jueves, 24 de abril de 2014

NOTICIA


Eres la noticia última,
el eco posterior que pronuncian
al separarse los cuerpos.
Palabra última tú
cuando suda mi piel de ser tu piel
y nos bajamos de la luna
para respirar la humedad de tu lengua.
Eres el último sonido
de los huesos amándose.
El último crujido
de los labios cuando tocan las almas.
Eres la sangre última
que baña mis ingles,
que hace frutal el árbol
que sostengo
para regalarte sombra cuando gritas.
El mundo se queda sin espaldas,
termina cuando tú te terminas.
La nada limita con la nada de tu vientre,
cuando tus pies no precisan
la tierra para hundirse.
Como lo último te acepto,
te necesito,
te abrazo,
como esa noticia última de ti,
de mi,
del todo.


NO SE COMO DECIRTE




No tengo explicación.
No razonan los almendros.
Los ríos no tienen conciencia de sí mismos.
No se atreve el mar a preguntarse por su nombre.
Desconocen los besos el por qué.
No revelan tus poros cada tallo de luz.
No tengo explicación.
La palabra no es un campo abierto,
una plaza para que el sol descanse,
para que la luna se interrogue
por qué se enamora cada noche
de tu piel inexplicable.
Vivo mi finitud
frente a tu infinitud inabarcable.
Mi voz es un mundo diminuto
que estalla cuando encuentra tu plenitud.
No sé si mi abrazo es un encuentro
o el vacío infinito de tu ausencia.
Aspiro tu cuerpo para oxigenar mi sangre,
pero  ignoro si respiro tu aliento en cada beso.
Desciendo por el eje central de tu cuerpo
en busca de los túneles sagrados
donde te configuras como totalidad.
Pero no me preguntes.
No tengo explicación para esta duda absoluta
frente a ninguna certeza,
frente a ti tan solo
como pregunta última.


miércoles, 23 de abril de 2014

ESA MUERTE


No sé a qué distancia estoy de mi muerte,
de esa desmemoriada memoria,
de ese olvido de ti,
de mí,
de todo.
Será sombra la luz.
Será más sombra la sombra,
Y será ausencia
la  presencia más cercana.
Pero no sentiré la  tragedia
porque un olvido infinito
es un recuerdo de nada.
Será un agua limpia la añoranza
cuando toque tus huellas
escondidas debajo de mi piel,
entre las uñas, como en aquellas noches.
Nadie sabrá si registra mi equipaje
si renuncié a los jardines de tus ojos,
si escondí tus besos
en el cielo de mi boca,
si guardé entre mis huesos
la ternura de tu carne.
No sé a qué distancia estoy de mi muerte.
Mi nombre se borrará del viento.
Me expedirán un carné de ADN,
registrarán mis dientes,
publicarán los forenses
que mi pelvis alojó tus caderas,
que entre fémur y fémur
el amor se hizo carne enamorada.
Con el tiempo seré una foto sepia
y alguien preguntará si fui tu amante
y tú te acordarás de aquel desorden
de sábanas mojadas de locura.
 Pero a lo mejor me niegas
mientras sientes mis manos en tus pechos
y recuerdas mis dedos en tu pelo
y siembro tu vientre de besos.
No sé a qué distancia estoy de mi muerte.
Pero siento el atractivo de unas rosas
dejadas en tu nombre
sobre un olvido blanco.


martes, 22 de abril de 2014

LA ENCONTRE




La encontré al doblar la esquina del río. Hermosa como la sombra de un perfume. Ella sola era  un paisaje. Falda negra. Blusa blanca. Y un sujetador al fondo. ¿Rojo?  ¿Violeta? ¿Negro? No importaba. Era del color de los girasoles. Y a juego, aquella ropa interior cubriendo la arquitectura más hermosa, su luna sombreada, su grito de hembra.

Anduvimos de la mano. Enlazadas. Y el ritmo llevaba al roce de las ingles. Los dos lo sabíamos. Los dos lo ignorábamos. Y nos besábamos los ojos con una mirada azul, penetrándonos de luz como otras noches nos penetrábamos de piel.

-No sé si te quiero, me dijo.

-No sé si te quiero, le dije.

No saber era una forma de conocer, de adentrarnos en el misterio de cada uno. No saber era afirmar y negar. No importaba. No saber era permanecer y alejarse, estar y no estar. No saber era averiguar, buscar respuestas sin pretender encontrarlas, entregarse y renunciar. Habíamos hablado sobre esto una noche en que esperábamos que se ocultara la luna para no repartir con ella el tacto supremo de las bocas, de las ingles, de los cuerpos paralelos.

Se nos acabó la orilla del río. Me lo dijo cuando nos despedíamos:

-Eres el hombre que más me ha querido

-Eres la mujer que más me ha olvidado.


Y se echaron a volar los besos como mariposas tristes.
PORQUE TE LLAMAS




Porque te llamas silencio
oigo el eco de tus besos
si te nombro.
Eco de labios
como de montes
que se encuentran
en el centro geométrico
de la locura.
Silencio
cuando me pronuncias,
cuando me dices alma
y cuerpo dices.
Cuando entero
dependo
del abrazo de tus brazos.
Silencio tú
cuando el mundo se apaga
y ando a oscuras tu piel
intuyendo los huecos
para vivirte
sin perderme.
Silencio, relieve
de sonrisa
y gemido,
topografía de la ruta
marcada cada noche
por una luna cómplice.
Silencio que me nombra
como nadie me ha nombrado.
Te llamo silencio
porque si te digo distinta
puede que lo comente el viento
 con los pájaros azules
que anidan
en tu vientre de trigo,
de amapolas,

de pan recién hecho.

domingo, 20 de abril de 2014

CLAVICULAS





Anida la lluvia en el hueco
de tus clavículas.
Nace la primavera
a la altura de tu cuello.
Escalo hasta tu nuca,
hasta el árbol de tu pelo.
Eres la lluvia que me llueve
que moja los besos de mis besos,
magnolia en mi garganta
cuando cruzo
a la otra orilla de tu sexo.
Allí estás, esperando,
bajo el agua rota
y humedeces mi piel
hasta empaparme el alma
y tiritar de ternura entre tus piernas.
Te cabe el mundo en el hueco
de tu clavícula desnuda,
la tierra entera,
la luna vinculada
a la sorpresa de cada instante
cuando alcanzo el asombro de tu carne,
el vértigo de tus pechos.
Quiero esconderme
como la lluvia
en el hondón que hace esquina con el hombro
y sostiene tus ojos.
Quiero asomarme a ti,
averiguarte el alma
y tocar la piel del miedo
de haberte perdido,

y el gozo de encontrarte de nuevo.
ESA HIERBA


Me crece la hierba entre los ojos.
Es como regresar al paraíso terrenal de ayer
con ríos papel de plata
y nieve polvos de talco.
Pero  no me  acostumbro
al niño de entonces
jugando a ser hombre,
fumando a escondidas,
besando al descuido,
acariciando pechos
de paloma encendida.
Mi hierba  está pisada,
hundida,
manchada del barro acumulado.
Llevo muchas despedidas
de trenes que se fueron,
que se hicieron olvido,
nostalgia.
No sabría ser niño.
Mis manos tienen huellas
de muslos vencidos,
de bocas herméticas,
de onanismos oscuros.
Soy sólo una soledad sin nombre
de pisadas antiguas,
de tiempo oxidado
sin una hierba buena
para dormir mi cansancio.
Deja que apoye mi vida
en ti,
cobijado en los pliegues de tu vientre
recién descubierto
como una tierra prometida.
Quiero que me sostengas
en el arco iris de tu cintura,
en los tallos azules de tus ojos,
en la catarata rubia de tu pelo
siempre naciendo

en el cielo de tu boca.