domingo, 13 de noviembre de 2011

LA VIOLENCIA NO SE RINDE

A veces desnudamos la palabra y amputamos sus más bellas formas interiores para disimular la bravura de sus adentros. Nos quedamos entonces con su significado más primario ocultando su madurez multiforme. Sucede con el término violencia. Lo reducimos casi exclusivamente a su aspecto físico guardándonos por comodidad vital su reciedumbre interior. Es violencia el terrorismo, la agresión de género, el absurdo combate callejero por la grandiosidad de un equipo de fútbol. ¿Pero es esta toda la gravidez que contiene el término violencia?

El Círculo de Empresarios define la economía española como una “economía de guerra” Es por tanto una economía violenta. El más fuerte (habría que decir tal vez el más violento) impone sus condiciones para entrar en esa lucha: “reducción del salario mínimo de los jóvenes, revisión de la prestación de desempleo, “congelar” el empleo público, despidos en la Administración Pública, subir las tasas universitarias...” Hay que rebajar el salario mínimo interprofesional de los jóvenes, sus convenios, emparejar salarios y productividad, regular el derecho a huelga, crear un contrato con 20 días de indemnización por despido por año trabajado, fomentar el trabajo a tiempo parcial, desregular el mercado…

La Constitución española reconoce el trabajo como un derecho. Como tal, el trabajo no es un otorgamiento gracioso de los empresarios a los trabajadores. Ese derecho no está vinculado a la riqueza de unos pocos, sino que es conferido por una ley constitucional cuya impugnación no puede ser fruto de la cuenta corriente de un empresario. Las propuestas empresariales que anteceden son ciertamente un ejercicio claro de violencia puesto que atentan contra una norma reconocida, aceptada y votada por los españoles.

Los empresario han aprovechado la crisis para convertirla en coartada, sometiendo al vasallaje de su dinero la primaria necesidad de comer, de tener un techo, una educación, una sanidad digna de una clase trabajadora que tiene el derecho a exigir el cumplimiento de unos derechos humanos internacionalmente reconocidos y amparados por nuestra Ley de leyes. Los derechos no dimanan de la billetera, sino de la dignidad del ser humano. Subvertir esta primacía es generar violencia. No es asumible el chantaje y la vida empuja la denuncia más alta y clara.

Es denunciable que millones de personas mueran de hambre por el vergonzoso monopolio de alimentos por parte de unos pocos. Ese monopolio conlleva la fijación de precios inasequibles para dos terceras partes de la humanidad. Genocidio se llama. Cinco millones de españoles sin trabajo son el grito, imposible de acallar, contra unos empresarios que exigen condiciones draconianas para crear un puesto de trabajo. No les asiste el derecho de su dinero, casi siempre fruto de manipulaciones no muy limpias. Me repugnan los onasis que empezaron vendiendo corbatas y llegaron a donde llegaron. Por el camino quedaron muchos cadáveres frutos de su falta de escrúpulos. Cuando se alaba la trayectoria de alguien que comenzó de la nada y ha llegado a una cumbre, alegando que se ha hecho a sí mismo, se me llena de escalofríos el alma. Sólo se escalan ciertas cimas pisando las flores del camino.

Hay que devolver a las palabras la totalidad de sus contenidos. Las propuestas del Círculo de Empresarios suenan a tiros en el estómago de una sociedad que olvida obligaciones y derechos. La violencia no se rinde. Habrá que combatirla con leyes que nos devuelvan los derechos que nunca debieron ser suprimidos.



2 comentarios:

Mª Dolores Amorós dijo...

Querido amigo, siempre tienes razón. Tu denuncia debería ser clamor. Pero la mansedumbre del egoísmo, de la ignorancia o de la mala fe acalla el amplio significado de la palabra. No les conviene.

La nueva usura exige con hambruna de cuervo que las necesidades básicas, emanadas de los Derechos Humanos, vayan eliminándose progresivamente.

Una desvergüenza insoportable.

Nos quedan muchas formas de plantar cara ante tales iniquidades, y una de ellas, la fuerza de la Palabra, debemos esgrimirla hasta la saciedad.

Gracias por todo, mi querido amigo.

Como siempre, te mando un beso con mi cariño.

pcjamilena dijo...

Si, la violencia tiene muchas formas de mostrarse. Usted lo ha reflejado muy bien. Pero la que resulta rentable para unos pocos es difícil de erradicar.
La frase: “odia al pecado y ama al pecador”. ¿Hasta cuando es válida esta frase?
Como siempre Rafael, un abrazo