martes, 9 de octubre de 2012


¿SOY DEMOCRATA?



Los españoles somos demócratas de toda la vida. Desde Manuel Fraga hasta mi vecino del quinto envuelto en águilas y fotos de aquel militar bajito que se fue por Cuelgamuros. Ser demócrata es tan fácil  como colgarse un escapulario del Carmen y canjearlo por una vida eterna con ángeles que te sirven el café de media tarde.

Algunos tuvimos que aprender la democracia en las afueras de esa España atacada por hordas judeomasónicas. Supimos que el otro era un compañero y nunca un confidente político-social. Tardamos en asimilar que se podía pensar, leer a Sartre y a Camus sin que te descerrajaran la vida por la espalda.

Treinta y tantos años desde entonces. Desde los brazaletes de luto los hombres y las mujeres mantilla o pañuelos de pueblo triste. Treinta y tantos años desde entonces, cuando se hizo libertad la alegría y futuro-esperanza un pasado gris plomizo.

Ya estamos aquí. Con la democracia entre las manos. Con la decisión de elegir. La joven democracia. Camino de la madurez tal vez, porque treinta y tantos años dan para madurar y ser responsable del propio rostro.  Tienen arrugas la Constitución y un tanto de alopecia los padres primitivos que la parieron.

Treinta y tanto años desde entonces. Empiezan a desvanecerse los ideales primeros, a deshojarse las ilusiones tempranas. ¿Pudo haber sido y no fue? La corrupción de bolsillo, pero sobre todo la corrupción de la palabra, ha ido desescombrando la responsabilidad de cada uno y cargándola en las espaldas de una democracia adoptada sin sentirnos padres biológicos de la criatura. Que la hagan los otros. Y esos otros nos han defraudado tanto que la calle se llena de apóstatas, iconoclastas que añoran tal vez una dirección unívoca a fuerza de bota y correajes. Y entonces se nos cuela el frío entre los huesos y el miedo resbala como una gota helada por la espalda.

La democracia, como el ser humano, no es un dato estancado, cosificado y terminado en sí mismo. Es un proyecto siempre abierto, una empresa, que diría Laín, un camino que se hace pisada a pisada, como canta Machado desde su muerte exiliada.  Lleva tu nombre y el mío.

Las calles españolas son un grito, un fuego, una llamarada de conciencia traicionada. Ahí andamos, menos de lo que debiéramos, gritando el hambre, el desahucio, la enfermedad, el abandono de quien depende de una mano para agarrarse a la vida, de viejo con el alma artrítica en busca de gelocatil analgésico. Ahí estamos, humanidad de colores blanco, negro, amarillo, hombres, mujeres y niños separando la vida de la muerte con una tarjeta de plástico azul y blanca. Y se queman las calles con manos blancas como llamas, como banderas de inocencia machacada. Rebotando el grito contra cascos de hombres negros, muy negros, condecorados por Coxidó y Jorge Fernández, contra el hambre ahondando en cubos de basura, contra vírgenes condecoradas porque no quieren ser francesas.

Y Rajoy despreciando el grito de la algarabía. Y Ussía mirando por encima del hombro a la chusma. Y Marhuenda argumentando que el 25-S era una sublevación de mazas y ladrillos.  Golpe de estado Cifuentes-Cospedal. Y que hay que esperar cuatro años para ejercer la democracia en las urnas porque la calle, el pan, la libertad y los derechos pueden esperar. Si cuarenta años aguantamos, podemos pasar pisados bastantes menos.

Y mucha ciudadanía dando la razón a la Razón, al ABC, a La Gaceta, a los ussías y marhuendas y serranos. Y millones de españoles, los buenos españoles, con su adhesión inquebrantable, viendo a Bertín Osborne beatificando el mundo  Y otra ciudadanía, la golpista, la radical de extrema izquierda, proetarras, malhechores y hordas, comunistas, pijos-ácratas exigiendo la propiedad de la vida.

Si la democracia es un quehacer común, ¿soy demócrata?


martes, 2 de octubre de 2012



ROUCO POR AMOR DE DIOS




Rouco estaba en la puerta de la Iglesia. De rodillas, manos juntas, sin pedir, sólo esperando. Los pobres tienen eso en  los genes: sometidos a la mirada compasiva de quien pasa, inclinando la cabeza como un mimo de Preciados cuando suenan los céntimos en el cestito. Sin derecho a exigir. Los pobres tienen prohibido exigir. Para eso son pobres. Tienen que distinguirse de los banqueros. También ellos lo llevan en los genes y en los testículos por no decir otra cosa. Los banqueros no dan, exigen. Cien mil euros al diez por ciento. Por mis testículos, por no decir otra cosa. Abuso, usura, piensa el emprendedor de carnicería. Pero hay que dejar los testículos, por no decir otra cosa, detrás de la puerta del banco, en la consigna del guardia de seguridad, que te los devolverá dentro de tres años cuando hayas devuelto cien mil euros envueltos en rencor, usura y abuso.

La educación puede esperar, la sanidad, los servicios sociales, los dependientes, los desahuciados, los tupper, los funcionarios, los interinos, los viejos. La vida puede esperar como puede esperar el cielo, ese cielo donde los pobres serán más felices que todos los felices. Habrá estómagos llenos, túnicas blancas, sandalias de pescador por el Jordán. No habrá sexo porque los ángeles no tienen testículos por no decir otra cosa. No los necesitan porque las mujeres no se abrirán el alma, permanecerán cerradas con una virginidad de cremallera como si el Opus fuera el apoderado de las camas celestiales.

Han leucemias en cola esperando, y cánceres en fila. Infartos a la espera, aguantando dos meses, ordenados por orden de dolor precordial. Escuelas de inocencia amontonada. Comedores como cuando la cartilla de racionamiento, como cuando el bocadillo de pan duro y chocolate terroso. Han vuelto los cubitos de sopa a medio día, comida única pero caliente. Cuatro millones setecientos mil parados sin una esperanza que llevarse a la esperanza. Vuelva usted mañana. Y se hace fila el tiempo para terminar  suicidándose en las esquinas de la vida. Comedores de solidaridad para llevar el hambre con elegancia.

Todo puede esperar menos Rouco en la puerta de la Iglesia. Dios, el-sin-tiempo, tiene prisa. Montoro le ha dicho a Rajoy lo que tiene que hacer porque Rajoy no sabe nunca lo que tiene que hacer. Merkel quiere un café calentito y Mariano-camarero le pone los presupuestos en un platito de plata. Doña Angela tira los presupuestos y se queda con el platito escondido en la abundancia de sus senos por no decir otra cosa. “Mariano, por favor, tráeme un déficit bien hecho, no vuelta y vuelta porque se me queda entre los dientes del alma y me lo echa en cara Draghi y estos fabricantes de miseria que por no comprar no compran ni deuda”  Y Mariano-camarero se dobla en dos como un barquito de papel. “He eliminado la educación, la sanidad, las pensiones, las sillas de ruedas, las ambulancias, los quirófanos. Estoy eliminando derechos de manifestación, de opinión, de reunión. Los antidisturbios cuestan un dinero y se evita con prohibiciones. Tengo un remanente para un general de brigada que me ha dicho Alex Vidal por si Cataluña…”

¿Y qué has hecho con Dios, Mariano?  “Dios tiene urgencias, mi señora. Anda Rouco por las esquinas con frío, con lluvia, con viento. Me parte el alma ver al dios de siempre, al Gran Poder, al Cachorro, al Manue, a  Macarena y Triana morenas de verde luna. Me ha impresionado su pobreza, su portal de Belén con su vaquita y un Platero traido desde Moguer por Juan Ramón.

“Y el déficit?”  pregunta la calvinista. “Dios no influye. Dios es superavit. Reparte bienaventuranzas entre los que tienen hambre, entre los perseguidos por los antidisturbios, entre los que lloran porque a su padre se lo llevó un recorte de Ana Mato, entre los que padecen ignorancia porque Wert los parió para analfabetos vitales. Le he dado mucho dinero a Rouco porque ya tiene bastante con la abstinencia de cinturas calientes, de labios entreabiertos, de sacrificar sus testículos por no decir otra cosa…”

“Dios te salve, Mariano. Concebirás y darás a luz un feto bífido. No abortes  Se puede enfadar Rouco aunque te premie con indulgencia plenaria si le aumentas el dinero en los próximos presupuestos”

Eructó Doña Angela. Buen provecho, mi señora” España es eunuca por no decir otra cosa.


domingo, 30 de septiembre de 2012


EL TRICORNIO DE NEPTUNO



Siempre ha sido hermosa. Desnuda, Madrid es un museo, aunque no le guste a mi amor del noroeste. Tiene un cielo sucio, es verdad. Como un chal de segunda mano, de rastrillo, de jueves sevillano. Madrid está en crisis y se viste como puede, a gusto de Botella-Alcaldesa, de común acuerdo con Aznar-Irak, consensuada con un Buhs descatalogado de la historia, sin mesa para apoyar los zapatos.

Madrid se va perdiendo a sí misma como se pierden las grandes ciudades sembradas de historia, de nostalgia, de pasado. Madrid es un ladrillo inmenso, ladrillo de bancos por Castellana, por M-30-Gallardón, por deuda de siete mil millones que nadie pagará, es decir, que nos pesa a usted y a mí, que pagaremos usted y yo y los hijos de nuestros hijos si no pierden la erección por el camino y queda todo en un roce sin posibilidad de hundirse en la hermosura.

Madrid tenía un Neptuno. Un dios a rayas de atléticos, bufanda del Manzanares, apropiación urbanística de Gil-Imperioso, Marbella capitalina-Jesús-Alcalde-sureño. Por miles los futboleros, copa en mano cuando toca, triunfante en autobús descapotable para que Jesús luciera barriga billetera donde albergaba pisos, cemento y putas descorchadas por árabes ricos con palacios junto al mar.

Rajoy-Presidente. Pons, Montoro, Guindos, Wert lo llevaron a hombros. Bailaban delante del cortejo Cospedal-Soraya-Aguirre. Esperanza se fue sin esperanza y se hizo funcionaria. Y ahí la tienen protestando diariamente porque le han bajado el sueldo, porque no le llega al jamón de Navidad, porque le han rebajado días libres y no puede ejercer de esposa, hermana y abuela. Pero queda Cifuentes, doña Cristina rubia, musa de policías y de ministro-opus-Interior.

Rajoy hizo de España un recortable como cuando las niñas eran sección femenina de Franco, con las rodillas juntitas para que la chavalería no pecara de malos pensamientos y deseos. Y se puso a jugar. Llamó a su vecina de barrio, Merkel-Angela, para que lo defendiera de la envidia de Rubalcaba, de los mercados, de la prima, de la herencia de padre-Zapatero

A España le han dolido las tijeras en los sobacos, las ingles, la cintura. Gritaron su dolor mientras su dueño Mariano fumaba un puro en la ONU y reclamaba Gibraltar como playa de veraneo de Urdangarín y Juan Carlos. Surgió entonces Cospedal, pitonisa mozárabe, mantilla negra y peineta, rubia que te quiero rubia, detrás del Santísimo Toledo Corpus  y nos lo dijo bien claro. Neptuno tenía tricornio, era un tejero de tridente negro, pistola escondida regalo de Milans del Bochs. Todos al suelo, coño, a esperar al elefante blanco si no lo ha matado el monarca cazador. Y Cifuentes, rubia que te quiero rubia, visualizando correajes y autobuses de tricornios fotocopias de Neptuno, expropiado blanqui-rojo de triunfos de cuando en cuando.

Seis mil tricornios, veinticinco mil, sesenta mil. No importa. Traen en las manos abiertas un golpe de estado. Han ensayado el grito: todos al suelo, coño. Y Mariano escondido, sin un Carrillo sentado, sin un Fraga exigiendo el tiro de gracia, sin un Gutiérrez Mellado, fajín democrático y bigotito valiente, Wert ausente del mundo porque siempre está ausente. Neptuno en la tribuna. Celia gritando a su chofer-Manolo porque tiene miedo a la embestida de vacas desquiciadas, medio locas. Cospedal sin mantilla. Cifuentes resistiendo, vestida de antidisturbio excitado porque una chica gritaba  pezones erectos exigiendo caricias de libertad y alegría. El techo del Congreso ya tiene muchas balas, huellas de un ayer militar que quiso lo que no quiso nadie, lo que pudo haber sido y no fue.

Y Neptuno-tricornio-golpista arrastrado por los hombres de negro, mandados por Bruselas-de-Guindos y Montoro-sarcasmo-presupuesto. La niña Fabra, mano derecha peineta para que se joda Neptuno, parado en la cola del INEM. Con cuatrocientos euros para cubrir la hipoteca del agua que compró para cuando le nombran campeón del Manzanares. El 25-S está en el calendario caminando hacia el 29-S y seguro que también en Octubre Neptuno estrenará tricornio.

Mariano, tranquilo porque millones de españoles no estuvieron en la calle. Estaban en la ONU pidiendo Gibraltar entre el humo de un habano comunista, embargado a Fidel, en una Cuba al borde de sí misma.

viernes, 21 de septiembre de 2012


ESPAÑA, ¿UNA DICTADURA?





¿Es España una dictadura? Preguntado así, estoy seguro que la mayoría interrogada lo negaría absolutamente. Sabemos de dictadores, de sables corneando la vida de súbditos, de pistolas apuntando siempre a los derechos más elementales, de polainas manchadas de tanto pisotear libertades. Y esas obscuras circunstancias se enterraron allá por Cuelgamuros, entre añoranzas, nostalgias y recuerdos de lágrimas negras, muy negras. No, España no es una dictadura. Es una democracia, con su Constitución abrazando un futuro de derechos.

Tal vez nuestro concepto de dictadura esté demasiado circunscrito a un pasado que fue ayer: posibilidades asfixiadas por el-porque-sí, porque a algún golpista le salía del correaje o de unos genitales fosilizados en una gorra de plato. Sin escritura, prohibido el pensamiento, sin derecho a réplica, de reunión, de lectura, de viaje, juicios sumarísimos, ejecución contra una tapia blanca de cementerio blanco. Y por ahí andábamos con nuestro equipaje de personas de estraperlo, escondiendo la maleta de nuestros pensamientos, y hasta los besos, las caricias, los encuentros trenzados de los cuerpos.

Esa dictadura fue, pero hoy ya no es, aunque ¿estamos tan seguros de pensar por nosotros mismos, sin imposiciones subliminales?  ¿Podemos estar tan orgullosos de la libertad en nuestras decisiones, en nuestros proyectos, en nuestros trabajos, en nuestros compromisos políticos? ¿Podemos presumir de una independencia frente a  imposiciones de dictadores vestidos de Armani, mocasín italiano, corbata regalo Fondo Monetario Internacional, gemelos Banco Central Europeo?

La dictadura es un golpe seco, duro, como el tiro definitivo en una nuca despreocupada. Chorrean los adentros por los exteriores y el hombre queda vacío de sí mismo, falto de contenido existencial, enajenado, alienado. La dictadura suprime el esqueleto vivencial que nos mantiene de pie y el estar de rodillas se vuelve postura  y costumbre, rendición y asunción de lo inexplicable. La dictadura ha abandonado la liturgia militar de himnos, banderas, uniformes y cartucheras humeantes. El mundo es un gran casino donde ruedan los euros, los mercados, la bolsa, los rescates, donde se despeñan las urnas o se premian con tecnócratas que hay que llevarse necesariamente a casa sin poderlos olvidar en el guardarropa.

Toda dictadura lleva en su interior un estrangulamiento de derechos. Ahora no prohiben la expresión, la reunión amistosa. Tan dictadura es la presente que ni siquiera precisa de amputar esa falsa expansión espiritual. Hay otros derechos cercenados que duelen, que se clavan, que rompen la esperanza, que aniquilan el futuro. Se prohíben derechos laborales, se recortan salarios, se despide a gusto del consumidor, se rompe la sanidad, la educación, los servicios sociales. Se desahucian las casas como quien vacía un cenicero intoxicado, se suprimen ayudas para el pan nuestro de cada día, sillas de ruedas que llevan hasta el sol caliente de la plaza, se prohíbe a la mujer ser mujer, propietaria de su cuerpo, se induce a los inmigrantes a marcharse o a morirse de asco tragándose el sida, la hepatitis, la disnea inaguantable sin aire disponible. Se prohíbe ser viejo-quinientos-euros-pensión eligiendo entre el sintrón y la sopa caliente del invierno. Se prohíbe abortar y ser madre porque amarse boca arriba, acariciar y besar es un lujo prohibido por el déficit disparado.

Millones de parados, niños con hambre, comedores de Caritas con necesaria cartilla de racionamiento, matrimonios sin casa, casas para negocios bancarios, escuelas sin profesores, profesores sin escuela, albañiles sin un andamio para descolgar piropos, niños con tarteras de viejos encofradores, autistas encerrados en castillos oscuros, sin encontrar el primer trabajo, sin encontrar el trabajo último, con un INEM convertido en orfanato de la desesperanza.

No van los militares por la acera, dando a entender la laltanería de las pistolas. Nos reunimos para cantar con Serrat y gritar las filigranas de Messí. La muchachada bebe para olvidar lo que pudo haber sido y no fue. Se desnudan porque sólo les queda la entrepierna, y otros se mueren porque sólo les queda el asco de haber vivido.

España, ¿una dictadura?


domingo, 16 de septiembre de 2012


ARCO IRIS


Para LUCIA y MONICA que me llevaron
en la sillita de la reina




 La calle se hace a veces democracia. La palabra puentea desde Neptuno a Cibeles, desde Atocha a Chamartín, desde Génova a Ferraz. Se esconden los políticos en los zulos hondos de Moncloa. Se ocultan de la palabra cargada de futuro que diría Celaya y sorben su propia cobardía como un caldo negro, podrido y maloliente.

Hace poco las calle se hicieron urna grande. Acudieron los cuatro puntos donde se apoya España: Andalucía amarga de alegría. Cantábrico con dolor  de independencia. Oeste austero y naranjales del Este.

No sé cuántos, me da igual. Quinientos mil, millón y medio. Naranja, blanco, negro, verde, rojo. El grito del arco iris, el dolor del arco iris, la sangre del arco iris, la carne del arco iris. Exigiendo derechos talados, dignidad desguazada. Vomitando el asco acumulado, el sobrepeso mórbido. Divisando más muerte prometida a los mercados, tragándose la sangre como los toros bravos, hinchados de puñal envenenado. No sé cuántos, me da igual. Porque fueron muchos, pero un solo grito verdadero.

Andaba por Valencia el Partido Popular. Estaba Fabra-presidente de una comunidad hundida, con todo a medio hacer, ruinas casi de olvido y gasto derrochado. Pisando huellas de Camps, el de los trajes colgados, compañero de Urdangarín sin redención, yerno más yerno que nadie, compañero de cama de  infanta, con ducado de coronas reinantes por la gracia de Dios, como aquel de otros tiempos, de los cuarenta años. Con Matas ahogándose en la isla, sin que Rajoy nade unos largos, sin que María Dolores le haga el boca a boca, sin que Aznar se lo cargue a las espaldas y lo saque a la orilla porque ni orilla queda, que la ha inmolado Cotino por su conciencia y honor.

Fabra-presidente llamando alboroto a quinientos mil, millón y medio, no sé cuántos, me da igual. Porque pedía cuentas el pueblo, ese tribunal supremo de la democracia, porque preguntan qué hacer con los niños, con los viejos, con los enfermos, con los parados, con los desahuciados, con las mujeres que abortan, con las mujeres-mujeres, con los grilletes oxidados de una pena perpetua, muy perpetua y revisable, sin redención cristiana. Porque preguntan qué hacer con los inmigrantes que pusieron ladrillos, que fueron como putas elegidas o despreciadas en las plazas de los pueblos, que sufren una hemoptisis, que no tienen 222 euros que les pide Cospedal-presidenta por una urgencia, 4.000 por una cesárea. Porque preguntan qué hacer con el dolor marroquí, dolor descalzo de negro subsahariano. Porque preguntan por qué se le inyecta en vena dinero a los bancos, y se le niega el pan a un niño sin tuper-día-anterior. Porque se preguntan por qué se multa a una mujer con 90 euros y se le exige que pague al supermercado 275 como indemnización,  más cuarenta de leche, aceite, arroz y garbanzos para los churumbeles con mocos en la solapa y ratas hasta en los ojos.

Alboroto le llama Fabra-presidente a quinientos mil, millón y medio, no sé cuántos, me da igual. Despreciable algarada, algarabía, que dice Rajoy V de Alemania.

Y ahí está María Dolores, nuestra señora de los trabajadores, peineta de corpus y mantilla de christi. Cristiana ella, bendecida-separada-casada-bendecida por el cardenal primado, que niega la comunión primera a una niña con el síndrome de la tristeza en los ojos. Cospedal-presidenta, vendiendo hospitales para que algunos empresarios rehagan sus vidas a costa de mamografías negadas, que hay que morir de algo, entregando niños sin vacunar porque hay que morir de algo, prohibiendo el scanner a una EPOC porque hay que morir de algo. Y la gente va y se muere y María Dolores-presidenta toma conciencia de que se cumple su palabra, su voluntad en la tierra como en cielo. María Dolores tiene noticias de lo que ha pasado en Madrid y sonríe porque sabe que nadie de los que allí estaban se quejó cuando Zapatero tenía la crisis en las manos pero seguía habiendo sanidad, educación, dependencia, atención a inmigrantes, respeto por la homosexualidad. Olvida Cospedal-presidenta las huelgas de entonces, los Orejas, Aceves, Aznar, Botella acorralando al gobierno contra el paredón por traicionar a los muertos, por asociarse con ETA, por romper España, por entregarla a los terroristas, por congelar las pensiones, por rebajar el sueldo a funcionarios…Pero tiene clara la visión de futuro: Los que hoy protestan estarán alegres cuando el gobierno de Rajoy resucite al país de entre los muertos, cuando levante  España aunque Montoro se empeñara en ayudar a su caída. Es la bienaventuranza de presidenta-Cospedal. Dichosos los españoles cuando estén hundidos en la miseria porque verán nacer al mesías Mariano.

Fue un arco iris Cibeles. Gritos de color puenteando un Madrid desesperanzado, hundido, agónico. Con Merkel y BCE y FMI y primas y mercados devorando como hienas el vómito de quinientos mil, millón y medio, no sé cuántos, me da igual.

Vieron a Rajoy por Malvarosa, coronado de azahares y rescates, de recortes-reformas, esperando a Feijóo y Basagoiti para anunciar la agonía, otra agonía, sin ambulancia gratuita, sin urgencias atendidas, con hospitales vendidos porque de algo hay que morir, como dice la Dolores, dolores, lolita, lola. Por la Malvarosa lo vieron. Después se vino a Madrid cuando habían despejado a Cibeles del dolor de no sé cuántos, me da igual.


lunes, 3 de septiembre de 2012


OVNI



El 20 de Noviembre elegimos a un partido concreto para que gobernara el país durante los cuatro años próximos. Nos prometieron que el 21 estrenaríamos un mundo de espuma, sin gravedad que impidiera la levedad  flotante de la alegría.

Alguien le pidió a Mariano que nos devolviera la felicidad y Mariano cargó su mochila de sonrisas. Pons nos prometió 3 millones de puestos de trabajo que para eso el PP era el partido de los trabajadores como recalcaba María Dolores-presidenta-Cospedal. Montoro tenía claro que había que hundir a España en una cuneta cualquiera porque él haría del país una giralda erecta. La sanidad universal que teníamos lograríamos  universalizarla más para que nos cupiera el dolor del mundo en el costado de nuestros hospitales. Habría que potenciar la enseñanza pública porque ahí estaba el futuro y el futuro empezaba un 21 de noviembre. Nuestros viejos (tercera edad le llamaban por delicadeza innata) podrían enamorarse de nuevo en Ibiza rejuvenecidos por  pensiones florecidas. Y en los derechos sociales se apoyarían con fuerza renovada aquellos que ya sin fuerza pedían un empujoncito en la silla de ruedas para llegar hasta el cariño siguiente. Y nunca subiría el IVA porque era una puñalada de mal gobernante y no daría dinero a los bancos porque ya se habían devorado la riqueza de la gente y habría que imprimirle agilidad al dinero para que estuviera donde era necesario, con el emprendedor-emprendedor que de eso sabe mucho nuestra gente.

La NASA consiguió que Rajoy atravesara todas las capas celestiales y se posara suavemente en la Moncloa sin romperla ni mancharla. Su virginidad intelectual permaneció incólume. Bajó de la nave y comenzó a hacer su historia: hundan la sanidad y la educación, pero suban el IVA para mejorar la sanidad y la educación. Sólo Wert conseguiría practicar la contradicción. Organicen el empleo para conseguir parados. Que Mato ayude a los enfermos exigiéndoles dinero y excluyendo a los inmigrantes. Que inviten a millones a los bancos a costa de los desahucios y de aportaciones europeas porque juré que no les beneficiaría en nada. Que les suban los chuchesss a los niños para prevenir diabetes. Y así todo, hasta conseguir darle la vuelta a la vida.

Rajoy llegó a una lúcida conclusión: Había vivido desde que nació fuera de la realidad. Se daba cuenta ahora. Como Pons, María Dolores-Presidenta-Cospedal, como Floriano surgido de su propia nada, como Ana nacida de la gürtel sin conocer a la gürtel. Por eso se opuso a todo lo que se opuso. Por eso dijo que haría lo que nunca haría.

La culpa no era de Rajoy, virgen y mártir, sino de los españoles empeñados en vivir por encima de sus posibilidades. Una caña los domingos, quince días de vacaciones en el pueblo, una pulmonía curada, dos dormitorios-baño-cocina a pagar durante treinta años…Todos habían vivido por encima de sus posibilidades. El, desde fuera de la realidad, no se había dado cuenta porque sólo bajaba para cobrar su plaza de registrador. Decía a todo que NO porque ignoraba lo que significaba. Ahora le han enseñado a decir SI a Merkel, a Bruselas, al FMI, al BCE porque tampoco sabe su contenido.

¿Cómo pudieron los españoles votar a alguien que estaba fuera de la realidad? A lo mejor votamos a un OVNI y huele a azufre, y destruye las retinas con su luz y no vuelve a crecer la hierba donde aterriza.

Me dan miedo los objetos voladores no identificados.





domingo, 2 de septiembre de 2012


EL DOLOR DE PLASTICO




El enfermo siempre es un pobre. El dolor es un abandono de la vida, un descuelgue del andamiaje de la existencia. Se intuye el vacío, se palpa  la nada, se mastica la sombra infinita, para siempre infinita. El enfermo es siempre un pobre.

Atacar la pobreza de la enfermedad es quemar entre risas la miseria de un hombre en un cajero, pisar la dignidad última que nos queda cuando las circunstancias se han alimentado de la dignidad que tuvimos, de la verticalidad orgullosa que fuimos, de la grandeza del amor que nos inundó cuando jóvenes, cuando enamorados se nos venían encima los besos como cosechas de  manos y caricias. De golpe enfermos, y pobres mendigando en la acera de la vida un poquito de viento para el pulmón cerrado, para la sangre que olvidó el camino del corazón, para el sida que maduró como un tuétano de amor.

Y alguien suprime el viento y las autopistas de la sangre y la médula del amor y contempla, con los ojos llenos de hielo negro, cómo alguien se muere porque debe morirse, porque cumple el deber de muerto prematuro, porque no quiso o no pudo recordar su cuenta corriente, porque nunca la tuvo, porque se la tapó un banquero sin escrúpulos.

La sanidad comienza en los pirineos como cuando en los pirineos comenzaba Africa en otros tiempos. Ahora limita al sur y  sus habitantes somos todos blancos o morenos de sol y nieve, con brazos de gimnasio y espaldas de esteroides. Abajo, siempre abajo, marroquíes, saharianos, subsaharianos y todos los que tienen el hambre atada a la cintura. Ya no son de los nuestros porque no trabajan “para nosotros”  Han dejado de ser esclavos para convertirse en olvido, en memoria roja de ladrillo barato, en ayer de pateras tragadas por la espuma, por las olas hambrientas de un mar sin corazón. Sólo les queda el derecho a la cornada del dolor, de la pobreza que entraña, a la muerte como un terraplén organizado para enterrar la vida de los que vinieron un día buscando el pan que nadie quería. Se ha legislado la muerte para que sea un acontecimiento organizado. Todos sufrimos, todos morimos, pero hay que dar preferencia a los que acumulan dolor y muerte sin un trozo de plástico que les aplace el adiós de despedida. Ellos y nosotros estamos separados por ese plástico azul y blanco que nos da derecho a un trago de oxígeno, a un bypass o a un retroviral de última generación. Al otro lado están  ellos, los excluidos por ley o por real decreto, rubricado y sellado por un rey que mata elefantes en Africa y que apunta ahora, mirada telescópica a punto, sobre los ébanos de carne brillante.

Somos occidente cristiano, reserva espiritual, con gallardones que anatematizan abortos, con defensores aguerridos de la vida como un don del Dios dueño del alma que determina a placer la hora de la muerte. Pero Dios es de derechas y firma también reales decretos y acepta la tarjeta de plástico como un ordenamiento universal  que regula la pobreza y el dolor como distintos del dinero y el placer. Dios se parece a Ana Mato.

Tú y yo tenemos un dolor legal. Ellos, no. Ellos tienen ilegal el cáncer, la tuberculosis o la hemiplejia de una furgoneta que los llevaba a un trabajo sumergido una mañana cualquiera. Son los excluidos, los que pueden morirse cuando quieran, cuanto antes mejor porque ya no hay ladrillos, porque hay que vender hospitales para que hagan negocio unos pocos, porque Bruselas es el curandero supremo, porque Merkel lleva dentro un nazismo económico, porque Rajoy es europeo ante todo y sacrifica a quien sea contra los dictados de su corazón bondadoso. Hay un Moscardó en cada ministerio, en cada comunidad autónoma, dispuesto a pedirle al hijo que está extramuros que entregue su vida por el bien de la economía antes de que los de dentro se entreguen al déficit, a la prima de riesgo, a la banca usurera  de sueños y mañanas rotos.

Es el nuevo y glorioso movimiento nacional que nos libera de hordas de espaldas mojadas, de contubernios de mezquitas que  suplantan  góticas catedrales, de quienes destruyen nuestra visión cristiana de la vida para sembrar de ritmos profanos las entrepiernas llamadas al pecado.

Ana Mato organizando la muerte, dando paso al dolor para que se quede arrinconado hasta que se muera de asco. Excluyendo de la vida a los pobres porque tuvieron la desgracia de no llegar nunca a ricos.

Dinero de plástico, dolor de plástico, muerte de plástico.