sábado, 4 de enero de 2014

SI TE NOMBRO



Me he dormido cerca de tu nombre,
de tu voz, de tu aliento.
Hace frío a las afueras de tu boca,
de tus labios cerrados
sin que la noche quepa
en las grietas del tiempo.
Se cuartea la ausencia y se nos rompe
como un ánfora de barro
y sangra el cristal
y rezuma la piel el agua helada.
Si supiera nombrarte como entonces,
darle calor a la escarcha de tu piel,
llenaríamos las manos de ríos y de lunas
hasta tocar la médula del beso.
Pero se desmemoria la memoria
y quedan los recuerdos como torres de sombra
sin raíces para anclar los cuerpos,
como peces de plomo entre la espuma.
Quedan restos de tu nombre,
huellas de tus andares por mi sangre.
A lo mejor un día no es mañana,

pero es alguna vez.
LOS OJOS



Buscábamos cada tarde la compañía del río. Nos  conocía desde niños, cuando yo miraba el perfil de sus pechos y ella imaginaba el éxtasis de mis labios. Ahora, como adultos, habíamos intimado con un árbol y nos sentábamos a su sombra para contarle la vida al agua.

Tenía azules los ojos.

-Míralos por dentro, me decía. Y yo me perdía por aquellos caminos interiores hasta el infinito de su alma. Estábamos desnudos. La soledad invitaba a mostrarnos como éramos. Yo sólo veía sus ojos. Adivinaba sus pechos, el bosque encantado de su vientre, la piel de sus piernas. Pero sólo necesitaba sus ojos para andar por su vida, por sus sueños.

-Mírame a los  ojos, me decía cada noche, cuando el amor, las caricias, la locura de los labios.

-Mírame a los ojos, cuando caminábamos, cuando entrelazábamos las manos, cuando brindábamos por la eternidad.

-Mírame a los ojos. Es la hondura del cariño,  como si hiciéramos el amor.  La caricia más profunda, el beso más anárquico, el abrazo más envolvente.

Nos desnudamos frente al río, bajo la sombra del árbol cómplice, bajo su cúpula verde. Iba a andarle los ojos, a perderme en sus pasillos azules, en sus barandales de luz. Pero ella, por primera vez desde que la conocía, llevaba gafas oscuras, muy oscuras. Negras, pensé. Y me lo dijo de repente: Ya nunca verás mis ojos. Los he guardado para siempre, para el sol, para la luna, para el viento. Tal vez para nadie. Pero ya nunca verás mis ojos.

Me fui despacio, dejando atrás la vida. Ya para siempre ciego. A tientas  en la oscuridad espesa, en la oscuridad de piedra, en la oscuridad impenetrable. No sé qué fue de sus ojos. Tampoco nunca supe qué fue de mí.


viernes, 3 de enero de 2014

UNO A UNO


Uno a uno los centímetros
de tu cuerpo que no está,
de tu piel, que no está,
de tu aliento, que no está.
La nada está, la nada.
La que nunca fuiste,
la que nunca besé,
la que acaricié nunca.
Nunca supe esos andares,
las lunas colgadas en tu falda,
las estrellas a punto de caerse
de tus lóbulos,
los besos suspendidos de tus labios.
La nada está, la nada,
la que nunca serás
por falta de costumbre.
Porque eras relieve,
monte,
cresta de mar,
espuma de la espuma.
No me acostumbro a no pensarte,
a no sentirte,
a no palparte,
volumen de silencio,
dimensión de ausencia, tú,
toda tú,
sin mañana, tú,
sin tiempo,
sin eternidad.
La nada está, la nada,
distancia,
agua dura,
con piedras que imposibilitan
hundir los pies en tu vientre
y sentir la ternura de entonces,
cuando eras,
cuando era,

cuando éramos.
ALIENTO



Vamos a tocarnos el aliento
con estos labios recién hechos,
con besos creados
para tu boca concreta.
Vamos a rozarnos la piel,
a divisar tu silueta dibujada
como un arco iris
de lluvia fundida con el sol.
Quiero nombrarte,
llamarte encuentro,
y acariciarte los ojos
como quien descubre el infinito.
Pretendo la palabra
a tu palabra abrazada.
Pero no me pronuncias
y escuece el silencio,
y cuando digo tu cuerpo
hay una sombra infinita,
quieta, escondida
para que no toque tu aliento.
Busco las señas de tus manos
en el  desorden de los armarios.
A lo mejor no existes
porque no está el perfume de tus ingles
en la cama enamorada,
A  la almohada le duele
el hueco de tu nuca
y tu pelo olvidado.
Quiero andarte el aliento,
descalzo para no lastimar
las huellas grabadas en la ausencia.
Moldear tu aliento
como cuando hacíamos besos artesanos
y pegábamos las astillas de las lenguas
con saliva bendita.
Como cuando creábamos tu aliento
y el mundo adquiría el sentido necesario
para seguir siendo mundo.
Quiero encontrar tu aliento
y llevármelo allí,
donde el recuerdo
es tan sólo recuerdo.


jueves, 2 de enero de 2014

GUARDO EL CORAZON



Guardo el corazón como un recuerdo,
muerto tal vez, tal vez incinerado
como un ramo de cenizas
en el costado izquierdo.
Guardo el corazón como un recuerdo
para apoyar el ayer,
la memoria olvidada
cargada de tiempo huido.
Guardo el corazón como un recuerdo
de ti,
cuando eras el eje
sobre el que giraba mi sonrisa
como un planeta
con ríos de alegría.
A veces es de noche
y trepa la niebla las paredes
como una enredadera de sombras.
A veces al ramo de cenizas
se le caen las lunas desguazadas
y se astilla la luz,
y el mar se hace pedazos
y nos quedamos ciegos
pisando con los ojos.
Guárdame el corazón por si lo olvido,
por si lo pierdo entre la nieve oscura,
por si ignora el camino de tus manos
donde quiero enterrarlo para siempre.


DERECHOS



A los pocos días de tomar posesión el actual gobierno del Partido Popular,  empezó a dejar de cumplir todas las promesas electorales y a construir un nuevo modelo de sociedad  basado en un giro ideológico que nada tenía que ver con el conseguido a la muerte del dictador y bastante parecido al sufrido durante sus cuarenta años de gobierno. Desde el inicio de la democracia fuimos haciendo un camino amasado con la lucha y la sangre de quienes nos habían precedido en la lucha. Nos creció la libertad como un esfuerzo pisoteado por botas militares que nunca permitieron la iniciática de cada ciudadano para hacerse a sí mismo ni para conseguir una pluralidad intelectual que nos pusiera en la historia como sus hacedores y no como pacientes.

Poco a poco nos fuimos marcando metas y consiguiendo superarlas para llegar más allá. Porque la democracia no es un dato, sino una empresa que debe crearse cada día. Y universalizamos la sanidad y la enseñanza. Y convertimos a los viejos en jubilados con su razón de alegría de haber vivido. Y la mujer empezó a ser mujer porque el macho se hizo hombre. Y la Constitución nos reconocía unos derechos siempre en espera de ser cumplidos, nunca alcanzados, pero derechos: al trabajo, a la vivienda, a la igualdad de oportunidades, a la posibilidad de que el corazón fuera libre de amar a quien quería amar, a unos convenios laborales que nos defendían frente a la arbitrariedad del patrón. Y cada cuatro años elegíamos libremente a quienes deberían representarnos politicamente. Serían representantes del pueblo, no propietarios. Administradores legales, no usurpadores. Incluso podrían tener mayoría parlamentaria, pero conscientes siempre de que la mayoría absoluta es del pueblo. Legislarían, pero sin perder nunca de vista que el verdadero poder reside en la ciudadanía. Por tanto, y pese a la legitimidad adquirida en las urnas, ningún gobierno puede revolverse contra el pueblo sin caer en la tiranía de una dictadura cualquiera.   

Fuimos disfrutando de un estado de derecho, con una conciencia siempre provisional y la mirada puesta que lo que quedaba por delante, lo cual significaba que se iban ampliando con el esfuerzo de todos hasta una utopía inalcanzable, pero real, como lo es el horizonte intangible, pero deseable.

 Pero un día apareció eso que los malavaristas perversos del idioma llamaron crisis. El dinero no estaba donde tenía que estar. Y surgió la deuda externa y la prima de riesgo y las agencias de calificación. Y Europa se hizo nuevamente esclava, como cuando Mussolini, Hitler, Franco, estafadores de la historia, con las manos llenas de sangre, y el alma sembrada de cementerios, Pero ahora se le llamaba crisis. La elegancia no permitía llamarle estafa, ni genocidio económico. Había una Merkel que pisaba la hierba que no volvería a crecer. Pero ella era nada menos que una lideresa salvadora de los valores de occidente.

Y apareció la pobreza, el hambre, el abandono de enfermos y dependientes, y se entregaron a empresas los hospitales, la enseñanza. Y fue negocio el hambre, el dolor, la vejez. Y el trabajador regresó a la categoría de esclavo chantajeado, obligado a trescientos euros de jornal o a consentir los aullidos de los estómagos de sus hijos, a emigrar como entonces, aunque con un portátil supliendo la maleta de cartón.

Y aprovechando la carestía económica se promulgó una ley de seguridad ciudadana para abortar la libertad de expresión, de reunión, de manifestación. Y los supuestos delitos sometidos a criterio judicial pasaron a ser faltas administrativas para que el simple criterio policial sirviera para condenar a alguien. Y Gallardón sometió a su criterio doctrinal el cuerpo femenino, sus úteros, sus ovarios para prohibir a la mujer ser mujer hasta que él lo decidiera mediante la expedición de su carnet de madre con el visto bueno de la jerarquía católica. Y se decidió que la píldora del día después fuera pecado porque pecado es disfrutar del sexo sin horizonte procreativo. Porque nuestro gobierno quiere lo que quiere Dios y los mandamientos están por encima de la conciencia y de la Constitución.

Y esa mayoría parlamentaria bosteza de aburrimiento ante la mayoría absoluta que sólo la ciudadanía posee como derecho irrenunciable.

Es cierto que cada recorte afecta al estómago, a la educación, al dolor, a los ovarios, al trabajo. Pero en el fondo lo que se busca es una amputación dolorosa de derechos. El arbitrio del patrón sobre el salario, el horario, los turnos y demás, es sobre todo arrancar derechos. Cuando a la mujer se le prohíbe ser mujer en toda su capacidad y grandeza de decisión, lo que se está coartando es su derecho a ser mujer. Cuando a un estudiante se le veta una beca o se le encamina hacia una estudio estricto de la religión se le está aplastando su derecho a ser o no religioso y se le está sometiendo a disciplina de Opus o de sotanas. Cuando la libertad de expresión o manifestación se tapa con una ley que amordaza, se están pisoteando los derechos más elementales y que tanto trabajo costaron.

El dinero tal vez lo recuperaremos un día más o menos lejano. Los derechos has sido incinerados y guardadas sus cenizas en una urna como recuerdo de un ayer y de un mañana que pudo haber sido y no fue.



miércoles, 1 de enero de 2014

CABALLITO DE CARTON


Pido a quien corresponda
un caballito de cartón.
No sé si a la trinidad monárquica
de Melchor, Gaspar y Baltasar
o a la anárquica república de estrellas.
Tengo un sueño humilde.
Un caballito sobre ruedas,
de cartón las crines,
de cartón su elegancia de caballo jerezano,
dobladas sus patas,
con ritmo de Macarena mecida por Sevilla.
No sé a quién pedirle mi sueño de cartón.
A quien corresponda, digo.
Si besos,
si caricias,
si cinturas,
si muslos diseñados,
si bocas con un cielo en sus alturas,
si grutas,
si relieves,
si caminos que llevan hasta el alma,
a ti te pediría.
Porque estás,
porque existes,
porque eres
camino,
meta,
horizonte.
Porque tengo tu piel en el recuerdo,
tu carne entre las manos,
tu perfume de noche entre las sábanas.
Pero un caballito de cartón
para esta niñez adulta,
para cargarle  penas,
tantas penas,
tantas desesperanzas,
frustraciones de ríos
doblados como ramos de amapolas.
De cartón mi caballito.
Blanco y negro, pintado
de  elementales colores,
pobres,
para soportar esta ruina humana,
esta melancolía,
esta tristeza,
el cansancio infinito de ser hombre.
Pido a quien corresponda,
simplemente,
un caballito de cartón.