lunes, 31 de agosto de 2015

A TU ORILLA



Puedo morirme un día a orillas de tu voz.
cerca de donde gestas lunas con cintura.
Muerte circunvalada en tu palabra,
en el sonido de olvidos olvidados.
Bajaré  por la palabra que pronuncias
hasta tu centro,
donde alumbras
las huidas,
los miedos que abrillantas
para embellecer la angustia
que te produce la entrega.
Me moriré disimuladamente.
No notará nadie mi cadáver
embalsamado con la sal de tu saliva,
en caricias envuelto,
desnudo como una tribu de amapolas.
Puedo morirme un día a orillas de tus labios,
en tus besos sin nombre y apellidos,
tus anónimos besos
muertos en la espalda de tu boca,
en el opaco cielo de tu boca
sin que nadie supiera
que tenías plantada una cosecha de alegría.
Puedo morirme un día a las afueras de tus ojos,
en los adentros de tu piel,
allí donde una tarde
conocimos los límites del cuerpo
pero nos empeñamos en saltarlos
y adentrarnos para siempre

en la carne salada de las olas.

domingo, 30 de agosto de 2015

A LO MEJOR TRISTEZA

Se me está enfriando la tristeza.
Nieva sobre la tarde la tarde
Hay perros por las calles
custodiando la luna de los charcos.
Nieve ausencia
de ti,
de mí,
de nadie,
de minutos oscuros,
de copos de plomo,
de horas vacías,
sin tiempo dentro,
huecos los relojes,
porque no contienen
el volumen de tu cuerpo,
porque no te encuentran,
porque sólo dejaste
una huella de olvido.
La tristeza fría
es una carne muerta,
una piel que corta
cuando roza los labios
y son los besos
incunables antiguos,
pergaminos
de noches de agosto,
desnudos los dos,
con sábanas sin ley,
de anárquica alegría,
de entradas y salidas
de los cuerpos fundidos.
Voy a cubrir la tristeza
con el ayer que fuiste,
que fuimos.
No tiene nombre,
pero se llama como tú.
                                                 

sábado, 29 de agosto de 2015

Y NO ESTAS


No estás.
Amurallada la puerta,
las ventanas,
cegado el pozo donde se escondía el mar.
No estás.
Se marchó una tarde –me dicen.
No llevaba maletas.
Dejó abandonados los sueños y los perros.
No tenía un camino entre los pies,
ni aquel campanario de risas en la boca.
Vengo desde aquella lejanía donde existí contigo,
y no estás.
Se fue de prisa como las madrugadas, -me dicen,
como un mar cansado de latir,
con la decisión de un río que quiere suicidarse.
No estás.
He preguntado por tu hueco,
por si alguien encontró tu vacío,
por si te hubieras olvidado los besos con las prisas.
No estás.
Ni siquiera una despedida debajo de la puerta,
ni aquel gesto volandero de tu mano,
de tus ojos abrazados a mis ojos,
de tu piel arrancada de mi piel.
No sé si tendré tiempo de esperar tu regreso.
Tiene prisa mi muerte
y aprieta contra su sombra mi sombra,
como tú me apretabas cuando  eras  girasol
alrededor  de mis labios.
No estás.
Arrastro la palabra buscando tu huella.
No estás.
Me has dejado la existencia a media asta
con la muerte colgada de un mástil astillado,
rota de viento y sol,
de veranos calientes en tu sexo,
de inviernos refugiados en tu vientre.
Me he perdido en la nieve,
en el frío abandonado de un hospicio,
sin señal la brújula que me orientaba a tu boca,
a los puntos cardinales de tus labios.

No estás.

viernes, 28 de agosto de 2015

¿QUE SERA LO QUE TIENE EL NEGRO?


Ya entonces, no sé cuándo, lo preguntaba una canción que se convirtió en popular. Madre, qué será lo que tiene el negro? A lo mejor entonces, no sé cuándo, era verano y el negro servía para que alguien triunfara y recolectara dinero para pasar el invierno. La picardía del negro servía, y eso era lo importante: utilizar su capacidad de ser utilizarlo para que el verano poblado de bikinis se poblara de un falso miedo atractivo, picaresco, provocador que diera lugar a llamar a la madre sin mayor deseo de que alejaran al negro que jugaba a meter mano donde se temía-deseaba que metiera mano.

Hubo otro entonces, no sé cuándo, que anunciaba la llegada del negro. ¿Se acuerdan?  “Ya viene el negro zumbón…” cantando alegre…no recuerdo qué. Pero evidentemente lo de zumbón no podía aplicarse a nadie más que a un negro. Por Goya, Serrano, Sierpes o Génova no van los negros zumbones. Van los embajadores con chofer-sirvienta-de-cofia-uniforme, los campeones que firman autógrafos, los actores guapos que se hacen fotos. Los que meten mano, los-sin-papeles-top-mata-ilegales compran el pan en Lavapiés y en Lavapiés huyen de la policía porque la ley es igual para todos, porque la ley está para cumplirse, porque hay un orden establecido, porque han venido a quitarnos el trabajo, porque son los culpables del paro, aunque algunos culpan a la reforma laboral y es mentira, porque algunos tienen la manía de achacar a Rajoy lo que Rajoy no ha hecho, ni Báñez,  porque ella ha levantado España con la ayuda de la Blanca Paloma. A lo mejor para eso ha venido el negro, mami, y no para lo que algunos imaginan, no para cantar el alegre compás,  porque él es un zumbón sin más.

Hubo otro entonces, no sé cuándo, que existió Ana Mato. Y le cantaba lo del negro en los cumpleaños-gürtel con globos y confetis. Se abstrajo del ébola, se inhibió de su ministerio de sanidad porque no lo creía importante. Pero dedicó toda su energía en averiguar qué es lo que quería el negro. Y lo sitió por el cáncer, la cardiopatía y la nefropatía. Les quitó la sanidad. Los desnudó de su derecho a vivir y lo arrinconó en su derecho a morir. Morir es un derecho reconocido y su conciencia cristiana no le permitía arrancarle ese derecho universalmente aceptado en consonancia con la Unión Europea e incluso la ONU.

Y llega el ahora. Presupuestos sociales-electorales. A España no la conoce ni la madre que la parió, que diría Alfonso Guerra. San Mariano ha hecho el milagro y se arrodilla Montoro, Margallo, Cospedal y el desterrado Floriano. Ya hemos vencido la crisis que nos legó Zapatero. Crecemos hasta el punto de que el FMI y Merkel nos tienen que frenar porque amenazamos con volver a poner a Rato al frente del dinero del mundo y a Wert-novio-marido-embajador que estás en los cielos al frente de Europa.

Y llega el ahora, este pre-futuro-elecciones. Ahora es el alzad los brazos, hijos del pueblo español, que empieza a resurgir. Mariano ha tardado cuatro años en profundizar y averiguar qué es lo que quiere el negro. Y manda que los negros, además del derecho a morirse, tengan la posibilidad de ser artríticos, padecer una EPOC, o sufrir diabetes. Rajoy se hace selfies, besa a niños con mocos y ha puesto en su despacho la foto de Aguirre abrazada a una negra.

El ministro de Sanidad no lo tiene tan claro. El secretario de estado dice que si se atiende a los negros, los consejeros respectivos lo pagarán con su patrimonio. Y en esto que llega Don Limpio. Fregó Badalona de rumanos que delinquen, de musulmanes que rezan, de gitanos que recogen chatarra, de mujeres que esconden sus caderas en faldones largos, de niños que sólo son niños.  Don Limpio limpió Badalona. Vaya usted a un pueblo. Reúna a todos los delincuentes-extranjeros o extranjeros-delincuentes porque esto es capicúa, ponga dos metros de Don Limpio y los nacionales disfrutan otro 1.492 con Isabel-Albiol-Fernando. Badalona es la nueva Granada sin Alhambra ni Generalife y sobre todo sin el Sacro monte gitano. La primera medida que Albiol tomará si gana las elecciones, será derogar la medida social (reparen en las dos palabras juntas) de la asistencia sanitaria y devolverá a los inmigrantes el derecho a morir sin más. Ni siquiera Rajoy el sin-rescate, el sin-recortes, el del mejor-estado-de-bienestar, el que le hizo frente a Merkel, a la troyka, el nunca-presionado, el que presiona-a-al-presidente-de-BCE, el que reconoce el derecho sanitario para todos, porque a todos hay que inyectarles el miedo a otros partidos, el del equilibrio, el de la estabilidad, el del conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno-como-el-cielo-de-Rouco, tiene la potestad de llevarle la contraria a Don Limpio.

Cuando hay elecciones,  Aunque la virgen sea blanca,
                                          píntame angelitos negros
                                          que también se van al cielo
                                          todos los negritos buenos


Ahora resulta que no hay que temerle al negro, que el negro tiene derechos, que no tenemos derechos a privarle de derechos, que los votos se vuelven blancos en las urnas, que hemos echado demasiado Don Limpio. 

martes, 25 de agosto de 2015

RENUNCIACION


 Cerró al amor su piel,
los huecos de su vientre.
Se alimentó de distancia
hasta hacer de los huesos
un andamio de lejanías huecas.
Apostó por  besos endogámicos
de una boca adquirida en la subasta
de túneles internos,
de rocas impermeables..
Soñó con orgasmos en la penumbra gris
de pubis como gritos,
de gritos como pubis desiertos, sin oasis.
Para aliviar la tierra
de la carne quemada,
se anudó la lengua en la cintura
y rompió los espejos con estrellas.
Caminó hacia sí misma hasta encontrarse
con la sombra que instruye un camino imposible.
Yo he amado la espuma de ese vientre,
la marea de sus labios,
las olas de sus pechos verticales
y la arena virgen de sus ojos.
Se abrió entre mis manos una noche
como los pétalos de una luna rubia.



¿SE MUERE LA DEMOCRACIA?


No hablo de “nuestra” democracia. Me refiero más bien a la democracia como forma de entender la sociedad aquí, en Alemania o Canadá. Es decir, a la democracia como forma vital de entendernos, de vivir, de convivir.

No hace mucho, en Italia se arrinconó a un presidente popularmente elegido y se le sustituyó por un tecnócrata impuesto por la emperatriz europea Angela Merkel. Acabamos de asistir a la deposición de un presidente elegido en Grecia. Su programa ha sido estrangulado por el poder dictatorial de Europa y se han convocado nuevas elecciones. Y ante ese estrangulamiento del programa del primer ministro, los partidos políticos griegos se fraccionan y Europa se frota las manos porque al final impondrá unas condiciones que hagan emerger el presidente sumiso y arrodillado que Alemania necesita para ungirlo como lacayo de sus intereses.

De paso, esa Europa con nombre y apellidos alemanes, nos pone ante el espejo-chantaje de lo que no está dispuesta a permitir y nos exige que pongamos a la derecha que ella propicia y nos aleja de todos aquellos que, queriendo subvertir “el orden establecido” abogan por una recuperación que nos saque de nuestra situación de esclavos y nos devuelva la categoría de ciudadanos.

El partido que ganó las elecciones en España, se presentó con un programa florido de promesas. Las rompió al día siguiente de ganas las elecciones. La herencia recibida llevó al gobierno a hacer lo que no quería: destruir todo lo conseguido culpando a las circunstancias, a la crisis (estafa). Rajoy argumentó que no era posible otra política y se dedicó a vivir arrodillado ante la amante rubia. Lo que significaba que tenía que llevar a cabo la política que le marcaban desde fuera porque no sabía hacer la que le pedían sus votantes. En este sentido, España y Grecia se diferencian por el grado de dignidad. Rajoy se siente cómodo inclinando la cerviz y Xipras dimite porque su dignidad se lo exige.

Pero el problema va más allá. La democracia es el menos malo de los sistemas. El ser menos malo implica que lleva en su seno una maldad que es la preferible si la comparamos con otras maldades, las dictaduras, por ejemplo. ¿Será posible acoger esa maldad venial en el futuro mediante unas elecciones que sepan exigir a sus gobernantes el cumplimiento de lo  prometido? ¿Podremos reclamar la satisfacción de las necesidades de dignidad,  de derechos humanos sociales, laborales, sindicales a lo que tenemos derecho? Dicho de otra forma: ¿Podremos vivir una democracia sin tutelas, sin exigencias exógenas, sin que nadie imponga unos criterios que no van incluidos en la voluntad de la papeleta electoral?  ¿Podremos desarrollar la democracia que tanta sangre costó sin entregarle nutras urnas a la injerencia de quienes sólo pretenden un concubinato con los mercado?  ¿Primará el ser humano por encima del dinero?  Si la democracia no es antropocéntrica, a mí personalmente no me interesa. Las dictaduras son ególatras y por tanto detestables y corruptas en su misma raíz. La dictadura impuesta por los mercados, las inversiones, los déficits, las deudas, etc. llevan trajes último modelo, pero debajo van las polainas y las pistolas de brillantes culatas. Las dictaduras disparan a la nuca. El dinero fusila los estómagos, desprecia la ancianidad, la dependencia, la enfermedad, la docencia, el hambre, la niñez. Y todo invocando el perverso orden establecido.

Y aparece el miedo como arma anestesiante. Fuera del orden establecido no hay salvación. No hay elección más que la obediencia a ese orden impuesto por la crueldad del capitalismo. El miedo inyectado en el desempleo, en los recortes sanitarios, en el desprecio por la dependencia, en convertir a los jubilados en seres amenazados con la desaparición de sus pensiones, en implantar el copago sanitario para descartar enfermos pobres, en encarecer la universidad porque a un pueblo analfabeto se le maneja fácilmente al antojo del primer postor. Cualquiera que proclame que las cosas pueden cambiar, que la esclavitud es una indignidad, que los trabajadores tienen derechos, que los desahucios deben suplirse por soluciones habitacionales, que el hambre no es una solución sino una imposición, que un niño o un viejo valen infinitamente más que un banco, que la dignidad y lo que conlleva es un derecho inalienable,
que un enfermo terminal merece más respeto que quien viaja en jet privado.

A todos esos constructores decentes de la historia les llamaban antes utópicos, prostituyendo la utopía y convirtiendo en puta de lujo. Ahora le llaman populismo despreciando así las aspiraciones del pueblo, despojándolo de la grandeza que merece lo humano como centro del universo.

¿Se ha muerto la democracia? ¿Necesitaremos de unos cristos laicos que la conviertan en resurrección?


lunes, 24 de agosto de 2015

A LO MEJOR

A lo mejor no sabrás nunca
llegar a lo imposible.
No importa,
aunque sólo se sueña lo imposible
No sé si estás,
si existes todavía,
si se te llenan las manos
de piel cuando me nombras.
No sé si recuerdas
aquella calle
que desembocaba en tu cintura
y convertía tu risa
en un río de amapolas.
No sé, pero tampoco
necesito saber demasiado.
Tan sólo si tienes todavía
la retina poblada de los besos
de aquella noche última
cuando fuimos
un puñado de luna
entre sábanas de alegría,
explicando los jardines colgantes
de tus pechos y mi carne.
Sólo quiero saber
si tu nombre es mi nombre,
si nos reúne el mar,
si nos identifica.