sábado, 3 de diciembre de 2011

AL FONDO, A LA DERECHA

España tenía cuatro puntos cardinales. Nos lo enseñaban en el colegio para que nos orientáramos durante el paseo de los martes por la tarde. Y estaban los Pirineos-frontera entre el comunismo, las hordas judeo-masónicas y los valores de Occidente guardados en cofre por la católica España.

Un día el mundo se nos coló sin visado, sin pasaporte ni visto bueno del caudillo enterrado para siempre. Nos volvimos europeos, incorporamos la laicicidad al parlamento recién estrenado, nos cargamos con la responsabilidad de ser libres y nos vestimos de universalidad. El euro nos hizo grandes. Pagábamos la cerveza alemana de Munich con nuestra moneda que era la suya, dejábamos un euro para los negritos en la Basílica de San Pedro y París valía más que una misa. Nos sobran los puntos cardinales y los Pirineos fronterizos se han convertido en balcón de dignidad para asomarnos a la grandeza de la europeidad.

Últimamente, lo confieso, ando desorientado. La memoria se pierde en una cuneta cualquiera como se pierde una corbata colgada en los juncos una tarde enamorada. Pregunté por España. Trató el pastor de orientarse girando sobre sí mismo y no muy seguro, me dijo: al fondo a la derecha. Goya abajo. Atravesar Castellana. Génova azul. Y en efecto, allí estaba España. Justo a la derecha.

Rajoy era el presidente azul de una España azul entera. Lo eligió una gran mayoría el veinte de noviembre. Saludó desde el balcón y fue ascendido a los cielos por Esperanza, María Dolores, Soraya y Rouco Varela. Nadie le ha visto desde entonces. Ninguna aparición gloriosa ha convertido en santuario de peregrinación la sede del Partido Popular. Pons, Cañete, Alicia Sánchez Camacho piden un ministerio por amor de Dios a cambio de una promesa: cumplir y hacer cumplir la Constitución y el programa electoral, aunque nadie sepa a qué obliga propiamente ese juramento.

La prima de riesgo, la deuda soberana, el déficit, la reforma del euro, la refundación de Europa. Es el nuevo vocabulario de nuestro común lenguaje. Lo estrenó Zapatero un diez de mayo. Congelación de pensiones, recortes salariales a los funcionarios, reformas laborales. A Zapatero le amputaron su brazo izquierdo. Permanece incorrupto, como el de santa Teresa, en la capilla particular de Rubalcaba. Nos defendió entonces el Partido Popular. Se le veía el placer de engullir a los que habían ejercido recortes inimaginables, destructores del estado de bienestar, creadores de parados, dedicados a construir edificios del INEM para dar cobijo a la incomprensible cifra de cinco millones de parados. Menos mal que a la otra orilla estaban Cospedal, Mato, Arenas, Mas y Durán i Lleida. Nos pusimos a nadar casi exangües para alcanzar la tierra prometida. Y por fin entre el 22 de Mayo y el 20 de Noviembre conseguimos respirar. Tras el rojo crepuscular, aparecía el azul de gaviotas. En España empezaba a amanecer. Los enfermos sabíamos que la sanidad iría mejor que nunca. Nuestros hijos tendrían una educación pública y gratuita. Los parados sabían que Pons había prometido tres millones de empleos. Para eso Cospedal era la Patrona del Partido de los parados (PPP). Mariano-gran-capitán había gritado que a él no le mandaba ni Merkel-emperatriz. Iría a Bruselas a decir lo que había que hacer para arreglar la economía y regresaría con los bancos firmando hipotecas, dación por embargo, contratos indefinidos con imposibilidad de despido libre aunque Rosell y un tal Fernández de CEIM se empañaran en que los pobres se lo han ganado a pulso y que el café para quien lo paga.

Pero Mariano fue elevado a los cielos. La España azul está al fondo a la derecha y sus prebostes han empezado a desbrozar el camino para celebrar su entrada gloriosa en la Moncloa. Estorba la sanidad, la enseñanza, los interinos, los funcionarios, los homosexuales, los inmigrantes, las farmacias, los dependientes. Cuánta grasa acumulada en tiempos del rojerío. Al país hay que ponerlo a dieta para enamorar a Sarkozy. Cuánto sobrante. España es como aquellos recortables de la niñez. Para qué tanta educación, para qué tanto matrimonio gay si basta con los católicos, para qué tanta sanidad si los fabricantes de ataúdes también tienen que reciclarse. Preguntas no tan retóricas que exigen respuestas contundentes.

Cuando Rajoy se encarne allá por navidad, tendrá su borriquillo, su vaquita, el cálido aliento de Ana Mato. Cospedal y Gallardón serán los putativos. Le regalará Esperanza unos patucos azules para andar hacia una España, al fondo a la derecha.





1 comentario:

Mª Dolores Amorós dijo...

¡Buenísimo!

En España empieza a amanecer cara al sol, camisa destenida y andrajosa. Se han zampado lo que tanto costó de conseguir.
Es verdad, amigo. A Moncloa directo, sin obstrucciones. Los parados, al camposanto. Los que trabajan, a la esclavitud. Los enfermos y los pensionistas, con los primeros.
Ellos, los nuevos Midas, en Moncloa calentitos en estos gélidos días. Los que queden, como vulgares sebastianes o fermines, a servir a los señores. Es lo ahora toca.
Podres desgraciados de derechas que han votado derecha y no tienen más que galletas de tierra (como los niños de Haití) para echarse a la boca.
Pero...el sufrimiento será para todos, sin distinción de color ni de ubicación.

Un fuerte abrazo, bonico.