sábado, 6 de diciembre de 2014

ALLI DONDE LIMITAS,





Donde acaba el calor de tu presencia,
donde el amor deja de ser un precipicio
y se desboca la palabra que me nombra.
Donde termina la frontera de tu sangre
y se justifica el vacío de tu piel,
donde la nada es el todo
compacta como un puñado de arena
Allí donde dejas de ser tú
e ignoras si es vertical tu muerte,
si es un poste la luz que peregrina
desde tus raíces al vértice de tus huesos
Quiero detenerme allí donde terminas,
descender por la luz que desprenden tus ojos
hasta unir la tierra de mi carne
al barro que perfumas cuando lloras mi ausencia.


ALGUN DÍA




Algún día tendré que definirte.
buscar el núcleo
que te configura,
sin el cual podría confundirte
con una casualidad sin sentido.
Tendré que saberte
para incorporarte
a la responsabilidad de existir,
y que sean conscientes las rosas
de que nuestros jardines
son un mismo paraíso terrenal.
Tendré que ponerte nombre,
Eva, tal vez,
porque tienes pechos piel de manzana
y sexo de sudor como las madres.
Arrastro mi orfandad
y se hacen surcos en la tierra
con gérmenes de ríos y de mares
y perfiles de lunas desangradas.
Algún día tendré que definirte
para que los ángeles sientan la derrota
y sus espadas ardan entre plumas.
Quiero saber quién eres
para saber quién soy,
para amarnos con odio,
para odiarnos mientras nos enamoramos,
para mordernos como perros
y lamernos como cachorros.
Entonces seremos lo que somos,
una contradicción de relámpagos con luz


viernes, 5 de diciembre de 2014

SESENTA Y TRES




Ni siquiera llega a la plenitud erótica matemático-sexual. No alcanza esa hondura. Se queda en un sesenta y tres. Pero es una cifra lo suficientemente alta como para que estemos preocupados por la supervivencia de una democracia que es responsabilidad de todos.

Según la encuesta del CIS esa es la cifra de españoles preocupados por la corrupción en nuestro país. Hubo tiempos para el terrorismo. En cualquier esquina se escondía una ametralladora. Todos nosotros teníamos nucas de cristal para balas que se alimentaban de sangre.

Ahora figura en primer lugar el paro. Y cuando digo paro digo hambre, angustia, desesperación, vértigo. Digo niños con estómagos vacíos, viejos sin la alegría de la jubilación estirando quinientos euros para repartir céntimos de sopa entre siete de familia. Digo albañiles sin andamio, taxistas sin volante, agricultores sin migas y tocino a media mañana.

El paro viene siendo desde hace tiempo ese atraco a la alegría, a las ganas de vivir, a veces incluso al gozo de ser padres. Porque no hay ganas de besos, de caricias, de encuentros en plenitud. Porque maldita la hora del amor,  la luz de las estrellas, la luna que nos enamoró una noche y que hoy se llama María, Paco o Rafa. Maldita la hora en que los pusimos en el mundo par no poder regalarles un caballo de cartón, un balón o ese sueño que nos dejaron en la carta más hermosa cuando él era un Melchor de nieve y ella un emperatriz con lunas en el pecho. Eran sus reyes magos, su navidad, la belleza encerrada en cuatro letras: Papá-Mamá.

Y detrás de esa frustración vital de la falta de trabajo, de la conciencia de esclavitud que algunos quieren imponer, de la indignidad chantajista de trabajar doce horas y percibir un sueldo minimizado de cuatro y a la que pretenden que se esté agradecido porque más cornás da el hambre, la visión en tres dimensiones de la corrupción que crea una abismo de separación cada vez mayor entre pobres que no pueden serlo más y ricos que siempre aspiran a alcanzar mayores metas de riqueza. Y la visión de que los segundo la alcanzan a costa de los primeros.


La corrupción maldita de la palabra, de la promesa hecha por quien sabe que no va a cumplirla porque su meta es un cambio del orden social, con un liberalismo a cuestas que proclama que hay que entregar a los poderosos la riqueza de la tierra para que la administren, para que se sirvan de ella y dejen migajas, sólo migajas suficientes para que el obrero mantenga su capacidad productiva sin que se le suba a la cabeza su destino de creador del mundo. Los pobres sólo tienen un derecho y hay que ayudarlos a que los desarrollen. Es el derecho a ser para siempre pobres.

Y esta visión del mundo, de la historia, de los valores es lo que conduce inevitablemente a la corrupción económica. Se roba porque se tiene derecho, oportunidad, conciencia clara de impunidad. Porque no se roban unas naranjas, porque no se esconde debajo de la falda o el pantalón un chorizo, porque no se disimulan unos yogures en el sujetador para que el rubio mame la vida como mama la teta hermosa de la madre. Esos no son corruptos. Son ladrones y deben pagarlo con cárcel, con antecedentes policiales que adviertan de su perversión cuando vayan a solicitar un trabajo.

Los corruptos son una categoría respetable. Desfalcan bancos como presidentes honorables que desayunan con ministros y con el Ibex treinta y tantos en el Palace. Se auto indemnizan con millones porque sus méritos alcanzan la gloria de Bernini, porque los gemelos, las corbatas, los trajes, los coches con conductor. Estos no son ladrones. Son corruptos respetables, porque tienen carrera, porque un ministerio, una empresa importante, el Fondo Monetario Internacional, la presidencia de…los méritos por…la vinculación con…

Pero los pobres no son ciegos. Y el sesenta y tres por ciento es consciente de que tanta miseria, tanta hambre, tanto cajero-dormitorio, tanto desahucio, tanta cola de estómagos vacíos, tanta vergüenza de pedir una limosna en el banco de alimentos. Y nace la angustia, y crece la desesperanza, el hermetismo de un futuro degollado. Y puede crecer el odio, y azuzar la necesidad de la propia dignidad, y aullar la falta de derechos, la carencia de sanidad, de docencia, de desilusión de viejos frustrados, de muchachos sin esperanza. Y no quiero imaginar las consecuencias. No animo a nada, no hago apología de nada, no incito a nada. Sólo soy consciente de que las circunstancias frecuentemente desembocan en un delta peligroso donde no importa lo que a muchos les suceda porque no será peor de lo que les está sucediendo.

Muchos logros se nos pueden romper entre las manos.


jueves, 4 de diciembre de 2014

ESTAR EN TI




Quiero estar en ti
como la primavera en los almendros,
decorando la savia que te aflora en tu boca
cuando la alegría
se pone de pie sobre los hombros del mundo.
Estar en ti,
sosteniendo las raíces de tu sangre,
de tus óvulos como cerezas de fuego
que alimentan mi piel
y el deseo de fecundar tus lunas.
Estar en ti,
en la plaza de tu vientre,
de tu monte de venus con ecos de otros tiempos
cuando ayer era ayer
tú y yo nosotros
y sembrábamos besos y amapolas
en los trigales rubios de tu pelo.
Estar en ti,
sustituyendo la risa por sonrisa,
permitiendo los nidos de los pájaros
colgados de la luz
secándose al calor de tus gemidos.
Estar en ti
como el olor de la madera quemada
en los inviernos íntimos de una soledad oscura.
En ti porque no estás,
porque a lo mejor no vuelves,
porque trituraste los caminos
con los mismos dientes
que me mordieron el alma.
Estoy aquí,
al final de la distancia,
la que separa y une.
Estoy esperando el turno de la primavera
para florecer en tus almendros.


NO CABES EN EL MUNDO


No cabes en el mundo
como no cabe el amor
en las caderas del mar.
No cabe la luz de tu cintura
en mis manos,
ciñendo el arco iris de tus ojos.
No puedo guardar tu infinitud
en el hueco de mi vida,
en la circunferencia de un beso
donde sólo se esconde
la luna de tu vientre.
Colocas tu carne
encima de mi cuerpo
y no abarco el gemido
orgásmico de tu boca.
Perdona las dimensiones de mis labios,
de esta herida abierta
donde me dueles

como duele  un invierno infinito.

martes, 2 de diciembre de 2014

LUZ DE SOMBRA



La luz a la sombra de la luz,
en el núcleo de la conciencia
donde se encuentra el ser consigo mismo.
La ley de la gravedad ejerciendo
la atracción que constituye
la densidad de las rosas.
Instalados en la pregunta,
preguntamos a las raíces del tiempo
por el perfil de los relojes
que marcan la silueta
de los jardines que escalan el otoño.
A lo mejor tú,
perdida en el hueco del beso,
concebida y fetal
a punto de ser
carne caliente de existencia.
Pregunto, ahondo, me sumerjo
en ti para aprender
que la vida se llama postura,
decidida a permanecer en la fragilidad vitalicia,
como un río que nunca

será un ciprés de hielo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

HABLAR CON EL MAR




Tengo que hablar con el mar una tarde cualquiera.
Me pondré unos vaqueros y un fular de niebla
y nos beberemos una brisa frente a frente.
Hace tiempo que no sabemos nada
de mi quehacer humano y de su espuma.
Desde aquel accidente en que murieron
todas las rosas del mundo
y la luna hemipléjica empezó
a andar en  silla de ruedas.
Una tarde cualquiera
le preguntaré por sus peces de colores
y le contaré la historia de aquel amor que fue amor,
de aquel vientre,
aquellos pechos
y las góticas ingles de sus piernas.
Una tarde cualquiera me contará su cansancio
de soportar la intromisión de tanto cuerpo desnudo,
de tanta eyaculación precoz
de los adolescentes que aprobaron en junio.
Cualquier tarde nos vestimos de incógnito.
Nadie sabrá que yo escribo poemas
para ahuyentar la muerte,
ni que sus olas son
gritos de una agonía infinita de estrellas que se van
poco a poco ahogando en sus honduras.
Cualquier tarde a lo mejor no es cualquier tarde
y yo sigo encerrado en mi jaula de libertad con barrotes
y se suicida el mar despeñándose desde una luna antigua
y se rompe contra un monte que embiste
femorales y entrañas en un circo romano.
No existe la tarde.
Entonces el mar y yo

seremos autistas para siempre.