miércoles, 7 de octubre de 2015

ME DA MIEDO ENAMORARME


Me da miedo que mi vida se vaya convirtiendo en una magma de miedo. Ultimamente tengo la sensación de que quien se acerca a mí, viene con una pistola en el pantalón vaquero y cuando me aproximo a alguien me asalta el temor de que lleve un puñal en el sujetador. Creo que les llaman fobias a estas sensaciones sin fundamento y que es necesario ponerse en manos de algún profesional para ahuyentarlas.

Yo no era así, pueden creerme. Cuando alguien me abordaba en la calle, siempre pensaba que venía a preguntarme la hora y que mi deber era decirle que estaban al caer las nueve menos cinco y que ahorraba tiempo si tomaba la línea seis del metro. Era un deber no sé si cristiano, pero ciertamente un deber ciudadano. Y cuando una chica me pedía fuego, pensaba inmediatamente que le atraía la idea de tocar mis manos mientras protegía la llama del mechero con las suyas e imaginaba que aquel contacto podía llevarnos a besarnos una tarde junto al río y acariciarnos el alma una noche con luna. Y nadie me había recomendado visitar a un sicólogo por esta confianza, a lo mejor excesiva, en los demás.

Los extremos se tocan, dice uno de esos refranes que todo el mundo aplica, pero que están cargados de resentimiento, de falsedad y que seguro los inventó alguien con la leche cortada una mañana de resaca. El caso es que ahora parece que se me cortó la digestión con un don simón avinagrado y sospecho del liguero (siempre me resultó excitante) de la veinteañera que termina su tesis en un portátil y del señor que se fuma un fortuna porque esconde seguramente un pirómano.

La veteranía es un grado. Otra tontería que consiste en darse pisto como viejo mientras uno se muere de envidia por una juventud perdida. La veteranía da arrugas, achaques, joroba, cansancio y por eso tanta crema que disimula, tanto perfume que rejuvenece, tanto desodorante que vuelve locas a las chavalas del instituto.

Confieso que estoy asimilando la veracidad de eso de que la veteranía es un grado. Seguramente necesito mentirme a mí mismo. Y aquí está el problema. En la mentira. Si soy capaz de mentirme a mí mismo, de qué serán capaces los demás? Los políticos, por ejemplo, aseguran que sienten el peso de la historia por la responsabilidad que se les ha venido encima. Dicen además que están ahí sobre todo para ayudar a los más desposeídos (observen el término: un desposeído es alguien a quien le han quitado sus posesiones). Pero en realidad, vienen a indultar a los encargados de desposeer a los demás y convertirlos en pobres de solemnidad. ¿Estás usted pensando en la banca o en los banqueros? Rato era el mejor ministro y estuvo a un dedo de ser presidente de gobierno y ahora resulta que es un ratón. Bárcenas fue de todo y ahora es “ese señor”, un delincuente. Matas, Granados, Pujol y mil cuatrocientos más que convirtieron su vida de servicio es una casa de la moneda que fabricaba billetes para conservarlos en paraísos fiscales. Todo el mundo los llama corruptos. Pero con frecuencia olvidamos a los que más miedo me dan y que son los corruptos de la palabra. Quien roba dinero está destrozando un presupuesto. Quien prostituye la palabra está haciendo añicos la democracia. Cuando se promete una vivienda digna, la creación de empleo capaz de dar desahogo económico a las familias, frenar los desahucios, hacer de la vejez una jubilación, convertir la sanidad en una universalidad del derecho a la salud, ayudar a los dependientes a que su vida sea una alegría, y se comprometen a  llevar adelante una educación que haga del porvenir un futuro, a sabiendas de que es falso todo lo prometido porque de antemano se conoce que se va a llevar a cabo un programa que por ideología haga de los pobres seres más pobres y de los ricos seres más ricos, uno se sobrecarga de miedo a los políticos y termina diciendo que todos son iguales, que buscan lo que buscan, que los columpios giratorios son una costumbre de vivir la política.
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Uno se sentó un día a tomar café con una papeleta de voto entre las sonrisa y la alegría de una democracia conseguida a base de músculo, lucha, sudor y consciente de que ahora esa papeleta envolvía el fruto de esa sangre que salpica la libertad ahora coartada. Y cuando se viene abajo esa hermosa torre de promesas urgentes para recuperar la dignidad y se llega a la conclusión de que te han mentido en tus ojos, el miedo se instala y huye de la política y hasta dice aquello de que voten otros.

Desde la barra del bar donde por misericordia me han dado un bocadillo de mortadela, contemplo la luminosidad de ese liguero que enmarca un muslo de veinticinco años y que siempre me excitó. Ahora cambio la mirada y evito el deslumbramiento de su piel porque hasta tengo miedo de enamorarme


martes, 6 de octubre de 2015

ALLI DUELE


Duele al noroeste de mi cuerpo,
donde la clavícula es un mástil abatido
y el omóplato un mundo deshabitado.
Allí duele.
Ahí cabalgan células desbocadas,
Atilas con pezuñas de bronce
que humillan la belleza de la carne
y matan la hierba verde de la piel.
Allí duele
donde empieza la muerte,
según lo certifica un tac frío, sin conciencia
que decreta que los besos se destruyen
al noroeste de mi cuerpo.
Allí duele,
donde la radio incendia las fronteras
y pretende aplastar la rebelión del barro
que se hace pedrada por la espalda.
Allí duele,
contra la indefensión de la razón
que sufre el absurdo poderío de la nada.
Por el noroeste de mi cuerpo
se vacía la vida,
catarata de polvo que desemboca
en un columbario de nostalgias.
Allí duele
hasta que me acostumbre
a la muerte dilatada como un río sin cauce,
como el desorden de un caos sin leyes.
Al noroeste,
donde empuja un toro con los ojos vendados.


lunes, 5 de octubre de 2015

ESA NADA



Nada frente a la arena humana.
Una llanura desierta frente al barro.
Se ha hundido el mar
en un hoyo infinito.
Bosques enterrados,
ramas clavadas de espaldas a la luna.
Ríos que apostatan de su cuerpo,
Lluvia colgada de un paracaídas
para que no moje las miradas perdidas,
miradas apátridas,
huérfanas hasta de dolor.
Nada ahí, donde debiera estar el todo del mundo.
Estrellas rotas en pedazos imposibles de re-unir.
Montes incapaces de fraguar sus músculos
reventados como cráneos con metralla.
Es tal vez la nada,
esa que encuentras cuando se muere la muerte
y el viento se lleva tu colección de besos,
tus recuerdos íntimos de pieles
que rozaron tu piel,
los jardines de besos de tus labios,
las caricias de sexos hermosos
guardadas en tus manos.
Es tal vez la nada.
clavada en una extraña cruz,
tapada con un sudario por la vergüenza de ser nada,
sin desclavar para siempre,
sin que nadie la descuelgue
y la pose en el regazo de una virgen dolorosa.
Frente a la nada, mi barro sin memoria,
sin ayer,
sin mañana,
sin hoy.
Sólo nada.


domingo, 4 de octubre de 2015

DESDE MI LEJANÍA


Vengo desde mi propia lejanía,
desde la distancia que media entre mi espalda y mis ojos.
Vengo de un mundo que nunca vi completo
porque Ionesco asegura que nos faltan pupilas en el cráneo.
Soy camino.
Estoy al final de mí mismo,
distante como un horizonte inapelable.
Ni siquiera seguro,
sólo incierto.
Existo como una noticia inventada,
como un rumor callejero  que nadie afirma
por miedo a mentir sobre la realidad que soy.
Vengo desde mi propia lejanía,
sin preguntar a nadie
porque nadie camina mi camino oscuro.
Soy una soledad absoluta, metafísica, inconcreta.
Soy si soy,
porque la existencia no es nada seguro,
porque es incertidumbre,
magma de oscuridad,
lava intocable que abrasa,
que licúa la carne
y la convierte en piel no apta para labios tiernos.
Vengo desde mi propia lejanía.
Acumulo cansancio de mí mismo.
Voy a quedarme en mi cuneta,
adormilado,

a pedir una limosna de amor por amor del  amor.
NO SE…



No sé a qué huelen los silencios
cuando los pronuncias tú.
Fue tu palabra última,
caracola sin voz,
sin mar, sin olas, sin ecos.
Callada caracola
de aquella vida anterior
cuando intercambiábamos la sangre
y el calor de las manos en tu espalda.
Nos bastaba la sonrisa.
Entonces nos bastaba
el roce de las sombras,
la piel de nuestras sombras
dormidas en la hierba.
Nos bajamos en una estación equivocada.
No supimos preguntar a las aceras
por las huellas de los besos.
Perdí la memoria de tu vientre,
la cóncava nostalgia de tu pecho,
y ese río de chanel y madrugadas
con sábanas soñándote,
imaginando la luz incorporada.
No sé desde entonces a qué huelen tus silencios.


viernes, 2 de octubre de 2015

YO NACI A LAS AFUERAS


Los existencialistas del siglo pasado nos asignaron una presencia en el tiempo (el hombre es un ser en el tiempo) un destino inapelable (el hombre es un ser para la muerte) una mundanidad que globalizaba nuestro ser. Ninguno nos asignó una cuna en el mapa, un lugar preeminente en el globo terráqueo, un punto que nos identificara  como una marca definitoria.

Nacimos en un lugar porque somos seres en el espacio, pero sin bajar a la nimiedad de la cuna. La geografía no está incorporada a lo más profundo del ser humano. Es tal vez una casualidad que acontece porque en primavera es más cálido el sol en un sitio que en otro, porque el beso después de aquel café inesperado llevó a la caricia suprema del encuentro.

Y sin embargo hemos interiorizado hasta tal punto nuestro lugar de nacimiento, que hemos hecho de la patria chica el ombligo de la patria grande y de esa patria grande la concreción de lo perfecto, lo inigualable, el vértice donde se apoya el mundo y la historia. Y ahí surge el patriotismo: como una piedra en el agua que va ampliando su quehacer en círculos concéntricos, describiendo el apego, el cariño y el ánimo de defensa de lo nuestro, concretamente de nuestra patria.

Los poderes han plantado su tienda en esa patria y bajo el pretexto de no perder su posesión, han ido inyectando en sus coetáneos un amor capaz de llevarlos a la muerte por defender la tierra poseída por otros y para bien de otros.

Tan dentro de las venas se nos ha metido el concepto patria que sentimos el orgullo de que nuestros soldados maten a otros seres humanos para defender esa territorialidad. Dicen que hay ciertos animales que la marcan con elementos líquidos de su cuerpo. Nosotros los marcamos con mallas de cuchillas que desgarran o con armamento que destroza cerebros y que justificamos como elementos imprescindibles para prohibir la entrada de otros en nuestra tierra (que en realidad es la tierra de unos poderosos).

Y lo que ya desborda esta incardinación geográfica es que un grupo de los nuestros, una comuna hasta ahora integrada en las coordenadas más hermosas quiera marcar su territorio con ladrillo vito, levantando una muralla-frontera.  Algo de eso se viene planteando desde hace tiempo en nuestra querida patria sin tener en cuenta que España es UNA, GRANDE Y LIBRE. Y hasta el Cardenal Cañizares, alto jefe de la santa cruzada, ve inmoral que algunos quieran expatriarse, aunque debe parecerle bien que el hambre y la miseria astille la piel de quienes tratando de buscar pan y agua para sus estómagos hinchados de angustia y desesperanza, saltan por encima del desgarro. Y el Espíritu Santo, autor de ese rompecabezas que fue nuestra patria hasta que Pelayo, hasta que Fernando, hasta que Isabel, hasta que el caudillo por la gracia de dios y dueño de tierra, mar y aire impuso su bota militar y la entregó al sagrado corazón de Jesús-en-vos-confío.

Y han llovido los argumentos. Queremos tanto a esas gentes que no podemos permitir su marcha porque fuera de las alas de la madre protectora se van a quedar helados. Hace mucho frío por los Pirineos. Además, se van a quedar sin el cariño de Europa, sin el regazo de Merkel, sin la ternura de Cameron, sin los besos de Sarkozy. No es egoísmos. Es puro amor lo que sentimos. Que nadie lo confunda con posesión. Amor paternal, maternal, amor a primera vista. Es duro que nuestros hijos se nos hagan mayores y se enamoren y se nos vayan tras el cuerpo de esa hermosa vecina que se llama independencia. Con lo ricos que estaban con su baby de guardería, dibujando a papá y mamá sobre las cuadrículas de un cuaderno. Se nos quieren ir porque no les queremos, porque no les dejamos salir los fines de semana, porque no nos gusta que vayan con chicas que quieren su autonomía para malearlos. Somos un amor incomprendido como casi todos los amores.

Tengo conciencia de ser para la muerte, de ser en el tiempo, de mi mundaneidad. Pero ahí pongo los límites. Se me acaba el verbo SER, muy anterior e infinitamente más importante que el ESTAR.


Tal vez no nací en ningún sitio. Tal vez nací a las afueras.

jueves, 1 de octubre de 2015

ALIENTO



Vamos a tocarnos el aliento
con estos labios recién hechos,
con besos creados
para tu boca concreta.
Vamos a rozarnos la piel,
a divisar tu silueta dibujada
como un arco iris
de lluvia fundida con el sol.
Quiero nombrarte,
llamarte encuentro,
y acariciarte los ojos
como quien descubre el infinito.
Pretendo la palabra
a tu palabra abrazada.
Pero no me pronuncias
y escuece el silencio,
y cuando digo tu cuerpo
hay una sombra infinita,
quieta, escondida
para que no toque tu aliento.
Busco las señas de tus manos
en el desorden de los armarios.
A lo mejor no existes
porque no está el perfume de tus ingles
en la cama enamorada,
A la almohada le duele
el hueco de tu nuca
y tu pelo olvidado.
Quiero andarte el aliento,
descalzo para no lastimar
las huellas grabadas en la ausencia.
Moldear tu aliento
como cuando hacíamos besos artesanos
y pegábamos las astillas de las lenguas
con saliva bendita.
Como cuando creábamos tu aliento
y el mundo adquiría el sentido necesario
para seguir siendo mundo.
Quiero encontrar tu aliento
y llevármelo allí,
donde el recuerdo

es tan sólo recuerdo.