lunes, 6 de octubre de 2014

USTED MERECE UN RESPETO



“Cuando veo a los de las camisetas verdes o a los de la marea blanca, siempre pienso que vendrán a darnos las gracias porque nosotros, el Partido Popular, hemos salvado la sanidad y la educación”  Lo ha dicho la señora Cospedal en Guadalajara. Y ha enmarcado este producto de su intelectualidad en una sonrisa que es una carcajada en diferido. Porque Cospedal siempre lo envuelve todo en una sonrisa con mantilla y Corpus toledano. Y cree que revestida de la elegancia que da la custodia de Arfe, puede proclamarse secretaria del partido de los trabajadores, defensora de la transparencia, de conseguir el destierro de los bárcenas, de la blanca paloma que inspira a Báñez en su creación de empleo, de la elevación de los salarios y de figura quijotesca que nos inmuniza contra la herencia recibida. Cospedal quedaría bien en una hornacina para que alguien organizara peregrinaciones de parados, de enfermos, de dependientes, de estudiantes, de trabajadores con sueldos propios de esclavitud.  Y seguro que santa Cospedal arreglaría la situación para que todos disfrutáramos de un bienestar que nos estropeó el maldito Zapatero.

Los enfermos están ahí, luchando por una medicación salvadora de la hepatitis C., guardando la fila de una espera infinita para operarse de una cadera, muriéndose en las salas de urgencia sin ni siquiera intimidad para orinar, alistándose en sillones de skay sintiendo hasta deseos de que alguien muera en una planta para que quede libre una cama y  descansar la neumonía que puede llevar a la muerte a un enfermo crónico de e.p.o.c. Y todos esos enfermos merecen el respeto de una secretaria general del Partido Popular, que desde el blasfemo culto al Corpus, proclama que han salvado la sanidad. Ella ha recortado el presupuesto de pediatría oncológica y ha cerrado la planta de niños con cáncer del hospital de Toledo. La enfermedad es el desvalimiento último y radical por el que siempre pasa el ser humano. Y cuando se aplasta ese desvalimiento pisoteando con la falsedad su existencia, se llega, no a un medio de conseguir votos, sino a la crueldad en grado máximo. La sanidad no está salvada por este gobierno ni por el partido que lo sustenta, sino que han conseguido hacer del paciente una mercancía para que revendido a la medicina privada sea productivo como un estiércol que vivifica las billeteras de ciertas batas blancas.

Hay una marea verde de estudiantes que pueden serlo porque sus padres disponen de medios. Se regalan terrenos a la docencia impartida en colegios religiosos, pero se niegan becas para la chavalería que viene de un taxista o un albañil. Debe quedar claro que la ciencia, la investigación es cosa de ricos y que los pobres deben ser los que ejerzan un oficio manual. Pero es que ni siquiera se han promovido centros para esa enseñanza profesional. Y los pobres tienen que quedarse en las orillas del saber porque en realidad para qué necesitan los pobres la cultura.

Y cuando los enfermos o los estudiantes avanzan en mareas verdes y blancas, Cospedal, Wert, Fernández Díaz, Rajoy sólo ven izquierdistas radicales, filoetarras que quieren dinamitar una democracia hecha a medida de un partido que ha roto el estado de bienestar porque los derechos deben dejar de ser derechos. Y se niega el hambre, el abandono de los dependientes. Y se dice sin rubor que sólo hay que contratar a mujeres que no sean fértiles por su edad, despreciando la grandeza de su maternidad. Se quiere evitar el aborto por una parte y por otra sólo se da cabida laboral a las que ya no pueden ser madres. Lo dice Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, sin que ninguno de sus representados le haya echado en cara el vómito que produce oírla.

Cuando a los ciudadanos se nos proclaman cínicamente estas coordenadas, se nos arranca la democracia a jirones, se nos astillan los derechos y se nos roba la dignidad. La corrupción no puede reducirse a una cuestión económica. Decir lo que ciertos políticos dicen es una corrupción más lacerante que la que produce robar dinero. Cuando a cambio de cuatro horas de trabajo al mes y un salario de cien euros se certifica que se crea empleo, se está inyectando crueldad y humillación en ese trabajador o trabajadora que tienen que arrodillarse ante el chantaje porque hay tres niños en casa que piden un vaso de leche, sólo un vaso de leche, como cena.

No soporto este cinismo, esta crueldad. Deberían recordar algunos políticos ufanos del número de votos obtenidos, que la mayoría absoluta siempre la tiene el pueblo. Y que los pueblos se cansan de sufrir la esclavitud y que tarde o temprano sólo los pobres tienen el poder porque no tienen poder que perder. Paradójico, pero únicamente los pobres hacen las revoluciones.


CONFUSION


Tal vez he confundido
la hierba con tu piel,
tu palabra y la palabra  del río,
tu carne y la carne de la nieve.
Tocan los ojos lo intocable
y el tacto percibe sólo formas
y siembra perfumes
donde quería poner el aliento de tu boca.
Tal vez confundo tu nombre
con el que todos te nombran
y anulan la singularidad absoluta
que eres cuando te pronuncio.
No te toca quien te toca
porque tu cuerpo es sólo tu cuerpo
cuando tiene el volumen exacto de mis manos
Existes sólo en mis dedos
porque tú lo quisiste.
No es exacto decir que te poseen.
Siempre hay una luna entre dos cuerpos.
Sólo somos uno cuando esa luna se incorpora
y es sangre en la sangre
y camina por dentro
y nos acaricia el alma
mientras tú y yo besamos
lo que queda de nosotros,
cuando sólo somos
un único tronco
con ramas para colgar
la alegría de los pájaros.
Me suena entonces
la música de tus ojos.
Recito tu piel
y tú me proclamas

vencedor de la tristeza.

domingo, 5 de octubre de 2014

AQUELLA NIÑA


No sé donde nací. Tal vez en ti, pero no importa. Soy un vientre olvidado en la memoria. Fuí niño después. Tiraba piedras a los cristales. Estudiaba. Tenía amigos. Me pegaba con otros chavales del barrio.

Ella no tenía nombre. La niña guapa la llamaba. Iba a un colegio rico. Lo sabía por su falda a cuadros y jersey azul marino. La buscaba. Pero verla era como un escalofrío. Pasó ayer cuatro veces bajo mi ventana. Hoy sólo dos. Tenía los ojos claros. Chorreaban luz. Y una trenza sobre la espalda. La desplegaba a veces sobre su pecho para disimular sus pechos pequeños como limones recién brotados.

Desapareció sin que supiera su nombre. Sería la niña guapa para siempre. Llegué a la hombría por la inercia del tiempo. Ellas pasaban por delante de la vida, de mi vida, delgadas las cinturas, mecidos los culos como pasos de Triana, las piernas como gritos, los labios entreabiertos para un viento erótico que las penetraba, laringe adentro, hasta el rosal de los pulmones.

Me lo pidió el director del periódico. Los directores mandan siempre cuando piden. Una entrevista. No me dio datos concretos. Me previno de la luz de sus ojos y del rubio de su pelo.

Me eché la gripe a la espalda, la fiebre a los ojos llorosos, magnetofón en bandolera y el dolor de cabeza lo dejé en la cabeza.  Estaba en su sitio.

Nos sentamos frente a frente. Era verdad su mirada azul. Y debía ser hermoso su pelo desplegado en una almohada.

-Usted nació en…?

-Sí, y tengo 27 años por si le interesa el dato temporal.

-Estudió en…?

-En efecto. Medicina, para ser exactos. Becada en Alemania, Israel, Estados Unidos. Y ahora aquí, de paso para dar unas conferencias.

Había cruzado las piernas con la elegancia de quien monta una jaca jerezana. Sostenía la copa como si acariciara la piel de un amante. Bebía con la delicadeza del primer beso. Miraba a los ojos como sólo mira el mar. Sonreía como quien inspira un ramo de estrellas.

-Todavía no me ha preguntado mi nombre.

-No quiero saber su nombre, le dije. Usted no tiene nombre. Es recuerdo, escalofrío, vértigo, adolescencia erecta, deseo infinito de noches infinitas. Usted se llama inalcanzable, lejana, horizonte, niña-bajo-mi-ventana. Usted se llama ayer. Y hoy es siempre. Y mañana, eternidad.

-Cómo se llama esta señora?  Voz de director

-La niña guapa, le dije.

-Cómo se apellida?

-La niña guapa, respondí.

Me quedé sin trabajo. Andaba por la calle desorientado, perdido. Preguntaba a todos: ¿Alguien ha visto a la niña guapa? Pasaban de largo. Me llamaban loco.
Nadie había visto a la niña guapa.

Un día me rendí. Pensé. A  lo mejor esto es la vida: buscar inútilmente la belleza. Esperar una respuesta sabiendo de antemano que no hay respuesta. Estar condenado a preguntarle al silencio, conscientes de que el silencio es sólo silencio. Buscar los ojos, los labios y encontrar sólo la espalda. Tal vez ella no tenga trenza rubia, ni vientre donde enredar los dedos, ni piernas para caminar hasta su centro. Tal vez no tenga nombre y sólo sea la niña guapa de entonces.


sábado, 4 de octubre de 2014

AQUEL ENCUENTRO




Te encontré aquel día
cuando regresaba hacia mí mismo.
Llevabas una tristeza azul sobre los hombros
y los labios mojados de recuerdos.
Yo iba camino de mi nombre,
para aprenderme, saberme, interrogarme.
Tú venías, azules los ojos,
rubio el pelo, colgado de tu espalda.
Fue una suerte aquella acera estrecha
donde no cabían dos soledades.
Nos cedimos el paso
por aquello de la buena educación.
Fue entonces cuando tú,
cuando yo
rozamos el nosotros.
Nos dimos las manos
y ha sido imposible recuperar su propiedad.
Tú tocas la vida con mis dedos
y yo aprendo caricias
que venían incluidas
en el regalo de aquel mayo lluvioso.
Y vivimos
con el encuentro de entonces en los ojos
con la distancia amarga
que sabe a cercanía,
con lo imposible  para siempre imposible
como si no hubiera existido aquel encuentro
en la acera estrecha
donde no cabrían nunca

dos soledades solas.

viernes, 3 de octubre de 2014

EXPLICARME




El mundo es  una pompa de jabón
flotando en el aliento de tu boca.
El tiempo no tiene
conciencia de sí mismo
y laten los minutos
por inercia de maquinaria suiza.
Me pregunto por la eterna pregunta
sobre el hombre y su muerte,
su finitud infinita
o ese dios con Blas de Otero al fondo
que nos ata y desata al dolor y la sangre,
la respuesta absurda de Dámaso Alonso
o la ternura de Angel González
Eran sólo los besos y la piel y la carne
-con diez y ocho años-
 el fin perseguido,
la respuesta a todas las preguntas.
Hoy tengo que explicar otras muchas cuestiones,
Explicar,  por ejemplo,  que la sangre
es el último semen  que compendia
la venganza humana sobre la propia humanidad.
No entender,  por ejemplo, que una mujer y un hombre
frente a frente,
desnudos como el mar,
empujando la ingles como empujan los montes
son más inmorales que una colección de armas,
de pistolas brillantes,
de fusiles telescópicos,
de cachas de nácar contra cachas de piel.
No entiendo para qué me sirve ser adulto
si tengo que responder, justificar,
admitir, asumir una madurez absurda
que subvierte valores
por encima de lo humano y del mundo.
Quiero regresar a los diez y ocho años
para no buscar explicaciones,
para abrazar la alegría de aquel cuerpo desnudo,
una espalda, unos pechos, unos muslos de trigo
y una boca que culmina en su cielo
para perderme sin camino de regreso.


jueves, 2 de octubre de 2014

ALIENTO



Vamos a tocarnos el aliento
con estos labios recién hechos,
con besos creados
para tu boca concreta.
Vamos a rozarnos la piel,
a divisar tu silueta dibujada
como un arco iris
de lluvia fundida con el sol.
Quiero nombrarte,
llamarte encuentro,
y acariciarte los ojos
como quien descubre el infinito.
Pretendo la palabra
a tu palabra abrazada.
Pero no me pronuncias
y escuece el silencio,
y cuando digo tu cuerpo
hay una sombra infinita,
quieta, escondida
para que no toque tu aliento.
Busco las señas de tus manos
en el  desorden de los armarios.
A lo mejor no existes
porque no está el perfume de tus ingles
en la cama enamorada,
A  la almohada le duele
el hueco de tu nuca
y tu pelo olvidado.
Quiero andarte el aliento,
descalzo para no lastimar
las huellas grabadas en la ausencia.
 Moldear tu aliento
como cuando hacíamos besos artesanos
y pegábamos las astillas de las lenguas
con saliva bendita.
Como cuando creábamos tu aliento
y el mundo adquiría el sentido necesario
para seguir siendo mundo.
Quiero encontrar tu aliento
y llevármelo allí,
donde el recuerdo

es tan sólo recuerdo.

miércoles, 1 de octubre de 2014

A LO MEJOR TRISTEZA




Se me está enfriando la tristeza.
Nieva sobre la tarde la tarde
Hay perros por las calles
custodiando la luna de los charcos.
Nieve ausencia
de ti,
de mí,
de nadie,
de minutos oscuros,
de copos de plomo,
de horas vacías,
sin tiempo dentro,
huecos los relojes,
porque no contienen
el volumen de tu cuerpo,
porque no te encuentran,
porque sólo dejaste
una huella de olvido.
La tristeza fría
es una carne muerta,
una piel que corta
cuando roza los labios
y son los besos
incunables antiguos,
pergaminos
de noches de agosto,
desnudos los dos,
con sábanas sin ley,
de anárquica alegría,
de entradas y salidas
de los cuerpos fundidos.
 Voy a cubrir la tristeza
con el ayer que fuiste,
que fuimos.
No tiene nombre,

pero se llama como tú.