sábado, 21 de septiembre de 2013

MEMORIA


Quiero hospedarme en tu memoria,
ser carne de recuerdo,
cuando mañana sea nunca
y el tiempo no tenga tiempo entre sus manos.
Seré entonces la soledad hermosa,
preñada del entonces,
cuando aprendimos a depender
de la turbia existencia de la tarde.
Seré la realidad que tú conserves.
Me inventarán tus besos cada noche,
y sentiré en mi espalda los caminos
de tus manos creando las orillas
de un rio imaginario con lunas en los ojos.   
Viviré regresando,
rehaciendo las huellas
de los mares que nunca
tuvieron la edad del mundo.
Quiero hospedarme en tu memoria,
ser carne de recuerdo,
conciencia de tu piel,

sospecha entre tus pechos.
TU PIEL



No era miedo a tu piel.
Era el vértigo asombrado
de sentirla en mis manos
como se siente un mar
descolgado de la luna.
No era miedo a tu piel.
Era el temblor de tu nombre
de recién llegada
a la luz de los labios
como un beso recién inaugurado.
No era miedo a tu piel.
Era el sobresalto
de tu cuerpo invadiendo
la frontera vertical,
indefensa, de mis ingles.
No era miedo a tu piel.
Era el asalto por la espalda
de la sombra que guarda
los besos que nunca gritaron
ni tu voz, ni tus pechos
ni tu sexo agridulce.
No era miedo a tu piel.
Era la interrogante
sobre las flores azules
que traían tus ojos
para medir la distancia.
No era miedo a tu piel.
Era miedo a tu voz

pronunciando mi nombre

miércoles, 18 de septiembre de 2013

TU NOMBRE


He encontrado tu nombre entre la hierba,
grabado en la luz gótica de la mañana.
Deshojaba margaritas para que me dijeran
si me odiaba la luna o me quería.
Y me encontré tu nombre entre la hierba,
un rocío salado de lenguas anudadas
en el beso de entonces, cuando éramos amantes
desnudos como el agua desnuda, boca arriba,
penetrada de luna.
He encontrado tu nombre entre la hierba.
Tu nombre o tu cuerpo, ya no estoy muy seguro.
Sabía a cercanía y a distancia,
como si me asaltaran tus labios de improviso
y  subieras a mis ojos
para abrazar la espalda de la luz.
Me huelen las manos a tus caderas de entonces,
a vientre sostenido,
a  perfil de tus pechos orientados
al amanecer de cada día.
Tu cuerpo o tu nombre, ya no estoy muy seguro.
Sólo sé que la hierba tenía la conciencia
de ser testigo y prójimo de tu piel en mi piel.



DEMOCRACIAS DICTATORIALES



La democracia fue la resurrección crecida sobre el estiércol de una dictadura muerta. Nos pusimos de pie sobre la Plaza de Oriente, sobre súbditos con saludo fascista, generales mordiéndose guerras, con lágrimas escondidas “porque los hombres machos no deben llorar”. Sacaban brillo a las pistolas, ensayaban tiros de gracia por si acaso, pensaban paredes de cementerios, a las afueras, para disimular la muerte y asistir de rodillas a la misa de doce. Y a lo mejor otra vez la cruzada bendecida por el Papa, contra los comunistas enemigos de Dios. Y ellos, con sus fajines y condecoraciones, tienen que salvarlo de las hordas judeomasónicas porque él, no cabe duda, perteneció al bando nacional.

Pero la democracia había crecido agazapada, exiliada, desterrada. Anduvo por México, Por Argentina, por Francia anduvo. Se fue haciendo mayor y ahora empujaba la matriz de la historia para mostrar su cuerpo, con ganas de exigir un lugar por las plazas de los pueblos, sustituyendo a esa Plaza de Oriente blasfema de saludos de Hitler desbocado.

Wert acaba de regresar al Palacio de El Pardo, a la oscuridad plomiza de los cuarteles, al filo salvaje de las bayonetas. Eran entonces las huelgas maquinaciones comunistas para atacar a Dios, a la patria y al general más general de todos los generales. Y se prohibían porque era la manera de defender la España una, grande y libre. Y Wert se ha quedado a vivir allí, rodeado de fajines gloriosos dispuestos a derramar la sangre de los otros para que no decaigan las montañas nevadas y porque son novios de la muerte. “La huelga de docentes es una huelga política. Y la Constitución no ampara las huelgas políticas” Wert se cuadró militarmente y el caudillo disfrutó una erección en el Valle serrano sembrado de caídos. Por fín alguien prolongaba su régimen.

Pero Wert se dice demócrata. Pertenece a un gobierno democráticamente elegido. Atrás queda el origen digital de Rajoy que lleva en su frente la huella de Aznar primero de España y quinto de Irak. Atrás queda Aznar parido por Fraga. Atrás queda Fraga engendrado por esa erección póstuma de un cadáver descompuesto en el olvido.. Y  las espaldas del ayer se hacen presente en un ministro que asegura que las huelgas son políticas y en consecuencia no amparadas por la Constitución. Lo cual demuestra que Wert no sabe lo que es una huelga, ni lo que es la política, ni lo que encierra de fuerza liberadora la Constitución.

Las huelgas en una dictadura son concebidas como actuaciones perversas. Considerarlas perversas, como hace Wert, en democracia es saltar al vacío y caer en el regazo dulce de una corrupción dictatorial. Cuando un ministro no admite las coordenadas de la democracia, del poder del pueblo, de la mayoría absoluta que siempre es propiedad del pueblo y nunca de ningún partido o gobierno, no puede ser ministro porque está a las afueras de la democracia y de la libertad que conlleva.  Cuando Wert llama “rehenes” a los estudiantes que acompañan a los padres y docentes en una manifestación, está actuando con la bajeza despreciable de las dictaduras.

La democracia no se instaló en nuestro país como una fruta madura. Costó mucha sangre, mucha muerte, mucha cárcel, mucho exilio, muchos labios grapados, mucha bota aguantada sobre cuellos sin voz, mucha crucifixión sin anestesia, para que un ministro de una aparente gobierno demócrata se empeñe en devolvernos a la ignominia. Pero cuando un presidente permite que este ministro dictador permanezca en su gobierno, está contaminado de dictadura.

Pero lo más grave es que Wert se encuadra en un gobierno que apuesta por “modular” el derecho de huelga, por tachar de radicalismo cualquier manifestación, de filo etarras a quienes muestran su disconformidad con directrices gubernamentales, de izquierda desestabilizadora cualquier discrepancia.

Siempre se está a tiempo de someternos al ayer infame. Siempre hay dictadores al acecho. Son peligrosas las democracias de los dictadores.


IMAGINANDO



Estoy imaginando la sombra que me sigue
como un perfume oscuro,
como un cuerpo de tierra sobre tierra.
Sombra reptante,
escondida detrás de mis vértebras
para que no la encuentren tus labios al besarme.
Preguntaste por ella aquella tarde,
cuando el amor se hizo de noche junto al río,
cuando la luna nos llenó la boca
de nostalgia de entonces y de nunca.
Estoy imaginando la sombra entre tu pelo
enredado en los dedos azules de mi carne,
la líquida sombra como un río
fluyendo de mi arena hasta tu arena.
Te nombra mi sombra. Conoce los pliegues de tu piel
tatuada de labios y de manos,
de caricias otorgadas, de besos descolgados
por el abismo de tu vientre,
Estoy imaginando el encuentro
de tu sombra y mi sombra,
al margen de los cuerpos,
contándose recuerdos
de piernas enlazadas,
de sábanas de seda y de locura
como banderas de la lucha más hermosa.
Imaginando tu sombra con mi sombra
rozando las caderas azules de sus cuerpos,
inventando el camino de tu noche
limpia como un niño recién hecho.
Vamos a establecer caminos,
a estrenar los puentes unitarios
que funden mi espuma con tu agua.
Tal vez entonces las sombras se iluminen
 y estrenen transparencia.
Comprenderán  mis ojos  que la luz
lleva grabado tu nombre,
tu ausencia de ayer,
de mañana,

de siempre.

martes, 17 de septiembre de 2013

REFUGIADO


Refugiado en mis sótanos,
donde yo no soy yo.
Se han atravesado las calles
por la sangre desbocada
como caballos interinos
de una yeguada salvaje.
Refugiado en el dentro del dentro,
donde se almacenan féretros
de lunas recién amortajadas.
Se vacía lo humano de lo humano,
se evacua del hombre el hombre
y se archivan sus huellas
para que nadie pueda
descifrar la alegría.
Sumergido en un mar de plomo gris,
en un cráter de vómito caliente
que tritura los pájaros colgados de la brisa
hasta que se les muere su copla entre las alas.
Oculto permanezco
donde las mariposas se suicidan
y clavan alfileres en sus alas
para crucificar vientos azules.
Que nadie encuentre mi existencia,
esta carcajada de dioses vengativos.
Prefiero mi soledad en barbecho,
sin tallos, sin espigas,
con guadañas que decapitan
amapolas adolescentes.


lunes, 16 de septiembre de 2013

A LO MEJOR


A lo mejor existes
y te encuentro cualquier tarde
y hacemos de la palabra
una plaza con árboles.
A lo mejor perdura
aquel banco de entonces,
cuando era una aventura el tacto
prohibido por la vida
de quince años apenas.
Cuántas caricias destinadas
a tus muslos de falda colegiala,
a tus pechos subiendo al escondite
de tu bufanda de cuadros.
A lo mejor existimos
pero hemos olvidado las manos y los besos
y no sabemos qué hacer
porque las ingles hicieron
una distancia paralela.
A lo mejor no existimos. Sólo estamos
como rocas, como montes,
con la quietud de los muertos
que se beben la lluvia,
que mastican la tierra,
porque no cabe el amor

en un metro y medio de madera.