martes, 10 de mayo de 2011

TORTURAS

El escalofrío es un temblor del alma enfrentada consigo misma. Tiritan las raíces del hombre y se desmorona la estatura humana como unas torres gemelas. Se mata el amor, la esperanza, la alegría de haber nacido, de estar aquí y ahora, de existir no se sabe para qué.

Ben Laden le llamaban. Moreno de verde luna, turbante de blanca luna, barba de negra luna. Alma kalashnikov. Bomba de racimo las entrañas, puñal creador de nadas oscuras. Asesino, asesino, asesino.

En una cueva vivía, decían unos. En una mansión millonaria, decían otros. Cada interesado engaña como puede. Y los demás tenemos que dejarnos engañar porque la mentira está bien vista por motivos de seguridad, por diplomacia, por fuentes fidedignas carentes de fé y de dignidad. En algún sitio vivía. Averiguarlo era una necesidad de generales condecorados del pentágono, de la CIA. Pero Ben Laden siempre buscaba la espalda del poder más poderoso de la tierra. Bush inauguró Guantánamo. Se autorizaron interrogatorios extraordinarios. Torturas, dicho en castellano. Obama prometió cerrar ese infierno. Limbo, decían los que endulzan las palabras para que no duelan tanto. Pero ahí está. Y torturando a sus habitantes con una creatividad demoníaca, hemos conocido sus huellas. Rodeado de muertos neoyorquinos, madrileños, ingleses, podrido en su propia podredumbre, estaba Ben Laden. Un tiro, dos, tres. Y unos asesinos igualaron al asesino con sus asesinados.

Todo se supo mediante torturas. A Sadam Hussein lo ahorcaron unos jueces impolutos. Tuvo un juicio. Los aniquiladores de la segunda guerra mundial tuvieron un juicio. Ben Laden era un ejemplar cinegético con recompensa por su muerte. El camino de la tortura siempre conduce al callejón ciego de la muerte.

Se ha escandalizado el mundo. Todos los hombres de buena voluntad han gritado su rechazo a los tiros a bocajarro. La tortura ejercida por el país más poderoso del mundo nos ha producido vómito. Creíamos que en el siglo XXI las cosas habían cambiado. Aplaudimos la llegada de Obama al poder. Lo quisimos por su sinceridad, por su concepción dialogante, por su color. Hasta se le concedió el Nobel de la paz cuando aún no había dejado huella en el camino. Ahora nos estremece su justificación de la tortura, del asesinato y su recomendación de acudir al psiquiatra si opinamos de forma distinta a la suya.

Estoy alegre por ese grito de rechazo. Se diría que el mundo quiere redimirse de tanta cloaca. Hemos sentido asco ante la tortura, pero a lo mejor sólo ante esta tortura concreta. ¿Sentimos asco ante la tortura ejercida contra pueblos sin agua, sin comida, sin escuelas, sin vacunas, condenados a una muerte temprana, a un sida asesino? ¿Sentimos asco cuando sabemos que en despachos de caoba se programa el hambre negra que condena a millones de niños a morir irremediablemente? ¿Se subleva nuestra conciencia cuando consentimos que los ricos sean más ricos a costa de que los pobres sean más pobres? ¿Cuál es nuestra postura cuando cerramos las puertas al hambre que nos llega de Africa? ¿Nos avergüenzan las alambradas que hacen frontera, los que se mueren entre espumas y olas, los contratos de “españolización” que queremos que cumplan, los salarios de hambre que les pagamos y los horarios de trabajo que les imponemos? ¿Nos intranquiliza tenerlos en nuestras construcciones sin seguridad social y cuando abandonamos a los heridos en las puertas de un hospital argumentando que no los conocemos de nada?

¿Por qué nos rebelamos contra la tortura ciertamente repugnante ejercida sobre presos indefensos y permanecemos tranquilos ante esa tortura universal de la que todos somos responsables?

Demagogia, dirán algunos. Organizamos rastrillos para ayudar a los pobres. Marquesas, duquesas, esposas de altos empresarios, estrellas de cine, de teatro, de televisión hacen “todo lo que está a su alcance” para mejorar la pobreza. Se ponen incluso un delantal y se manchan de Vega Sicilia para ayudar a los pobres. Ya tienen la conciencia tranquila hasta el año que viene.

Todos disparamos a la frente. Obama y yo somos dos torturadores. ¿Se apunta Usted?


lunes, 9 de mayo de 2011

LA BEATIFICACION DEL EURO

Ocho mil jóvenes se han reunido en el pabellón Madrid Arena para festejar la cuenta atrás de la llegada de Benedicto XVI a España. Rouco instó a los jóvenes a participar en la nueva cruzada en torno al Papa.

La Jerarquía no consigue desprenderse de su constante belicismo. Ese espíritu guerrero cristalizó en la denominación de “COMPAÑÍA de Jesús” que ha aportado grandes intelectuales en todas las ramas del saber filosófico, teológico y hasta científico, pero que al mismo tiempo revela la concepción que de sí misma tiene la Iglesia.

Una cruzada en torno al Papa. Las guerras son caras. Hace falta mucho dinero para la lucha. No quiero con esto decir que Rouco-Presidente esté haciendo un llamamiento al alzamiento nacional. Eso ya lo hicieron hace años y les salió bastante bien. Pero incita, qué duda cabe, a una rebelión contra un gobierno que da cabida al amor homosexual, que comprende el infierno del desamor conyugal y legisla el divorcio, que lucha por una igualdad hombre-mujer, igualdad incomprendida por la Iglesia a lo largo de su historia, que proclama su función laica y da contenido a lo humano en cuanto valor en sí mismo, que pretende que la muerte no sea un getsemaní crujiente de dolor, sino el abrazo con la madre tierra, sereno y gozoso, implicado en la resurrección del mundo, que entiende que la investigación encumbra el existir, que los avances técnicos conforman el avance de la humanidad.

Rouco, sin embargo, pide a los jóvenes una rebelión contra todos esos principios por laicos, por antirreligiosos, porque atacan a una visión estrecha, deshumanizada, extramundana, al margen del quehacer del ser humano, de su historia y su devenir. Rouco exige una cruzada, como si de sarracenos se tratara, como si de herejes malditos se tratara, como si de medias lunas, como si de hordas judeomasónicas se tratara. Rouco padece el complejo de persecución porque la Iglesia ve persecución en todo aquello que atente contra su doctrina. Hay que proteger a Dios de tantos y tantos enemigos y para eso exige que la juventud se forme como cruzados, luchadores dispuestos a ser mártires de tanta tiranía que pasea por el mundo libre de ataduras, el mundo laico capaz de hacerse a sí mismo, de la historia capaz de entenderse a sí misma desde sí misma.

La Iglesia, reunida como cruzados en torno a su jefe-Benedicto y sus Cardenales-príncipes, es consciente de que necesita dinero para esa rebelión. Y aquí surge el paradigma incomprensible, misterio de mercado imposible. La Iglesia se nutre en gran parte del dinero que le proporciona aquel contra el que quiere luchar y destruir. Parece decir: Tú, Estado laico, debes proporcionarme los medios suficientes devengados por enseñanza, por colegios privados o concertados, por edificios eclesiásticos libres de impuestos y otros conceptos que ascienden a unos diez mil millones de euros. Con ellos tendré capacidad para luchar contra ti, para triturarte y hacerte desaparecer. Aprovecharé las armas que tú me proporcionas para convencer a los votantes que debe ser la derecha quien gobierne: las Esperanzas, los Camps, los Fabras, los Aznares, los Mayor Oreja, las María Dolores. Nosotros bendeciremos ese dinero y lo elevaremos a los altares para poder venceros en nombre de Dios.

La Iglesia funciona como los mercados internacionales: necesitan de los pobres para que existan ricos. Los especuladores se han apoderado del dinero de la ciudadanía del mundo para hundir a esa misma ciudadanía. Nosotros hemos entregado el dinero a sus bancos para darles el poder de destruirnos.

Que triste paralelismo: La Iglesia mercantil, al igual que los grandes especuladores, se enriquece a costa de las aportaciones de aquellos a los que pretende eliminar.

Los Obispos han sentado a Dios como accionista del Fondo Monetario Internacional, del Banco Central Europeo, de los consejos de administración de la gran banca.

El dinero santo, santo, santo, señor de los ejércitos, ha sido elevado a los altares. Rouco ya tiene material de cruzada para una juventud luchadora contra gobiernos donantes del bienestar de todos.



viernes, 6 de mayo de 2011

NECESITO UN DICTADOR

Este título no corresponde en realidad a lo que yo quiero explicar. Pero es que a veces uno tiene una idea, se abraza a ella, busca su hondura, pero la idea no se desnuda. Y hay que volver a empezar hasta que el amor se hace amor y el amor crea la palabra.

Las elecciones municipales y autonómicas están ahí. BILDU ha hecho su aparición ayer por la noche como si de un trece de Mayo se tratara. El Tribunal Constitucional abre el camino a la presencia de BILDU para que pueda presentarse dentro de la legalidad a las elecciones. Otra cosa había fallado el Supremo. Pero el Constitucional prima sobre el Supremo. Y ahora todos hablan de jueces progresistas y conservadores, de posturas políticas de unos y otros. Todos respetan aunque en realidad nadie respeta la decisión, todos respetan pero nadie está de acuerdo, todos respetan pero todos impugnan, todos aceptan pero nadie acepta.

Los jueces son nombrados como consecuencia de pactos siempre tirantes entre partidos. Este acuerdo no presupone la profanación de la independencia judicial. Pero es comprensible que cada juez, como sujeto consecuente consigo mismo, no pueda ausentarse de su propia personalidad jurídica. La piel es la frontera que mantiene nuestra personalidad sin menoscabo de nuestra trascendencia. A través de esa piel nos unimos al mundo y se interioriza el amor como asunción gozosa del otro.

“El TC ha seguido a rajatabla las indicaciones del Gobierno y específicamente de Rubalcaba, autor intelectual de una comedia cuya primera representación en el Tribunal Supremo no fue más que un espejismo de legalidad y dignidad. Las listas etarras han colado como pretendían Zapatero y Rubalcaba”. Son palabra de Libertad Digital y de su cabeza más visible, Jiménez Losantos.

La Razón advierte de que el pacto antiterrorista se resquebrajará. ”ETA gana, España pierde” es su titular. “El PSOE lleva a ETA a las urnas”, titula la Gaceta.

Todas estas manifestaciones encierran un desprecio por las instituciones que nos dimos allá por el setenta y ocho, cuando empezamos a tener justicia frente a los tribunales de orden público y tribunales sediciosos que eran un eco fiel de los designios de un dictador.

“Demócrata es aquél que acepta las leyes, pero intenta cambiarlas si no está de acuerdo, siempre sin provocaciones violentas. El verdadero demócrata se aviene a razones, no a pasiones, dice con lucidez Arturo González en el periódico PUBLICO.

La derecha de mirada estrávica ve a ETA por todas partes. Es una amante y una necesidad. La rechazan, faltaría más, pero sienten por ella un atractivo. Es la contradicción que encierra siempre el amor-pecado. “Por tenerte conmigo me desespero y si tú te murieras me moriría” que cantan los Chalchaleros. Ejemplos: Rita Barberá: es una vergüenza que el gobierno no impida la entrada de los terroristas n las instituciones. Mayor Oreja: “esta sentencia es el resultado del pacto Gobierno ETA” Aguirre: “El PSOE lo ha querido así”

A esa derecha se le llena la boca de democracia, aunque poco ayudaron en su nacimiento. Les rebosa el estado de derecho. Pero cuando una sentencia no les gusta arremeten contra los pilares de ese estado de derecho sin contemplaciones.

A lo mejor, sólo a lo mejor, se echa en falta un dictador. Los dictadores ahorran el peligro de las decisiones ciudadanas. Ahorran la difícil tarea de pensar. “Lo malo es haber pensado”, decía Ionesco. Suplantar la elección por la imposición. En el fondo siguen la máxima ignaciana: “el que obedece no se equivoca” La conciencia es suplantada por el imperio de la espada. En esa ofrenda al poder personalista de la imposición, el ser humano queda anulado. Para algunos es el gozo supremo. Necesito un dictador que me exima de ser yo mismo.

En la puerta de una la Iglesia (es el mejor sitio para una irreductible derecha) alguien pedía a la vieja España: Necesito un dictador, por amor de Dios.


miércoles, 4 de mayo de 2011

PROHIBIDO SER MISERABLE

El Partido Popular tiene esperanza. Una gloria, un activo que le dicen. Verso suelto. Hermoso nombre sin contenido. Como una rosa sin rosa. Como una luna hueca. A Mariano Rajoy le da escalofríos la esperanza. Lleva cicatrices, huellas antiguas y actuales de navajas. Mejor lejos. En el maravilloso edificio de Correos con Alberto. Encerrados los dos. En despacho de mármol, pero encerrados. Con vistas a Castellana, pero encerrados. Contemplando la Gran Vía con Puerta del Sol al fondo, pero encerrados. Devorándose los ojos, la boca, las tripas. Encerrados con sus miserias mientras Rajoy el Grande le escupe a Zapatero el paro, la economía, la economía, el paro, el paro, la economía. Ahora Bildu condenado a la inexistencia por obra y gracia del Partido Popular. Eso dice Pons y María Dolores y Soraya. El Supremo es lo de menos. Lo importante es el Partido Popular.

Madrid, como el PP, tiene Esperanza. El dos de Mayo Esperanza luchó contra el gabacho hasta que lo expulsó del Madrid patrio. Colocó una corona de laurel en la puerta de su casa grande y manchó la estación de Atocha con bilis-Ben Laden-alimento-de-olas-verdes, con terrorismo islamista y sal gorda de ETA que le da sabor a la sangre y a la muerte. “Bin Laden reconoció el atentado de Bali, el de Londres, el de Casablanca y, por supuesto, el de las Torres Gemelas. Nunca ha reconocido el de Madrid, ni eso dice la sentencia… Luego está por ver” Lo dice Esperanza, despreciando a los tribunales de justicia de España, ignorando las palabras del propio terrorista oscuramente ejecutado, de la Secretaria de Estado de EE.UU.

Esperanza Aguirre, como Aznar, como Pedro J, como Intereconomía, como Mayor Oreja, como Losantos y su clonado César Vidal, necesitan que ETA sea la responsable del dolor de madres, de padres, de enamorados vacíos de amor para siempre, de España llagada, tendida en las aceras, sin vida, con los pulmones arrugados de tanta sangre negra, inútilmente negra, eternamente negra.

Han pasado siete años desde aquel descarrilamiento existencial. Me he preguntado muchas veces por qué esta necesidad de la autoría de ETA. Aznar engañó al mundo. Acebes engañó a España. Pero esta persistencia en la mentira, este empeño en falsear los hechos, este encono en buscarle a la muerte una paternidad falsa no he conseguido entenderlo después de tanto tiempo.

Esperanza Aguirre busca votos con estos comentarios. ¿Pero alguien puede votarla si fue ETA o dejar de votarla si fueron los discípulos de Ben Laden? ¿Hasta ese barranco miserable pueden llegar electores y elegidos? ¿Hasta disfrutar el dolor, hasta comercializar sangre por adhesiones? ¿De verdad es la democracia un sistema tan ruin como para que los candidatos canjeen votos por desgracias infinitas? ¿Puede algún elegido proclamar su victoria poniéndose de puntillas sobre muertos y más muertos?

Dice Miguel Angel Rodríguez que Zapatero tendrá algún día que revelarnos qué grupo terrorista le llevó a la Moncloa. Yo, firmante de este artículo, soy un terrorista. Yo, junto a otros millones de votantes, llevamos a Zapatero al poder. Que lo sepa Miguel Angel, Aznar, Acebes, Pedro J y todos los demás monaguillos de la miseria.

Pasaré los próximos siete años interpelando la existencia. Al fin y al cabo el hombre no es más que eso: una eterna pregunta cuya respuesta se convierte en una nueva interrogante. Así hasta el misterio último de la vida que es la muerte.



martes, 3 de mayo de 2011

AL ADN LE LLAMAN TRINIDAD

La Fe, decía el catecismo de mi niñez, es creer lo que no se ve. En contrapartida, la ciencia era el resultado empírico, constatable de la realidad palpable. De ahí que Fe y Ciencia no tenían por qué coincidir en una cosmovisión de la existencia.

Al margen de esta disyuntiva evidente para teólogos y científicos, la Iglesia siempre ha pretendido explicar que la ciencia no puede oponerse a la Fe. En consecuencia, a la Jerarquía le basta con anatematizar todo lo que contradiga esa Fe para lograr una no contradicción entre lo empírico y lo dogmático. La ciencia parte de hipótesis que deben llegar racionalmente a conclusiones mientras que la Fe parte de la revelación divina para ser acogida como indiscutible por el ser humano.

No obstante el planteamiento anterior, el magisterio de la Iglesia ha pretendido siempre hacer coincidir ambas visiones, científica y religiosa. La ciencia es cuestionable. No así las creencias que emanan directamente de Dios y son trasmitida a los fieles mediante la infalibilidad pontificia. La ciencia no puede contradecir a la fe. Ella ilumina el campo de la investigación evitando el choque frontal y obligando a desechar como falso todo aquello que no se pliegue a la revelación divina.

La secularización desarrollada por Harvey Cox significó un paso importante hacia la secularización de la cosmovisión, del hombre y de su mundo. El ser humano existe por sí mismo y es dueño de su propia historia. Debe ir desvelándose a sí mismo desde la propia oscuridad del misterio que es hasta alcanzar la luz de su propia existencia y del mundo en el que hace su historia. Un número muy significativo de teólogos católicos son seguidores de esta visión de Harvey Cox, pese a que nunca han estado bien vistos por la Iglesia de Roma.

El cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Salud, lo que podría calificarse como el Ministro de Sanidad del Vaticano, asegura que en el ADN "podemos encontrar la Santísima Trinidad", porque se trata de un ácido basado en la "complementariedad mutua” El "ministro de Sanidad" de la Santa Sede agregó que la vida "es un movimiento orgánico de complementariedad mutua", en la que el ADN significa "capacidad primordial para ser y actuar, un movimiento que sirve para complementar, una necesidad, no una supremacía del más fuerte".

Esta unión hipostática entre revelación divina y devenir científico autoriza a que cualquier miembro de la jerarquía católica posea el don de opinar de forma exclusiva y excluyente sobre los temas más dispares, desde el escote-palabra-de-honor hasta el ADN como templo donde habita la Santísima Trinidad. Construye así un cuerpo dogmático que engendra una legislación canónica capaz de englobar toda la vida del creyente. Quien se deje encorsetar por ambas cosas firmará una adhesión inquebrantable a la autoridad piramidal que va desde el Papa hasta el último clérigo. Fuera no hay salvación. Fuera tampoco hay ciencia. A Dios no le interesa la tarea investigadora. Se siente a gusto en el tibio calor del ADN.

lunes, 2 de mayo de 2011

EL M.A.R. TIENE CORBATA

El Dr. Luis Montes ejercía la medicina en el Hospital de Leganés. En el servicio de urgencias concretamente. Manuel Lamela, exconsejero de sanidad de la comunidad de Madrid, bajo la sombra siempre alargada de Esperanza Aguirre, lo acusó del asesinato de cuatrocientos enfermos terminales. El Dr. Montes se dedicaba así a aplicar la eutanasia bajo su propio criterio, sin el consentimiento de las familias y sin un testamento vital previo de las víctimas. Los hechos pertenecen a 2.005. El caso fue sobreseído en 2.007 por los tribunales y corroborado en 2.008 por la Audiencia Provincial.

Uno sabe de urgencias hospitalarias, de noches largas como cipreses, de almohadas blancas entre paredes de sombra, de manos de latex auscultando pulmones grises de tabaco. Uno sabe de la contradicción vital de anhelar que alguien te ayude a dar el paso definitivo al mismo tiempo que le imploras más vida a la vida. Lágrimas y sudor por la fachada del alma.

El Dr. Montes va por la vida como le da la gana ir por la vida. Bata blanca de urgencias, barba blanca de siempre, sin corbata de siempre, un tanto encorvado de dorlosis, ahora más porque la vida pesa, porque las acusaciones pesan, porque las calumnias pesan. Manos en los bolsillos porque alguien desde Lamela a Miguel Angel Rodríguez le han cortado los soportes vitales, porque El Mundo de Pedro J. le ha llamado Dr. Muerte. Por ahí va este hombre bueno, misericordioso con el dolor, comprensivo con lo humano, dolorido con la muerte inevitable. La muerte es una derrota, un fracaso humano, científico, existencial.

Cuesta pensar en la contradicción que encierra cierta prensa y ciertos tertulianos televisivos exigiendo a los demás un respeto a las sentencias judiciales como esencia de un estado de derecho y el desprecio que demuestran cuando esas sentencias ponen de manifiesto la intención turbia de quien ha sostenido una postura contraria. Nadie de los que acusaron al Dr. Montes de asesino, de nazi, de poner en vigencia el sistema de exterminio de Hitler ha tenido la valentía de pedir perdón por masacrar la persona que ha ejercido su tarea médica con responsabilidad, con misericordia, con empatía. Ni El Mundo ni ciertos presentadores por todos conocidos han tenido esa gallardía. Que nadie se extrañe. Hay quienes sólo saben escupir.

Caso aparte es Miguel Angel Rodríguez. El fallo de los tribunales le obliga a indemnizar con una multa irrisoria. M.A.R. fue secretario de estado de comunicación del Gobierno de Aznar y portavoz de su gobierno. Criado políticamente por D. José María y Dña. Ana Botella, dieron a luz a este aborto de la palabra. Ahora va por ahí, mendigando un plasma, sea Antena 3, Intereconomía u otros donde dejar sus vómitos indigestos para cualquier televidente con un mínimo de honestidad. Nazi, nazi, nazi repetía con el odio de quien es incapaz de algún pensamiento noble.

Ahora, cuando la Justicia le obliga a digerir su propia bilis, expele un argumento en su defensa: Me han condenado por in educadamente vestido con traje y corbata, y no hecho un harapiento como el querellante. En adelante ya sé cómo tengo que acudir a un tribunal: con los pantalones cagados.

M.A.R. tiene corbata. Lo que le falta es conciencia humana.




domingo, 1 de mayo de 2011

EL PAPA HA MUERTO.

La otra noche se corrió la voz por todo el barrio: El Papa ha muerto. O sea, que Vd., Santidad se ha ido al cielo. El cielo es otro barrio, pero más grande, una anchura infinita para que quepamos todos. Con un plan de ordenación urbana a discreción. Cada uno vive donde y con quien quiere, pero en paz. No hay muros de Berlín, porque Dios no quiere divisiones. Los polacos están libres del nazismo y del comunismo porque Dios exige a los suyos que sean libres. Vd., Santidad, promulgó la paz, la dialogó, la construyó. Seguramente le dolieron los brazos de parar tanta lucha. Allí no hay guerras preventivas, ni guantánamos, ni Azores que decretan matanzas. En eso ha salido ganando. Se habrá encontrado con Pedro, el pescador. Con Juan de la Cruz y Teresa de Avila: buena gente. Con Judas, amigo a tiempo parcial de Jesús y con María Magdalena, la mujer que un día perdió la memoria del corazón. Seguro, que Vd., Santidad, está a gusto
Aún no habrá tenido tiempo de saludar a todo el pueblo. Pero mañana o pasado, se encontrará con los teólogos de la liberación. Suelen pasear por el barrio de Los Pobres, conforme se entra a la izquierda, naturalmente. Ahora Vd., Santidad, no podrá excluirlos, ni proscribirlos. No le va a enmendar la plana a Jesús que disfruta yendo a comer con ellos como cuando estuvo en la tierra. Y Häring, y Theilard de Chardin, y Marciano Vidal: Viven por la Avda. de las Bienaventuranzas. Enseñan, como hicieron toda su vida, que el amor es lo importante. Pero ahora, Santidad, ya no podrá quitarles la cátedra, porque Dios los nombró “honoris causa”.

Y se va a encontrar, Santidad, con los homosexuales y lesbianas. A lo mejor intenta pasar de largo, haciendo como que no les ha visto. Pero será inútil. Atravesarán de estrella a estrella en carrozas plagadas de rosas y claveles y campanillas. No se preocupe, Santidad. Vd. siempre creyó que Dios sólo amaba a los heterosexuales y por eso los excluyó. Qué error, Santidad. Abrácelos, y pelillos a la mar.

Verá más adelante a los tronchados por el sida. Vd., Santidad, les prohibió el uso del preservativo y lo único que consiguió con esa medida fué que llegaran antes que Vd. al reino de los cielos, aunque es verdad que tuvieron que sufrir demasiado

El cielo es sorpresivo, como el mismo Dios. Será todo una explosión de luz para Vd., Santidad, que disfrutó de ideas muy claras, inamovibles, inmutables. El amor lo igualará todo ante Vd. que siempre supo dividir las actitudes entre buenas y malas.

Animo. Se irá acostumbrando en la eternidad a dejarse manejar por Dios, aunque Vd., Santidad, haya vivido acostumbrado a manejarlo a El.


(Artículo publicado cuando murió Juan Pablo II)