martes, 22 de noviembre de 2011

POR AMOR DE DIOS

Los pobres ya no son lo que eran. Andaban por las aceras, esponjas de tinto muy tinto. Pobres a medio hacer o a medio destruir. Faltos de piernas, de brazos, de ojos. Herencia de una guerra-cruzada que nos salvó del comunismo y nos puso boca abajo por los siglos de cuarenta años. Pobres-maleantes porque así lo decidían charreteras brillantes y sables como lunas enfundadas. Pobres condecorados de miseria por republicanos, por judeomasones, por subversivos. La vida era el resultado de méritos empotrados en el pecho por fusiles fusilando paredes blancas de cementerios blancos.

Pero eran pobres como se debía ser pobre, como estaba mandado y legislado. Se cumplía con el mandato divino de ser pobre porque Dios así lo quería. Tiempo habría en la otra vida para disfrutar la riqueza. Pobres nacional-católicos que te pedían una limosnita por el amor de Dios. Unos céntimos de peseta entonces y que Dios le bendiga. Limosna-mercadillo, canje de pesetas por anestesia de conciencia. Y cada uno a lo suyo: bocadillo de sardinas y misa de doce-Sagrado-Corazón-en-vos-confío.

Los pobres ya no son lo que eran. Ya no piden al rico por amor de Dios ni desean que él te lo pague porque se han vuelto pobres-laicos y piensan que son pobres, terriblemente pobres, para que otros sean ricos, terriblemente ricos. Son pobres cristianofóbicos. Tienen prisa en el estómago y no pueden esperar a la otra vida. Desprecian la caridad por la injusticia que encierra y exigen sanidad para sus enfisemas, escuelas para sus hijos, un techo para acariciar carnes morenas, un trabajo para sentirse responsables de la construcción del mundo. Piden justicia distributiva, reparto humano entre las manos del mundo. Los pobres ya no son lo que eran.

Son los mercados, las primas de riesgo, la deuda soberana, la especulación, la burbuja inmobiliaria. Pero ahí está Rajoy, azul-España, azul-recuerdo, Pirineos-azul, azul-Estrecho. Y Rouco viajando en silla gestatoria hasta Génova, para bendecir, para derramar la gracia sobre el recién ungido por las urnas, para colocarle entre los ojos las causas reales de la miseria que vivimos: se debe "en síntesis y en el fondo" a "la pérdida de valores morales, que van de la mano del relativismo y olvido de Dios y su santa ley". Pero Rouco como siempre, se esconde. No denuncia la injusticia. No dice quién ha perdido esos valores. Porque no son los pobres, Monseñor. Son los poderosos, los especuladores, los que distorsionan la vida y no andan tirados por las aceras llenos de tinto muy tinto. Son los ricos epulones que dan por terminada la hechura del mundo simplemente porque se la han apropiado, la han robado de los almacenes de la justicia, la grandeza y el amor. Entre todos ellos está la Iglesia y su jerarquía: "urge intensificar" la respuesta pastoral ante la "gravísima" crisis económica, para lo que Rouco ha pedido aumentar los recursos económicos de la Iglesia a través de Cáritas. Usted, señor cardenal, se ha querido poner el primero en la cola de los bancos, de las agencias de calificación, de los mercados. Para retirar sus parte de dinero que se supone que todos los españoles vamos a entregar por obra y gracia de Mariano Rajoy. Para eso han pedido el voto descaradamente.

Ayudan a esta crisis económica, dice Usted, el matrimonio homosexual. Nunca hubiera imaginado que el amor fuera un veneno capaz de canjear la justicia por el abandono de una lucha humanizante. Le repugnan las conductas antinatalistas porque le escuecen los besos por los besos, las caricias por las caricias, el temblor del éxtasis sexual si no conlleva una voluntad procreadora. El amor, Monseñor, es la suprema “inutilidad” porque nunca puede ser usado para lograr fines más nobles que él mismo amor, porque a sus espaldas sólo está la nada. La rosa es bella simplemente porque es rosa. El mar es el mar porque no nos cabe en las manos. Usted no ha comprendido que al mundo lo mueve el dinero, pero que a la historia sólo la sostiene y la construye el amor. Déme un puñado de amor y cambiaré la costumbre de ser hombre por la tarea de serlo en plenitud.

Los pobres ya no son lo que eran. Ahora exigimos justicia enamorada.

jueves, 17 de noviembre de 2011

CARTA AL ARZOBISPO DE OVIEDO

Señor Arzobispo: Usted nació demasiado tarde. Hace cuarenta y cinco años hubiera sido un perfecto arzobispo de cualquier diócesis española. Incluso el solideo sería el premio de un generalísimo golpista, asesino de españoles, fusilados, pero confortados con los santos sacramentos y la bendición de Su Santidad. Saludaría las bellas montañas asturianas brazo en alto, con gesto fascista y se refugiaría en la gruta de la santina para impartir urbi et orbe sus directrices a las conciencias, dominándolas, sometiéndolas, sojuzgándolas, imponiéndoles los principios fundamentales del movimiento y orando por nuestro Jefe Francisco.

Usted nació demasiado tarde. Y esa tardanza le sustrajo de las coordenadas del glorioso movimiento nacional para situarlo en una libertad para la que no está acostumbrado. El día veinte de noviembre hará treinta y seis años que se le murió el destructor del comunismo, el salvador de la cristiandad (no confundir con cristianismo), el diácono de la santa basílica de Roma de cuyo nombre no logro acordarme, el del palio blasfemo que equiparaba el Corpus toledano con la inauguración de un polideportivo. A lo mejor Usted no se ha enterado o ignora por conveniencia que Franco murió en el setenta y cinco. Desde entonces los españoles recobramos la libertad, y pudimos huir de una dictadura militar y eclesiástica. No hemos necesitado asesinar a nadie para depositar nuestra confianza en quien surge de las urnas. La muerte del dictador truncó la santa cruzada, aunque usted añore su permanencia.

La jerarquía no permite acercarse a la comunión a los divorciados, pero exceptúa a María Dolores Cospedal y a Alvarez Cascos: En las elecciones autonómicas y municipales del mes de Mayo, usted pidió el voto para Francisco Álvarez Cascos, actual presidente de Asturias, y no tuvo reparos al escribir “que por encima de los dos divorcios del líder de Foro Asturias estaba la ideología de su partido” Fustigó al partido socialista por “engañar a mansalva con tal de seguir obteniendo resultados de puro poder” “Quienes confunden la manipulación de la vida con sus intereses de poder, no son aptos de la confianza, sino más bien reprobables por sus hechos, por sus leyes, por sus demagogias lingüísticas de géneros varios”. Su excelencia episcopal y su indignidad como persona le llevó a hacer la siguiente afirmación que le degrada por sí misma: “Supongo que no pondrán más obstáculos para saber la verdad de la maraña confusa y confundida por otra matanza, el 11-M, cuya sospecha les mira…” Se refería usted al gobierno socialista.

Atribuye Usted la cristianofobia al laicismo beligerante del gobierno socialista. Desciende Usted de una jerarquía acostumbrada a influir en las decisiones del dictador haciendo de su moral la moral del régimen, aunque ésta fuera una moral liberticida, antihumana, destructora de derechos humanos. A cambio de prebendas, el episcopado mantuvo unas relaciones incestuosas con el vencedor de la santa cruzada y todavía llora su viudedad después de treinta y seis años. El laicismo no es anticristiano, sino que es purificación de prácticas anticristianas. Debería Usted tenerle miedo al pasado de prostitución junto al poder, no a la limpieza de una relación respetuosa.

Por eso exige el voto libre y democrático en una dirección, porque necesita una cierta similitud con un pasado que creíamos superado. Pero si la jerarquía tuviera una mirada limpia, pediría perdón por el ayer vergonzante y se implicaría en el compromiso con la pobreza actual de un mundo atornillado a la miseria por la injusticia de la riqueza.

¿De verdad que cuando Usted se sumerge en la intimidad de la oración, frente a un Cristo crucificado por los poderosos y sacerdotes de su tiempo, puede compatibilizar su postura con la del evangelio? ¿Me asegura Usted que el Dios que plantó su tienda entre nosotros es el mismo que se desentiende de la lucha por la justicia? ¿Seguro que el cristianismo que Usted quiere implantar es mejor que el laicismo que rechaza?

Cuántas preguntas que Usted no sería capaz de responderme. Mejor el silencio de un amanecer dorado y verde de una Asturias que enamora.


martes, 15 de noviembre de 2011

LA DEMOCRACIA DEL EURO

Los problemas de Europa se solucionan con más Europa. Es el estribillo cacofónico de los líderes europeos, y en especial e irónicamente de Merkel. La crisis, los mercados, la prima de riesgo, el diferencial, resuenan en la prensa, las televisiones, las radios de nuestros días, como en otros tiempos sonaban los crímenes pasionales. Bolas de nieve rodando, alimento de tertulianos, macabras estrofas para pobres de cáritas, desahuciados irredentos, familias alimentadas con panes inútiles.

Lo ha dicho Angela Primera de Alemania: “La economía debe estar al servicio de los seres humanos. Nunca al revés” Y suena a sarcasmo, a blasfemia, a fariseísmo. “Europa vive la hora más difícil después de la segunda guerra mundial” ha añadido la emperatriz omnipresente, sustituta económica de Carla Bruni, esposa vicaria de Sarkozy sin tacones. Millones de europeos sin trabajo, pobreza de aceras mendicantes, juventud desesperanzada, muchachada sin primer empleo, madurez sin última ocupación. Exigencia de que los viejos sean más viejos. Menos sanidad la sanidad. Menos escuela la escuela. Los empresarios empeñados en el desprecio libre. El capital pregonando chantaje a bajo precio. Y nos enteramos que la economía debe estar al servicio del hombre.

Nació como mercado. Se dulcificó como unión. Y cuando se manifiesta sin careta, se convierte en destructora de democracias. Italia es elegante hasta geográficamente. Siempre a punto de entregar la cintura al amor de la espuma. A punto siempre de ser sirena, de convertirse en historia marítima de las olas. Cuando te despiertas en Italia, hay un perfume verde de gentes que hacen de la alegría un estilo de estar en el mundo. De la mafia no hay que preocuparse. Al fin y al cabo son “cossa nostra” y contribuyen con su esfuerzo al producto interior bruto, manteniendo la inflación en su justa medida. La camorra napolitana purifica con la sangre derramada las venerables catacumbas y serena el ánimo de unos dioses ávidos de sacrificios y gólgotas. Berlusconi se ha bajado la cremallera de la bragueta y se ha marchado con sus delitos a cuestas, con sus vellinas, con su podredumbre vergonzosa de implantación capilar. Pero no hay elecciones. Monti está impuesto. Europa cierra las urnas de los pueblos y designa a quien le conviene a los mercados, a la deuda, a la prima de riesgo. El pueblo no elige. Se somete o se subleva, pero no vota.

Grecia está asfixiada. La Grecia patria, madre fecunda, exportadora de filósofos, de poetas, de belleza, de elegancia, de historia, de democracia. Silencio en Grecia. Ella que era grito donde refugiar el silencio sometido. Sin coroneles, sin monarcas, pero con el euro pisándole el cuello, embistiéndole la femoral. Papandreu expulsado. Papadimos designado. Que se traguen los griegos su rebelión, sus protestas, su indignación. Europa le ha asignado un primer ministro. Tecnócrata, dicen. Como Monti. A Papandreu lo despeñaron empujándolo con urnas electorales. A Europa no le sirven las urnas. Le basta apretar el cuello elegante de Italia, de Grecia e imponer.

Cuidado. Es nuestra obligación seguir amando la palabra, defendiéndola, ofertándola como bandera humana y humanizante. Hay que mimar su fragilidad frente a la brutalidad de los mercados, de las monedas, de las imposiciones del capital.

El ser humano no es dinero, mercado, capital. Quiere ser palabra, palabra sólo, porque la poesía redime al mundo de sí mismo.




domingo, 13 de noviembre de 2011

LA VIOLENCIA NO SE RINDE

A veces desnudamos la palabra y amputamos sus más bellas formas interiores para disimular la bravura de sus adentros. Nos quedamos entonces con su significado más primario ocultando su madurez multiforme. Sucede con el término violencia. Lo reducimos casi exclusivamente a su aspecto físico guardándonos por comodidad vital su reciedumbre interior. Es violencia el terrorismo, la agresión de género, el absurdo combate callejero por la grandiosidad de un equipo de fútbol. ¿Pero es esta toda la gravidez que contiene el término violencia?

El Círculo de Empresarios define la economía española como una “economía de guerra” Es por tanto una economía violenta. El más fuerte (habría que decir tal vez el más violento) impone sus condiciones para entrar en esa lucha: “reducción del salario mínimo de los jóvenes, revisión de la prestación de desempleo, “congelar” el empleo público, despidos en la Administración Pública, subir las tasas universitarias...” Hay que rebajar el salario mínimo interprofesional de los jóvenes, sus convenios, emparejar salarios y productividad, regular el derecho a huelga, crear un contrato con 20 días de indemnización por despido por año trabajado, fomentar el trabajo a tiempo parcial, desregular el mercado…

La Constitución española reconoce el trabajo como un derecho. Como tal, el trabajo no es un otorgamiento gracioso de los empresarios a los trabajadores. Ese derecho no está vinculado a la riqueza de unos pocos, sino que es conferido por una ley constitucional cuya impugnación no puede ser fruto de la cuenta corriente de un empresario. Las propuestas empresariales que anteceden son ciertamente un ejercicio claro de violencia puesto que atentan contra una norma reconocida, aceptada y votada por los españoles.

Los empresario han aprovechado la crisis para convertirla en coartada, sometiendo al vasallaje de su dinero la primaria necesidad de comer, de tener un techo, una educación, una sanidad digna de una clase trabajadora que tiene el derecho a exigir el cumplimiento de unos derechos humanos internacionalmente reconocidos y amparados por nuestra Ley de leyes. Los derechos no dimanan de la billetera, sino de la dignidad del ser humano. Subvertir esta primacía es generar violencia. No es asumible el chantaje y la vida empuja la denuncia más alta y clara.

Es denunciable que millones de personas mueran de hambre por el vergonzoso monopolio de alimentos por parte de unos pocos. Ese monopolio conlleva la fijación de precios inasequibles para dos terceras partes de la humanidad. Genocidio se llama. Cinco millones de españoles sin trabajo son el grito, imposible de acallar, contra unos empresarios que exigen condiciones draconianas para crear un puesto de trabajo. No les asiste el derecho de su dinero, casi siempre fruto de manipulaciones no muy limpias. Me repugnan los onasis que empezaron vendiendo corbatas y llegaron a donde llegaron. Por el camino quedaron muchos cadáveres frutos de su falta de escrúpulos. Cuando se alaba la trayectoria de alguien que comenzó de la nada y ha llegado a una cumbre, alegando que se ha hecho a sí mismo, se me llena de escalofríos el alma. Sólo se escalan ciertas cimas pisando las flores del camino.

Hay que devolver a las palabras la totalidad de sus contenidos. Las propuestas del Círculo de Empresarios suenan a tiros en el estómago de una sociedad que olvida obligaciones y derechos. La violencia no se rinde. Habrá que combatirla con leyes que nos devuelvan los derechos que nunca debieron ser suprimidos.



jueves, 10 de noviembre de 2011

COMO DECIAMOS AYER

Difícil sustraerse a escribir sobre el debate. Quién ganó. Las corbatas. Los costes. La puesta en escena. La afición a leer folios frente a la sequedad de boca. Y sobre todo si fue un debate o un encuentro amigable. Ya lo han hecho otros. No se habla de otra cosa porque España parece un barrio de chismes sobre los zapatos del los aspirantes.

¿Pero qué hicieron con la nostalgia? La nostalgia es la huella que el alma va dejando por los caminos. Aquella muchacha. El primer trago de vino y sexo. El beso enmarcado en los labios de la vida. El padre cansado de de posguerra. La madre que prefirió los cipreses erectos de un camposanto cualquiera. La nostalgia es hermosa porque está hecha de pan bueno para rehacer el camino en las tardes de pinares oscuros.

Pero la nostalgia es un pecado imperdonable para los políticos. Felipe y Guerra de pana son el ayer. Bono, equilibrista disimulado, es siempre pasado. Aznar está descatalogado. Oreja, Alcaraz, Trillo son sólo artículos de mercadillo, rebajados a precio de coste.

¿Qué son Alfredo y Mariano? Son lo que nos queda, como albaceas de lo que pudo haber sido y no fue. Tal vez también de lo que fue, pero que está invalidado porque el mundo ya no es el mundo, sino un mercado de ideas-segunda-mano. No hay poetas en la política y sin poetas, la política se jibariza como el cerebro de las nueces. No puede ser una continuación de sí misma. No hay creación. Los de arriba están arriba a costa de las espaldas de los que abajo sostienen el peso de una esclavitud más evidente cada día. No hay izquierda ni derecha. Sólo norte y sur, ricos y pobres que cada día son más ricos y más pobres. La nostalgia del pasado es suicida. La tristeza del presente un luto perdurable.

Rajoy, Montoro, Gallardón, Aznar. Instalados en recuerdos del noventa y seis, cuando la economía se hacía mayor, cuando el ladrillo tenía altura de giralda, cuando los girasoles tenían tres dormitorios, salón, cocina y garaje. El banco ponía la alegría del dinero, televisor de regalo, te incluían un notario y mobiliario-Corte-Inglés. Nosotros poníamos treinta años de trabajo forzado, en el andamio él con piropos de tartera y ella limpiando oficinas, castigados sin cerveza los domingos.

Un día nos aplastó el ladrillo, se hundió el andamio con la tartera incluida, se cerraron los despachos. Cuando salimos de la escombrera, sólo nos quedaba la hipoteca pegada a la piel, mes a mes, con Trichet encaramado en los altos intereses, con el secretario del juzgado rodeado de antidisturbios para arrancarnos el retrete, la bañera y el lavabo, para que nos coma la mugre bajo el puente del Darro.

Rajoy escribió sus folios en el noventa y seis. Se le ha desdibujado la tinta de la impresora, pero sigue empeñado en el recuerdo agrio. No siente nostalgia. Se le pone Aznar en la garganta sin darse cuenta que Aznar es un vasallo, sólo vasallo, de Murdoch-espía, de Bush-para-siempre-manchado por la sangre de Irak.

Alfredo quiere ser lo que no pudo ser. Un impuesto a los ricos fugitivos, escondidos en las SICAV de Galápagos. Echándole un pulso a Esperanza emperatriz de Legionarios, de Opus, golpeando la vagancia de un magisterio indolente. Disputándole a María Dolores las farmacias vacías, sin oxígeno para enfisemas, con el sintrón caducado desde Mayo para trombos de vejez. Y María Dolores sonriendo, reprobando el aborto, pero animando el reposo de ciáticas con bolsas de agua caliente olvidadas en el trastero.

Alfredo-educación-sanidad-dependencia-igualdad. Alfredo dando paso al amor entre iguales, porque el amor es muy serio, porque es la fuente de la libertad. Alfredo asomado al futuro desde un pasado injuriado, como si no fuera el mejor frente a las balas. Alfredo perdido en las encuestas, pero queriendo. Alfredo no se ha encontrado con Merkel, con Sarkozy, interventores del más allá, estrangulando a Grecia, después Italia, soñando con desahuciar a España, con dejarla sin techo, porque también le ahoga la hipoteca perdurable de su deuda. Y los mercados pisándole el futuro a Alfredo europeista. ¿Pero existe Europa?

Mariano-como-decíamos-ayer. Alfredo-sin-mañana porque lo embargaron Alemania y Francia. ¿Quién ganó el debate? A lo mejor lo pedimos todos y lo ganaron los botines, los gonzález mientras tomaban caviar con coca-cola, oligarcas epulones de miseria hasta los ojos.


martes, 8 de noviembre de 2011

EL VALOR DE LA VIRGINIDAD

Confieso que me sorprendió. Valencia. Obispo pontifical para una ceremonia en la que tres mujeres iban a consagrar su virginidad a Dios. Traje de chaqueta blanco. Blanco el velo. Mitra y casulla blancas. Entrega de anillos como símbolos de santo desposorio. Velo revelador de la llegada del espíritu santo. Dios planeando sobre tres cuerpos tumbados boca abajo, aceptando una virginidad de lirios, de azucenas, de claveles. Como María Goretti, aquella niña meta de nuestra infancia en colegios religiosos.

Virginidad, valor supremo. Maternidad, luz en el cristal, sin romperlo ni mancharlo. Porque se rompe y se mancha cuando se abre al amor, al escalofrío del beso, del tacto, de la donación suprema. Porque se mancha ella, sólo ella. El amor, el dolor, la ternura la anegan hasta los ojos. La mujer pierde, se pierde, se aleja de su dignidad nunca reconocida.

Digámoslo sin tapujos: la dignidad de la mujer, su grandeza, viene dada por unos centímetros. Y a esta visión han colaborado las religiones, todas las religiones. Y de se actitud se desprende una superioridad, una supremacía del hombre sobre ella. Se desprende un desprecio para labores eclesiásticas. Y no hablo sólo del cristianismo, sino en general. Los libros sagrados y su posterior desarrollo hermenéutico están llenos de humillación hacia la mujer. La alabanza hacia alguna en particular viene fundamentada en su virginidad, mantenida a costa incluso del martirio, de la ofrenda sacralizada antes que perdida. Sin romperse ni mancharse, como una transparencia inmaculada, limpia y por tanto admirable.

La doctrina católica, no siempre basada en el evangelio, sino imitadora de otras religiones, ensalza hasta el paroximo esa virginidad. Debe guardarse hasta el matrimonio tras el cual es lícito perderla como mal menor, dado que la perfección máxima es resguardarla durante toda la vida. El matrimonio y lo que conlleva es una concesión graciosa a la debilidad humana. De ahí que el varón la prefiera virgen, porque a él hay que concederle la prerrogativa de ¿degradar, de manchar? a la esposa.

Cuántos crímenes amparados en conceptos inasumibles en el siglo XXI pero que siguen siendo estandartes de grandeza. Cuánta deformación de conciencias por postulados erróneos. Cuántos valores subordinados a una concepción puramente métrico decimal.

Una visión predominantemente andromórfica del quehacer humano deforma la historia de la humanidad como esfuerzo solidario de la construcción del mundo. Pero además degrada a ese prójimo con el que edificamos la vida y la conducimos a su culminación. La visión varonil de Dios nos da una idea de le relegación de la mujer a un plano secundario. La glorificación de la mujer en base exclusivamente a su virginidad, degrada a toda aquella cuya decisión es vivir la hondura de la comunión sexual.

La Jerarquía católica sigue en su obcecación virginal. No busca la salvación integral del ser humano, sino sólo de su alma. En cuanto a la mujer, marginada y arrinconada en su tarea eclesiástica, persiste en su única y exclusiva grandeza: la virginidad. ¿Hasta cuándo semejante reduccionismo con la consiguiente marginación de la dignidad femenina?



viernes, 4 de noviembre de 2011

EL TRABAJO, UN DERECHO

El trabajo es un derecho reconocido como tal por la Constitución. Cinco millones de españoles arrojados a las puertas del desempleo, dice muy poco de una correcta situación de la sociedad. Cuando en el setenta y ocho aprobamos nuestra guía de derechos y obligaciones, nos comprometimos todos, absolutamente todos, a su cumplimiento íntegro. España se apeaba de una dictadura militar y ahora no puede permitir estar pisoteada por una dictadura económica. El mundo del dinero debe cumplir una función social en beneficio de la colectividad para que el mundo laboral no sea un conjunto de parias dependiente del capricho especulador de los poderosos.

Entramos en el Mercado Común Europeo y pronto evolucionamos hacia el concepto más elegante de Unión Europea. Nuestra capacidad de disfrazar la realidad con eufemismos hipócritas es inmensa. Ensanchamos nuestra dimensión nacional y llegamos a la conclusión de que Europa somos todos. Para engrasar el mercado y para guarecernos de los envites especulativos nos dimos una moneda común y en esas andábamos cuando llegaron Merkel y Sarkozy nos dimos cuenta que Europa era un dúo dinámico, protector de sus bancos, de su deuda, de sus exportaciones y que los demás éramos acólitos con sede en Bruselas. En realidad sólo recoge pelotas en ese tenis entre Francia y Alemania. Nos obligaron a tomar medidas conformes con la derecha que ambos mandatarios representan y sometieron incluso a gobiernos de izquierdas como el español a sus directrices. Se recortaron derechos, se rebajaron sueldos y pensiones, se llenaron las arcas bancarias, se encastillaron en una crisis que sirvió de coartada y por ahí vamos camino de la cartilla de racionamiento. A Grecia se le ahoga la democracia porque el euro destroza las urnas y ciega los votos. Lo ha dicho Papandreu: Otros nos cercan la economía, pero las decisiones democráticas son nuestras.

También a nivel nacional surgieron los merkel y los zarkozy. Nuestros empresarios se arrogaron el derecho de enseñar por qué caminos debe andar la economía. Se han desentendido de la obligación constitucional que les obliga y se han puesto a diagramar unas exigencias que conllevan la prerrogativa de la creación de empleo y las condiciones draconianas del despido informadas por sus beneficios. Son los dueños y señores del destino de todo aquel que por carecer de riqueza debe estar sometido al capricho mercantil de una nueva dictadura. Los cinco millones de parados son sólo, al parecer, consecuencia de una mala gestión del gobierno, pero en absoluto de la gestión especuladora de los poderosos. El derecho constitucional al trabajo ha dejado de serlo para convertirse en un derecho de pernada de los empresarios. Han mostrado sin sonrojo alguno la exigencia de un despido casi libre bajo la impudicia de los contratos fijos. ¿Qué fijeza puede tener un contrato de trabajo que puede ser denunciado por la empresa con una indemnización de doce días? “Hay que trabajar más y ganar menos” nos dijo Díaz Ferrán. Es ahora Rosell y su segundo, Arturo Fernández, los que exigen “la no satanización de la ‘salida’ laboral”, porque “cuanto más fácil sea la salida, más fácil será la entrada y la creación de empleo”. En fin, despido más barato, sencillo y a la carta.

Y acuden al chantaje: “O se hacen esos cambios, o la cifra del paro va a seguir aumentando” Los cambios, dice D. Arturo, tienen que ser “brutales” Los pacientes de esa tremenda brutalidad son los trabajadores. Da vergüenza escribir esto, pero es en realidad transcribir.

El mundo empresarial tiene así arrodillado al mundo trabajador. El trabajo ha dejado de ser un derecho para convertirse en un capricho de los que más tienen. Un empresario manifestaba a Jordi Evole en televisión: el rico crea riqueza y trabajo porque necesita que alguien limpie el casco de su yate. Es la proclamación más abyecta de la implantación de una esclavitud vergonzosa.

La Constitución es un imperativo para todos. Cuando los cargos electos juran o prometen sus cargos, juran o prometen cumplir y hacer cumplir la Constitución. Cuánto perjuro por las rojas alfombras del poder.