jueves, 7 de mayo de 2015

REGALAME UNA NOCHE



Regálame una noche
para besarnos sin prisas,
para tocarnos sin prisas
para sentirnos sin prisas,
para amarnos sin prisas.
Me crecen cipreses
que buscan el centro de tus ingles
Y me crecen caricias
para tu desnudez de fruta y primavera.
Regálame una noche
para ahondar en tu luna
poblada de pájaros azules,
para dormir a la sombra
del árbol de tu cuerpo.
Regálame esta noche
para escribir un poema,
y  recitar tu piel
dibujando en tu espalda
un mar de girasoles.
Regálame esta noche
para olvidar en tu vientre
la dulce soledad
que amaste aquella tarde
que te dediqué una estrella.
Abraza mi tristeza
con la fuerza que emana
de tus pechos erectos,
con el ímpetu que empujas
mi ser a tus adentros.
Regálame esta noche
para beberme tu carne,
el cáliz de tu sangre
crecida entre trigales
y amapolas de  piel.
Regálame esta noche,
esta última noche
antes de que la muerte se enamore
de los amaneceres
que guardo entre pestañas.


martes, 5 de mayo de 2015

CREER EN TI



Creer en ti.
Necesito una fe absoluta.
Que seas certeza.
Me urge que existas,
aunque nunca te toque,
aunque nunca ponga mi mano en tu herida,
aunque no me hunda en la llaga más hermosa
de tu cuerpo
resucitado de luz,
desclavado tu ser
de la cruz de la distancia.
Desnuda te quiero,
piedra de altar,
piel que no alcanzo,
entregado corazón,
vientre limpio cubierto,
sexo que late, tapado
como un cristo avergonzado de sus ingles,
virgen sin explicación posible,
pero amante.
Aunque nunca te toque,
aunque nunca sepultes
bajo tu cuerpo mi cuerpo,
aunque nunca sienta el latir de tu instinto,
el temblor de tu amapola sin trigo,
los clavos de tus pechos hiriéndome de muerte.
Necesito creerte,
confiar a tus manos
el lienzo de mis dudas,
la incertidumbre que soy,
noche sin luna,
sueño sin que nadie me cante,
muerte sin cruz,
cruz sin muerte.
Necesito saberme
en ti resucitado,
de pie nuevamente
porque tú me esperas
a la orilla de la luz
con los brazos en cruz,
de par en par abierta
para cobijar mi soledad irredenta,
mi pecado de ser,

simplemente de ser.

lunes, 4 de mayo de 2015

SOMBRA


Fue la voz de tu sombra
tocando la sombra de mi voz
como  tu piel mi piel.
Silencio tú,
que sigues mi cuerpo
y duplicas
el perfil de mi existencia.
Me llamas y me voy haciendo poco a poco
como la primavera se hace en los cerezos.
Sin prisas.
Como el eco
que llega a hasta el monte
y lo engendra la luz para nombrarte.
No sé si te sigo o tú me sigues.
No importa.
Gozo la unidad que somos,
acepto en mí tu cuerpo
ejerciendo de imán,
que dentro de ti me hace
ritmo, canción, poema,
lo que nunca he sido
porque sólo tú me admites
dentro de tu sangre,
ahondando tu sexo,
haciéndome sombra interior de tu carne,
en tus raíces
regadas de sudor de cuerpo.
Sombra que me acoges,
que me amparas,
me refugias
en el arco sagrado de tus ingles,
en la humedad amniótica de tu piel.
Sombra yo de ti.
Sombra tú de mí.

Sólo sombras.

domingo, 3 de mayo de 2015

COSTUMBRE



No quiero acostumbrarme
a una memoria equivocada.
Prefiero el camino entreabierto
como una cuneta,
esos labios de tierra
que albergan lunas
para que no se extravíen.
No quiero hacerte costumbre,
rutina de piel andada
una noche, otra noche
de estrellas oxidadas.
Como grieta recién hecha te quiero
donde dejar mi luz vertical
y la fruta madura
exiliada de aquel paraíso
de dioses frustrados.
Acudo desnudo a la subasta
que reclaman sin árboles tus calles.
Te espero donde nadie te espera,
en el destino sorpresa de ese amanecer
que te revela un nombre que nunca pronunciaste.
Me llamo como tú me llamas.
Soy como tú me defines.
Quiero que me rehagas cada día
como un pan caliente

de trigo y amapolas.

sábado, 2 de mayo de 2015

SI LLUEVE



A lo mejor me llueve primavera,
y tú me llueves
y me mojas la piel
y el musgo crece
como otra piel
para tus labios húmedos.
Me desnudo entonces
para que llegue el agua
hasta mi sangre
y tus besos se adentren
bajo la piel
en mi carne.
Llúeveme,
hazme primavera,,
escarcha al amanecer,
hierba caliente de sol
con la forma de tu cuerpo
saltando sobre mi cuerpo.

A lo mejor me anocheces primavera.

viernes, 1 de mayo de 2015

ECLIPSE



Me voy acostumbrando a ser recuerdo,
sombra, sólo sombra
de aquella luna
que te creció en los ojos.
Se ha interpuesto una muerte
entre tu cuerpo y mi cuerpo
y muerde la luz
una terca opacidad.
Me estoy haciendo oscuro
cuando intuyo tu piel iluminada
y me oculta tu vientre sombreado
la magnolia azulada de tu sexo.
Tengo que acostumbrarme
a clasificar las huellas
por orden de recuerdo,
a ordenar los besos por las fechas que figuran
en la memoria de los ríos.
Tu nuca, tu espalda, tu cintura
y las piernas que escalaron
mis montes, mis relieves, mis centros.
No servirán los cristales ahumados de los huesos
para que no deslumbren
la lejanía acumulada.
La muerte tiene exigencias
y cuchillos que sajan,
que dividen,
que separan la carne de la carne.
Sombra acaso, sólo sombra
y un eclipse taponando los ojos
antes de que la vida encienda
el cigarrillo último
y dispare
y heredes mi tiempo reventado

por si quieres guardarlo entre tus pechos.
EL LECHERO


¿Fue Churchill?  Dicen que la dijo. Pero la paternidad de la frase famosa puede pertenecerte porque tú eres un demócrata y esas palabras pueden revelar tu ADN, o el de Pepa (directora-gerente de algo) el de Juan (reponedor de grandes almacenes)  o mía (humilde juntador de palabras)

Si a las siete de la mañana alguien llama a tu puerta, ciertamente es el lechero o el repartidor de periódicos. Cuando se vive en una auténtica democracia, el lechero o el repartidor de periódicos a las siete de la mañana, son signos (no sólo símbolos) que la hacen visible. Sólo puede llamar a tu puerta una paz reconfortante como un vaso de leche caliente o una noticia engendrada en la libertad de expresión  más absoluta.

A las siete de la mañana, en una democracia limpia y transparente, no puede llamar un censor dispuesto a podar tu libertad, a cortar las alas de tu palabra, a poner en duda tu derecho a volar. El vecino del quinto no será nunca un delator de la brigada político social. Aquellos brigadistas llevaron un féretro un veinte de noviembre hasta Cuelgamuros y era tal la simbiosis en que vivían con el cadáver del dictador que se suicidaron con la madera noble de su ataúd y se tiraron fosa abajo hasta perderse en la corrupción evidente de los flujos que emanan de la muerte.

La libertad no es un ente estático. Requiere el esfuerzo creador de cada día. Y exige permanecer alerta porque todo poder, incluso el legítimamente constituido, tiende a cercenarla, a apropiarse la potestad de decidir la bondad o maldad de las opciones ciudadanas. La apropiación de las conciencias es una característica de las religiones y de quienes habiendo sido elegidos en las urnas caen en la tentación de sentirse jueces inapelables. Todo poder, incluso el democrático, tiene tentaciones de dictadura.

Fernández Díaz, actual ministro del interior, y el gobierno al que pertenece, pretende amordazar a la ciudadanía impidiendo por todos los medios las manifestaciones de descontento a las que ha acudido el pueblo para rebelarse contra la producción de miseria que emana de las reformas emprendidas y amparadas bajo el manto de la crisis. Ha convertido a la policía en juez definitivo de nuestra conducta desplazando un poder sagrado en una democracia: el poder judicial. Los ciudadanos no estamos así protegidos por ese poder constitucional de la judicatura, sino por el criterio desorientado de un policía al que se le concede la facultad de juzgar la gravedad o venialidad de una actuación. Franco también lo concebía así porque el Tribunal de Orden Público era la policía (los tristemente famosos grises) con puñetas. El presidente Rajoy manifiesta su predilección por los ciudadanos que optan por el silencio de sus casas y desprecia a los que en la calle alzan la voz exigiendo justicia, pan, medicación, asistencia sanitaria, atención a la dependencia. Y en consecuencia encarga a su ministro de interior que haga de la policía, no un elemento de seguridad, sino un cuerpo de represión.

Y Esperanza Aguirre (esa señora a la que denominan activo importante del PP y madre de todas las “púnicas”) y Cristina Cifuentes, aspirante a la presidencia de la comunidad de Madrid y exdelegada del gobierno que tiene en su haber glorioso la represión en no lejanos acontecimientos monárquicos, respaldan con toda sus fuerzas las imposiciones inconcebibles en democracia del ministro del interior.

Poco a poco, aunque sin disimulo alguno, el gobierno va avanzando en su configuración dictatorial. El exministro Gallardón empezó una labor de aproximación inquietante entre la democracia actual y su suegro Utrera Molina.
Su sucesor, el ministro Catalá, manifiesta que no han tenido el “arrojo” de sancionar a los medio de comunicación que publiquen ciertas noticias con contenido judicial y provenientes de una filtración. El ministro parece que no es partidario de condenar la filtración y la corrupción y le resulta más fácil multar al periodista o al medio que la denuncia y  publica. Esto se llama, sencilla y llanamente, atacar de muerte la libertad de expresión.

Esta regresión a la dictadura creo que está escondida en “algunos miembros”  del partido en el poder. No digo que el PP sea un colectivo dictador, pero es más que evidente que ciertos cargos llevan esa dictadura en las venas. Y es altamente preocupante que el presidente del gobierno no corte esos brotes destituyendo de forma fulminante a los que tienen la osadía de mostrarla y de exigir que los ciudadanos nos veamos sometidos a una reglas que nos costó sangre y vidas desterrar. Y se llame Esperanza Aguirre, Fernández Díaz o Catalá, o cualquier otro “ilustre” nombre del gobierno o del partido deberían ser inmediatamente expulsados del papel de directores de la política.  De lo contrario surge la sospecha de que ese síndrome dictatorial está presente o al menos es una añoranza de aquel franquismo que creíamos definitivamente enterrado.


Si alguien llama a tu puerta a las siete de la mañana, cuidado. A lo mejor no es el lechero.