viernes, 22 de marzo de 2013


TRES MILLONES




“Ya ha pasado lo peor de la crisis” “Vamos saliendo del túnel” “Hay esperanza en el horizonte” Palabras huecas que pronuncian los gobernantes para anestesiar la conciencia crítica de los ciudadanos, una prórroga del miedo narcotizante que mata el grito, la rebeldía, la indignación. Empinamos la existencia, calzamos tacones a la desesperanza y nos asomamos a una tapia  para tocar un futuro invisible porque la mentira organizada nos promete que está ahí, tras la visión de un Rodrigo de Triana, desbrozador de nubes.

¿Pero quién incorpora  estas frases manidas, huecas, preñadas de inercia política?  ¿Los que han soportado la crisis sobre sus hombros o los que se han lucrado con ella convirtiéndola en una estafa? Porque la compra del morcillo para un cocido o de un ferrari último modelo ha marcado el abismo histórico, el desgarro siempre programado  entre ricos y pobres. 508 millones de euros confiesa haber ganado el presidente de Mercadona, un empresario mostrado por algunos como modelo y que recomienda que para salir adelante deberíamos trabajar como los chinos, es decir, con salarios mínimos, sin vacaciones, con pocas horas  de descanso. Conseguiríamos así que unos pocos coleccionaran millones a costa de que algunos no tuvieran ni tiempo ni ganas de acariciar un vientre o recorrer unos labios. Es el neoliberalismo más puro que se afianza sobre las espaldas de una mayoría para beneficio de una minoría porque así lo imponen las leyes naturales, las del mercado y hasta la enseñanza de la historia.

Tres millones de españoles viven en la más absoluta pobreza. La miseria hace cola en las oficinas del INEM, en los puentes con sueños desahuciados, en los comedores de cáritas, en los contenedores de los supermercados, en las morgues donde se ha muerto de pena la pena. Manos de ladrillo rotas, percebeiras con espuma entre los ojos, estudiantes de portátil-camareros de Alemania, parados petrificados como estatuas indecentes, vomitadas por la avaricia bancaria, por crisis diagramadas para que el hambre tenga dimensiones exactas, para que la sanidad produzca los muertos previstos por el equilibrio presupuestario, para que la educación cree talentos que iluminen microscopios de hospitales ingleses, para que los investigadores sirvan cervezas a la Alemania de Merkel.

Tres millones de pobres por las aceras de España pidiendo pan, sólo pan, porque están hartos de palabras, de promesas electorales, de empleo para todos, de pensiones revalorizadas, de hospitales públicos nunca privatizados, de ayudas a parados, de empuje a emprendedores, de investigación y desarrollo para ahondar en el misterio de la vida, de enseñanza gratuita y becada para que no se pierda un solo talento. Y así, palabra sobre palabra, promesa sobre promesa hasta la desesperación más plena. Tres millones de pobres de la España-potencia-mundial. ¿Puede un país permitirse la miseria de tres millones? ¿Por el mercado, por el déficit, por la prima de riesgo, por haber vivido por encima de nadie sabe qué posibilidades? Tres millones de ciudadanos que no han creado la crisis que sirve de coartada para estafarlos. Porque para que la banca se rehaga de sus excesos, se carga sobre los hombros de tres millones de pobres la carencia de vivienda, de servicios sociales, de trabajo, de sanidad, de docencia, de ayuda a dependientes. Un país no sostiene su dignidad cuando permite que carezca de ella una parte importante de sus habitantes. Los gobiernos no plantan cara a unas exigencias que provienen de una Unión Europea convertida en simple mercado. Porque Europa ya no existe como unión,  es sólo una conjunción de mercaderes patrocinado por un nazismo económico que pisotea la dignidad humana, que desprecia la pobreza creada, que avanza apartando la miseria sin importarle el hambre, la carencia más absoluta de derechos, el olor nauseabundo de cadáveres amontonados en las cunetas. Los seres humanos son economía, mercado, déficit. No importa la reducción de la humanidad a simple y obscena estadística.

España de pie sobre su propio vómito. “Ya ha pasado lo peor”  “Vamos saliendo de túnel”  “Hay esperanza en el horizonte” Tres millones de pobres abrazados a su hambre, a su muerte anunciada porque farmacia es copago, porque sumar y multiplicar es un lujo, porque la universidad huele a chanel, porque la cultura es un derecho de billetera, la sanidad se resuelve en una casa de socorro, porque la justicia es caridad, porque una noche de amor desnudo es patrimonio de quien viste un armani, porque la esperanza es espera tan sólo, “porque la vida se tome el derecho de matarme ya que yo no me tomo la pena de vivir” que decía Machado exiliado.

Tres millones son un bulto sospechoso. Llamen a los tedax, dice Merkel. Parecen una amenaza y hay que desactivarlos.



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