miércoles, 10 de julio de 2013

EL GRITO



A lo mejor nos queda el grito. Sólo el grito. Antes de que lo amputen. Antes de que nos sajen la voz. Antes de que nadie la apedree como a un árbol de cristal. Cuanto más nos golpean, más derecho tenemos al grito. La voz es el eco último que nos sangran las entrañas cuando se nos va la vida, cuando nos la roban, cuando nos desahucian la alegría.

Pero hasta quieren que nos asustemos de nuestro propio grito. Nos clavan el silencio en los ijares para que huyamos hacia no se sabe dónde, corriendo delante del miedo, para que nos asustemos de nosotros mismos. Así actúan los ladrones: entran, te amenazan con el cuchillo si gritas y por si acaso te cosen la boca para que nadie escuche tu llanto. Te reducen así a la soledad del oprobio, a una soledad golpeada, impuesta por la fuerza. Y así actúan los criminales de guante blanco, traje Emidio Tucci, corbata a juego y zapatos italianos.

Por la ventana de la historia. Han entrado por la ventana de la historia de cada uno. Teníamos la vivienda propia. Hace treinta y tantos años la empezamos. Fuimos fraguando derecho con derecho. Costó mucho. Se murió el militar a los cuarenta años de edad. Se murieron los obreros  por un disparo al aire por exigir derechos. Los estudiantes derramados por las facultades. Las mujeres peladas al rape, con el ricino en las tripas y las piernas abiertas para que las follaran los machos-machos de Queipo. Sin cuadernos en las escuelas, pero con cartillas para racionar el pan, el aceite, la harina. Se fueron muriendo con una muerte impuesta como una condecoración macabra.

Y entonces empezamos,  exigiendo la palabra como derecho,  derecho a ser viejo y enfermo, derecho a trabajar para construir un país y hacer del amor el tacto prohibido por la decencia hipócrita de militares desteñidos por la historia, derecho a una vivienda, a la inmunidad de la cartilla de ahorros, a la libertad de prensa, de reunión, de huelga, de manifestación, el derecho a depender del cariño de quien nos ayudaba en la ducha o empujaba nuestra silla de ruedas, derecho a sentir como propia la marcha hacia la utopía. Teníamos construida gran parte de la casa para el frío del país, para el calor del país, para las raíces del país, para las cúpulas del país. La dignidad enjaretando la vida. La dignidad de ser, de existir, de hablar, de rehacer, de opinar, de elegir, de cambiar…La dignidad nuestra de cada día como alimento sustancial, no intercambiable, irrenunciable.

Pero un día llegaron los ladrones, los asesinos, los criminales. Nos aturdieron con un grito ensayado en los salones del lujo, del caviar, de la langosta. Crisis, crisis, crisis. Lo decidieron así porque era más elegante que estafa. Y lo gritaron por todas las habitaciones de la casa. Todos atados, en el suelo, boca abajo. Se apropiaron de los hospitales levantados entre todos y los regalaron a los negociantes del dolor. Y pusieron a los viejos asomados al féretro para que fueran pensando en que eran un sobrante, una excrecencia, una respiración inútil. Retorcieron los derechos derivados de la honradez del trabajo. Reforma le llamaron al despido libre, al salario libre, a los convenios pisoteados, a la jornada caprichosa, a la indefensión jurídica de los ERES. Ya puede hacer lo que quiera, le dijeron al patrón.

E inventaron el miedo como tiro de gracia. Se inyectaría en la sociedad, en cada individuo, en cada voz que se atreviera con la disconformidad. Miedo a quedarse sin ahorros, miedo a perder el trabajo, miedo a insultar la bajada salarial, miedo a ser enfermo, dependiente, viejo. Miedo a vivir porque ahí está el chantaje del despido, de los hijos con hambre, del desahucio, del hambre, de la miseria. Han conseguido que el miedo regurgite cada vez que la libertad nos pida aire limpio. El miedo inventado con óptimos resultados. Más valen cuatrocientos euros que el contenedor de Carrefour, dice Rossell. Y Arturo Fernández promueve los minijobs porque su cálculo empresarial sabe del rendimiento de la miseria. El hambre es productiva y cotiza en bolsa. Basta con invertir en miseria para que a algunos les florezca la riqueza.

A lo mejor nos queda el grito. Sólo el grito. Antes de que lo amputen. Antes de que nos sajen la voz. Antes de que nadie la apedree como a un árbol de cristal.



martes, 9 de julio de 2013

ALGUN DIA…



Algún día llamaré por tu nombre
a la piel del agua,
a la carne del viento,
al vientre de las rosas,
a los pechos del mar,
a la cintura del monte.
Todo se llamará como tú.
La huella de ti grabada
en el costado del beso,
en la piel de la risa,
en el remite de los dedos
que acarician tu sexo.
Todo se llamará como tú
para otorgar existencia
al mundo que sostiene
el pasado, el futuro,
el tiempo sin tiempo.
Algún día, si encuentro tu nombre,
tendrá una estatura legítima el aliento,
y tus manos serán creadoras
del barro enamorado
que eres, que soy, que somos,

carne de agua, de luz, de silencio.

lunes, 8 de julio de 2013

TIEMPO



Sólo tiempo.
Materia de reloj.
Carne de minutero.
El hoy no es mañana.
el ayer no es hoy.
El presente no tienes raíces
ni primaveras en los cerezos.
Atrapados. Enjaulados
nadie sabe dónde.
Ignorando si somos.
Desconociendo la verdad, si hay verdad,
en el prójimo andante,
en la sombra que ejerce
de sombra de ese cuerpo de células excitantes.
Nunca sabré si existes
cuando te beso,
cuando abrimos las ingles.
A lo mejor apretamos
el tiempo contra el tiempo.
No eres ayer ni mañana.
Apenas hoy,
instante apenas.
Nunca sabré si existes,
si existo,
si tienes caderas o son
andamio de la nada.
Si tu cuerpo aguanta
mi cuerpo boca abajo,
o sostiene sólo
el tiempo que no soy,
la nada engendrada
que justifica la muerte.
Ni siquiera futuro.
Sólo escombro de carne,
concluyente ignorancia
que no valió la pena.


domingo, 7 de julio de 2013

FUIMOS HACIENDO DISTANCIA



Fuimos haciendo distancia.
poco a poco-
Tejiendo lejanía.
intercalando una luz opaca
que prohíbe la palabra,
que dificulta el tacto,
que argumenta que el nombre
es un recuerdo roto como un árbol de cristal.
Fuimos olvidando la piel,
la postura adecuada de la lengua
para decir te quiero,
para saborear
la carne ofrecida,
el regalo de un río vertical,
el íntimo pan de tu alegría.
Fuimos olvidando el olvido
para que nada fuera
camino de regreso,
ni tomara conciencia
de que el mundo no cabe en un beso.
Fuimos haciendo un monte parapléjico
distante, torpe, imposible,
sin memoria la voz,
sin recuerdo el recuerdo.


miércoles, 3 de julio de 2013

me anduviste

ME ANDUVISTE EL ALMA





Me anduviste el alma
recién asfaltada para ti.
Más tarde aprendiste
a triturar los besos que sobraban cada noche.
Nunca hiciste una colección de lágrimas.
Las reciclabas como un plástico cualquiera,
como un cristal cualquiera de botella inservible.
Sostuve las paredes de tu boca
para que vomitaras el dolor de tus pies,
el desprecio de tu vientre,
la memoria de tu sexo,
los escombros de tus muslos
olvidados  de olvido.
Tu corazón en las puertas de un hospicio,
sin adopción posible,
sin que te recogiera un organismo oficial
y te depositara en una cuna autonómica
con una caridad electoral
de diputada madre,
de senadora tierna que va besando penas
cada cuatro años con una papeleta entre los dientes.
Me anduviste el alma
de musgo para ti,
olor de hierba  mojada
para que tu pie supiera
que las huellas escuecen
cuando se van no sé a dónde,
por las espaldas del viento
sin llevarse las caricias que sobraron aquella noche.
He preguntado al aire,
a la playa donde nos desnudamos,
al mar que envolvió los cuerpos
y  taponó las grietas
por donde se colaba
el dolor, el abandono, el olvido olvidado.
Hoy me queda la piel de tu piel
como reliquia de un dios crucificado,
cuajarones de sangre en mi ladera,
poco antes de morirme,
poco antes de la postura última
que nos define en el tiempo,
que nos hace tiempo,

olvido y despedida.

martes, 2 de julio de 2013

tan sola

TAN SOLA






Sola tu carne,
tu boca,
tus manos,
tus sombras.
Solos tus ojos,
tu espalda,
tu vientre,
tu sexo,
la calles de tu sangre,
las grutas del amor,
las habitaciones del alma,
los caminos del beso,
los gemidos impares
de la fusión suprema,
cuando el abrazo es abrazo
y se adentran los cuerpos
en sótanos azules
sin regreso.
Regálale a la soledad tu soledad y ven.
Vamos a soñarnos a la sombra
de la sombra de los besos.


lunes, 1 de julio de 2013

RENACIMIENTO


El Renacimiento supuso una supremacía de lo humano sobre lo divino. Lo terrenal se constituía como un valor en sí mismo. Dios pasó a un segundo plano y las deidades se relegaron a programas salvíficos más allá de las fronteras de tiempo. El teocentrismo dejó paso al antropocentrismo. El mundo cambió su movimiento de rotación y se empezó a observar la historia como el quehacer de los que hasta entonces habían sido subyugados por la tiranía caprichosa de los dioses. Hasta entonces todo acontecimiento venía fundamentado en la voluntad soberana de Dios. Nada acontecía sin su consentimiento y como expresión de su voluntad soberana, absolutista y dictatorial.

Surgió un laicismo embrionario. El hombre era el dueño de su propio destino, resultado final de su propia voluntad, de su libertad para ejecutar la empresa de su humanidad. El laicismo no incluye un ateísmo. Es más bien la liberación de un determinismo divino que se impone desde fuera, que predetermina cualquier opción, que anula y pervierte la libertad porque ni siquiera un cabello se cae de vuestras cabezas sin el permiso del Padre ni un pajarillo muere sin que él lo ejecute de antemano. El laicismo acepta la projimidad de un Dios implicado en la angustia del hombre, pero que no es nunca una evasión de sus preocupaciones ni un burladero donde cobijar la cobardía y el vértigo humanos. Ya no se admiten los criterios según los cuales el ser humano ha venido al mundo para sufrir y alcanzar mediante ese sufrimiento un mundo de felicidad que está más allá. Por el contrario, estamos en esta intrahistoria con un destino de felicidad, para vivir el amor, para ser amor. Y debemos ejercer el músculo para derrotar todo aquello que nos impida la felicidad, conscientes de que sólo cada uno y todos solidariamente debemos llevar adelante un mundo justo, habitable y entrañablemente dichoso.

La historia sufre de ciclotimia. Sin ser repetitiva, es verdad que decae con frecuencia y soporta períodos en los que deberíamos sentarnos a reflexionar sobre su estado anímico. No se trata de añorar el pasado ni de elevarlo a los altares adjudicándole una felicidad casi siempre ficticia y necesaria para condenar el presente. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, sino que fue lo que consiguieron que fuera los que lo plantearon. El hoy, como vientre del mañana, nos corresponde a los que en el presente tenemos que engendrarlo, sin estrabismos, sin ensoñaciones y sin nostalgias.

Y aquí estamos. En el hoy y el ahora. Creíamos ser el producto de luchas por la consecución de derechos humanos que pensábamos no tendrían marcha atrás. Hemos salido de dos guerras mundiales. Nos hemos dado unos derechos humanos que deberían ser inviolables. Nos hemos protegido con organismos internacionales en la convicción de que serían el paraguas que nos guarecería del aplastamiento como empeño perpetuo de algunos.. Y a fuerza de ser sinceros, hemos de confesar que la Carta de Derechos Humanos ha sido devuelta a un remitente desconocido y que esos Organismos están prostituidos entregando sus directrices al capital, a las grandes potencias, a los mercados y que una parte ínfima de la humanidad padece el hambre, las guerras y la destrucción de la mayoría. No nos arrodillamos frente a los dioses, pero idolatramos por obligación a otros becerros de oro.

De crisis se habla. Dicen algunos que en aras de la economía, el progreso, el futuro, debemos sacrificar el estado de bienestar, los derechos de los trabajadores, la sanidad, la dependencia, la vejez, la educación. El hambre ha agrandado sus fronteras. Ha habido países tradicionalmente empobrecidos y de los que el primer mundo vivía desentendido porque era una pobreza casi fatalista. Hoy Europa tiene hambre, tiene millones de parados, millones de seres sin más techo que las estrellas, millones de desesperanzados, de carentes de futuro y sin ni siquiera un presente que llevarse al alma. Se ha agrandado el abismo entre ricos y pobres y es una minoría poderosa la que exige que los pobres lo sean más para que ellos puedan crecer y aumentar su insultante riqueza. Los ricos, tal vez hoy más que nunca, lo son a costa de los pobres.

Es urgente un renacimiento. Hay que empezar nuevamente la lucha que destruya los nuevos dioses para poner en el centro del mundo al ser humano. Costaron mucha sangre los derechos adquiridos durante siglos y destruidos en muy poco espacio de tiempo. Pero nadie puede permanecer bajo los escombros de tanto derrumbe. Hay que renacer de estas cenizas para conseguir volver a un humanismo que haga girar la historia en torno al hombre como valor supremo de la historia.

Necesitamos volver a ser expertos en humanidad.