sábado, 3 de mayo de 2014

COSTUMBRE


No quiero acostumbrarme
a una memoria equivocada.
Prefiero el camino entreabierto
como una cuneta,
esos labios de tierra
que albergan lunas
para que no se extravíen.
No quiero hacerte costumbre,
rutina de piel andada
una noche, otra noche
de estrellas oxidadas.
Como grieta recién hecha te quiero
donde dejar mi luz vertical
y la fruta madura
exiliada de aquel paraíso
de dioses frustrados.
Acudo desnudo a la subasta
que reclaman sin árboles tus calles.
Te espero donde nadie te espera,
en el destino sorpresa de ese amanecer
que te revela un nombre que nunca pronunciaste.
Me llamo como tú me llamas.
Soy como tú me defines.
Quiero que me rehagas cada día
como un pan caliente

de trigo y amapolas.
POEMA INUTIL





Un poema sencillo
como un pájaro
con un canto en las alas.
Un poema redondo
como el perfil de un beso
en tus labios.
Un poema pequeño
como un mundo infinito

en la infinitud de tus manos
SI LLUEVE





A lo mejor me llueve primavera,
y tú me llueves
y me mojas la piel
y el musgo crece
como otra piel
para tus labios húmedos.
Me desnudo entonces
para que llegue el agua
hasta mi sangre
y tus besos se adentren
bajo la piel
en mi carne.
Llúeveme,
hazme primavera,,
escarcha al amanecer,
hierba caliente de sol
con la forma de tu cuerpo
saltando sobre mi cuerpo.
A lo mejor me anocheces primavera.


viernes, 2 de mayo de 2014

CUERPOS





Mi cuerpo es un resumen de tu cuerpo.
Mis manos, conciencia de tu piel.
Llevo tu perfil alojado
en las grutas del alma.
Por las fisuras íntimas te hiciste
sombra de mi sangre
y dejaste tus sueños
dormidos en mis sueños.
Existo porque me piensas.
Soy barro en tus manos cartesianas,
artesanía de cristal los huesos
que sostienen mi carne
fundida con tu carne,
en la invasión de mi cuerpo en tu cuerpo.
Hacia ti voy
camino de mí mismo
al encuentro de los besos que dan forma
a las pulsiones de mi sexo en tu sexo.
Síntesis me siento de ti.
Los ríos me llaman por tu nombre,
y sabe el mar que soy arena tuya,
que me toca si te toca
su espuma la frontera de los besos.
Soy tú.
Vacío siento y plenitud de ti.
Nuestros cuerpos son nuestro cuerpo,
la unidad de medida más exacta
en el sistema sensual de la alegría.
Me diluyo como un líquido en tus manos,
en tus ojos, tus pechos
en ese vientre que hospeda
la nada que voy siendo
para ser todo tú.
Suéñame para que encuentre
el sendero que sembraste
con miguitas de ternura.
Llegaré hasta mí si tú me llevas
por los túneles iluminados de tu ser
hasta lo que seré siempre
si me adentro en las calles de tu boca.


jueves, 1 de mayo de 2014

IMPERDIBLE





Cintura alta el pantalón Armani. Ignoro el nombre del tejido. Tal vez piel sobre la piel de sus piernas. Pantalón frontera con sus pechos como toros, como toros brillantes contra el viento, contra el pecho que los roce, clavándose en la alegría del tacto.

Era ella. No la veía desde el instituto. Recuerdo un viernes, seguramente era viernes. Se le rompió el imperdible de su falda uniforme. Tardé en arreglárselo porque sin querer mis manos la rozaban y presentía que la vida era hermosa. Que era suficiente que se rompiera un imperdible para disfrutar del tiempo, del mundo, de la existencia. Ella me pagó el favor viniendo a estudiar el siguiente domingo por la tarde.  Aprendí a hundirme en unos ojos azules, a contemplar su pelo rubio, a imaginar que toda la vida se resumía en aquel cuerpo de apenas quince años.

Era ella. Pantalón Armani. Tacones que le hacían cimbrear sus nalgas como una virgen sevillana. Admiré el gesto de expulsar el humo de su cigarrillo. La forma de unos labios envueltos en esa niebla, revelan cómo son los besos bajo el brillo de una luna. Su mano en la copa era como su mano en la espalda de un hombre.

Recordamos aquel viernes de hacía tiempo, aquel domingo de hacía tiempo. Y estoy seguro que los dos llevábamos el alma abrochada con un imperdible reconstruido.

Fue todo muy hermoso cuando desabroché aquel pantalón de cintura alta, cuando de nuevo me hundí en aquellos ojos azules, cuando perdí mis manos en su pelo rubio. De nuevo experimenté que toda la vida se resumía en aquel cuerpo de mujer de labios entreabiertos.


La luna lo supo todo. Una noche de mayo se lo contó al mar y el mar amó las olas de cintura alta, de imperdible de espuma, de ojos con  primavera dentro.
SOMBRA


Fue la voz de tu sombra
tocando la sombra de mi voz
como  tu piel mi piel.
Silencio tú,
que sigues mi cuerpo
y duplicas
el perfil de mi existencia.
Me llamas y me voy haciendo poco a poco
como la primavera se hace en los cerezos.
Sin prisas.
Como el eco
que llega a hasta el monte
y lo engendra la luz para nombrarte.
No sé si te sigo o tú me sigues.
No importa.
Gozo la unidad que somos,
acepto en mí tu cuerpo
ejerciendo de imán,
que dentro de ti me hace
ritmo, canción, poema,
lo que nunca he sido
porque sólo tú me admites
dentro de tu sangre,
ahondando tu sexo,
haciéndome sombra interior de tu carne,
en tus raíces
regadas de sudor de cuerpo.
Sombra que me acoges,
que me amparas,
me refugias
en el arco sagrado de tus ingles,
en la humedad amniótica de tu piel.
Sombra yo de ti.
Sombra tú de mí.

Sólo sombras.

martes, 29 de abril de 2014

SOY CATOLICO


El ministro Margallo se lo espetó al Papa Francisco en la audiencia que el pontífice ofreció a los Reyes con motivo de las últimas canonizaciones: “Santidad, soy católico” Pareció que esa proclamación pública del ministro no impresionó al Papa. “Y lo peor –añadió el chistoso ministro- es que he sido alumno de los jesuitas”  Y tampoco el Papa se inmutó.

Evidentemente yo no me llamo Francisco ni mucho menos soy el jefe de los católicos. Pero no pude por  menos que sentirme estupefacto (que diría ese sublime talento que se apellida Marhuenda y que también se llama Francisco). A mí me entró un escalofrío al pensar que el ministro de asuntos exteriores era católico y que su educación estaba anclada en las enseñanzas jesuíticas.

Cuando yo era niño, todos éramos católicos. Para eso habíamos ganado una guerra contra el comunismo, teníamos un caudillo que había vencido a las hordas judeomasónicas, había fusilado a miles de hombres y mujeres que no confiaban en el Sagrado Corazón, no estaban de acuerdo con que la Macarena luciera banda de Queipo, ni que fuera capitana general con mando en plaza. Y Franco, caudillo de España por la gracia de Dios, contaba con la bendición del episcopado en delegación sagrada de Pío XII y era proclamado diácono de la santa madre iglesia y lo llevaban bajo palio porque también Dios era de derechas.

Cuando yo era niño, todos éramos católicos. Pero no todos éramos ricos y sólo los ricos estudiaban en los jesuitas. De manera que ser católico no tenía mérito porque era imprescindible serlo como era imprescindible ser flecha y falangista y cara al sol y montañas nevadas y  novios de la muerte. No encerraba ningún mérito. Estudiar en los jesuitas era otra cosa. Los niños ricos comían carne, chocolate con leche y pescado tres veces por semana. Camisas a medida, trajes a medida, zapatos a medida. Todo era exacto, como si la vida se sostuviera sobre unas planillas cuadriculadas donde la caligrafía era esencial para ser buen alumno, educado en urbanidad, con cuchillos en su sitio, vasos y copas en su sitio, sentado en la silla correctamente y en su sitio. Ahora, en un estado aconfesional, Mariano Rajoy apela a que el pueblo esté como dios manda, que la economía vaya como dios manda, y que la fiscalización sea la que dios manda. Todo estaba en su sitio porque así lo mandaba el dueño de España por la gracia de Dios. Papá era militar, médico, juez, farmacéutico y el hijo estudiaba en los jesuitas. Todo un distintivo social de prestigio que se llevaba en la solapa para que los demás niños tomaran conciencia de aquella superioridad frente a la miseria de las alpargatas, la pelota de trapo y el pan con aceite.

Margallo era católico, como exigía el ideario del movimiento nacional. Y estudiaba en los jesuitas, como ordenaba la billetera de los progenitores.

Y ante el Papa, Margallo presumió de algo que no tenía mérito –ser católico- y de estudiar con los descendientes de la Compañía de Jesús, cuyo único mérito era tener dinero. Por eso el Papa no se inmutó. A mí, sin embargo, me dio un escalofrío. Margallo pertenece a un gobierno que invoca a la Virgen del Rocío para salir de la crisis, que condecora a la virgen con la medalla del mérito policial, que procesiona con mantilla en el Corpus toledano, que acude a la canonización de dos Papas con todo el boato de país confesional, católico-apostólico-romano.

Pues a ese gobierno pertenece el ministro Margallo. Seis millones de parados. Dependientes abandonados. Enfermos sin medicación. Viejos en las cunetas. Derechos laborales pisoteados. Enseñanza restringida para billeteras, como entonces. Inmigrantes masacrados entre cuchillas que desgarran y fusiles que destrozan. Emigrantes formados sirviendo copas a Angela Merkel. Sanidad regalada al capital privado y conversión de enfermos en mercancía, mujeres reducidas a caprichos de entrepierna, niños que se desmayan porque el hambre corroe los estómagos, gente, como mineros de la angustia, rebuscando en contenedores, despidos a capricho, salario de esclavitud, el miedo como herramienta de chantaje, corrupción de prosas incumplidas, prevaricación de afirmaciones hechas. ¿Seguimos?

La sociedad actual exige ser consecuente entre lo que se profesa y lo que se hace. ¿Es posible una Iglesia que condena la teología de la liberación que aboga por la defensa de los derechos humanos, por la predilección práctica por la justicia, por los pobres, por los abandonados de la tierra?  Hay un gran número de cristianos disconformes con la praxis de la jerarquía católica y el mensaje del que se hace portadora. ¿Cabe pensar en la posibilidad del catolicismo de un ministro que pertenece a un gobierno comprometido con sólo el becerro de oro pero sin escrúpulos para pisotear a un pueblo?

Soy católico, soltó como carta de garantía, de orgullo, de rosa en la solapa, el ministro Margallo. Estudié en los jesuitas, como los niños ricos de entonces, que hacían entrar a los pobres por una puerta trasera para que quedara claro quien era quien. Soy católico y no obstante, participo en un gobierno que pisotea todos los derechos humanos.

El Papa volvió la cabeza y pensó que se le estaba haciendo tarde para su café con leche.