sábado, 21 de diciembre de 2013

ALMA


Contra la pared, el alma
como una enredadera.
Ascensión cansada,
verticalidad excesiva
la esperanza.
No encuentro tu nombre,
ni tu piel,
ni tus ojos
en esa escalada que busca
la altura donde habitas.
Y hace camino el alma
por paredes desiertas
indagando  en las grietas,
preguntando al viento que designa
los relieves calizos
donde se cuelgan las lunas.
Es difícil ser hombre
con alma en el equipaje.
Pesan los sentimientos,
los besos acumulados,
las manos buscadoras de caricias,
hacedoras de tacto,
para llevarte a los labios
el saludo de los pájaros.
No estoy conforme
con este destino escrito
sin mi consentimiento
que me obliga a escalar
consciente de que nunca
estarás allí.
Cualquier día me rindo
aunque me culpe el viento
de cobarde suicidio.
Un día, cualquier día,
pondrás un ramo de olvido,

sobre el mármol tallado de mi tumba.
FUIMOS HACIENDO DISTANCIA



Fuimos haciendo distancia.
poco a poco-
Tejiendo lejanía.
intercalando una luz opaca
que prohíbe la palabra,
que dificulta el tacto,
que argumenta que el nombre
es un recuerdo roto como un árbol de cristal.
Fuimos olvidando la piel,
la postura adecuada de la lengua
para decir te quiero,
para saborear
la carne ofrecida,
el regalo de un río vertical,
el íntimo pan de tu alegría.
Fuimos olvidando el olvido
para que nada fuera
camino de regreso,
ni tomara conciencia
de que el mundo no cabe en un beso.
Fuimos haciendo un monte parapléjico
distante, torpe, imposible,
sin memoria la voz,

sin recuerdo el recuerdo.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

NO ERAS TÚ.



Todavía no eras tú.
Estaba hueco el tiempo,
el viento,
el espacio.
Todavía no eras tú.
Vacío sin ti,
caos infinito,
planeta oblicuo,
sin redondear,
sin eje vertebrando.
Sin jardines el aire
hasta que apareció
tu cordillera venus,
negra hierba tu selva abreviada,
tu sexo vertical,
luna menguante iluminando,
indicando el camino
a mis ansias.
Tu carne de arena,
tu vientre de espuma
pariendo mares azules.
Una molécula el mundo,
anarquía los ríos,
sin ramas el viento
donde colgar los pájaros.
Todo empezó a ser contigo.
Tú, poniendo nombre a la vida,
soñándola,
creándola.
Todo surgió porque lo amaste,
surgió todo de tu amor
mujer encinta de universo,
mujer concreta,
mujer-tú,
nombrando el mundo,
poniéndole carne al mar,
caderas a los ríos.
Y me pensaste un día,
poco a poco me fundaste,
te fuiste acostumbrando al perfil de mi boca
porque soy el fruto de tus manos,
el terminal de tus caricias.
Me hiciste cuerpo
para encontrarnos frente a frente,
para vivirnos dentro,
para rompernos la piel
beso a beso.
Ya estás tú.
Ya estoy.
Soy una dependencia de tus pechos.
Vivo colgado de tus ojos,
abrazado a tus ingles,
existiendo porque existes.
Y un día, cualquier día,
pondrás un ramo de olvido
sobre el mármol tallado de mi tumba


CANSANCIO



Tengo cansado el camino
hecho con huellas de ti.
No están tus pies.
Sólo tu rastro, como un perfume.
Pregunto si vas delante.
Hierba cómplice del silencio
El agua enseña
la virginidad de su piel no tocada.
Nadie besó los árboles,
la brisa desnuda, recostada,
abierta la brisa, pidiendo
que la penetre el almendro,
que la fecunden de flores,
que la derramen los nidos.
Indiferencia es todo.
Pero intuyo que estás.
Siembro tu nombre
como se siembra el trigo.
Mano llena con trozos de ti
para el viento,
para que se hunda y brote,
y aparezcas tú
y seas cosecha
salpicada de amapolas.
Verde primero
como si el mar naciera de los surcos.
Rubia después,
pan recién hecho.
Necesito beberte,
asumirte,
tener la certeza de tu sangre,
la seguridad de tu carne
para este cansancio gris,
para el camino agotado.
Huellas de ti,
pero no tú.
Pregunto,
pero silencio tú
Todo es nada.
Nada es respuesta.
Nadie me dijo que tú

te parecías a la vida.

lunes, 16 de diciembre de 2013

TOCO TU NOMBRE





A veces pronuncio tu nombre de forma irracional.
Sílabas, letras.
Tu nombre
porque no estás.
Tu nombre
porque necesito que estés.
Tu nombre
como una niebla
empeñada en hacer distante la presencia.
Tu nombre
sin cuerpo,
sin alma,
sin ti.
Pero tú cuando te nombro.
Te llamo como te llaman.
O tal vez no.
Te pronuncio,
te expiro
con el aire original,
recién hecho,
creado para que te suene dentro,
para que distingas los labios de los labios.
Para que llegues hasta mí
y para que no llegues.
No sé si entiendes la irracionalidad
de nombrarte.
Necesito tu nombre
como necesito la flor de los almendros,
el testimonio del trigo,
la legitimidad de las cerezas.
Toco tu nombre
y es tu cuerpo,
tu carne,
tu olvido,
tu memoria.
Nombrarte,
tocarte,
hacerte

con la irracionalidad concreta del amor.
TOCO TU NOMBRE





A veces pronuncio tu nombre de forma irracional.
Sílabas, letras.
Tu nombre
porque no estás.
Tu nombre
porque necesito que estés.
Tu nombre
como una niebla
empeñada en hacer distante la presencia.
Tu nombre
sin cuerpo,
sin alma,
sin ti.
Pero tú cuando te nombro.
Te llamo como te llaman.
O tal vez no.
Te pronuncio,
te expiro
con el aire original,
recién hecho,
creado para que te suene dentro,
para que distingas los labios de los labios.
Para que llegues hasta mí
y para que no llegues.
No sé si entiendes la irracionalidad
de nombrarte.
Necesito tu nombre
como necesito la flor de los almendros,
el testimonio del trigo,
la legitimidad de las cerezas.
Toco tu nombre
y es tu cuerpo,
tu carne,
tu olvido,
tu memoria.
Nombrarte,
tocarte,
hacerte

con la irracionalidad concreta del amor.

domingo, 15 de diciembre de 2013

A TU ORILLA



Puedo morirme un día a orillas de tu voz.
cerca de donde gestas lunas con cintura.
Muerte circunvalada en tu palabra,
en el sonido de olvidos olvidados.
Bajaré  por la palabra que pronuncias
hasta tu centro,
donde alumbras
las huidas,
los miedos que abrillantas
para embellecer la angustia
que te produce la entrega.
Me moriré disimuladamente.
No notará nadie mi cadáver
embalsamado con la sal de tu saliva,
en caricias envuelto,
desnudo como una tribu de amapolas.
Puedo morirme un día a orillas de tus labios,
en tus besos sin nombre y apellidos,
tus anónimos besos
muertos en la espalda de tu boca,
en el opaco cielo de tu boca
sin que nadie supiera
que tenías plantada una cosecha de alegría.
Puedo morirme un día a las afueras de tus ojos,
en los adentros de tu piel,
allí donde una tarde
conocimos los límites del cuerpo
pero nos empeñamos en saltarlos
y adentrarnos para siempre

en la carne salada de las olas.