miércoles, 1 de octubre de 2008

LA CANDIDATURA DE DIOS

Cuando la Jerarquía de la Iglesia orienta el voto de los ciudadanos, parte de dos premisas: La primera surge del engreimiento y el orgullo de sentirse poseedora absoluta de la verdad en régimen de monopolio. La segunda, de una concepción del votante como menor de edad, sin madurez suficiente para tomar decisiones responsables sin la tutela de quien ejerce un magisterio que se impone en nombre de Dios. Ambas premisas son coincidentes con todas las dictaduras que en el mundo han sido. Franco tenía muy claro que el pueblo no sabía lo que quería y en consecuencia debía ser él quien por la gracia de Dios hiciera de España una unidad de destino en lo universal. Y estar en desacuerdo con el general o con el episcopado conllevaba un pecado contra Dios. Dios, Iglesia y Dictador formaban una trinidad inapelable, suprema, dispensadora del bienestar de conciencia y de bienestar social y político.

La Jerarquía católica siempre ha tenido muy claro a quién corresponde el papel del magisterio y el del aprendizaje. La Iglesia docente y discente sigue teniendo vigencia. El ser humano no es artífice de su propio quehacer, sino simple plastilina en manos de estos artesanos mitrados. Dios sacó al hombre del barro y sus vicarios se atribuyen una creación sacrílega de la humanidad.

La Iglesia no ha asimilado el tránsito de súbditos a ciudadanos. Su complejo de madre amantísima le lleva a considerar a sus hijos pequeños para siempre. Y confunde autoridad con autoritarismo. “Lo malo es haber pensado”, decía irónicamente Ionesco. La secularización, la aconfesionalidad, la madurez de la sociedad le duele a la Jerarquía por la capacidad de interrogarse que conlleva y que desplaza la obediencia ciega como instrumento de poder abusivo, absolutista y dictatorial. A la Iglesia le estorban los hombres y mujeres responsables de su propia aventura, constructores de un mundo con hechuras de libertad.

La homosexualidad es una enfermedad, la matanza de mujeres son problemillas y hay niños que provocan la violación. Lo afirman los Obispos de Alicante y Tenerife. Y siguen ahí, hombres de pectoral en pecho. Nadie les ha exigido que se vayan, porque son indignos de figurar a la cabeza de una sociedad que quiere enseñar a sus pequeños valores constitucionales y aupar orgullosa a la mujer como un valor en sí misma.

Condenan a un gobierno que amplía derechos humanos, que respeta el amor, que busca la paz, que lucha por la igualdad hombre-mujer, que se preocupa por los dependientes físicos y que promueve una autonomía madura del ser humano como realización suprema y mundanal. Prefieren llevar al poder a quienes nos metieron en una guerra que chorrea hermandad muerta por los cuatro costados, que atribuye al hambre inmigrante todos los males que nos aquejan. Rechazan la eutanasia porque el dolor es un elemento exculpatorio de la justicia divina y el sufrimiento un placer que sacia el hambre de un dios vengador que nada tiene que ver con el evangelio.

No hay que hablar con terroristas. Sólo si visten charreteras y son generalísimos de tierra, mar y aire.




LA CAMA DE ROSA

La política hace extraños compañeros de cama. Y lo hemos comprobado a lo largo de nuestros años de democracia. Y así debe ser. Cuando un partido no obtiene una mayoría necesaria para gobernar en solitario (no vamos a hablar ahora de la perversión de las mayorías absolutas), se debe escuchar la voz del pueblo que orienta sobre quién debe ser ese fecundo compañero de alcoba. La palabra alianza encierra una riqueza sobre la que deberíamos reflexionar antes de anatematizarla.

De estar a gusto se trata. La estridencia en política como en otras circunstancias de la vida encarna dificultad, distorsión, falta de acomodo. Hasta el feto mal colocado en el útero puede ser problemático. Es imprescindible por tanto vivir en paz la propia situación política para poder así vertebrar un pensamiento orientador de los actos políticos. No todo trasplante resulta salvador de vidas. Algunos órganos son rechazados por incompatibles con el propio organismo. De persistir en el intento puede sufrir un rechazo que no considerado a tiempo ejerce la acción contraria a la buscada: la muerte.

Rosa, pongamos que se llama Rosa, hace tiempo que está en desacuerdo con el que ha sido su compañero de cama. Desde ese amor compartido luchó por la libertad propia y ajena, se embarcó en acciones creadoras, fecundas, enriquecedoras. Consiguió horizontes luminosos, utopías de libertad.

Rosa, pongamos que se llama Rosa, experimenta ahora aversión al lecho conyugal de toda la vida. Se siente engañada, maltratada, perseguida. Se le acabó el amor de tanto usarlo. Y otro amor la llama, la vuelve exultante, le devuelve la vida. Y todo es nuevo, con esa novedad estrenada que implica el revoloteo de mariposas de colores.

Comprensible todo: la muerte y el despertar. Comprensible todo menos la permanencia bajo el antiguo techo. Le falta coraje para dar el paso. Tal vez la hipoteca, el fin de mes, el perfume caro, el modelo último modelo. Tal vez la necesidad del apellido, el prestigio de llevar del brazo a un compañero que gana prestigio cada día. Tal vez una actitud machista, inconfesable, pero machista, el sabor de los piropos…
A Rosa, pongamos que se llama Rosa, se le han desorientados los vientos en su alma rubia. A la palabra le llama traición. A la mano tendida, entrega vergonzosa. Al diálogo, compra-venta de Navarra. A la búsqueda de la paz, rendición incondicional. Es más elegante Buruaga que Pepe Blanco. Nadie lo duda. Más guapo Losantos que Zapatero. Más atractivo Zaplana-rayos-uva que Solbes. Más ideóloga Ana Botella Primera de España que Fernández de la Vega. Y Rajoy-Acebes-Mayor Oreja no tienen parangón en su vocación españolista de servicio a la Patria y a Aznar, sumiller mayor del Reino.

Y Rosa, pongamos que se llama Rasa, está decidida. La apoya el profeta Sabater y Santa María Gil, regresada victoriosa del abismo porque así son las mujeres de derechas.

Animo, Rosa. Las olas guardarán un minuto de silencio.

LA BOTELLA DE RAJOY

Rajoy fue designado por Aznar. No estrictamente elegido, sino designado. D. José María se “retiraba” de la política y necesitaba un sucesor blando, maleable, lo suficientemente centrado como para resultar ser un derechista en brazos de Acebes y Zaplana. Ellos se encargarían de no permitir devaneos con el proclamado centro hacia el que el Partido Popular se puso en camino hace ya mucho tiempo y al que nunca ha llegado porque el centro se divisa como una tierra prometida e inalcanzable.

Mariano Rajoy perdió las elecciones del 2.002. Por una conspiración perfectamente organizada por el PSOE, los islamitas y ETA, Zapatero fue elegido Presidente. Un Presidente que decidió romper España y lo consiguió. A este paso, afirma el retirado Aznar, dentro de poco no tendremos estado ni familia. Por eso el PP. recogió firmas por toda España para evitar su desmembración. Se aprobó el matrimonio entre homosexuales y el PP. se vistió de sotana episcopal y salió a la calle a proclamar el valor de una familia que está a punto de desaparecer. Por más que se mejoraran las condiciones de las víctimas del terrorismo etarra y se proclamara por parte de todos los cargos del ejecutivo de forma reiterada el recuerdo respetuoso a esas víctimas, la verdad única es que se les sigue despreciando, y fue urgente nombrar decano del dolor a Alcaraz para echarle en cara al gobierno que a hay que tener en cuenta el sufrimiento padecido y en consecuencia no se pueden tomar decisiones que no recojan la orientación marcada por la AVT. El Presidente se empeña en buscar la paz que nos exima a todos de seguir siendo víctimas de bombas asesinas, de pistolas negras, de cobardes agresiones y pese a que todos estamos de acuerdo en la urgencia de esa paz, el PP. opina que Aznar, y sólo Aznar, estuvo capacitado para emprender contactos con el ejército de liberación nacional vasco. Los actuales promotores se están bajando los pantalones, están traicionando a los muertos y están poniendo en bandeja a ETA la posibilidad de que pida lo que quiera. Y al frente de todas estas valiosísimas actuaciones, heroicas a veces, ha estado siempre, como Jefe de la oposición lmitrada, Mariano Rajoy.

Y de repente el retirado José María Aznar aparece en televisión para decirnos a todos los que añoramos su presencia que sólo volvería a la política si se lo pidiera el pueblo español. Y uno empieza a soñar que José Luis Rodríguez Zapatero, al frente de su gobierno en pleno, y ostentando la legítima representación de una reunificada España, portando en postura humilde el yugo y las flechas, se postra ante el amigo íntimo de Bush para que nos saque del rincón de la historia, para que luche por la democratización de Iraq, para que hable con el ejército de liberación vasco y nos haga recuperar de nuevo nuestra unidad de destino en lo universal, haciendo de cada español un portador de valores eternos que Rouco y Cañizares bendecirán por los siglos de los siglos.

Aún así Aznar no regresa. Le debe fidelidad a Murdoch y quién sabe si le aguardan exigencias históricas al lado de su colega el emperador americano. Pero ha encontrado la solución: Mariano es “un gran tipo”, lo señaló con su dedo omnipotente como Colón señala a América. Pero a nadie se le escapa que donde se ponga la capacidad de Ana Botella para gobernar a España como presidenta no puede ponerse Rajoy. Entre Rajoy y Botella, todos lo comprendemos, Aznar tiene que optar por Ana. A ver si después de tanto hostigar la homosexualidad alguien iba a pensar en una desviación que le llevara a una elección tan contra natura.

Lo siento por Rajoy. “En el fondo” es un buen tipo. Hasta Aznar lo proclama. Pero por estas fechas quién no echa en falta una buena Botella. Zaplana y Acebes brindan por una nueva España.






LA AVENTURA DEL HAMBRE

Ya que no les quitamos el hambre, no les robemos por lo menos su derecho a la aventura


Africa está ahí. Como dolor, como hambre, como marginación. Ojalá estuviera también como conciencia. Porque la mayor parte de países africanos han sido colonias europeas. Y como colonizadores hemos sabido extraer el jugo de sus riquezas para abastecer nuestros mercados y aumentar nuestro bienestar. Los fuimos dejando en las aceras del mundo y nosotros seguimos nuestro camino con la altanería de quien siente una billetera en el bolsillo.

Repoblada de sida, ahogados sus mercados por las exigencias capitalistas del primer mundo, sin más medicación que sus hierbas ancestrales, sin más agua que la que producen sus frutas, Africa es el grito de la miseria. Y molesta. A los ricos siempre les estorban los pobres porque hasta son incapaces de comprender cómo se puede ser pobre en un mundo de abundancia. Y culpamos a sus dirigentes, y con razón, por que son sátrapas sanguinarios que nutren sus cuentas en paraísos fiscales. Pero el primer mundo ayuda a esos sátrapas con los beneficios que le reporta la venta de armas para que se maten entre ellos.

Canarias está recibiendo un aluvión de inmigrantes, derivados frecuentemente hacia la península sin más objetivo final que el abandono y la persecución por irregulares. Y pide el Gobierno canario que la Armada española blinde las aguas de las islas como garantía de tranquilidad. Pero esta presencia de la Armada sólo puede cumplir dos papeles: ayudar a los que se acercan a llegar a las islas o destruirlos a cañonazos como propuso en su día Berlusconi. Que nadie diga que se trata de una presencia disuasoria porque el hambre y la miseria encontrarán caminos vírgenes entre las olas.

Europa está dispuesta a admitir a los que ella necesita para que engrosen su mercado laboral y produzcan riqueza. Pero se desentiende descaradamente de los más pobres. A esos sólo les deja el derecho a la muerte como salida final del abandono.

No valen muros sofisticados, ni fronteras prefabricadas. El dolor es una pértiga infinita que permite saltarlas. El absolutamente pobre no tiene nada que perder excepto la vida. Y ésta le vale para tan poco que merece arriesgarse por un pedazo de pan. Mientras los ricos hacen las guerras, tal vez los pobres consigan hacer la revolución. Nos sobran aquellas porque nos falta ésta

Los poderosos proponemos un inmigración “legal” Los papeles son más importantes que la humanidad que está detrás. En nuestro estado de libertad, a veces conseguido con tremendos sacrificios, no comprendemos que el hombre no es para la ley, sino que la ley debe estar al servicio del hombre. Y cuando hemos aplaudido la caída del muro de Berlín y nos mostramos orgullosos de ello, henos inventado nuevos muros entre EE.UU. y Méjico, entre Israel y Palestina o entre el sur de España y el norte de Africa. Se trata literalmente de matar el hambre, pero sin que nos quede en las manos el temblor de los asesinos ni en la conciencia el escalofrío de los cementerios. Nos defendemos con la legalidad y ella incluye la muerte. Lo importante es que los cadáveres caigan del otro lado de la valla.



LA ALEGRIA ROTA

Contra el paredón, España. Soportando la mirada cruel de las pistolas. Frente a frente. Sin más escudo que la razón. La que no tiene el terrorismo. La que no tienen los que se alegran de su reaparición. Los que olvidaron que la palabra es un músculo invencible y que termina siempre siendo vencedora. Porque la palabra, el diálogo está siempre de parte de la paz, de la honradez, de la decencia.

Escribí sobre la bomba de la alegría, cuando la T-4. Pregunté en otra ocasión si ETA era para algunos una necesidad y la pregunta encerraba una respuesta. Hoy, cuando los asesinos quieren colocar a todo un pueblo, pañuelo blanco en los ojos, manos limpias esposadas, corazón con dientes apretados, contra el propio miedo, deberíamos hacer de la sangre un hermoso proyecto de vida y de futuro.

Un gobierno empeñado en la consecución de la paz. Y millones de españoles detrás, empujando con nuestro esfuerzo, dispuestos a reeditar antiguos compromisos, iguales empeños de otros gobiernos que dieron lo mejor de sí mismos para lograr una paz que siempre se truncó por el odio de unos pocos frente al quehacer honrados de todos. Comprendimos y estuvimos junto a nuestros antiguos Presidentes que tuvieron que confesar su fracaso, su doloroso fracaso, frente a la sinrazón de la muerte. ETA siempre vuelve a la sangre porque de ella alimenta a sus cachorros y no soporta cuidar la leucemia de las flores.

Hoy, cuando todo un país apoya la muerte contra el muro blanco de la impotencia, ciertos dirigentes pasean la sonrisa de quien ha conseguido lo que siempre esperaron: el fracaso del diálogo, la muerte de la palabra para bailar sobre su cadáver, y erigirse en defensores del talión más primitivo. Estamos sitiados por las pistolas y por la sonrisa de hiena de esos que se llaman dirigentes. Unos y otros nos hacen responsables del fracaso. Unos apuntan con balas y otros con la alegría de un odio prefabricado hace tiempo.

Uno ya no sabe qué es más doloroso, si la resurrección de ETA o la resurrección de la alegría de esos que se autodenominan líderes.

El 30 de diciembre nos estalló a todos una bomba en los sótanos de la sangre. Se nos murieron dos amigos y muchas rosas verdes de esperanza aquella mañana fría de odio y escarcha.

Hoy se nos muere la pena tiroteada por la espalda y la sonrisa de algunos nos produce una hemorragia incontenible.

Lo confieso: ETA puede encontrarme besándome con la vida. Que no me encuentren nunca los de la alegría en la solapa.



JUICIO A AZNAR

Hay una plataforma integrada por personas de todos los niveles que pretenden llevar a Aznar ante los tribunales por haber colaborado a la invasión de Irak incluyendo a España en contra de la voluntad manifiesta del pueblo.

Preguntado el actual Presidente del Gobierno sobre si estaba de acuerdo con esta actitud, respondió que era suficiente el rechazo en las urnas de semejante postura. Entiendo que un Presidente opine de esa forma por “corrección política” Pero los que no estamos atados por esa corrección podemos opinar lo contrario.

En democracia, un cargo elegido en las urnas no recibe un cheque en blanco para que actúe de forma arbitraria. Se debe siempre al pueblo que lo ha votado y si traiciona esa voluntad popular debe ser reemplazado por otro. Pero dependiendo de la arbitrariedad ejercida se le debe añadir un correctivo.

La invasión de Irak se llevó a cabo sobre las falsedades más viles y las mentiras urdidas ex profeso para justificarla. Pensaron los tres componentes de la decisión criminal que sus pueblos iban a secundar esas mentiras a cambio de aprovecharse de prebendas que les serían adjudicadas por consentir la invasión. Gozaríamos de petróleo, se instauraría la democracia en Irak, se pacificarían las relaciones entre Israel y Palestina y todos nos veríamos recompensados en nuestros bienes si consentíamos en la muerte de miles de iiraquíes. Era un canje evidente, un “comercio justo”: muertos ajenos por bienestar propio.

En el caso español habría un beneficio añadido: saldríamos del rincón de la historia. El Presidente Aznar ignoraba qué España tenía bajo su mandato. No sabía que estábamos integrados en Europa desde hacía años y que disfrutábamos de un prestigio internacional considerable. Como todos los salvapatrias se creyó designado para encumbrarnos y pasar así a la historia como un Felipe II o un Carlos V. Ignoraba además que los españoles no deseábamos privilegios a costa de muertos ni beneficios a cambio de sangre. Un gobernante que desconoce la idiosincrasia de sus gobernados sólo puede llevar a su país por caminos equivocados.

Al margen de la ignorancia de Aznar sobre España y los españoles, el que sí pretendió salir de su mediocridad fue él mismo. Conceptuado en su propio partido como un dictador temido y como un hombre sin calidad de mandatario entre los jefes de estado mundiales, necesitó cubrir su vanidad oligospérmica fotografiándose junto a Buhs en las Azores. Despreció a todo un pueblo que le exigía no participar en una guerra injusta, sangrienta, montada en la ilegalidad, al margen de las Naciones Unidas y que iba a ocasionar un dolor infinito y miles de muertos.

Los españoles hemos sufrido como consecuencia el atentado más grave de nuestra historia. Ciento noventa y dos muertos y cientos de heridos que arrastrarán de por vida sus malformaciones y un dolor físico y moral infinito. Pero nada de eso le importó al mesías Aznar. Todo estaba bien empleado si él pasaba a la historia como integrante del maldito triunvirato de las Azores. No sabemos cuánto tiempo estaremos todavía bajo la mirada tremenda del terrorismo internacional por esa inclusión del país en un acto de guerra. Mientras, él va pregonando por el mundo su ignorancia histórica y su rencor contra una España que le ha vuelto las espaldas.

Y esta responsabilidad no se salva con una derrota electoral. El no se presentaba a una reelección presidencial. Ya estaba avisado de que sufriría una derrota y eso le llevó a desistir de esa presentación para un nuevo mandato. Y ahora, mientras él se enriquece como asalariado de un magnate neocon de la comunicación, los iraquíes mueren por cientos cada día. Aznar no puede huir de tanta sangre derramada por su complicidad, por su orgullo, por su maloliente vanidad.

Repugna realmente ver a este hombre insistiendo en su vocación de guardián de los valores de occidente, argumentando que Europa sin cristianismo es inconcebible, que los valores que tiene la Europa moderna se deben sólo y exclusivamente a su vocación cristiana. Repugna tanta ignorancia paseada por universidades norteamericanas y europeas y por aforos de fanáticos ideólogos muy cercanos al más puro fascismo.

Aznar debe ser juzgado y que la sangre vergonzantemente vertida caiga sobre sus espaldas. España saldrá purificada y la voz ronca de los que queríamos la paz estará redimida para siempre.



JOSE ANTONIO LABORDETA

Labordeta se va del Parlamento. Decidido a cuidar amaneceres. A pasear caminos del brazo de la luna. Ya sembraba esperanzas cuando la esperanza estaba prohibida y construía utopías cuando la utopía era fusilada. Labordeta sabía del futuro cuando el futuro era un túnel cerrado sobre sí mismo. “Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad.”

José Antonio es un viejo compañero de camino. Machado de posguerra, con penas calientes y estómagos vacíos. Traje los domingos y alpargatas de lunes hasta siempre. Le cabía, nos cabía, todo el país en la mochila, porque alguien empequeñecía España y la reducía a la medida de su pisada, de su bota capaz de aplastar las rosas de todos los caminos. Compañero de alegrías diminutas, de lutos interiores, de corazones perdidos en las cunetas y en las tapias blancas de los cementerios.

Se va del parlamento. La edad, dice, Los surcos de una vida entregada a la palabra, digo. El cansancio blanqueando las venas del alma, la ilusión de los nietos columpiados en la rosaleda grande de la libertad soñada. Justifico a José Antonio, machado de posguerra.

Ahora es columnista, compañero de palabra virtual, creadora de conciencia, constructora de otro futuro porque el futuro no está nunca conseguido, porque siempre es utopía, verdad prematura. Y hay que lucharlo para luego suplantarlo como provisionalidad gozosa pero efímera. El hombre siempre es mañana, nunca hoy definitivo.

Labordeta, compañero de entonces. Compañero ahora desde las páginas hermosas de un periódico cuajado de esperanza, florecido de libertad, de quehacer diario, libre de pistolas negras, de correajes negros, de charoles perseguidores de Torres Heredia, hijo y nieto de Camborio, de estrellas de ocho puntas estrelladas contra la opacidad.

Voz rural y libertaria, fundadora de promesas entonces, de realidades caminantes ahora hacia el después definitivo del gesto supremo, de la suprema elegancia de uno mismo, hasta que la muerte nos una definitivamente en el amor absoluto. Compañero ayer. Hoy compañero. Hacedor humilde de palabra que desatasca la historia de trombos moribundos y construye caminos para el hombre hermano, para los nietos de todos, con la mochila llena de país y de nostalgia cuando la voz era rural y libertaria. Labordeta, compañero. Machado de posguerra.