillantes los zapatos. Pelo ajustado a la sonrisa más juvenil que nunca. De una aparición se trata y conviene estar a tono con la diosa que bajará del coche de lujo. Parece Zapatero un colegial reformado, deseoso de una reinserción en el imperio, sin rastro de orgullo patrio, dispuesto a recibir el castigo de repetir cien mil veces un acto de contrición por haber ofendido al Señor de los ejércitos.

Pisa, morena, pisa con garbo. Nuestra Señora Rice. Poderosa ella. Mediadora ella. Escoltada de marines, de aviones, de tanques. Apartando cadáveres con su pié delicado, con sus zapatos que prodigan tiros de gracia, alargando una mano acostumbrada a firmar sentencias contra los pueblos, hambres indefinidas contra los pueblos, cercos económicos contra los pueblos. Aparta a manotazos los niños de bocas abiertas, de estómagos famélicos. Le sonríe a Zapatero como le sonríe a los muertos de Irak, a los muertos palestinos. Emperatriz de la miseria, de la ignominia, del vómito justiciero. Y Zapatero bajando escalinatas, saliendo al encuentro glorioso, rindiendo honores a la barbarie del imperio.

Que viene Rice. Incapaz de comprender que un Presidente español se trajera las tropas de Irak porque aquí había madres llorosas, novias prematuramente viudas, chavales que saludaban militarmente a padres distantes antes de ir al colegio. Incapaz de comprender que un Presidente español tuviera dignidad suficiente para negarse a ser cómplice de un genocidio y a ser consecuente con una palabra comprometida. Incapaz de comprender que un Presidente español se negara a poner los pies encima de la mesa del despacho oval, sin Azores paradisíacas, sin sometimientos al emperador, negándose a canjear petróleo por muertos, riqueza por sangre, complicidad por distinciones. Eso quedaba para los del rincón de la historia, que beben riojas a placer y conducen a velocidades de muerte. Eso queda para los que aplauden una guerra en el Congreso de los Diputados por el orgasmo alcanzado con una novia prohibida.

Ocho horas de presencia. Demasiadas horas para aguantar la altanería de la copropietaria del mundo, de la emperatriz consorte, de la alcaldesa de la muerte. Demasiadas horas para soportar el chantaje de la dama que guarda un saludo reconfortante de Bush, un mensaje de acercamiento de Bush, una posible entrevista de Bush. Y Zapatero, funambulista de traje planchado, corbata a juego, zapatos relucientes. Sonriente sin llegar a adúltero, dejándose querer sin prostituirse, regalando aznares-y-anas-palacios. Aznar-pin para embellecer solapas y anas-palacios-de-otros-tiempos y rajoy-abanico con toritos negros para el televisor de Condoldeza.

Vino Rice y se fue. Y nos dejó su eterna estela de muertos, descargados de su conciencia, reluciente como los zapatos y el traje planchado y la corbata a juego.

Que alguien tire rosas al tendido y brinde por la dignidad de un pueblo.



PRINCIPIOS Y REFERENTES

No se habla de otra cosa: los principios. Aznar, San Gil, Arístegui, Mayor Oreja, Ortega Lara, Botella, Aguirre, todos invocan la vuelta a los principios. P. Jota alienta la sublevación contra Rajoy por apearse de los principios. Y hasta el propio D. Mariano habla de la necesidad de mantenerlos como elementos vertebradores

Pero nadie, desde Rouco Varela hasta Jiménez Losantos, Cristina o Curri, Carmen Tomás o César Vidal, explican en ningún momento de qué principios se trata.

El Partido Popular se resume en dos conceptos: principios y referentes. María es un referente. Al igual que Ortega Lara, Mayor Oreja, Aceves o Zaplana. Y para ser fieles a los principios hay que mirarse en los referentes.

Y uno se pregunta: El antinacionalismo obsesivo, el lamento cínico por una España que se rompe, el acercamiento de presos etarras cuando Aznar, en el cumplimiento de su deber de buscar la paz dialogó con el movimiento nacional de liberación, la foto asesina de las Azores, el espectáculo de aplausos y risas en el Congresos por la adhesión de España a una guerra ilegal, el fraude conscientemente urdido para engañar a un pueblo que no soportaba el dolor del 11-M, la inclusión del PSOE en las mochilas de Atocha como corresponsable de la masacre, la traición a los muertos atribuida a un gobierno legítimamente votado, el llanto farisaico por unas víctimas usadas y manoseadas por jerifaltes de pancartas, el hermanamiento con el PNV para mantenerse en el poder, el catalán hablado en la intimidad para que fuera más cercano el voto de apoyo, el recurso al Constitucional contra la ley de matrimonios homosexuales o el estatut catalán… ¿Son estos los principios a los que hay que volver?

¿Aznar referente? Un ex-presidente de gobierno que se pasea por el mundo denigrando a su País, hablando de su balcanización, afirmando que el gobierno accidental está de rodillas ante los terroristas, dogmatizando que España ha desaparecido porque ha abandonado los fundamentos cristianos de los que surgió, asegurando que Irak no es un país idílico pero que con cientos de miles de muertos está mejor hoy de lo que estaba gracias a que él se dio el lujo de poner los pies sobre la mesa oval.


¿Mayor Oreja referente? ¿Porque pasó por el franquismo disfrutando de un oasis de paz? A María hay que honrarla por su valor personal, por vivir escoltada por muerte y soledad, pero sin atribuirle un plus de razón política que la ha llevado a hundir a su partido en las elecciones del País Vasco y a proclamar que por lo menos con Franco vivíamos en paz.

¿Aceves, Zaplana, Trillo, Botella, Aguirre, referentes? Políticos que no han sabido crear futuro sin terrorismo, que han hecho de ETA una necesidad para sentarse en el escaño, que mancharon la Castellana cada sábado de blasfemias antidemocráticas. Cuatro años inyectando el miedo en las venas de España les ha llevado a un contagio autodestructor.

Principios. Referentes. Bienvenido al futuro quien sea capaz de crearlo.






PREVARICACION POLITICA

Cuando uno quiere hablar o escribir sobre el bien o mal llamado proceso de paz, tiene que empezar proclamando que es profundamente antiterrorista y que alberga en su interior la memoria digna y dolorosa de las víctimas del terrorismo. Y cuando después de terminar tu exposición o tu artículo alguien te interpela, lo primero que te va a echar en cara es que estás a favor de ETA y que estás despreciando el recuerdo de los que cayeron bajo sus balas asesinas. Y te siente entonces impotente, insultado e incomprendido.

Cuando fue el grito contra la guerra de Irak, Aznar argumentaba que quien no estaba a favor de la guerra estaba a favor de Sadam. Las simplificaciones siempre benefician a los mismos. En otros tiempos se era franquista o se era comunista. ¿Se acuerdan?

Hoy la cosa se ha complicado: pese a proclamar que se está contra el terrorismo y que se siente un profundo amor a las víctimas, nos encontramos que intencionadamente son retorcidas esas manifestaciones. Todo el que está a favor del diálogo que nos puede llevar a la paz está en contra de los que han sufrido y a favor del terror. Aznar, de forma repugnante, ha proclamado que el Presidente Zapatero camina junto a ETA y que ha conseguido que la muerte de las víctimas no sirva para nada. Aceves ha gritado que el proyecto de ETA y el del Presidente son idénticos. Rajoy ha hablado de traición a los muertos. Se han negado los contactos con el grupo terrorista en el 98. Se menosprecia la memoria de los españoles y se minusvalora el valor de las hemerotecas.

¿Se pueden hacer afirmaciones como las anteriores desde la sinceridad? ¿Desde la honestidad política? Negar conscientemente la veracidad de una situación es, jurídicamente hablando, prevaricación. Y a la repugnancia que produce en cualquier español de bien la actitud de Aznar, Aceves o Rajoy hay que añadir la maldad de esa prevaricación.

No se trata de defender una postura política desde la sinceridad y la coherencia. Se trata de sembrar el odio y la división entre las gentes de buena voluntad. Y esto es no propio de políticos honrados sino de terroristas de nuevo cuño.

Debemos ser claros para no acompañar a nadie en esa prevaricación. Basta de prostituir una palabra que es el pan que alimenta una democracia sana y digna de ese nombre.

Y a la sombra de tanta prevaricación, el silencio cómplice de una Jerarquía que sólo aboga por una uniformidad, que no unidad, de una España nacional-católica ajena al quehacer liberador del evangelio. A Algunos nos tocó vivir un régimen totalitario deformador de la realidad vital y una moral farisaica consecuencia de doctrinas realmente aberrantes. Salimos de aquella situación a golpe de esperanza. Y uno, tal vez ingenuo impenitente, se sorprende de volver a encontrarse en similar situación.

Tendremos que buscar la paz con el terrorismo evidente. Es triste que tengamos que buscar la paz con un terrorismo soterrado.

Ahí queda la palabra para saciar el hambre antigua de un pueblo que cree en ella.


POR LOS VAGONES

“ETA tiene cogido a Zapatero por los vagones” Cada mañana desde el nauseabundo minarete de la COPE el talibán de turno llama a sus fieles a profundizar en la simbiosis asesina entre la banda terrorista y el gobierno en la masacre del 11-M. Y los Obispos mientras tanto guardan un silencio cómplice, vergonzoso y miserable. ¿No hay nadie entre ellos con un mínimo de altura moral, intelectual o evangélica capaz de desmarcarse y renunciar a la parte alícuota de odio que le corresponde? Ellos, tan preocupados por el laicismo, el relativismo, la inmoralidad del amor homosexual, comulgan en la falsedad y la mentira sin el más mínimo sonrojo.

“ETA tiene cogido a Zapatero por los vagones” Esto no es una opinión política, sino la afirmación clara y contundente de una connivencia que hizo posible la muerte de 200 personas, el dolor de familiares y amigos y un regusto de miedo que a todos nos quedó en el cuerpo. Y si es así, urge que esos detentores de la verdad acudan a los juzgados provistos de pruebas contundentes que obliguen a los jueces a tomar medidas para que todos sintamos la tranquilidad y el agradecimiento hacia estos bienhechores.

El PP pretende ahora renegar de su asentimiento con la emisora de los Obispo, con el Mundo y muchos otros. Que se lo pregunten a Díez de Mera, ahogado en el secreto de su propia indignidad. Demasiado tarde. Acebes, que siempre se ha movido en la más nauseabunda tibieza bíblica, no sabe ahora cómo escapar del magma de mentiras donde está atrapado. Y Aznar, y Miguel Angel Rodríguez, patán de la política, y Zaplana y un Mariano Rajoy sin agallas para ser un líder centrista y centrado.

Vivir en democracia es creer en un estado de derecho. Cuando se desvirtúa el trabajo de fuerzas y cuerpos de Seguridad, de Jueces, de tribunales legítimamente constituidos, se está apostatando de ese estado de derecho y ninguna razón ampara a los defensores de doctrinas conspirativas que buscan, desde el terrorismo de la palabra y el sindicato del crimen, dejar sin contenido la convivencia que tanto nos costó darnos y que al final conseguimos. Debemos defendernos contra ETA, contra el islamismo. Pero también contra estos asaltantes de caminos que van prodigando tiros de gracia en la nuca de las libertades.

Hay que excluir el odio que se está sembrando por parte de ciertos medios y con la bendición de la Iglesia. Señores Obispos, sigan ustedes beatificando mártires ocasionados por las hordas marxistas. Algún día tendremos que canonizar a los mártires de los báculos episcopales.