miércoles, 13 de agosto de 2008

OPINION Y FALSEDAD

Todo poder tiene tendencia a convertirse en dictatorial. El 20 de noviembre de 1.975 unos españoles se fueron a hacer cola ante una historia muerta y momificada. Pero la gran mayoría paseó por las calles de la alegría brindando al amanecer. Y aquel día nos empeñamos en la democracia, contemplamos al otro como prójimo constructor de una empresa común y creímos firmemente en las largas avenidas de la paz.

¿Pecamos de ingenuos? La hiperventilación puede ocasionar vértigo. Y todos veníamos con la respiración tan ahogada, que el chorro limpio de aire nos produjo un mareo libertario. Poco a poco fuimos aprendiendo que había que vivir en constante rebelión porque la amenaza del pensamiento único está siempre ahí, como una espada subliminal bajo la cual es posible hasta morir de éxito. El pensamiento único es tan excluyente y dogmático como el dictatorial. Hay que vigilar la propia independencia para que nadie fusile la libertad cada día rehecha y conquistada.

Proclamábamos entonces, y aún hoy, la respetabilidad de todas las opiniones. Y con razón. Pero no hay que perder de vista que la democracia es un parámetro político y no científico. Este principio no deberíamos obviarlo en el intercambio dialogal diario.

Pero sobre todo hay que deslindar la opinión, como honesto resultado de un análisis, de la falsedad para que ésta no pueda en ningún momento alcanzar la categoría política de opinión. Resultará respetable la opinión (incluso habría que matizar), pero hay que condenar sin paliativos la mentira que quiere incrustarse en ella como un parásito mortífero.

Zapatero ha entregado el Estado a los terroristas. El programa del Presidente es el mismo que el de ETA. El gobierno da por hecho la rendición de Navarra. Se ha desmantelado el estado de derecho, se ha anulado la acción judicial y policial para que los etarras puedan campar tranquilamente a sus anchas. Si no hay bombas es porque nos hemos arrodillado ante una banda de asesinos. El Gobierno es prácticamente el responsable del atentado de la T-4. La manifestación del 13 de Enero se convocó para perseverar en la negociación con los terroristas y aislar al Partido Popular.

Me niego a que todo lo anterior sea respetado como opiniones libres, soberanas y democráticas de Acebes, Zaplana, Aznar, Rajoy, Alcaraz y tantos otros. Estos enunciados no se corresponden con expresiones políticas. Y es tarea de los demócratas desenmascararlas, arrancarles su hipócrita envoltura y dejar al descubierto una intención deliberada de mentir y un propósito de hacer de la falsedad un argumento válido. La falsedad no entra en el campo democrático. Las dictaduras se ponen de pie sobre la mentira y muchas de las actuales aseveraciones disfrazadas de exposición democrática no superan la categoría de dictaduras repugnantes y opresivas. Lo que antecede no es la opinión de un partido político. Es la farsa conscientemente montada para hacer de la democracia una dictadura encubierta. Añoranzas, tal vez, de otros tiempos construidos sobre el cinismo.

Me repugna pensar que lo dicho por ciertos políticos responda a una convicción sincera. Y si así fuera, ruego que paren la democracia porque yo me bajo en la siguiente.

AVT-PP

Fue el 13 de Enero. Manifestación de muchos. No de todos. “PAZ. VIDA. LIBERTAD. CONTRA EL TERRORISMO” Rajoy argumentó que no estaba clara la leyenda de la pancarta. Para ser presidente, dijo D. Mariano, hay que exigir algo más que haber cumplido 18 años y ser español. A lo mejor hay que exigir también que el candidato entienda qué significa PAZ. VIDA. LIBERTAD. CONTRA EL TERRORISMO.

No estuvieron todos. Lo de Esperanza Aguirre estaba claro. Andaba, lo escribí al día siguiente, inaugurando rencores. Del brazo de Aznar, de Acebes, de Zaplana. Saludando listas de espera sanitarias. Sonriendo cínicamente a los entubados de urgencias. Así murió el Caudillo. Con trombos en el alma –pensaba- y está en la historia. Esperanza-Presidenta. De todos los madrileños, dice ella. No de dos ecuatorianos con los sueños triturados por una bomba asesina. La derecha es la derecha y pone rosas en la tumba de Gregorio Ordóñez. Rosas merecidas, conseguidas con la inocencia de una muerte mientras paseaba juventud por las calles vascas. Mal nacidos los que asesinan y pisotean las rosas de Gregorio. Junto a Aznar, al lado de una tumba profanada dos días después por unos chavales locos. Profanada también por el mismísimo ex-presidente con palabras envenenadas contra la palabra grande de los que empujan la paz. Esperanza-Presidenta, no sindicalista. Presidenta de chotis madrileños, no de ecuatorianos sobrevenidos. Esperanza ausente.

Gallardón, perdido en su laberinto. Hombre-centro. Lo proclaman los politólogos radiofónicos. Buscando púlpito por la M-30 para proclamar su rebeldía contra la derecha-derecha. Presencia inmediata en la T-4. Porque los alcaldes se despiertan a cualquier hora. Madrugada fría de 30 de diciembre. Bomba humeante. Bomba infierno. Bomba certera que derroca el sueño de dos muchachos. Que trunca la ilusión de una hipoteca a las afueras de Valencia. Para siempre dormidos en tierra española, madrileña. Y allí está el alcalde. Inaugurando el llanto de una ciudad estremecida de escarcha.

Manifestación a las seis de la tarde. Trece de Enero. Alcalde ausente. Está abriéndole camino a Rajoy. O cegándoselo. La leyenda de la pancarta es ininteligible para Mariano. Gallardón no la divisa. Mira al centro y la cabecera de la manifestación está a la izquierda. Ningún concejal presente. Ni siquiera Ana Botella, rumiante de posibles presidencias. El Alcalde sólo ve elecciones inmediatas. A lo mejor por la cabeza de Aznar rotan otras candidaturas. Y Aznar manda. Y Mariano obedece. Y todo es posible. Ya estuvo en la T-4. Estuvo junto a la muerte. Pero junto a Cándido Méndez, Llamazares, Blanco, el grupo de cómicos y los miles de personas que ponen brazaletes negros a la Castellana, es distinto. El prefiere el calor de Génova, Goya abajo, a la derecha.

Alcaraz, talibán de falsos dolores, convoca otra manifestación para un sábado próximo. Ahí sí. Porque se puede gritar contra un gobierno que traiciona a los muertos, porque se puede pedir la ejecución de Zapatero como se exigía hace un tiempo -¿se acuerdan?- lo de Tarancón al paredón. Veinte años son nada que dice el tango. Ni treinta. Cuando el guaperío más fascista de Fuerza Nueva lucía la camisa que tú bordaste en rojo ayer. Cuántos se quedaron allí, cara al sol, morenos de arqueología, sin más futuro que el ayer embalsamado de la Plaza de Oriente.

Anchuras de Gallardón y Aguirre que retoman alcaldía y presidencia junto a Alcaraz e Inestrillas, con banderas victoriosas al paso alegre de la paz.

Gallardón y Aguirre, presentes!

CON FRANCO…

Lo acaba de publicar el historiador Francisco Rodríguez Adrados en ABC:”Con Franco, España se preparó para la democracia” Y defiende en su artículo que no deben cambiarse rótulos insignes de calles, ni descabalgar caudillos, ni tachar nombres gloriosos del glorioso movimiento. Porque eso es condenar la historia al olvido. Y Franco y su alzamiento nacional son historia y ahí deben permanecer, en el gozoso agradecimiento hacia quien nos preparó para la democracia.

Ser historiador es tener la capacidad de vivir lo no vivido. Se manejan los archivos de la memoria, se organizan las coordenadas del tiempo y uno resulta ser contemporáneo de Carlos V o de Viriato. Pero esa vivencia o es fidelidad o se convierte en farsa ridícula una veces, dolorosa otras o ambas cosas a la vez.

Para nuestros hijos, engendrados en una Constitución democrática, Franco es lejanía y distancia. Para lo que vivimos aquellos momentos es herida abierta, dolorida memoria, cicatriz algún día. Y cuando se lee lo que antecede, se experimenta el sarcasmo de quien lo escribe y retumba la crujiente carcajada de quien se ríe del dolor vivo todavía.

Las cunetas de los amaneceres son testigos. Y la orfandad de niños con hambre. Y el exilio que se echaba España a las espaldas. Y la viudedad llorada bajo pañuelos negros. Y el odio repartido sabiamente, intercambiada la delación del vecino por azúcar moreno, por achicoria negra, por pan de hace tres días con cartilla de racionamiento.

Revisionistas historiadores. Blasfemos articulistas que colocan nuevamente el dolor contra el paredón y nuevamente lo fusilan por el placer de ver el chorro caliente de la muerte. Vidales, agapitos, moas, adrados: formando tribunales de orden público, azuzando las pistolas, pasando por las armas, sitiando ideas y palabra.

Alpargatas de exilio, manos llenas de recuerdos, madres lejanas, hijos perdidos para siempre. Pirineos de añoranzas, atlántico de olas negras, Buenos Aires querido, Méjico lindo y querido. Por ahí nuestros poetas cantando muertes lorquianas, alhambras de recuerdos, giraldas de morriña. Y aquí nuestros niños, vacíos de estómago, con sopa caliente de bellotas y chocolate tierra los domingos.

No lo sabían nuestros muertos, tirados por cunetas irredentas, materia de arqueólos futuros, buscadores de huesos de nostalgia. Lo ignoraban nuestras madres que acercaban el llanto a las almohadas, las muchachas de miedos virginales, primeros viernes, vigilia de Inmaculadas azules. Lo ignoraban. Pero el Caudillo de España por la gracia de Dios sembraba democracia en los jardines de El Pardo. Y hasta esa cuna de libertad vamos todos con flores a María que madre nuestra es. Porque allí vivió quien hizo de España una, grande y libre. Peregrinación agradecida, arrodillada como una adoración nocturna, doblados ante el palio, perdona a tu pueblo, señor, no estés eternamente enojado. Y así por los siglos de los siglos.

Señor Rodríguez Adrados: La historia es la dignidad de los pueblos. Lo demás son suburbios marginales donde hay que construir jardines para que jueguen los niños, se besen los muchachos, tomen los viejos un sol limpio. Me sobra Queipo de Llanos imponiendo fajines generalicios a Macarenas sevillanas. Me sobra el heróico Moscardó paseando amaneceres en camiones sumarísimos. Me sobra Millán Astray con su prótesis asesina. Me sobra el Franco ecuestre de plazas pueblerinas. Me sobran tantas fechas…

Para recordar el ayer, señor historiador, me basta el dolor acumulado, la memoria magullada, la llaga incontenida. Quiero las plazas limpias de percherones salvajes, de caudillos bendecidos, de vírgenes condecoradas. No profane el recuerdo que es la herencia de los desheredados de la historia.

RENCOR

Fue por el 82. Cuando Felipe. Julio, mi amigo Julio, republicano viejo. Luchador junto a Tito. Peregrino de cárceles franquistas. Carmen de visita, sólo visita para contarle cómo andaban Maribel o Tinito. Tuberculoso al fin, con bigote de posguerra. Lo llamó Felipe, primerizo de triunfo electoral. Y Julio sentenciando con un celta en la mano: “no te rodees de nadie que lleve odio por dentro”

Julio sonreía como quien ve la vida de lejos. Siempre despidiéndose. Aquella mañana, su última mañana, le encendí un cigarrillo y se murió entre volutas grises y oscuras nicotinas. Tozuda delgadez de cárcel. Pulmones con bacilos de hambre acumulada. Frío inyectado en sangre y pies hinchados de nefrosis. Pero vivió la llegada de la libertad. Se la bebió a sorbos grandes porque tenía prisas en la sangre.

Hoy me acuerdo de Julio. Cuando las cristinas y losantos revestidos de pontifical predican odio. Cuando los acebes vergonzantes catapultan atochas irredentas. Cuando se lleva en andas a los muertos para enterrarlos en urnas electorales. Cuando los aznares estrangulan la palabra para sitiar la hermosura del diálogo. Cuando los cañizares afirman que España nació de la fe y desaparecerá cuando esa fe se entierre. Cuando los marianos no entienden lo que significa paz, vida, libertad.

Hay mucha amargura conscientemente sembrada, regada y florecida. Se está retorciendo el pulso a la inocencia. Y entre todos estamos matando la palabra. Palabra de vientre ancho capaz de parir futuro. Pero cualquier esquina es buena para descerrajarle la nuca. El odio siempre tira por la espalda. Espasmos dolorosos de palabra que quiso ser fecunda y preferimos hacerla cuajarón.

No hay división de opiniones. Hay un muro de rencor. Postrimerías del XX. Principios del hoy en que estamos. Globalización pregonada, impuesta. Amplitud proclamada. Caída de fronteras. Pero nos empeñamos en levantar muros: Buhs y Méjico. Israel y Palestina. Hasta España presume de su particular muro contra el hambre. No es diversidad de criterios. Es mensaje envenenado. Mentira crujiente, caliente de premeditación. Hablar para dañar, para clavar puñales a la altura de la vida. Hasta la sangre. Hay quien se enardece con la sangre, le excita. Y necesita más, y más. Hay que chorrear rencor. Sobre ciento noventa y dos vidas descarriladas en Atocha se edifica una plaza de mentiras y se lanza contra el otro, para que lo empitone, para que el toro del dolor busque femorales. Y las urnas teñidas se arrojan a la cara durante cuatro años. Y dice Acebes que necesita conocer la verdad de un atentado que le explotó en las manos. Y Pujalte, chusquero de infames cocinas, sirviendo café con leche como empleado de hogar de Terra Mítica. Y Aznar, cuaderno azul con lista de súbditos. Y Mariano, el Mariano digital, sepulturero que defiende a los muertos como nadie. Y Alcaraz, mercader de indignas dignidades.

Cuántas Cármenes, Curris, Isabeles, Cristinas. Manchando su hermosura de odio convencido, de rencor engendrado, de cínicas falsedades. Cuánta COPE episcopal bendiciendo odios irrespirables, alentando un fratricidio de góticos pectorales.

Que alguien me encienda un cigarrillo. Quiero morirme entre volutas grises y oscuras nicotinas.

FRANCO Y UNAMUNO

Me dan miedo los que hacen de la historia un bloque inamovible. La historia, como el hombre mismo, es apertura, creación continua, poesía inevitable por hermosa.

El hoy es, debe ser, proyección hacia el infinito y redención salvadora del ayer que somos porque fuimos. Y el arrepentimiento forma parte de esa redención que reinventa y recrea nuestra historia personal y colectiva. Y nunca deberíamos confundir esa asunción redentora del pasado con un revisionismo al que son tan dados Pío Moa o César Vidal. El revisionismo es una impostura por la negación y la falsedad que deliberadamente encierra. Y en esta conciencia cínica de confusión nos quieren encerrar quienes se niegan a tocar el pasado. Esos falsos historiadores y sus secuaces simplemente sienten vértigo a quedarse sin un cordón umbilical, sin raíces. Y hay que comprenderlos. Quien no tiene pasado es un espontáneo del tiempo, desorientado en el ruedo, con el toro del acontecer empitonándole el presente, desangrándole la hombría.

La memoria es un encuentro luminoso del tiempo con el corazón. Cuando el tiempo nos cita en Salamanca, la belleza se hace calle, y piedra elegante y éxtasis la contemplación. Por allí anda Franco, impasible el ademán, levantisco glorioso del 36, generalísimo de todo, cid campeador por la gracia de Dios, correaje de patria encorsetada, cartuchera negra de la negra España. Y Alcalde. Para siempre. Para él no contaba el tiempo. Todo era para siempre. Vitalicio como la Casa de las Conchas. Alcalde con banda de dios en funciones. Con la eternidad condecorándole el pecho como una cicatriz indeleble. Cicatriz de guerras asesinas, de poetas muertos, de campos sin espigas. A perpetuidad. Porque Dios es cómplice y Santa Teresa lo lleva de su mano.

Unamuno hondo. Frágil Unamuno. Duda vasca. Cátedra salmantina. Cristiano ateo. Agonía gloriosa. Entraña trágica. Unamuno debatiendo. Iluminando la verdad. Oscureciendo la verdad. Porque la duda es duda. Porque lo averiguado es provisionalidad. Porque la respuesta es pregunta, siempre pregunta. Dios. Hombre. El Dios-hombre. El hombre-Dios. Unamuno lucha interior. Incertidumbre suprema. Fragilidad y músculo. Luz y sombra Unamuno. Unamuno de chiquitos vascos. De espigas castellanas. Autonomía doble. Doble independencia. Al fin y al cabo, hombre. Concejal de dudas permanentes. Republicanamente elegido. Llenos de votos las alforjas. Para hacer de la democracia un camino. Siempre con otros, compañeros, prójimos, hermanos. Hacia delante.

Lo despeñaron libertad abajo, cumbre abajo. Para que reinara el acalde a perpetuidad. Cambiaron dudas cartesianas por espuelas de plata, interrogantes vitales por limpias pistolas relucientes.

El rojerío de dos mil siete, dando un golpe de verdad. Votando a Unamuno. Descabalgando al jinete de plazas mayores. Haciendo de la memoria un encuentro con el corazón. Inyectando libertad en las estrellas de ocho puntas. Desabrochando fajines generalicios. Recuperando muertos por cunetas olvidadas.

Y los aznares destronados, los acebes legionarios, los zaplanas de míticas chulerías, los marianos de rencores reprimidos, adictos al inmovilismo del glorioso movimiento, empeñados en sostener una alcaldía blasfema antes que una concejalía inteligente. Una cosa es el revisionismo histórico, conveniente para la purificación de ciertas conciencias y otra repartir la verdad para que la verdad se instaure en la bella Salamanca.

Caudillo de España. Presente. Omnipresente. Vitalicio. A perpetuidad. Plantado en la historia como un Valle de los Caídos. Entre montes de músculo oscuro. Guardaespaldas del pasado. Para que nadie remueva el bunker del ayer.

Quiero votarle, D. Miguel. Concejal de la existencia. Ilustre vicario de la duda. Cristo laico y ateo, creyente por encima del hombro. Místico mesetario. Maestro.

PAZ Y LIBERTAD

La pancarta de la última manifestación de Madrid, hablaba de paz y libertad. Y Mariano Rajoy repudia la palabra paz porque en este país no hay una guerra. Enric Sopena, en el plural. com, ha desempolvado la hemeroteca y ha sacado a la luz las veces que el propio Rajoy, Piqué, Mayor Oreja y Aznar pronunciaron esta venerable palabra después del fracaso de la negociación con el ejército de liberación nacional vasco durante la legislatura del Partido Popular. Ni Sopena, ni este humilde escribiente, le vamos a echar en cara a Rojoy que empleara el término paz en su momento. Pero es sintomático y preocupante que ahora se avergüence de que figure en una pancarta contra el terrorismo y exija que todos rectifiquemos despeñándola de la pancarta.

La paz y la libertad se aman, señor Rajoy. Existe una ósmosis entre ellas. La paz nos hace libres. Y cuando alguien quiere separarlas hay que concluir que ignora lo que significan ambos términos. La paz no es la simple ausencia de la guerra. Ese concepto le viene a usted de familia, porque María San Gil nos dijo no hace mucho que con Franco teníamos paz. Para María los fusilados, los perseguidos, los encarcelados no perturbaban la paz franquista. La prohibición de la palabra, el cautiverio del pensamiento, la manipulación de los hechos no atentaban contra la paz. Ella parecía estar a gusto. Usted sospecho que también.

Estuvimos en la calle aupando la paz, la vida, la libertad contra todos aquellos que pretenden aplastarlas en la T-4, en Hipercor, o en la esquina de la calle donde alguien compró el pan caliente una mañana cualquiera. Y estuvimos allí, no contra el Partido Popular, como presagiaba Acebes, no excluyendo a nadie, como usted afirma, no para apoyar el entreguismo a ETA, como dice Barrera. Estuvimos allí para proclamar lo que la pancarta decía con una claridad meridiana. ¿Tan difícil resulta comprender esa leyenda? ¿Tan ajenas le suenan los términos paz, vida, libertad? Cargábamos sobre los hombros los cadáveres de dos ecuatorianos. La juventud, los sueños, el esfuerzo de dos muchachos que dormían su cansancio en la terminal de Barajas. Dos víctimas, Señor Rajoy, del fundamentalismo etarra. Dos muertes comulgando con Ordoñez, con Miguel Angel Blanco, con Tomás y Valiente, con cientos y cientos de muertos, de mis muertos, de los muertos de todos.

Vd. señor Rajoy tiene por lo visto derecho a elegir a sus muertos, a sus víctimas. Por eso va del brazo de Alcaraz, del vergonzante organizador de muertos que es Alcaraz. A lo mejor llega usted a presidente y nombra a su lacayo ministro de cementerios organizados. ¿Podrán entonces reposar en algún nicho los ecuatorianos que hoy no reconoce como víctimas?

No se trata de ejecutar a Zapatero. Ya se encargarán las urnas. En democracia son los votos los que otorgan y suprimen. Y mientras esa decisión llega, somos muchos los que seguiremos sosteniendo esa pancarta que resume una legítima aspiración ciudadana.

Mientras usted ojea el diccionario para aprender el significado de ciertas palabras, voy a arropar a la luna con el poncho de colores que dejaron olvidado dos muchachos ecuatorianos.

ALCARAZ, TRAFICANTE DE PENAS

¿Se pierde la cuenta? No. Tal vez es que los muertos no pueden reducirse a pura matemática. El dolor no es estadística. La muerte enfrenta al hombre con su propio abismo y el dolor es sólo dolor sin más aditivos. Dos ecuatorianos hoy. Trabajadores. Sueldo para la mama invidente, para hermanos pobres, en la lejanía, en la cintura de la tierra. Un guardia civil ayer. Tricornio fusilado. Charol sobre el marrón de un féretro. Concejal con el pan recién comprado. Comida huérfana porque a papá le han ametrallado las espigas en la mano. Mujeres sin hombres tras la celosía negra de la noche. Niños enlutados de primera comunión. Cien. Quinientos. Ochocientos muertos. Empujados al vértigo. Nucas sorprendidas. Vientres alumbrando una explosión cósmica. Niña amputada. Ordóñez destruido. Miguel Angel sin besos de novia. Tomás y Valiente aupado en manos blancas. Cien. Quinientos. Ochocientos. No importan los números. Importaban los proyectos vitales. Las esperanzas configuradas. El futuro para siempre imperfecto. Y las viudas. Y los huérfanos. Con nombres y fotos en las carteras como tumbas diminutas de cariño.

Cuánto pesan los muertos. Cómo siguen doliendo en carne viva. Cuántas rosas escoltando las aceras. Cuántas placas oxidadas de recuerdos. Los muertos. Nuestros muertos. Los de todos. Que nadie se los apropie. Que nadie venda sus trocitos como si fueran astillas de la cruz del nazareno. La muerte es unitaria y unificadora. No puede fraccionarse para comerciarla en los mercadillos de Alcaraz. ¿Quién es Alcaraz? Un tendero que pregona lágrimas baratas, dolor de rebajas para ganarle un tanto por ciento. Un usurero de la pena que negocia con las flores de las tumbas. Un proveedor de votos sacrílegos pero útiles para líderes que olvidaron la conciencia.

Alguna vez hay que decirlo. Alguien tiene que decirlo: Alcaraz es un impostor. Un actor de carnaval con una calavera para asustar a los que van besándose con la inocencia. Un saltimbanqui circense que hace contener la respiración. Un profanador de tumbas por encargo. Un fabricante de lutos hipócritas.

No es defensa de las víctimas lo que hace el Sr. Alcaraz. No es reivindicación de cariño, de justicia, de respeto a nuestros muertos. Alcaraz usufructúa el cinismo en carne viva. Se ha apropiado el dolor de los otros y lo va destilando en dosis suavemente letales, practicando eutanasias alienantes.

Alguna vez hay que decirlo. Alguien tiene que decirlo. Hay que colocar a este hombre frente a sus propias mentiras. Desposeerlo del poder de calumniar. Desnudar su indecencia por si es capaz de sentir un rubor. Debe devolver el dolor robado, la muerte robada a sus propietarios primitivos. Debe hacerse justicia contra todos los que han malversado el dolor de los españoles y lo han invertido en urnas electorales.

Que no encuentre este desertor de la decencia quien le apoye en la tarea de hacer saltar la sangre de nuestros muertos. Desheredo a Alcaraz de la ración de pena que me toca.