viernes, 15 de enero de 2016

ESPAÑA ES UN SILLON


En aquel tiempo España era una piel de toro. Por todo el país trotaba el Obsborne negro, bravo, “enamorao de la luna que abandona por las noches la maná”  Fue por el setenta y cinco cuando a muchos se le pararos los pulsos, las Lolas, Las Márquez, las Cármenes y amanecieron los Serrat, los Victor Manuel, las Cecilias. España se puso camisas blancas, le cantó a los abuelos que picaron en las minas y el Mediterráneo fue espuma  de orgullo.

Un taxidermista macabro pretendió momificarnos para siempre. Todo amordazado y bien amordazado. Pero la libertad siempre se abre camino entre las grietas de la piedra hostil, porque lo humano está por encima de sus propias circunstancias. Ahí está su grandeza. Un día se rompen las ataduras y la libertad es un triunfo conseguido.

Empezamos entonces a asumir nuestro destino como una responsabilidad compartida, a ser uno para todos y todos para cada uno, porque el valor de lo individual es infinito y porque lo infinito abraza a la totalidad del todo. Nos convertimos en ciudadanos y nos despojamos de la piel de súbditos. Fue costoso. Algunos vivían confortablemente con su disfraz azul haciendo camino por montañas nevadas, contemplando que empezaba a amanecer por esa piel de toro “enamorao” de la luna, prietas las filas, impasible el ademán. Pero el grito pisoteado se abrió en la garganta, y todo fue sin ira, libertad, libertad. Y Carrillo, Pasionaria, Alberti. Fue el regreso de algunos que tuvieron la audacia de morir aquí entre olivos altivos. Otros se quedaron con los Machados más allá de los Pirineos, del Atlántico, más allá de tanta sangre derramada por las cunetas del olvido.

Hace treinta y tantos. Estamos en dos mil diez y seis. Quién lo iba a decir. España se vistió de Tucci, pasó del seat 600 al R-doce. A España no la conoció ni la madre que la parió. Piel de toro-sometimiento-país-libertad-ciudadanía.

20-diciembre-2.015. Otra fecha. Y tal vez una pregunta: ¿Qué me parece que somos ahora? Hemos pasado por promesas de paraíso. Creación de empleo, devolución de los derechos sociales usurpados, vuelta a una enseñanza gratuita y de calidad, universalización de la sanidad, ayuda eficaz a los dependientes, a los parados, a las familias sin ingresos. Vale la pena vivir en este paraíso. Uno se pone de rodillas por la conversión de algunos políticos. Rajoy y sus huestes se caen del caballo y reconocen que la niña Fabra (que se jodan) debe condenarse a galeras porque el gobierno de los recortes es ahora el del valor añadido a la vida (no confundir con IVA), el dispuesto a reconocer que la riqueza debe estar al servicio de los más necesitados, que los ricos no pueden ser ricos a costa de los pobres, que los adinerados no pueden comer langosta a costa del pan con aceite de los trabajadores, que la justicia social hace patria y no paraíso fiscal, que el jardín del edén es propiedad de los españoles y no de Merkel, que la Unión Europea es disfraz elegante de MERCADO Común Europeo.

Y después del 20 vino el 21 y el 24 de pandereta y borrachera con don simón porque todavía viene de camino ribera de Duero. Y estamos ya a muchos de enero de 2.016. Sin emparejamientos, sólo rellenando  quinielas políticas,  matrimonios de conveniencias, padres putativos que nos regalarán trenes eléctricos, hospitales y  todo los que hemos pedido a los Reyes (a los que abdican el siete de enero, no a los vitalicios). Y todos exigen que se aporte al matrimonio una dote: el sillón en el congreso de los diputados, en el senado, en la presidencia de Moncloa, a la mano derecha de la izquierda-derecha, derecha-sin-izquierda, centro descentrado y no sé cuántas coordenadas más.

España ya no es una piel de toro “enamorao” de la luna, ni un país que empujar para subir a una cumbre. España es un sillón sagrado, laico, icono, pantocrátor,
Imán y rechazo. Da igual. Trono al fin y al cabo. España es un sillón. De repente se han olvidado los derechos sociales, la creación de empleo, la dependencia, las universalidades. Es  todo  sillón, sólo sillón. Te cambios mis principios por un sillón. Te prometo incumplir mis promesas por un sillón. Te regalo mi campaña electoral por un sillón. Yo aporto cuatro patas, tú pones  el tapizado  y hacemos un sillón. Y  si no me dejas sitio donde sentarme, rompo el sillón.


El hambre, el desempleo, el cáncer, la desesperación pueden esperar. Lo que importa de momento es el sillón. Me preocupa. Porque mientras estamos luchando por sillones, mientras nos dejamos el músculo apoderándonos de un sillón, mientras soñamos con apropiarnos del sillón, no hacemos camino, nos volvemos sedentarios en lugar de peregrinos, nos aburguesamos en lugar de construir utopías. Y sin utopías, estoy convencido, no vale la pena vivir.

jueves, 14 de enero de 2016

AL FONDO


Al fondo del mundo, no está el mundo.
Más allá del mundo, a las afueras,
sólos dios y la nada. 
Dios es la nada que se crea a sí misma,
que cree en sí misma.
A las espaldas, no hay respuestas
porque no hay preguntas,
porque no hay quien responda. 
Al fondo no está el hombre,
sólo dios en su nada ambiente.
Convertido en nada el todo.
El hombre es sólo un poco  menos que nada.
El hombre cree en dios
porque no cree en sí mismo.
Ni dios ni el hombre existen.
Somos descendientes del vacío,
moléculas de inexistencia.
Nos atraviesa la conciencia de saberlo
y nos abre el costado para que se nos cuele
el dolor y el amor,
sin cuerpo, sin nombre
como un engaño que nos fecunda.
Al fondo la nada es el mar de acero
donde la espuma es dura como una roca de sombra,
porque dios y el hombre somos sólo sombra
al fondo del mundo, donde no está el mundo.


miércoles, 13 de enero de 2016

CONFIESO QUE…



Confieso que me da miedo la muerte,
Su perfil lorquiano a las cinco en punto de la tarde
y el ala de una mariposa
en los labios del agua.
Me da miedo la vida,
ese hueco finito
que se abre en el tiempo
y perfora el vuelo de los pájaros.
Me da miedo el amor
que me ahoga en los ríos
y estrangula el oxígeno
que conforman el arrullo de las palomas azules.
Me da miedo perderme,
no encontrarme en este bosque
de sentimientos contrapuestos
donde se enfrentan el querer y no querer al mismo tiempo.
Me das miedo tú,
contradicción vital que me destruyes
porque me haces el amor
y me pierdes en la explosión de tus ojos,
en la ternura de tu abrazo.
Confieso que me da miedo el miedo
porque ignoro el esqueleto que sostiene
esa carne,
esa piel,
ese corazón que tiembla
y bombea la muerte,
la vida,
ese amor que te nombra
y te funda en la existencia.
A la primavera aspiro.
A su sombra cuajada de amapolas
cuando mueren los pájaros de asombro
ante tanta belleza mecida en la arboleda.
Busco las alambradas
para colgar mis miedo,
golondrinas azules, infinitas,
por si existen los amaneceres.



viernes, 8 de enero de 2016

APOLOGIA DEL TERRORISMO


Escribo un seis de enero. Todavía andan por ahí los Reyes Magos tomándose un chocolate con churros para despegarse del cansancio que provoca la magia. Los niños estrenan el asombro de la inocencia y los mayores aparcamos por unas horas la falta de trabajo, la hipoteca y la amenaza del jefe.

Seis días del año nuevo. El país cubierto de tormenta política. El gobernador que lo gobierne buen gobernador será. Pero por ahora todo depende de pactos, de conversaciones mezcla de acuerdos y puñaladas, de sonrisas que se clavan en los ijares de los aspirantes a una presidencia, a un puesto en el Congreso de los diputados con table, móvil y cartera del piel.

Seis días del año nuevo y dos mujeres asesinadas por esos labios que las colmaron de besos, esas manos que acariciaron su piel, ese macho (lo de hombre está por verse) que colaboraría para traer al mundo sonrisas de niños hermosas como juguetes de reyes magos.

Las trece rosas de entonces crecieron hasta hacerse ramo de cincuenta y tantas en 2.015. Los años se superan en un sprint de sangre, de odio, de fusilamientos al amanecer. Porque el tirano (lo de hombre está por verse) sigue ahí, clavando frustraciones, proyectando en la madurez gritos aprendidos de padres que mataron la cálida voz de la madre. Y matan. Y la sangre de mujeres de todas las edades se vuelve coágulo morado ante la mirada de unos chavalines para siempre huérfanos que cada comunidad autónoma guardará en el equivalente a los hospicios de entonces. Ahora no son generales, ni generalísimos por la gracia de Dios. O sí, un poco sí, porque hay príncipes de la Iglesia que comprenden y disculpan el cuchillo  que acaba con la sangre de las mujeres derramada en la cocina, en el salón, en la cama del amor. Caía entonces sobre los ladrillos de una prisión humillante, contra las tapias de un amanecer o en las cunetas de las afueras de un pueblo. Para ella no terminó la guerra ni la más dura dictadura. Quedan quipos que animan a que demuestren que los hombre de nuestra patria, son machos, muy machos.

Dos mujeres estampadas contra la muerte. Los gobiernos dispuestos a suscribir un pacto para evitar ese desgarro. Como si los pactos garantizaran la imposibilidad de un crimen. No aportan dinero, medios, prevención eficaz. Aportan pactos que son gratis y que se rubrican con una copa de vino español y unos langostinos. No se trata de educar en el amor, el respeto, la visión de igualdad. Se trata más bien de firmar pactos ante las cámaras de televisión para que el pueblo tranquilice sus conciencias. Nadie podrá en adelante culpar a los políticos de la falta de medios para evitar la sangre inocente. Ellos han firmado un pacto, nada menos que un pacto.

Braulio Rodríguez es el arzobispo católico de Toledo. Hago hincapié en lo de católico, porque se supone que es discípulo de quien supo dar la vida por sus amigos, fue cercanía  de los pobres, comprendió que Magdalena era una mujer que había perdido la memoria del corazón, y  se acercó al dolor porque sólo de los que sufren es el reino de los cielos. Pues resulta que este arzobispo católico, como su compañero el de Córdoba, como el de Valencia y como una gran parte del episcopado español ha llegado a la conclusión de que “la mujer recibe la muerte de manos de un hombre porque ella no cumple los deseos de éste y porque pide el divorcio de un marido que la desprecia y maltrata”  y porque la mujer está destinada a la limpieza, la plancha, la comida y la apertura de piernas cuando el sultán lo desee.

Que figuras relevantes del episcopado español culpabilicen a las mujeres de sus propias muertes, que “comprendan” ese feminicidio y que hasta cierto punto justifiquen esos crímenes, me parece que es una evidente apología del asesinato y que como tal deberían caer sobre ellos las mismas penas que recaen sobre cualquier otro ciudadano. Cincuenta y tantas mujeres muertas en el 2.015 es obra de auténticos terroristas. Comprender, disculpar y hasta casi justificar semejante derramamiento de sangre es propio de grupos terroristas organizados. Y en consecuencia la ley no puede exculpar a nadie con el argumento de la libertad de expresión (de la que no gozan otros ciudadanos), ni porque la Iglesia tiene sus propios criterios.

Que nadie me tache de anticlerical. Y que nadie confunda jerarquía y cristianismo.


Me duelen las mujeres como me duele la primavera destruida por la embestida de una tormenta injustificada. 

miércoles, 6 de enero de 2016

AMISTAD CON EL TIEMPO


No consigo una amistad con el tiempo.
Tiene la fuerza de un monte que persiste,
que embiste con la cornada exacta
en la herida exacta
que te clava la ciencia cuando te diagnostica
que llevas la muerte ensartada
en el aire viciado que respiras.
Rompes  todos los relojes,
los ahogas en el fondo de sí mismos,
pero el tiempo conoce  las grietas,
fuerza las viejas cicatrices
y florece triunfante como la hierba entre las rocas.
Vuelve la amenaza hundida en los ijares,
chorrea la pena como una sangre oscura,
coágulos de tristeza amoratada.
No consigues una amistad con el tiempo.
“Ser en el tiempo” te apodó el existencialismo,
Y por ese nombre te conoce la muerte
cuando disuelve tu carne
y la siembra en metro medio
para que la eternidad
devore los huesos licuados.
Cualquier día fracasa tu empeño de amistad
y el tiempo ejercita su fuerza de monte
y aplasta la despedida última.


domingo, 3 de enero de 2016

PUENTES ROTOS


Se han roto todos los puentes
porque sólo cubrían cadáveres de ríos,
rostros de cera líquida
y pupilas clavadas en árboles esqueléticos.
Se han roto conscientes
de que no valen la pena  las huellas olvidadas
encima de sus hombros.
Se rompen los puentes,
se suicidan inyectando en sus grietas
la pena gris del tiempo,
la angustia que supone
ser sólo sangre de otoños azulados
sin primavera alguna para que aniden los pájaros,
y hagan el amor los trigales y las flores.
Se rompen los puentes
porque son soledad absoluta,
inútiles abrazos sin un cuerpo dentro.
Comprendo a los puentes cada día
cuando el espejo me grita
que soy un maniquí programado

capaz de morirme de soledad en un trastero.

sábado, 2 de enero de 2016

MIEDO A LA ALEGRIA


El 20 de diciembre parecía la fecha de la alegría. Las elecciones la convirtieron en un esperado nacimiento, en el belén de un gozo democrático. Se había hablado en exceso de la muerte del bipartidismo, y muchos disfrutamos con la resurrección de una pluralidad evidentemente necesaria y hasta urgente. No era bueno vivir la democracia en pareja. Demasiada corrupción llovida, demasiado despotismo diluviado, demasiado nepotismo impuesto, demasiado mando en esa disyuntiva bipartidista.

La democracia resultaba excesivamente sobada. De mano en mano, pero siempre perteneciente al brazo alternativo del tú al yo con el lastre del viceversa. Allá por el setenta y cinco creció sobre la tumba del tirano. La libertad taconeaba sobre el granito de Cuelgamuros y entre las grietas del monte nació con la fuerza de mucho sufrimiento. De repente todos fuimos demócratas de toda la vida. Y echamos a andar en busca de una Constitución que erradicara la fuerza de las botas y el charol de los tricornios. Nos desnudamos del disfraz de súbditos y nos vestimos de la responsabilidad de la ciudadanía.

El 20 de diciembre último le salían brotes a la alegría. No eran dos. Había muchos más deseando echarse la patria a la espalda, hacerse cargo de las miserias sembradas durante cuatro años y empezar de nuevo a rehacer la vida con derechos inalienables y que nunca debieron ser cercenados. La mayoría absoluta del último gobierno encerraba dentro un sistema autárquico. Arrasó a la oposición, se llevó por delante los derechos de los trabajadores, de los dependientes, de los docentes y discentes, hizo miseria de la pobreza, mercancía de la enfermedad, puso puentes y cielo raso para los desahuciados, convirtió el trabajo en esclavitud, encubrió la corrupción con plasmas, despreció a los manifestantes amordazando sus gritos y…no vale la pena seguir enumerando.

Lo sabían las urnas porque las urnas no pierden la memoria. Y la disyuntiva del tú o yo se abrió en un arco iris de posibilidades. Partidos nuevos, mareas, agrupaciones ciudadanas. Todos con la alegría en la mano. Y nosotros, los votantes, con el gozo de colores nuevos, brillantes, sin fauces aparentes en busca de cargos, de puestos, de honores. Como asumiendo nuevas luces. La democracia en mangas de camisa, sin libreas de Calvin klein, sin zapatos Calvin Klein, sin colonias Calvin Klein. Jerseys  Alcampo, zapatillas Alcampo, camisas Alcampo. Algún traje a medida y vaqueros marcando ritmos hermosos de tacones. Todo se hizo alegría.

Y de repente surgió el miedo a esa alegría tan necesaria, tan rejuvenecedora, que olía a campo salvaje, a amanecer de primavera. Miedo. Cuidado con el pelo largo, con la gente sin corbata, con las chicas que enseñan sus pechos laicos pidiendo laicidad. Todo se ha vuelto un peligro. Los inversores tienen miedo de quien reclama sus derechos, de las mujeres que exigen ser dueñas de sus cuerpos, de los trabajadores que piden ganar lo suficiente para la caña y el pincho domingueros, de los viejos que desean ser jubilados, de los enfermos que piden un poco de medicación de la que dependen vivir o morir en cuatro meses. Miedo sobrevenido y miedo sembrado. Yo o el caos, dice el PP. Yo o el caos, dice el PSOE. Y ambos acusando: no saben, no han ocupado cargos, si no firman pactos antiterroristas es que lo son. Incluso algunos tertulianos-talibanes afirman que hay quien no anda lejos de los jihadistas. Miedo contra alegría. Infierno contra una pluralidad fecunda. Miedo a quien sólo quieren destruir, a los que llevan en la cintura un bloque explosivo contra una democracia que pregunta, que no teme a las respuestas, que se empeña en que las grande decisiones las tome el pueblo porque el pueblo es el depositario de la democracia. Que es verdad que elegimos a nuestros representantes, pero no para que usurpen nuestra responsabilidad, sino para que la proclamen.

Y han conseguido que tengamos miedo. Miedo a pactos de los radicales porque todo el que no es un conformista resulta ser un radical. Porque todo el que no es centrista es de una izquierda peligrosa, sin tener en cuenta que hay una excesiva ocupación del centro, que está copado por una derecha-derecha y por una izquierda-derecha, porque el centro no sabe a nada. El centro ha sido siempre la tibieza que a uno le provoca la náusea. Y hay un empeño cobarde en que la izquierda sea un puñal terrorista que amenaza con volverse comunismo, terrorismo, stalinismo. Que le pregunten a Marhuenda y a Inda y a Chaniz y a Alfonso Rojo. Miedo a los votos de millones de españoles a los que se les niega la licitud de la mayoría de edad y la madurez para dictar en las urnas lo que su ímpetu democrático les dicta.

La alegría de la pluralidad asusta a esos demócratas de la tristeza, de la melancolía, de la añoranza. Muchos se empeñan en llamar miedo a la alegría.


jueves, 31 de diciembre de 2015

AGUA


Tal vez debiera detener el paso
para pensar el agua,
para preguntarle, aunque no me responda.
Pedirle que me indique
el camino hacia ninguna parte.
Ella no sabe de ti.
Nunca le hablé de nuestros besos.
Los intuyó una tarde,
pero fue discreta el agua
y no preguntó a mis labios.
Si no sabe el camino de tus ojos
tal vez no tiene sentido
contarle que soy  tan sólo
un puñado de ausencia.
Pensar el agua es ponerle
nombre a la distancia
porque ella siempre va
desde el ayer al mañana,
pero nunca viceversa.
El agua no es tiempo,
duración o eternidad.
No sé si vale la pena
detener el paso
para no encontrarte,
para no resolver
el misterio de tu piel.
Le daré la espalda al gua.
No quiero que me mienta
de frente.
Tal vez nunca me perdone

que no le hablara de ti.

domingo, 27 de diciembre de 2015

EL MAR Y TU


A veces confundo tu nombre con el mar.
Me arrastra hacia dentro tu espuma,
hacia el centro,
donde tú eres más tú,
donde el mundo es una  copia de ti,
y se define por la sombra que dejan tus pasos.
Eres el arquetipo que hace que el viento sea viento
y se vuelve perfume en tu cintura
cuando dobla la esquina de tus pechos.
Todo se conforma porque tú lo miras,
porque brota en tu palabra,
y se alegra de ser creación tuya
y existir porque lo amas.
Es el universo la piel de tus manos
que dan nombre a la luna
y la hacen  semejante a tu vientre.
Porque todo eres tú,
a veces confundo tu nombre con el mar



sábado, 26 de diciembre de 2015

¿LOS OBISPOS PIENSAN?


Los Obispos tienen derecho a expresar sus opiniones. Creo que fue Juan XXIII quien dijo que sólo tiene derecho a hablar quien tiene algo que decir. Dicho de otra forma, el papa bueno reconocía el derecho a la palabra si esa palabra contenía una idea enriquecedora para el oyente, pudiendo deducir con claridad que debería suprimirse la posibilidad de decir tonterías. La palabra es algo muy serio como para ahuecarla de contenido y lanzarla al aire como una ventosidad maloliente capaz de producir un rechazo automático. Tan seria es la palabra, que la biblia sitúa el origen del mundo en su vientre creador. En el principio fue la palabra y la palabra era Dios.

Lo peor es que los obispos cuando ejercen su derecho a hablar parten del convencimiento de que su palabra es ley, de que la vida de los oyentes debe guiarse por ella porque ella es la norma suprema decidida por dios contra la libertad suprema del hombre a orientar su quehacer de acuerdo con la propia conciencia. Y expresan su palabra con el convencimiento de que es el mismísimo dios quien la pronuncia como imposición de bondad de vida, suplantando la libre elección del hombre. No hay más conformación bondadosa de la historia que la que se erige como eco de sus palabras en cuanto normas de bondad intrínseca de la vida humana. Y quien está fuera de las coordenadas de esa palabra está al margen automáticamente de esa visión salvífica del cosmos.

Y se diría, pensando bien, que los obispos hablan de lo que llevan en su corazón. Pero si es así, uno concluye que hay demasiado sexo en el corazón y cerebro episcopales. Hay un predominio sexual en su expresiones, como si lo genital residiera cobijado bajo las mitras y esas mitras disimularan la capacidad de pensar para convertir las neuronas en órganos sexuales que el común de los mortales ostentamos entre las piernas.

Esta obsesión inalcanzable por el sexo lleva a despreciarlo y convertirlo en la fuente de toda la maldad del mundo. No es fuente de felicidad, sino origen de la perversión. No guardan ningún tipo de lógica, porque si dios creó al ser humano, no sólo con sexo sino sexuado, cometió el tremendo error de dotarlo del manantial del mal. De ahí una flagrante contradicción.

Este desprecio por el sexo lo personifican en la mujer. Ella es la encarnación de ese mal. Dios le asignó el don del cariño, la ternura, la debilidad y ella está empeñada en ser sujeto activo de la historia exigiendo los mismos derechos que el hombre. Traiciona su propio sexo como receptor inactivo y lo convierte en gozo ofrecido al hombre con facultad, él sí, de disfrute. La mujer es un accidente de la creación, pero puestos a conceder, los obispos la quieren mujer-mujer en el hogar. La aportación de ambos a la familia está clara para algunos obispos. Escribe el mitrado de Córdoba: “Cuanto más varón sea el varón, mejor para todos en la casa. Él aporta particularmente la cobertura, la protección y la seguridad. El varón es signo de fortaleza, representa la autoridad que ayuda a crecer" Y añade: "La mujer tiene una aportación específica, da calor al hogar, acogida, ternura. El genio femenino enriquece grandemente la familia. Cuanto más mujer y más femenina sea la mujer, mejor para todos en la casa"

Queda claro el papel de los sexos. “Un hombre macho no debe llorar” que dice el tango. La mujer es pura debilidad que existe gracias a que el hombre le da su apoyo y su permiso existencial.

Nadie tiene derecho a hablar  si no tiene algo que decir. Esta afirmación debería haberla dirigido el Papa a ciertos obispos. La opresión del poderoso sobre el débil está aquí personificada. Debe quedar claro que el varón puede oprimir a la mujer porque es ley de vida que el fuerte doblegue al débil. Y por lo visto esa ley está inscrita por el mismísimo dios creador. Dios es de una derecha ultra, de una discriminación abominable, de una exclusión despreciable. Esa separación revela a escala a una humanidad donde debe comprenderse que los potentados vivan a costa de las espaldas dobladas de la miseria. Sexo y poder están más unidos de lo que parece.


El cielo puede esperar. Mientras tanto la mujer, representando a los pobres, muere por el poderío de unas manos que un día fueron caricia. 

jueves, 24 de diciembre de 2015

A LA SOMBRA


Vivir a la sombra de la sombra
para que nadie distinga
el perfil de mi existencia.
Ser el que no fue nunca,
el que fue siempre,
el que supo ser y no ser.
Un anónimo para mí mismo,
un desconocido
al que me presentaron un día
y me encantó haberlo conocido.
Un desengaño
haberme encontrado
con el amor y el odio irrenunciables
que me profeso desde entonces.
Vivir escondido de mí,
sin mostrarme la cara,
no vaya a arrepentirme
de todo y de nada.
No sé, no sabré nunca,
si me odio o me amo.
No puedo preguntarme
porque tal vez me mienta,
me engañe, me disimule a mí mismo
la salvaje mentira
de estar vivo sin saber por qué, para qué.
Sólo tal vez por costumbre,
por inercia de un reloj sin memoria
que no marca la muerte.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

ESE RINCON


Busco ese rincón donde me guardas,
donde cuelgas mis corbatas y mis versos
y tratas de ordenar los trozos de mi vida.
Busco esa buhardilla al fondo de tus ojos
donde la luna no llega porque le queda lejos,
pero donde escondes los jardines de mi sangre
y rehaces mi piel con raíces de tu alma.
Busco ese hueco a espaldas de tu boca
donde el corazón termina su labor de amante
y se hace refugio de inviernos y de nieves.
Déjame ahí para que ponga en orden
los deseos ardientes y las cenizas grises,
los mares que se mueren por fecundar las playas
y los mares que huyen cuando se rinde la arena.
Busco el interior de tus adentros
donde sólo me llegue tu palabra
y el perfume azul de tu silencio.
Quiero anidar en ti para madurar el canto,
para  aprender el hambre de margaritas blancas,
dormirme en el viento de tus veletas rotas
y enamorarme de la pajarita de papel
con la que juega el niño germinado en tu vientre.

Sólo busco el rincón donde me guardas.

jueves, 17 de diciembre de 2015

A VECES ES A VECES




A veces es ternura la tristeza.
A veces son mares las miradas.
A veces los peces fabrican primaveras
con algas de colores
colgadas de sus branquias
A veces te desnudas,
dejas tu ropa ordenada en los tejados
y te acuestas en mi cuerpo
como una luna consciente de ser luna.
A veces los pájaros son huellas de tu piel.
A veces tu boca es un naranjo
con los besos redondos,
con tu lengua sembrada de azahar
y un sabor de mandarina agridulce.
A veces eres siempre y nunca
y entonces pregunto sin respuesta.
La eternidad tiene el perfume de una ausencia
y me quedo boca arriba
abrazado a mi sombra.
Pero a veces, sólo a veces
eres tú
y se llama la vida como tú,
me duele en las ingles como tú,
cabalga en la noche como tú,
me pesa tu piel como tú.
Y eres ahora y luego.
A veces eres siempre
y entonces me alegro de ser tiempo,
de caber en un reloj
y cronometrar las caricias
hasta que la primavera sea otra vez primavera


martes, 15 de diciembre de 2015

A VECES SE CLAVAN…



A veces se clavan todos los silencios
en un centímetro y medio de la piel.
Ahí, en los ijares del alma,
para desbocar el caballo dolorido
y que brote la sangre que encela a los toros.
Amé tu palabra
cuando tus ojos me hacían el amor con la mirada
y escribía el aliento de mi boca
un poema en tu espalda,
Tu distancia es un puñado de sal,
un brindis de vinagre
vertido en un centímetro y medio de piel
para que ardan las penas deshuesadas
y las coman los ángeles oscuros.
Quiero recluir el mar entre las manos
y pedirle a la espuma que recuerde tu carne,
que convoque tu risa encendida de campanas
y las siembre en los surcos de mi frente.
Quiero volver al ayer,
a ser el tal vez,
el nunca,

para siempre el siempre.

lunes, 14 de diciembre de 2015

ASOMBRO


Fue el asombro de encontrarte
como quien encuentra una primavera
al doblar una esquina.
Eras tú.
Frente a mí, tú.
Con tu risa de campanas,
de ríos sublevados,
de mares que bailan
en la fiesta del mundo.
El asombro de sorprender mi nombre
en el fondo de tus ojos,
guardado en tu hondura
como cuando tocabas mi piel
con la mirada verde de tus pupilas verdes.
Asombro al descubrir mi ser
doblado como un recuerdo
en tus manos
como una luna abreviada
propiedad de tus dedos.
Viví mi asombro asombrado
contemplando ese ramo de cenizas
que son los muertos
esparcido en tu pelo,
en el desorden de tu pelo,
en el sudor de tu pelo
en noches de besos y caricias.
Déjame residir en tus labios,
en el cielo de tu boca
y copiar tu risa de campanas,
de ríos sublevados,
de mares que bailan
en la fiesta del mundo.
Entonces habré descubierto el asombro
en el tú que me guarda

en el que quiero morir
NO SE SI ES TIEMPO


No sé si es tiempo de invocarte.
Han madurado los ríos
y el agua huele a naranjas,
a fresa la espuma entre las rocas,
a hierbabuena el mar.
Pero no sé si es tiempo
de nombrar tu nombre
porque me sabe a silencio
tu silencio gris oscuro,
piel de topo que ahonda
horadando huecos en la nada.
Tengo astillada la voz de pronunciarte
y me duelen los ecos que devuelves,
tu ausencia interpuesta,
tus distancias escuetas
como filamentos de sombras
que tejen la jaula,
y clausuran los velos
que arrinconan mi voz.
No sé si es tiempo de decirte
lo que sabes desde entonces
cuando me envolvió la muerte
en quirófanos verdes,
e  instrumental brillante.
No sé si es tiempo
porque no es tiempo el tiempo,
sino sólo un imperativo existencial
para aparentar que vivimos



sábado, 12 de diciembre de 2015

JARRONES ROTOS


Felipe González es autor de frases que han pasado a la historia. Sobre todo porque correspondían con exactitud a ideas atractivas de un hombre que sabía defender lo que pensaba. Con la serenidad que da el tiempo, les aseguro que mantengo la visión positiva de su mandato presidencial durante una etapa en que la democracia había que inventarla a fuerza de utopía, de futuro y de implicación de la ciudadanía para que tomáramos conciencia de que  era una tarea que nacía diariamente del esfuerzo y responsabilidad de cada uno. Y a la sombra de esa serenidad, agradezco el comienzo de un estado de bienestar, una universalización de la sanidad y las pensiones, la construcción de autovías, la integración en Europa y la concienciación de un quehacer histórico capaz de enfrentarse a la bota militar. Tal vez hoy no seamos demasiado conscientes de lo que significó para muchos de nosotros ver a un general cuadrarse militarmente frente a un ministro civil. Lo que hoy es naturalmente lo que debe ser, era entonces un temblor de grandeza del papel de subordinación de unas fuerzas armadas al poder civil que nunca antes hubiéramos soñado y por lo que tanto habíamos luchado. Que nadie crea en una adhesión incondicional. Recuerdo muchos aspectos negativos: Roldan, el Gal, Filesa…Casi todo quedó sepultado bajo la absolución de las urnas, aunque yo me declaro contrario a esa gracia proveniente de una simple repulsa ciudadana y exijo una responsabilidad posterior a esa absolución. Amparados en esa indulgencia plenaria, muchos políticos esquilman a sus electores conscientes de que cuando dejen de ser elegidos se irán coronados de aplausos a sus casas, pero sobre todo a otros puestos.

Felipe dejó una frase para la posteridad: Los expresidentes son jarrones chinos. Todos alaban su hermosura, pero nadie sabe dónde colocarlos. Tal vez esta visión tenga una parte de verdad, sobre todo en los primeros años de posmandato. Pasado un tiempo, menos del deseado, son conscientes de su valía desperdiciada y casi sin buscar, encuentran acomodo en empresas importantes con cargos pagados sin miramientos. Porque yo lo valgo, dicen los jarrones que han sabido encontrar dónde ornamentar la billetera, aunque pudo parecer que nadie sabía dónde ponerlos.

Aznar anda hablando por el mundo, aunque si al mundo le dice lo que dice en su país, no me extraña que nadie lo oiga. Porque D. José María no se siente sólo un Carlos primero de España, sino también quinto del universo y es ese universo el objeto de su redención.

Y está la etapa final. A los jarrones se les cae el esmalte, se deterioran las miniaturas que embellecían su cintura y se convierten en recuerdo, sólo recuerdo con una leyenda colgada que asegura que fue bonito mientras duró. Los expresidentes quieren aportar a sus partidos respectivos un supuesto valor acumulado, pero se han puesto viejos. Aznar entonces grita. Le grita a Mariano, se arrepiente del orgasmo de su propio dedo nombrándolo sucesor y le amenaza con exigirle la devolución del rosario de su madre aunque se quede con todo lo demás. Aznar vive amenazando al actual presidente, a su partido, a la economía, a las autonomías, a la inmigración, a los que buscan refugio y a todo el que pasa por FAES. Aznar está viejo y sólo forma parte del pasado (no sé si de la historia). El olor a naftalina resulta mareante.

Felipe fue brillante. Te envolvía y terminabas sucumbiendo a sus argumentos, asumidos como propia convicción. Pero Felipe huele a armario cerrado desde tiempos de la abuela, con ese perfume de manzana que daba aroma de campo y amapolas al roperío guardado desde que ella se fue de puro viejita. Cuando uno compara al Felipe que enamoraba a media España y escucha al Felipe que despotrica argumentos rancios contra los adversarios políticos del PSOE en estas elecciones de 2.015, uno llega a palpar que el tiempo no admite cirugía estética, que se le arruga la frente, que le salen manchas en las manos y que olvida que el ayer sólo existe en la nostalgia triste del pasado.

Ahí está la vieja política. Radica en ella esa casta con complejo de superioridad que se niega a entregar los trastos porque ha salido un toro nuevo, porque el mundo se estrena cada día, porque no quedan privilegios que inmortalicen a héroes que uno no sabe dónde colocar para que no estorben. Aceptar la propia finitud es un rasgo de dignidad. Hay que tratar de morir con elegancia para que nuestro cadáver sea bonito y salgan espontáneas esas frases escritas en las paredes de los tanatorios: “Parece que está dormido” “No puedo creerlo. Si ayer tomé café  con él y estaba lleno de vida” “No somos nadie…”


Los jarrones chinos. Escuetos unos, barrocos otros, elegantes todos. Pero descascarillados por el paso del tiempo. La verdad es que uno no sabe dónde ponerlos.

viernes, 11 de diciembre de 2015

REGRESO



Estoy de regreso.
Se me acabó el futuro
en la esquina última
cuando doblaron tus ojos la luz,
cuidadosamente limpia
y la guardaste en el miedo
al mañana.
Vengo desde ti
haciendo un camino extraño.
Me nombro
y se pierde entre mis montes
mi grito.
De ti regreso,
sin camino.
Intento encontrarme,
recuperarme
después de aquella donación definitiva
que inscribiste en tus manos.
Me desvinculaste de tus labios
en la esquina última.
Me olvidaste en la oficina
de objetos olvidados.
Me reclamo a mí mismo,
pero no me devuelven.
Perdí la referencia,
la factura
que me convierte en dueño
de mis huellas.
No sé quién soy.

No sé si soy

jueves, 10 de diciembre de 2015

A TU ORILLA

Puedo morirme un día a orillas de tu voz.
cerca de donde gestas lunas con cintura.
Muerte circunvalada en tu palabra,
en el sonido de olvidos olvidados.
Bajaré  por la palabra que pronuncias
hasta tu centro,
donde alumbras
las huidas,
los miedos que abrillantas
para embellecer la angustia
que te produce la entrega.
Me moriré disimuladamente.
No notará nadie mi cadáver
embalsamado con la sal de tu saliva,
en caricias envuelto,
desnudo como una tribu de amapolas.
Puedo morirme un día a orillas de tus labios,
en tus besos sin nombre y apellidos,
tus anónimos besos
muertos en la espalda de tu boca,
en el opaco cielo de tu boca
sin que nadie supiera
que tenías plantada una cosecha de alegría.
Puedo morirme un día a las afueras de tus ojos,
en los adentros de tu piel,
allí donde una tarde
conocimos los límites del cuerpo
pero nos empeñamos en saltarlos
y adentrarnos para siempre

en la carne salada de las olas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

DEFENDER LA TRISTEZA


No consigo defender la tristeza.
“Yo tengo azul el alma” dije entonces,
porque azul la imagino,
porque azul pienso la conciencia
que no encuentra salida para tanta palabra
ahogada en la garganta.
Nací azulado.
El corazón venía cansado desde antes.
Regresaré al azul,
a esa cianosis que anuncia
que el tiempo está rendido,
arrepentido de ser tiempo
y exige mi rendición sin condiciones.
No está bien vista la muerte
aunque sea simplemente
el cumplimiento de un orden preestablecido
por esa eterna pregunta sin respuesta.
Nací huyendo de la nada.
Moriré para esconderme en la nada.
Y entre la nada y la nada,
el hueco azul de la tristeza.
No consigo defenderla,
pero que nadie la rompa
porque esa tristeza es todo lo que me queda
del entonces que fui,
del mañana que no seré nunca.