jueves, 6 de noviembre de 2014

PROMETO




Prometo morirme a tiempo.
Cuando no me queden palabras que decirte,
convocaré la muerte.
De perfil, si es posible,
para que la abrace Lorca.
Quemarás entonces mis recuerdos
y pondrás sus cenizas en la urna destinada
a pulseras y pendientes elegantes
para noches de vino y sexo.
Me moriré sin solicitar al supremo
una prórroga.
Vaciaré el aire de mis pulmones grises.
Sobre el hueco de la almohada,
el hueco de mis besos.
Despegaré mis labios de tus labios,
mi sexo de la luna de tus piernas,
mi piel de la plaza de tu vientre.
Quiero morirme a tiempo
para regalarte mis cenizas
suaves como un Platero de algodón.
Rumiaré en silencio la hierba de tu aliento
y echaré de menos el agua de tus pechos
como en aquellas noches ¿te acuerdas?
No pronuncies mi nombre.
Los muertos son árboles anónimos.
Quiero morirme a tiempo para que tengas tiempo
de organizar las lluvias donde nos conocimos.




TIEMPO SOMOS.



Te quiero como entonces.
Eras carne de llanto,
piel de lágrima.
Como entonces,
cuando la tarde era tarde.
Y te quiero ahora,
que es tu voz tallo de luz,
ahora que cabalgas
mi cuerpo mirándome a los ojos.
Ahora que el peso de tu pelo
marca la ley de gravedad de tus ingles en mis ingles.
Te quiero cuando  el hoy es el entonces,
y me llegas como un monte de ternura,
porque eres el tiempo que se adentra,
que me ahonda,
que me alcanza las bóvedas del alma.
Te quiero como entonces,
como ahora,
porque son eternidad

tu sexo y mi sexo.
LA DEMOCRACIA NACE EN EL ASFALTO



Tal vez deberíamos renovar todos los días el convencimiento de que queremos vivir en democracia. Porque la democracia no es algo sobrevenido, sino una elección vital. O bien que nos naciera de tan adentro esa convicción que nos llevara a amarla y comprometernos con ella hasta el punto de vincularnos a su estilo de modo reflejo. La democracia no es un negocio piramidal de esos que brotan de vez en cuando entre un grupo de gente cuya cúspide sólo tiene interés en la base en la que se sustenta en la medida que amplía sus contactos y la enriquece. La democracia nace en el asfalto, a ras de suelo.

La democracia no son los otros. La democracia soy yo en cuanto acepto sentirme responsable de los demás y en la medida en que gozosamente acepto que los demás se unan a mi esfuerzo creador para entre todos construir un mundo de todos y para todos.

La democracia es la calle. En el asfalto nace, expandida como una plaza grande, y va adelgazando hasta su cúspide, donde residen los políticos libremente elegidos. En su cumbre, con conciencia de vértice vulnerable y en todo momento dependiente de la base electora, los políticos deber ser conscientes de que su labor es la encomendada por las bases y saber que sólo la vocación de servicio puede sustentarlos en la legitimidad de su quehacer.

Es frecuente tener que soportar que algunos argumenten que una democracia representativa puede desprenderse de ese mandato que nace en el asfalto y justificar así decisiones al margen del pueblo, como si una vez elegidos pudieran acaparar el poder absoluto y absolutista como cuando el poder venía directamente de un dios que se desentendía del factor humano y otorgaba al soberano un poder de origen divino desentendido de las aspiraciones ciudadanas. El monarca mandaba por delegación divina y había que acatar sus decisiones como palabra del altísimo. Esta visión inconfesable del poder parece conformar la visión política de algunos con exclusiva conciencia de vasallo y de políticos con posturas dictatoriales disimuladas.

Según el reciente baremo del CIS, el paro es la principal preocupación de los españoles. En segundo lugar aparece la corrupción política. Comprensible. El litoral mediterráneo es un mar de tiburones. Sigue por Andalucía y Castilla La Mancha y asciende, vía Comunidad de Madrid, hasta Galicia. La hermosa España se ha convertido en la maloliente España. El humus nos ahoga hasta el punto de que nos invade una podredumbre interior capaz de infectarnos los ojos y cegar una visión que nos lleva a juzgar equívocamente ese vértice donde vive la denominada clase política, condenado a todos por unos pocos.  Esa nube en las pupilas nos hace pronunciar un juicio equivocado y peligroso, terriblemente peligroso porque en ese caldo de cultivo siempre acechan los salva patrias con tanques en el pecho y cachas brillantes de pistolas. Todos los partidos aseguran que hay que acabar con la corrupción y todos prometen emprender medidas eficaces contra ella. ¿Pero qué medidas son esas?

Esperanza Aguirre, a la que algunos denominan animal político (yo sólo veo la animalidad, pero no encuentro lo de político) ha aparecido últimamente con el busto por encima del micrófono y los pies por debajo del atril golpeando  el trasero de Rajoy. Y haciendo un alarde de cinismo corrupto (perdonen el pleonasmo) ha dicho que asume su responsabilidad con respecto al personaje por ella elegido, defendido y ensalzado llamado Francisco Granados. Y ha repetido por todos los platós y emisoras esa decisión de asumir su responsabilidad. ¿Pero en qué ha consistido esa asunción de responsabilidad?  ¿En dimitir de la presidencia del PP en Madrid?  No. Más bien dice ser una víctima tan engañada como el pueblo llano por un alcalde ascendido por ella a consejero, senador más tarde y ahora a presidiario por arte y gracia de la justicia. Ella es una víctima, asegura. Si no supo a quién elegía no vale para dirigente.  Si lo supo y no tomó medidas, es tan corrupta como ellos. ¿Por qué entonces sigue dirigiendo? ¿Qué significa en este caso asumir la responsabilidad? Ahí queda la interrogante.

Carlos Cúe le pregunta a María Dolores Cospedal si tiene una explicación clara para desmentir al juez Ruz que asegura en un auto que las obras de Génova se hicieron con dinero negro y el periodista le urge a que aclare la situación. La Secretaria General no responde a la pregunta y con el mismo cinismo corrupto (perdonen de nuevo el pleonasmo) dice que el PP. ha hecho todo lo que ha podido para ayudar a la justicia.

El país es una enorme pregunta. Los dirigentes políticos de los distintos partidos son un silencio sacrílego.

Los que han sido elegidos para estar en la cúspide han perdido la conciencia de que la democracia nace en el asfalto. Tal vez hemos dejado de vivir en una democracia y nos hemos resignado a un absolutismo áspero.


Tal vez debería convencernos de que queremos vivir en una democracia y ser consecuentes con esta aspiración

domingo, 2 de noviembre de 2014

LA DUCHA



-¿Te duchas conmigo?

Me hizo la pregunta con la misma naturalidad con que me preguntó si me gustaba el café.

Nos habíamos conocido una tarde lluviosa de mayo. Rubia de pelo largo trenzado de margaritas. Frágil como un junco. Alma fuerte como un río de pie. Su alma fuerte la descubrí más tarde, cuando el dolor le retorció la vida como un olivo.

La lluvia apareció como una sorpresa. Debajo de un paraguas están más cerca los labios. Pero me faltó coraje. Besar es una lucha común, no una rendición. Y ella no miraba mi boca sino mis ojos. Caminamos sin prisas, brindándole una oportunidad al gua que se colaba por su blusa transparente.

-¿Te gusta el café?

Me hizo la pregunta con la misma naturalidad con que me preguntó si me duchaba con ella. Parecían situaciones intercambiables. Desabrochó la blusa empapada, la falda empapada. Abrí la cremallera de mi pantalón y sentí que el alma se me partía en dos. Terminó de desnudarse bajo el chorro cálido de la ducha. Me ofreció el gel y me dijo que le resultaba incomprensible que los humanos tuviéramos los brazos tan cortos. Es imposible –dijo- enjabonarse la espalda. El cuerpo humano no es justo. Y yo aproveché la injusticia del creador para acariciar aquel mapa hermoso de piel desde su nuca hasta los bellos planetas de sus nalgas. Ella deslizó sus manos de espuma sobre mis omóplatos y las perdió cintura abajo. Estábamos  de repente frente a frente. Estrechamos el espacio vital para que un solo chorro nos purificara a los dos. Y se encontraron los cuerpos. Poco a poco se fueron conociendo, extrañándose menos uno del otro, hasta hacer tacto del contacto, caricia de la cercanía, fusión de la proximidad. Me crucificaban sus pechos y yo lanceaba su vientre. Y el agua nos fue envolviendo en una cálida toalla de vaho.

Agradecí la lluvia de mayo. Me alegré del viento que inutilizaba el paraguas. Me alegré de no haber tenido el coraje de besarla. Me alegré de la imperfección del ser  humano, de tener unos brazos cortos que no permitían esparcir el gel en la longitud de la espalda. Me alegré de su cuerpo desnudo, de la embestida de sus pechos, de las lanzas clavadas en su alegría. Me alegré de existir porque ella existía.

-¿Otro café?

Me hizo la pregunta con la misma naturalidad con que me preguntó si me duchaba con ella.


sábado, 1 de noviembre de 2014

LA ENCONTRE




La encontré al doblar la esquina del río. Hermosa como la sombra de un perfume. Ella sola era  un paisaje. Falda negra. Blusa blanca. Y un sujetador al fondo. ¿Rojo?  ¿Violeta? ¿Negro? No importaba. Era del color de los girasoles. Y a juego, aquella ropa interior cubriendo la arquitectura más hermosa, su luna sombreada, su grito de hembra.

Anduvimos de la mano. Enlazadas. Y el ritmo llevaba al roce de las ingles. Los dos lo sabíamos. Los dos lo ignorábamos. Y nos besábamos los ojos con una mirada azul, penetrándonos de luz como otras noches nos penetrábamos de piel.

-No sé si te quiero, me dijo.

-No sé si te quiero, le dije.

No saber era una forma de conocer, de adentrarnos en el misterio de cada uno. No saber era afirmar y negar. No importaba. No saber era permanecer y alejarse, estar y no estar. No saber era averiguar, buscar respuestas sin pretender encontrarlas, entregarse y renunciar. Habíamos hablado sobre esto una noche en que esperábamos que se ocultara la luna para no repartir con ella el tacto supremo de las bocas, de las ingles, de los cuerpos paralelos.

Se nos acabó la orilla del río. Me lo dijo cuando nos despedíamos:

-Eres el hombre que más me ha querido

-Eres la mujer que más me ha olvidado.


Y se echaron a volar los besos como mariposas tristes.

viernes, 31 de octubre de 2014

TU NOCHE




Pregunto por la noche,
por la luna clavada en el cielo de tu boca.
Por la noche pregunto
nacida en la pradera de tu vientre.
Viene del sur,
donde los ríos son cuerpos de madera
en el oscuro bosque de tus piernas.
Porque la noche existe,
pregunto y me responde tu piel
que se fue anocheciendo
en el desorden de mis manos.
No te quiero madrugada
porque se marchan las lunas
y dejan huellas de ausencia
en el hueco de mi almohada.
Noche te quiero.
Sin respuesta te busco
porque las respuestas rompen el misterio
y disuelven el mundo planetario de tus pechos.
Atardecer te hago
hasta sentirte noche horizontal
llamando el oleaje

de mi cuerpo hundido en ti.

jueves, 30 de octubre de 2014

ALIENTO



Vamos a tocarnos el aliento
con estos labios recién hechos,
con besos creados
para tu boca concreta.
Vamos a rozarnos la piel,
a divisar tu silueta dibujada
como un arco iris
de lluvia fundida con el sol.
Quiero nombrarte,
llamarte encuentro,
y acariciarte los ojos
como quien descubre el infinito.
Pretendo la palabra
a tu palabra abrazada.
Pero no me pronuncias
y escuece el silencio,
y cuando digo tu cuerpo
hay una sombra infinita,
quieta, escondida
para que no toque tu aliento.
Busco las señas de tus manos
en el  desorden de los armarios.
A lo mejor no existes
porque no está el perfume de tus ingles
en la cama enamorada,
A  la almohada le duele
el hueco de tu nuca
y tu pelo olvidado.
Quiero andarte el aliento,
descalzo para no lastimar
las huellas grabadas en la ausencia.
 Moldear tu aliento
como cuando hacíamos besos artesanos
y pegábamos las astillas de las lenguas
con saliva bendita.
Como cuando creábamos tu aliento
y el mundo adquiría el sentido necesario
para seguir siendo mundo.
Quiero encontrar tu aliento
y llevármelo allí,
donde el recuerdo

es tan sólo recuerdo.