Fue cuando el río era río.
Cuando la historia del agua
y la espuma de tus ojos.
Cuando la playa, la playa…
Cuando hicimos pié en el hombre
y hundimos el pie en el alma
y el pie se hizo raíz del aire
y el aire se hizo mañana.
Cuando el mar iba camino
madrugando madrugadas.
Cuando en el beso tú yo,
cuando la carne cantaba
Amaneceres nocturnos,
anocheceres del alba.
Tacto de la piel del aire,
piel del mar y piel de playa.
Boca abajo aquella luna
sobre tu cuerpo acostada,
genitales las estrellas,
genitales las miradas
Si el río se hiciera río
por las ingles de las ramas,
de las manos, de los besos,
cuando la historia del agua,
y la espuma de tus ojos,
cuando la playa, la playa…
lunes, 26 de diciembre de 2011
sábado, 24 de diciembre de 2011
EL SEXO DE LAS MITRAS
¿Por qué los Obispos hablan continuamente de sexo? Tal vez porque es menos comprometido que hablar de justicia social, de rebelión, de exigencia de pobreza testimonial, de amor al prójimo sin el cual es fariseísmo anestesiante el amor a Dios.
La legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero reconoció a la sociedad española, pese a quien le pese, una serie de derechos que implica la aceptación gozosa del amor entre personas del mismo sexo, una sexualidad liberada del concepto episcopal de pecado, la unión homosexual elevada a la categoría de matrimonio, la ley del aborto, el divorcio express, la consolidación del matrimonio civil, la píldora del día después, el incremento del uso del preservativo, la ley de igualdad, el maltrato femenino originado frecuentemente en aspectos ligados al sexo, la dignidad de la sexualidad femenina, antes consentida y comprometida con sujeción al varón como sujeto de derechos. Y así un largo etcétera que nos lleva a mentalidades maniqueístas, cuando no a primitivas concepciones de mentalidades subterráneas.
En un distorsionado afán de construir sobre el sufrimiento la sublimación de la perfección humana, la historia de la Iglesia se erige sobre el desprecio del placer. El placer sexual sólo es lícito en la medida en que se orienta conscientemente hacia la procreación. Su disfrute como placer merece la condena de un Dios instalado sobre la sangre humana, nunca sobre la belleza de la carne.
Ahora que el Partido Popular ha ganado las elecciones, piensan los Obispos que ha llegado el momento de proclamar nuevamente como pecado muchas de las decisiones que en el campo de lo vinculado a la sexualidad instauró como derechos el anterior legislador. El episcopado no concibe al ser humano como sexuado, sino como poseedor de sexo. Son visiones muy distintas y hasta antagónicas. El sexo es un apéndice, independiente de la grandeza del ser humano, no integrado en esa plenitud, sino adherido como artificialmente y destinado de forma exclusiva a la procreación. Es condenable el placer sexual como cualquier otro placer.
“Si se disocian sexo y procreación deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal” Palabra de la publicación ALFA Y OMEGA, editada por el arzobispado de Madrid y distribuida por el periódico ABC. Y aunque el autor de semejante aberración descarte la posibilidad de sacar a la violación del Código Penal, uno se pregunta si tanto su autor como el periódico que la inserta no son dignos de ser llevados ante la justicia por la difusión de ideas absolutamente condenadas en nuestro código penal. El redactor de la revista episcopal se desvincula de semejante disparate, pero agrega para seguir ilustrando su teoría pseudo sexual: " El sexo está sufriendo una banalización por culpa de la legislación del gobierno de Zapatero que al admitir la legalidad de la píldora poscoital “convierte las relaciones sexuales en simples actos para el gozo y el disfrute” “¿No debería equipararse a otras formas de agresión como si obligáramos a alguien a divertirse durante unos minutos?
Y todo lo que antecede bendecido por Rouco Varela, escrito por Benjumea e insertado en el ABC dirigido por Bieito Rubido. ¿Libertad de expresión? ¿Libertad para aquello que va directamente contra varias leyes vigentes? ¿Doctrina del cristianismo o pura arbitrariedad episcopal?
La imposibilidad de despenalizar la violación “es un motivo de esperanza, porque demuestra que la deshumanización de la sexualidad, que promueve el Gobierno, todavía no ha llegado a un punto de no retorno".
Esta es la educación que preconiza la Iglesia, cierta prensa auspiciada por una derecha no civilizada y por algunos políticos que desprecian al ser humano como unidad indivisible en el dolor y en la alegría.
jueves, 22 de diciembre de 2011
ADIOS, TAL VEZ
Me estoy yendo despacio, como una rosa de agua,
y quiero ser consciente de cada despedida.
Saber que sabe a tierra mojada mi esqueleto
igual que las raíces del trigo en primavera.
Necesito que sea sencillo como el pan.
Pero un adiós honrado como el sudor del tiempo.
Me he ganado la muerte a golpe de tristeza,
Y os dejo libre el aire
y el mar, y alguna fecha.
Algún día también de un mes cualquiera
seré un aniversario y un hueco en la memoria.
Quisiera ser consciente de cada despedida.
De ti, mujer, del hijo que tuvimos.
Cuídame los geranios, los potos y la luna
por si Dios siente alguna nostalgia de este mundo.
Morir es derramarme, mujer, entre tus manos,
como en aquellas noches lejanas de la playa.
Marcharme de tus besos, llevándome tus labios
y el perfume redondo y caliente de tus senos.
Después de muerto quiero cogerte la cintura
y andar la eternidad buscándote los ojos.
Quisiera ser consciente de cada despedida
y explicarte la muerte como se explica el mar.
Olvidarme, hijo mío, por siempre entre tus manos,
cobijando la hombría en tu niñez exacta.
Se muere fácilmente. Basta un golpe de sangre
que descuida el trayecto y olvida el corazón.
Se muere fácilmente si el aire se entretiene
en las puertas del alma a coger mariposas.
Morir es convocar la ternura de la historia
y hacerla solidaria de la pena del mundo.
El hombre siempre muere por el hombre y se inmola
como un ramo de flores en el pecho del viento.
y quiero ser consciente de cada despedida.
Saber que sabe a tierra mojada mi esqueleto
igual que las raíces del trigo en primavera.
Necesito que sea sencillo como el pan.
Pero un adiós honrado como el sudor del tiempo.
Me he ganado la muerte a golpe de tristeza,
Y os dejo libre el aire
y el mar, y alguna fecha.
Algún día también de un mes cualquiera
seré un aniversario y un hueco en la memoria.
Quisiera ser consciente de cada despedida.
De ti, mujer, del hijo que tuvimos.
Cuídame los geranios, los potos y la luna
por si Dios siente alguna nostalgia de este mundo.
Morir es derramarme, mujer, entre tus manos,
como en aquellas noches lejanas de la playa.
Marcharme de tus besos, llevándome tus labios
y el perfume redondo y caliente de tus senos.
Después de muerto quiero cogerte la cintura
y andar la eternidad buscándote los ojos.
Quisiera ser consciente de cada despedida
y explicarte la muerte como se explica el mar.
Olvidarme, hijo mío, por siempre entre tus manos,
cobijando la hombría en tu niñez exacta.
Se muere fácilmente. Basta un golpe de sangre
que descuida el trayecto y olvida el corazón.
Se muere fácilmente si el aire se entretiene
en las puertas del alma a coger mariposas.
Morir es convocar la ternura de la historia
y hacerla solidaria de la pena del mundo.
El hombre siempre muere por el hombre y se inmola
como un ramo de flores en el pecho del viento.
martes, 20 de diciembre de 2011
LA NIÑA ALEGRIA
Con el cariño de hoy y desde la honradez de la palabra,
a mis amigos
a mis amigos
Hay que cuidar la alegría. Como hay que cuidar los geranios, la nostalgia, o el amor encontrado de repente en los labios calientes de la vida. Ahora la venden envuelta en celofán, elegante como un río diminuto, envasada al vacío, pura, sin conservantes ni colorantes. Así está en las tiendas de lujo, en los escaparates soberbios del consumo. Alegría a granel, por encargo, alta de precio, que bajará en enero, porque en enero ya no será última moda.
En diciembre se impone la alegría. Se iluminan las noches de los pueblos. Luces breves en cestitos pequeños, como si la gente llevara un amanecer entre las manos. Las grandes ciudades, no. Ellas necesitan demostrar su prepotencia. La luz chorrea desde los árboles, por las paredes. Hay aceras de luz, asfalto de luz, tejados de luz. Se diferencia el centro urbano de los suburbios de chabolas. La luz es patrimonio de los ricos, de las clases medias altas, nunca de los pobres. Los pobres tienen sólo derecho a la oscuridad, a enganchar la pena al generador de penas grandes, sin que se entere la guardia civil, porque a los pobres se les multa incluso por tener penas.
Hay que cuidar la alegría. Caduca pronto. “Consumir preferentemente antes del seis de enero”. Después intoxica, amarga. Se mueren los ángeles que lleva dentro. Y una alegría sin ángeles es como un puñado de jazmines sin tuétanos de aroma. Qué triste la alegría. Tan deseada. Tan manoseada. Tan impuesta. Tan prostituida. Con la fecha de su muerte ciñéndole la cintura. Cinta negra en el pelo de la alegría.
Hay que cuidar la alegría. Como a una especie protegida. Pero sólo en diciembre. Lo ordena un real decreto de las estrellas. Firmado por Belén. Ternura de niño testigo. Pastores. Camellos. Vírgenes azules y trabajadores de garlopa. Asombro de Reyes Magos. Pudor de mujer parida. Primeriza. Con cruces pequeñitas por la sangre. Ríos papel cobrizo. Plateros humildes por los caminos de corcho. Vacas chorreando cariño caliente. Gitanitos paseando las noches, noches nocheras.
Pero a nadie le importa el misterio del hombre. Sólo la alegría. Porque se acaba pronto. Seis de enero. Caballitos de cartón y pelotas de plástico en el chabolerío del suburbio. Trenes electrónicos, universo digital por Gran Vía y Velázquez. Porque la alegría no es igual a la alegría. No confundir el barrio de Salamanca con el cartón piedra de las afueras.
Navidad es el hombre. Naciendo de sí mismo. Creándose. Proyectando futuro. El hombre inaugurando su propia humanidad. Poeta de día séptimo. Sin descanso. Abriendo el vientre de la luz. Indagando la propia identidad para poseerse y entregarse. Dándole a cada hombre su ración de hombre. Dignidad igualada. Sin primacía posible. Creyendo en el tú adorable, en el belén del otro. Dólares al margen, guantánamos clausurados, petróleos blancos de azucenas, entrega de cuerpos abrazados. Crucecitas cicatrizadas en las venas de la virgen primeriza. Madera honrada para la gubia de tanto josé obrero.
Porque Navidad es el hombre, hay que cuidar la alegría. Que no se acabe en enero. Hay que ponerle pañales de mugidos tibios y burritos pequeños y peludos.
domingo, 18 de diciembre de 2011
AMOR Y BRAGUETA
El amor abre camino a las caricias. Señalando los besos, la ternura. El tacto minero averiguando senderos hasta encontrar el centro de la vida. Se hace fusión la hermosura. Se relaja el cansancio de ser hombre. La verticalidad femenina se encumbra como un ciprés erecto. Ya está hecho el amor. Amor para siempre como huella existencial, marcadas las ingles con una eternidad de luz amanecida.
Así nacemos. Desgajados del beso y la caricia. Del amor viniendo. Hijos tuteados del encuentro fecundo de la noche, de la tarde, del amanecer luminoso con niebla en los tuétanos. Miramos hacia atrás y allí están ellos, amándose en la vida, en la muerte, en la nostalgia impar de una añorada soledad. Los padres, fabricando cestitos de recuerdos, pisando despacio los senderos de ser abuelos, ese parto posterior a la sombra de la vida.
No somos un recuerdo, una añoranza, una nostalgia. Somos fruto maduro, zumo de existencia querida, engendrada, moldeada. Barro viviente somos. Tierra prometida, pisada, estremecida, como un horizonte conquistado. Venimos de donde venimos como quien llega a sí mismo con un nombre plantado en las entrañas.
La vida es una herencia enamorada. Se lleva entre las manos hasta una plenitud de muerte consentida. Y ahí dejamos a los hijos en las puertas gloriosas de la vida para que sean para siempre otra herencia enamorada hasta la plenitud de una muerte consentida. La historia no se repite. No se repite el amor. De uno y otro vinimos, vienen, vendrán. Y se inaugura la vida original, siempre original, sin sombras del ayer, hacia el mañana.
¿Pero y la aristocracia? La aristocracia es sólo una adherencia ajena al esqueleto. Un balcón para asomarse desde la sola riqueza monetaria, y mirar por encima de la vida a la vida del hombre despreciado. La aristocracia es sólo una ignorancia sobre sí mismo que revela un ser que nunca fue. La aristocracia es un engaño de la historia para darle una seriedad burlesca a la existencia. Lo humano nace del amor. La aristocracia sólo de la bragueta. Sólo orgasmo de orgullo. Bragueta abierta bajo una gabardina de exhibición pornográfica. Onanismo por soledad altanera nunca compartida. La aristocracia ha vivido históricamente enfrentada a los plebeyos y a costa de ellos. El mundo ha rodado, pero las alturas sociales permanecen detenidas en su pedestal. No son capaces de intuir que quien no se mueve, muere alzado en su propia incapacidad de evolución.
Cayetano Martínez de Irujo, duque de lo que sea, grande de cualquier cosa. Noble dicen. ¿Noble? Aristócrata: como si le colgara entre los parietales un sexo extraño que no supo hacer otra cosa que engendrar pergaminos que certifican una existencia adúltera de la existencia. Pergaminos cubriendo la corporeidad porque no aguanta el desnudo elegante de la vivencia sin más. Hijo simple de años transcurridos por la inercia temporal de los siglos de los siglos.
Cayetano-botas-altas para pisar, sólo pisar por costumbre de antepasados. Conquistadores con espada que él añora para derrocar manos hartas de sol andaluz, de labios sedientos de chorros de luz, de grietas de aceitunas escarchadas. Para cortar cabezas con vendavales dentro, pero capaces de acariciar un cuerpo, de regalar besos y besos hasta hacer hijos del viento con algodón de cosechas tempraneras.
Cayetano-jinete de caballos con orgullo, aunque le escuezan las espuelas del señorito. Es fácil espolear cuando se tiene el pan arriba y abajo, muy abajo, está el hambre. Para eso hay que ser duque de lo que sea y grande de cualquier cosa.
“Aceituneros altivos” curtidos en el amor de una noche, de una tarde, del amanecer luminoso con niebla en los tuétanos.
Aristocracia nacida de bragueta, de onanismo impar por miedo a compartir existencia.
Que cada cual escoja entre raíces de amor y gabardina pornográfica asustando a la vida en las esquinas.
viernes, 16 de diciembre de 2011
NO SE QUE HACER...
No sé qué hacer con toda la tristeza,
con toda la ternura acumulada.
Los besos desbordados,
las manos por las ramas
de la ausencia.
Tan lejos, tú,
tan lejos,
como si no existieras.
Como si nunca hubiera
tocado tu palabra,
tu boca, tu risa, tu alma.
Como si no supieran mis manos tu cuerpo
y se me quedara la memoria
olvidada en las esquinas
de tus pechos.
No sé qué hacer con todos los recuerdos
del tiempo de amor,
ahora que el tiempo
me ahoga los pulmones
con enfisemas grises
y tabacos marrones.
Se me ha puesto moreno el corazón
de sangre sin retorno.
Añoro el sobresalto de los latidos broncos
poblándome de flores al respirar el aire
de tu boca cercana.
Añoro los músculos
erectos como lanzas
cuando tú pronunciabas
la vida de los árboles
y fundabas estrellas
y lunas delicadas
y pájaros simétricos
de alas.
Entonces eras tú y yo existía
porque tú me nombrabas
y erigías mi hombría
como un ciprés
paralelo a los montes,
más alto que las torres,
más corpulento que el mar.
Ahora me sobra la tristeza,
y la ternura sobra,
y la palabra.
con toda la ternura acumulada.
Los besos desbordados,
las manos por las ramas
de la ausencia.
Tan lejos, tú,
tan lejos,
como si no existieras.
Como si nunca hubiera
tocado tu palabra,
tu boca, tu risa, tu alma.
Como si no supieran mis manos tu cuerpo
y se me quedara la memoria
olvidada en las esquinas
de tus pechos.
No sé qué hacer con todos los recuerdos
del tiempo de amor,
ahora que el tiempo
me ahoga los pulmones
con enfisemas grises
y tabacos marrones.
Se me ha puesto moreno el corazón
de sangre sin retorno.
Añoro el sobresalto de los latidos broncos
poblándome de flores al respirar el aire
de tu boca cercana.
Añoro los músculos
erectos como lanzas
cuando tú pronunciabas
la vida de los árboles
y fundabas estrellas
y lunas delicadas
y pájaros simétricos
de alas.
Entonces eras tú y yo existía
porque tú me nombrabas
y erigías mi hombría
como un ciprés
paralelo a los montes,
más alto que las torres,
más corpulento que el mar.
Ahora me sobra la tristeza,
y la ternura sobra,
y la palabra.
jueves, 15 de diciembre de 2011
LIMOSNA Y CHANTAJE
En España treinta mil personas viven sin un techo protector. Treinta mil personas con la dignidad pisoteada. España es un INEM inmenso con cinco millones llamando a sus puertas para encontrar un trabajo. A una media de tres miembros de familia por parado suman quince millones soportando el desprecio empresarial hacia su orfandad. Un país con estas coordenadas de miseria es un país con el alma sudada de humillación. Chorrea la tristeza, el abandono, el asco nacional.
Uno comprende la burbuja inmobiliaria, el mercado, la prima de riesgo, la especulación, el Sarkozy y la Merkel que nos parió. Pero uno no comprende la falsa y denigrante sumisión de un pueblo que ha sabido plantarle cara al franquismo en su momento, al terrorismo cincuenta años matando y que ahora se duerme en las aceras con un vaso de tinto para olvidar y un paquete de ducados para acelerar un cáncer como finiquito de la vida.
Alguien tiene el dinero. Porque el euro ni se crea ni se destruye. Alguien lo esconde, lo evade, lo manipula, lo disfraza para que los demás nos desayunemos cada día una ración de crisis sostenida, alimentada y dosificada. Y mientras tanto, una cifra aproximada de quince millones de españoles se queda sin vivienda por hipoteca impagada, sin educación porque la han privatizado, sin sanidad porque la enfermedad es un lujo y como tal sólo la ejercen los ricos.
¿Demagogia? A la rebeldía anestesiada le llaman demagogia. Al dolor escondido le llaman demagogia. A la pena clavada en el constado le llaman demagogia. Que le llamen como quieran. Pero es innegable la realidad vacía de humanidad que estamos obligados a vivir.
Y Rosell proponiendo horas de trabajo a cambio de cuatrocientos euros. Con argumentos que huelen a limosna de rico en la gorra de quien sueña bajo un techo de cartón. Los parados –cinco millones con sus familias a rastras- preferirán cuatrocientos euros a nada. Entre el hambre y un bocadillo de sardinas, Rosell lo tiene claro. Al pobre no le queda otro remedio. Limosna. Pero ni siquiera limosnas porque ella implica una gratuidad, una donación, envuelta a lo mejor hasta en cariño. De limosna con precio se trata. De chantaje a cambio de limosna. Usted se emplea en un trabajo-basura y a cambio le permitimos la basura-comida. Porque usted, entérese bien y de una vez, sólo tiene derecho a la basura.
Había mileuristas. Los empresarios cambian ahora uno de mil por dos de cuatrocientos. Y por lo visto, todos ganamos. Tú y tú a la acera con el bocadillo. Yo –empresario- me gano doscientos euros y me voy a los Borrachos de Velázquez porque también tengo que alimentarme.
¿Demagogia? ¿Cómo le llamamos al chantaje envuelto en limosna que nos propone el patrón? Grita la CEOE detrás del tenderete: compro trabajadores al por mayor, trabajadores al peso. Y además regalamos cuatrocientos euros. Compramos dignidad-retales-viejos. Sin derecho a vacaciones, a baja por enfermedad, por maternidad, a indemnización por despido. Sin ningún derecho como corresponde a quien no tiene pan porque se lo arrancaron los buitres volanderos.
Lo confesó Rosell en televisión: se siente incapaz de ofrecer otros cauces de creación de empleo. Qué raquitismo intelectual. No se le ocurre que a lo mejor si la patronal decidiera ganar menos podría repartir más. No piensa que si a lo mejor pagaran impuestos más altos podría distribuirse mejor la riqueza. No tiene nada claro que la riqueza debe cumplir una función social. No se da cuenta que el beneficio no es nunca un logro puro, sino que tiene en sus raíces la opresión de los otros. Para que existan los ricos es imprescindible que existan los pobres.
La CEOE ha recuperado la espada que añora Cayetano Martínez de Irujo. Los campeadores del dinero puede ir degollando derechos para reinaugurar una esclavitud nunca perdida.
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