jueves, 14 de mayo de 2015

EL PESO DEL RIO


Me pesa este río entre las manos.
No es fácil sostener la primavera
cuando son una danza los rosales
y una alegría infinita los cerezos.
Me pesa este río
guardado entre las grietas de los ojos,
filtrado en las paredes,
escondido
para que nadie encuentre
la hierba sembrada en sus caderas.
Me acostumbré a tu cuerpo
cumpliendo  la ley de gravedad
que corresponde a tus pechos clavados
a tu vientre,
a tu sexo buscando los adentros,
preguntando por la espalda del alma
para olvidar la huella de tus labios.
Voy a aplazar el cariño del agua,
con un pretexto cualquiera.
Te esperaré en la esquina de la luna
hasta que me amanezcas
y escondamos la vida en la almohada
y tengamos los besos recién hechos.



miércoles, 13 de mayo de 2015

CUERPOS



Mi cuerpo es un resumen de tu cuerpo.
Mis manos, conciencia de tu piel.
Llevo tu perfil alojado
en las grutas del alma.
Por las fisuras íntimas te hiciste
sombra de mi sangre
y dejaste tus sueños
dormidos en mis sueños.
Existo porque me piensas.
Soy barro en tus manos cartesianas,
artesanía de cristal los huesos
que sostienen mi carne
fundida con tu carne,
en la invasión de mi cuerpo en tu cuerpo.
Hacia ti voy
camino de mí mismo
al encuentro de los besos que dan forma
a las pulsiones de mi sexo en tu sexo.
Síntesis me siento de ti.
Los ríos me llaman por tu nombre,
y sabe el mar que soy arena tuya,
que me toca si  toca
su espuma la frontera de tus besos.
Soy tú.
Vacío siento y plenitud de ti.
Nuestros cuerpos son nuestro cuerpo,
la unidad de medida más exacta
en el sistema sensual de la alegría.
Me diluyo como un líquido en tus manos,
en tus ojos, tus pechos
en ese vientre que hospeda
la nada que voy siendo
para ser todo tú.
Suéñame para que encuentre
el sendero que sembraste
con miguitas de ternura.
Llegaré hasta mí si tú me llevas
por los túneles iluminados de tu ser
hasta lo que seré siempre

si me adentro en las calles de tu boca.

lunes, 11 de mayo de 2015

ERES COSECHA



Tú, cosecha de sombras nacientes.
Amanecer  sin luz tus ojos.
Anochezco en tu boca
para que nadie sepa
el nombre de los besos.
Masticas entre los dientes
mis labios y la noche.
Zumo de luna que empapa
la almohada,
sudadas de cuerpos
las sábanas.
Ruedan las pieles fundidas
hasta el alcázar de tu vientre
y en mi vientre descubres

el sabor salado de mi siembra.

domingo, 10 de mayo de 2015

EL HOMBRE DEL SACO


Habíamos vivido con el miedo en las venas. Las dictaduras lo convierten en un elemento indispensable. Un miedo l configurado por el instinto de conservación. El dictador coloca en la nuca del alma una pistola con el tambor cargado y no hay posibilidad de salvar el cráneo, porque esa pistola es un bosque de balas. No queda hueco para la esperanza y uno siente a cada momento la frialdad del cañón que roza las sienes y se deslumbra con el brillo de la culata. La dictadura es un mapa de miedos.

Confieso que sufrí ese miedo. Circunstancias de aquel tiempo aceleraron con frecuencia el pulso y agitaron la respiración y se produjeron jadeos y gemidos por el orgasmo fúnebre que produce la piel de la muerte. Sólo me sentí libre, sin miedo, con la llegada de la democracia, cuando  los fusiles sólo disparaban claveles perfumado de loewe. Entonces empecé, como tantos y tantos, a disfrutar de los cerezos en flor.

Con treinta y tantos años, ya no deberíamos hablar de joven democracia. Su hermosa madurez debería invitarnos a sentir una pasión indomable por su piel y una necesidad de besar su silueta frutal con sabor a tiempo nuevo, fecundo, capaz de engendrar la alegría de vivirla.

Pero entonces aparecen los partidos políticos, indispensables para que la libertad de elección consume la libertad interior y dignificante de la ciudadanía. Y la vocación de servicio (¿o de sólo poder?) que llevan dentro hace que la competición por alcanzar el gobierno se revista de promesas incumplidas a posteriori con el consiguiente desengaño de un amor fracasado. Pero ya es tarde para el despecho y para irse con otra. El poder del elegido condena las protestas, promulga leyes mordazas y los politólogos pegados al poder exigen aguantar cuatro años. Las manifestaciones, las huelgas, las protestas, son conspiraciones de una extrema radical como Caritas o las ONG preocupadas por el hambre, la dependencia, las ayudas a familias sin ingresos o los enfermos sin sanidad. Pero hay que aguantar porque el poder obtenido en las urnas se siente con el derecho a decir que esa realidad es falsa y que somos un país potente entre los potentes, y que la creación de empleo es espectacular, y que el estado de bienestar es mucho más bienestar, y que se han suprimido los desahucios porque el techo cobija la dignidad humana y que…Pero nada de los ya conseguido puede igualar el horizonte hacia el que caminamos si usted nos da su voto incondicional, porque entonces plantaremos cara a la Merkel, presionaremos a Europa porque somos el Cid,  tendrá que rendirse la toyka porque vive en nosotros el guerrero del antifaz. Y Mariano se viste de Roberto Alcázar y Pedrín porque por héroes acumulados que no quede.

Pero en el interior de ciertos partidos brota el miedo. Miedo a la memoria de los votantes que recuerden engaños anteriores, promesas conscientemente hechas a sabiendas de la imposibilidad de su cumplimiento, proyectos fiscales que contaban ya con recortes en todos los órdenes, tres millones de empleos con una reforma laboral prevista que rebajaría al obrero a la categoría de esclavo… Y si el electorado tiene memoria, el miedo les crece en los adentros. Entonces, esos artesanos del engaño que perfilan la actitud debida que deben realizarse en los mítines, llegan a la conclusión que debe trasladarse el miedo propio a las venas de los que eligen. Y distorsionan el pasado para llegar a decir que la historia lo arrincona todo menos a los grandes partidos. Y que los que aparecen en escena por primera vez son puros figurantes a los que hay que eliminar una vez acabada la escena principal y a los que no hay nada que agradecerles y les basta con un bocadillo de mortadela.

Los nuevos partidos –se argumenta- no tienen experiencia de gobierno, como si los que han estado vigentes hasta ahora hubieran nacido en cuna de ordeno y mando y fueran los herederos lógicos de una sangre parecida a la azul de los monarcas. Por esa falta de experiencia y por un pasado radical, subversivo, antisistema, nunca pueden erigirse en mandatarios del país. Esperanza Aguirre, esa grotesca sexagenaria capaz de enfrentarse a su propio partido, llega a afirmar que si elegimos a algunos de esos principiantes no volveremos a tener una votaciones limpias porque su esfuerzo va dirigido a la destrucción de las libertades y de la democracia. Ellos –partido popular, por ejemplo- descendiente de un firmante de penas de muerte, son los demócratas de toda la vida.

Y de esta forma se traslada el miedo propio a la sociedad si ésta elige en libertad a alguien que no sean esos demócratas de siempre. Yo o la nada. Lo que represento o el abismo. Fuera de mí no hay salvación, como dicen las religiones. El estado soy yo, con la soberbia que encierra esta mitomanía repugnante. Sólo unos pocos –los de siempre- tienen derecho a hacer política. Con lo cual la democracia pasa a ser una aristocracia, porque en los genes de unos elegidos va la hechura de la historia.


Hay una salvación excluyente. A los que no la acepten, se los lleva el hombre del saco.

sábado, 9 de mayo de 2015

MARCHA


Quiero marcharme de mis propias cercanías,
de los límites que me circunvalan,
me sitian, me constriñen
y me impiden besarte porque eres lejanía.
Quiero saltar los muros de mi carne,
desafiar los cristales de mis tapias
y fugarme de mí para ser tú.
No me echaré de menos,
no extrañaré mi ausencia.
He vivido exiliado tantas veces
que olvidé regresar para encontrarme.
Trago a trago me beberé el camino
hasta alcanzar  la plaza de tu vientre
y dormiré el cansancio de la vida
sobre el agua que emana de tu cuerpo.
Llegar. Olvidarme.
Ponme una luna entre los ojos
para encontrar tus labios en la noche
y andar tu piel a tientas

desnudo en tu absoluta desnudez.

viernes, 8 de mayo de 2015

SOLO ENCUENTRO



Sólo encuentro memoria.
No la palabra que diga
lo que quiero decirte.
Recuerdo, encuentro en el tú,
como centro,
vertebral columna
que sostiene el mundo que anida
en la clavícula de tus ojos.
Me regaló la vida
sílabas suficientes
para el dolor, el amor,
para nombrar el eje de la luna,
para perfumar cerezos
y membrillos ásperos de arena.
Tú desbordas los límites
de la palabra ensayada.
No te nombro cuando digo tu nombre.
No encierro en el abrazo
tu piel infinita.
No alcanzo tu hondura
cuando desciende mi cuerpo
más allá de tu carne.
Nunca eres un todo.
Bebo sólo el racimo de luz
que rompe el espejo
y quema las pestañas
donde guardo los besos.
El tú  sólo es parte de ti,
fracción de la plenitud inabarcable de tu ser.
Sobrepasas el cerco de mis labios.
Acepto la memoria y me someto
para decirte

lo que quiero decirte.
ME ESTA PISANDO, SEÑORA


Pongamos que hablo de una aglomeración. El metro, por ejemplo. El autobús. O esa muchedumbre millonaria que forma la cola de parados. Pongamos que alguien me pisa descuidadamente. En un país educado como el nuestro, me pide disculpas y lamenta que mi pie haya tenido que soportar el peso de todo un cuerpo o la crucifixión de unos tacones elegantes que cimbrean la cintura en los andares de la vida. Uno expresa una mueca-sonrisa y todo queda en un pecado venial de convivencia. Sólo le negamos el perdón y hasta nos sentimos empujados a la bronca cuando alguien tiene el propósito explícito de aplastar nuestro pie y para ello persevera en el pisotón y además carga sobre la pierna delincuente todo la fuerza del pie que humilla y hasta hiere.

En la revolución del 25 de abril portugués, las armas de matar se hicieron cosecha de claveles. Desde ese día soñamos con la muerte del dictador como una transición hermosa donde las flores lucieran en las solapas de los nuevos demócratas como gritos de libertad y concordia. Cada uno era compañero de los demás y aportaba el esfuerzo hermoso que haría del país un aroma que perfumara la historia.

Estamos en campaña electoral. Los viejos políticos prometen y prometen y prometen. Es un mercado de promesas. Algunos, para mirar al futuro, tienen que pedir perdón por el pasado. Haremos bien –vienen a decir- todo lo que antes hicimos mal. Y los electores incluso creemos en el arrepentimiento y les confiamos el mañana absolviendo el ayer. Los condenamos mientras  tomamos café, gritamos en las manifestaciones, juramos nunca más otorgarles nuestra confianza, pero cuando llega el momento nos volvemos comprensivos y renovamos nuestra adhesión. El perdón –al fin y al cabo- es una cualidad de los espíritus grandes y elegantes. Y si la vida no es un acto de elegancia tal vez no valga la pena.

Hoy España hiede. Las aguas fecales inundan la tierra que va desde la tierna Galicia a la fabril Cataluña, baja hasta la cintura madrileña y viaja hasta la elegante alegría andaluza. Se nos pudren entre las manos los trigales y las amapolas. Las cloacas se han adueñado de gran parte de los partidos políticos. Seguimos padeciendo el paro, una sanidad disminuida, una enseñanza tronchada, una dependencia abandonada, miles de familia no tienen materialmente un mendrugo que llevarse a la boca, miles de niños con estómagos engañados como cuando las cartillas de racionamiento, las pelotas de trapo o el pantalón heredado del señorito. Y los que nos han llevado hasta la miseria nos prometen bienestar al día siguiente de su elección y nos exigen que agradezcamos el hambre porque a través de ella hemos llegado a la consumación de un estado de bienestar que nunca hubiéramos soñado. Desfalcos, apropiaciones millonarias, robos, estafas,  comisiones millonarias, dinero empleado en comprar pisos hurtándoselo a necesidades de Nicaragua, abusos de mayores cuasi analfabetos porque empezaron a trabajar a los siete años, dinero mal gastado en aeropuertos y edificaciones para honor y gloria del mandatario de turno, etc, etc. Son algunos de los pisotones de los que ahora piden disculpa, aunque uno no crea en el propósito de enmienda.

Alguien ha llamado a Esperanza Aguirre la madre de todas las corrupciones. Esperanza Aguirre es el compendio de todas las maldades más graves que nos han sucedido. Ha ido haciendo camino político apoyada en la gürtel y en la púnica. La gürtel la destapó ella (que nadie se extrañe) y la púnica es ajena a ella porque ninguno de los implicados era gente de su confianza ( A Granados ella lo  encontró en “un chino” y se lo compró a sabiendas de que carecía de garantías) y mucho menos eran amigos. Los madrileños le rezan cada noche: “bendita sea tu pureza y eternamente lo sea”  Su sangre azul marino (huele a camisa nueva que tú bordaste en rojo ayer) es como un cerco que no permite que se acerque a ella la chusma de ladrones que pululan alrededor de la sexagenaria más cínica que ha conocido la democracia. Ella permanece virgen en medio de una jauría de violadores.  ¿Alguien capaz de traicionar al presidente de su partido, al presidente del país, a su partido político en pleno, nos va a hacer creer que su fidelidad sincera al electorado es un elemento incólume de su mandato?  ¿No produce vómito el abrazo de la condesa a una negra cuando ha puesto en evidencia su desprecio por los inmigrantes en más de una ocasión? ¿Puede ser garantía de libertad alguien que está dispuesto a amputar la libertad de expresión de los medios, que se atreve a decir que mentimos todos los que escuchamos que dijo sobre sobresueldos, que está decidida a cortar el derecho constitucional a la manifestación, a la huelga, al quehacer sindical?

Uno siempre ha preferido la revolución de los claveles al Valle de los Caídos. Uno pretende avanzar en el quehacer histórico, pero sin que nadie nos machaque un pie bajo el disfraz de una muchedumbre.

Me está pisando, señora. Pretende usted aplastar mi dignidad. Y lo peor es que lo hace a cara descubierta, es decir, con la mala sangre azul que le circula por su sexagenaria hipocresía.