domingo, 3 de noviembre de 2013

TIERRA

Me alegra que seas tierra.
Para andarte, tierra.
Para ararte, tierra.
Para sembrarme, tierra.
Para ser semilla, tierra.
Para quedarme en ti, tierra.
Tierra pisada,
tatuada de huellas.
Para dormirme, tierra.
para encontrar  lunas entre las magnolias, tierra.
para subir a tus montes,
para ser río en tu piel,
para guardar el latido de mi sexo,
para mojar tus labios  marítimos,
para tocar la boca de las olas,
para ser espuma en tu vientre, tierra.
para abrir la grieta de tus ingles, tierra.
para morirme el día que me abandone el viento, tierra,
y me convierta en postura.
Cuando olvide el olvido,
y me hunda entre tus pechos,
soportando las flores de tanta despedida,
aceptaré que me pise la lluvia
y la nieve
y los niños jugando a ser niños
y se desnuden los novios
y entrelacen sus piernas,
creyendo que estoy muerto,
que soy como tú, tierra.
Siembra tus besos en mis clavículas,
ponme un ramo de labios
y ayúdame ser tierra
como tú,

siempre tierra.
HAY PAJAROS COLGADOS





Hay pájaros colgados en el aire,
recuerdos de ti.
Puentes que acercan y alejan
tu nombre.
A la sombra del silencio,
tu palabra sin voz,
tu voz sin eco.
Hablándome de tí, la ausencia.
Hueco en el hueco
nombrándote.
Dentro de mi adentro, tú,
huella de cuerpo y viento
vacío del vacío,
memoria de vientre,
de monte quieto.
Silencio de palabras
hablándome de ti,
labrando lejanías.
Tú, siempre y sólo tú,
andándome la sangre,
anudando el dolor
a la cruz infinita de tu ausencia.
Llevo de la mano el corazón
para que no se pierda,
para que aplauda
los pájaros colgados en el aire,
por si te encuentra
tejiendo la mañana,
haciendo como entonces
besos de trigo bueno.
Qué palmera tu cuerpo,
como el mar boca arriba
sosteniendo el encuentro
más hondo de las manos,
de los labios,
de los besos.
Quiero apoyar en tu ausencia
esta ausencia que tengo.
Abrazarte
la cintura del alma
y olvidarme la muerte
como si hubiera muerto.


sábado, 2 de noviembre de 2013

TAL VEZ






Apoyado en el silencio
espero la llegada de tu nombre,
para abrazarlo sin poseerlo,
para aceptar la propiedad de tu vida,
para saber que tú eres tú sin mí.
Si espero la llegada de tu nombre
es para nombrarte y crear tu existencia
y que hagas del camino tu camino,
de tu palabra la conciencia de las rosas.
Quiero hacer de tu orilla
el descanso final, el precipicio
del tiempo concedido
para el beso y el tacto.
Será después la nostalgia
amarilla de alguna despedida,
el adiós depreciado
de pájaros que nunca
bebieron el silencio.
Nos estamos marchando poco a poco.
Si llega a tiempo tu nombre
pónmelo entre las manos cuando muera.
Quiero los ojos llenos de palabras
 de besos y de risas
que me recuerden la ternura de tus labios,

el temblor de tu cuerpo en mi memoria.
TAL VEZ



Tal vez no sepa nunca
dónde está el más allá de tu boca,
la sílaba última
cuando dices amor,
beso,
labios,
manos,
tacto.
Tal vez no sepa nunca
por qué desnudas la luz
y me tocas los ojos,
y me vistes la piel
con tu piel.
Tal vez no sepa nunca
por qué bebes mi sexo,
por qué busco tu espalda,
por qué me adentro en tu dentro
hasta olvidarme del mundo.
Tal vez no sepa nunca
si tú eres tú,
si yo soy yo,
si somos,
si fuimos,
si seremos,
si esta enredadera
de tiempos verbales
me hacen,
me deshacen,
me crean,
me destruyen,
me definen,
me infiltran en el tiempo.
Tal vez nunca sepamos
por qué,
para qué,
cuándo.
Voy a pedirle a la muerte
que me vista de olvido,
que me traiga un centro de hierba
para hablar con las flores
y preguntarle al perfume
si por fin tu palabra

tutea los mares.

viernes, 1 de noviembre de 2013

CUCHILLAS


Las hubo antes. Volverán a implantarse. Sembrarán cuchillas en la valla de Melilla. Para recoger una cosecha de sangre. Después tirarán esa cosecha de sangre a la basura porque la han destilado emigrantes, estómagos huecos, hambre en los ojos, con la esperanza perdida en horizontes imposibles. Desesperación maciza, como cemento, como desengaño vital, como granito oscuro, muy oscuro.

Melilla es una frontera entre el hambre, la miseria, el olvido y el sobrepeso, los yates y un mar supeditado al antojo de veraneantes nórdicos, rusos con cuentas corrientes, joyas, playas propiedad privada y hoteles con putas de alto standing. Huelen a chanel las ingles y a dólares los testículos erectos de viagra. No caben los pobres. Ni siquiera sabrían abrir una puerta con un plástico plagado de claves. Las conoce el blindaje y se rinde para que la cama se abra y forniquen la billetera y la piel morena de verde luna.

Las hubo antes, dicen. Las suprimió Zapatero. Cortaban las manos, las piernas, los vientres, Sajaban los ojos, el corazón, hasta el alma. Los ricos somos puros, limpios. No admitimos la promiscuidad de la miseria, la pobreza maloliente, el sudor acumulado sin gel dermatológico y cremas suavizantes. No es porque sean negros, es porque son pobres. Son cosas distintas. Los negros son aprovechables. Pueden trabajar por cinco euros la hora, doce horas al día o más, comer sobras si sobran, dormir en una acera cualquiera y madrugar mañana para volver a la fresa, a la aceituna, al andamio. Incluso hay negros que juegan al fútbol, al baloncesto y viven en mansiones y los aplaudimos los domingos por la tarde porque en realidad no somos racistas. Lo peor son los pobres. No han ido a colegios religiosos, ni siquiera concertados. No son legales porque los pobres no son legales en ningún sitio. No tienen papeles porque ni para otros menesteres menos elegantes los tienen. Y por tanto no tienen derechos. Porque los derechos nacen en folios timbrados, con firmas de señores importantes que deciden si usted  puede hacer huelga o no, ponerse enfermo o no, ir por la calle con la cabeza alta o no. Y ellos, importantes de langosta y Audi blindado, han dicho que estás mejor allí, porque los pobres con los pobres, como aquí los niños con los niños y las niñas con las niñas como manda Wert y Rouco que son elegantes, importantes y toman café con leche desnatada.

Hace unos años, cuando el 11-S, cuando nos empeñamos en democratizar Irak y cuando decidimos que Israel tenía derecho a martes a  palestinos, izamos la bandera antiterrorista y construimos guantánamos. Y los demócratas del mundo, los amantes de la libertad de toda la vida, los protectores de los derechos humanos de siempre, nos levantamos contra eso que llamábamos limbo jurídico porque tampoco era para llamarle infierno que EE.UU es EE.UU. y tampoco hay que exagerar.

Y un día, cuando ya no nos acordábamos del Guantánamo original porque llegamos a la conclusión que los que protestaban era unos antisistemas, radicales de izquierdas, simpatizantes de balas en la nuca, construimos nuestros propios safaris. Pusimos muros, pero los saltaban. Izamos fusiles y se morían, pero eran pocos. Necesitábamos más muertos porque no estábamos dispuestos a que se comieran nuestros puestos de trabajo, nuestra sanidad, nuestras oficinas de INEM, nuestros derechos de hombres legales.

Alguien visitó a los ministros del Interior y Defensa. Le abrieron paso los ujieres.. Venía elegante. Corbata de seda, mocasines italianos, impecable traje a medida y un perfume que adornaba el aire al pasar hacia los despachos. Sillones cómodos, mayordomo-te-de-las-cinco y apretones de manos con piel-crema-rejuvenecedora. El del traje-mocasines-perfume abrió un maletín de serpiente y puso las ideas sobre la mesa. Traigo cuchillas, amigos. Cuchillas como bisturíes, como luces afiladas, como vientos asesinos, como guadañas brillantes. Quedan bien una vez instaladas. Apenas se aprecian. Parecen perfiles elegantes de acero. Cortan la carne en vivo. Caminan por las mejillas, los pechos, los vientres, las piernas. Pueden castrar sin que nadie lo perciba. Se clavan y arrastran la sangre hasta que la muerte viene a buscarla y se la bebe hasta emborracharse de odio caliente. Si las ponemos en las vallas de Melilla les garantizo el resultado. Tienen seis meses para probarlas. Los resultados son asombrosos. Ni siquiera podremos enterrar tantos muertos. Y si no quedan satisfechos, les devolvemos el dinero.


Se miraron los ministros. ¿Un poco más de azúcar?  No, gracias. El azúcar es cosa de pobres. Yo tomo sacarina porque vendo muerte, gano dinero y tengo que cuidar la línea.
INTERROGANTE





No resuelvo mi propia interrogante.
No busco la exactitud del miedo,
más bien su asimetría,
esa desconfiguración
que hace del camino una incógnita.
Todo se bifurca
y el camino se ignora,
o no existe,
o se oculta,
Se vuelve interrogante
y no consigo explicarme
la existencia que soy,
o sólo tengo,
o des-poseo
como un cuerpo abandonado
entre una hierba oscura.
Pregunto, sólo pregunto.
En eso consiste ser humano


APRENDIENDO


Estoy aprendiendo a tocar el silencio,
a comprender su palabra olvidada.
Aprendiendo a cultivar la soledad
como una tierra con amapolas dentro.
Quiero aprender tu nombre, recobrarlo,
porque alguien  te convirtió en espaldas.
Hay que recorrer muchas lunas
por si estás al final de una marea,
por si te perdiste entre la espuma
y olvidaste las huellas de la arena.
Deletreo tu nombre, crecido como hierba,
como agua que brota más allá de mis manos.
Estoy aprendiendo a adentrarme en tu cuerpo,
a hundirme entre tus ingles,
y habitarte y tenerte encendida en las noches
de almohadas que guardan la memoria
y te encuentran soñando con los ríos.
Aprendiendo el silencio,
la soledad  apretada
la huella de tu piel,
tus pechos empeñados
en clavarse en mis ojos.
Estoy aprendiendo tus labios
pronunciando los besos

como quien nombra el mar.